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El discurso sobre el otro en la televisión: una propuesta de análisis
Marta Rizo García
mrizog@yahoo.com

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Marta Rizo García es Doctora en Comunicación por la Universidad Autónoma de Barcelona.

 

Introducción

Las sociedades occidentales actuales son cada vez más multiculturales, más diversas y heterogéneas culturalmente hablando. El concepto de "multiculturalidad" todavía no ha sido definido de manera eficaz y continúa siendo confuso. ¿Qué significa que una sociedad es multicultural? Las concepciones positivas señalan que una sociedad multucultural sería aquella en la que fuera posible combinar conjuntos socioculturales diferentes, una sociedad que permitiera la convivencia de diversas culturas y formas de organización social.

Como afirma Alain Touraine, "si hoy se plantea el problema de la multiculturalidad es porque el modelo de Occidente está en decadencia o en descomposición" (Touraine, 1995: 16). Esta crisis ha comportado que cada vez se de más importancia a la internacionalización de la vida económica y ha hecho que la soberanía de los estados nacionales se vea progresivamente desbordada. La diversidad cultural, "en lugar de ir disminuyendo gradualmente para crear una civilización mundial, tal como pensaban los cientifistas y los positivistas, no ha dejado de aumentar" (Touraine, 1995: 16).

El multiculturalismo se suele contraponer al término de pluralismo cultural. El primero, puede desembocar en una autodestrucción de comunidades culturales históricas, por el hecho de quererlas integrar a todas en un mismo territorio. El pluralismo cultural, en cambio, tiene la pretensión de combinar el universalismo de los derechos con la particularidad de cada uno de los conjuntos socioculturales diferentes y descansa en el diálogo de las culturas y no en sus diferencias, de manera que evita caer en un relativismo cultural siempre cargado de conflictos de difícil solución.

En el debate sobre la diversidad cultural presente en todas las sociedades occidentales actuales no se debe perder de vista la frontera entre el Nosotros y el Ellos. A pesar de ser una dicotomía que a menudo se ha usado para acentuar las desigualdades y para discriminar a los diferentes, hay que considerar que la identidad y la alteridad son inseparable. Hoy más que nunca, con la globalización que sirve siempre a los intereses de los más poderosos, tenemos que hablar de identidad y alteridad como proyecto conjunto. La identidad y la alteridad tienen que ser defendidas de manera conjunta para "evitar que la única resistencia eficaz a su dominación (a la dominación de las fuerzas impersonales de los mercados financieros) venga de los integrismos sectarios" (Touraine, 1995: 25). Se debería concluir el debate afirmando que el reconocimiento del pluralismo cultural, y la necesaria convivencia entre las diferentes culturas, tendría que ser hoy el objetivo principal del espíritu democrático.

Aunque España siempre ha sido una sociedad diversa, heterogénea, las oleadas migratorias producidas en las últimas dos décadas han convertido al territorio español en el principal punto de mira de muchos individuos del norte de África. La sociedad española ha convertido al inmigrante extracomunitario, es decir, de fuera de la Unión Europea, en el inmigrante "por excelencia". Una confluencia de factores han conducido a la aceptación de esta idea. Más tarde volveremos a profundizar sobre ello.

Los medios de comunicación, como socializadores y como creadores de estados de opinión, juegan un papel muy importante en la definición del otro. La simplificación de conceptos, la dicotomía nosotros/ellos, se observa muy claramente en el discurso televisivo, especialmente en los informativos. Este texto pretende ser una breve propuesta de análisis del discurso sobre el otro en la televisión. Los géneros informativos, aunque se presentan ante la audiencia como portadores de la verdad, como narradores de la realidad, articulan un discurso profundamente ideológico. En el tema que nos ocupa, esto se puede traducir en la siguiente afirmación: "los medios de comunicación contribuyen a definir la situación étnica por medio de sus propias estrategias de discurso" (Van Dijk, 1997: 176). El análisis crítico del discurso proporciona el marco teórico y la metodología adecuados para llevar a cabo este estudio, para analizar el discurso sobre el otro en los informativos televisivos. La elección del género informativo responde a la importancia de las noticias en nuestra vida cotidiana. Como nos recuerda Van Dijk, "la mayor parte de nuestro conocimiento social y político, así como nuestras creencias sobre el mundo, emanan de las decenas de informaciones que leemos o escuchamos diariamente" (Van Dijk, 1997: 29-30).

 

1. Pluralismo, multiculturalismo y relativismo cultural: una aproximación a los conceptos

Con los llamados procesos de globalización parece volverse a descubrir la existencia de contrastes y variedades culturales en el mundo. Como consecuencia de la internacionalización del capital, se generan intensas movilidades del trabajo y de las personas, lo que conlleva a una circulación y reformulación de las diferentes culturas.

Hace mucho tiempo que en las sociedades occidentales no existe una cultura única y homogénea. La multiculturalidad se puede definir en términos muy distintos, pero en todo caso, toma como centro de atención la diferencia cultural. La heterogeneidad cultural se ha multiplicado últimamente con los corrientes migratorios, y también se han acentuado las distancias culturales y étnicas porque la mayoría de inmigrantes proceden de países del Tercer Mundo. La multiculturalidad también se ha visto favorecida por factores como el debilitamiento de las fronteras nacionales y la interdependencia creciente entre todos los países del mundo.

El concepto de multiculutralidad es complejo. Se utiliza, sobre todo, haciendo referencia a las diferencias étnicas y no únicamente a las diferencias culturales. Esto hace que se utilice el concepto de multiculturalidad para hablar de los inmigrantes del Tercer Mundo. A la diferencia cultural y étnica se añade un importante componente, el económico. A modo de ejemplo: un marroquí tiene una cultura muy diferente, y la diferencia cultural todavía se acentúa más porque no participa -normalmente- de la cultura de la clase media.

El pluralismo cultural hace referencia "a la convivencia pacífica de formas de vida y de pensamiento diferentes (...) ninguna se considera excluyente y en posesión exclusiva de la verdad" (de Lucas, 1999: 239). Como ha indicado G. Sartori, "una cultura pluralista implica una visión del mundo basada, en esencia, en la creencia de que la diferencia, y no la semejanza, el disenso, y no la unanimidad, el cambio, y no la inmutabilidad, contribuyen a la buena vida" (Sartori, 1995: 115). La existencia y coexistencia de diversas tradiciones culturales es un hecho fácilmente comprobable en el mundo contemporáneo. Como afirma Javier de Lucas, "si se valora positivamente el pluralismo (...) el hecho de la diversidad y la diferencia no tiene nada de objetable, sino más bien de algo que tienen que ser preservado" (de Lucas, 1999: 246).

La cuestión de si existen valores universales o de si cada cultura es inconmensurable ante las otras es una de las cuestiones prácticas cruciales de nuestros tiempos. La asunción de una postura relativista plantea problemas a nivel social. Podemos pensar, por ejemplo, en los movimientos migratorios y los conflictos de convivencia que pueden surgir cuando, en el país receptor, los inmigrantes no tienen la intención de cambiar, sino de mantener sus creencias y formas de vida, enfrentadas claramente a las del país que los acoje. "El choque de puntos de vista entre los nacionales y los inmigrantes puede tener consecuencias desfavorables para la convivencia. Y se trata de un choque entre postulados universalistas y postulados relativistas que requiere soluciones eficaces y justas" (de Lucas, 1999: 244). Según Juan José Sebreli, "una de las contradicciones fundamentales del relativismo cultural consiste en que el respeto a la cultura ajena, el reconocimeinto del otro, lleva inevitablemente a a admitir culturas que no reconocen ni respetan el otro" (Sebreli, 1992: 60). Por otro lado, hay que tener en cuenta que la idea del relativismo cultural -la concepción de que todas las culturas tienen el mismo valor- es una creación exclusiva de la civilización occidental. Yendo más allá, como afirma Néstor García Canclini, el relativismo cultural "imagina a cada cultura existiendo sin saber nada de las otras, como si el mundo fuera un vasto museo de economías de autosubsistenia, cada una en su vitrina, imperturbable ante la proximidad de las otras" (García Canclini, 1982: 37). Así, limita su igualitarismo a respetar las diferencias, pero olvida que estas diferencias, a veces, pueden ser consecuencia de la desigualdad.

Los imparables fenómenos migratorios incrementarán inevitablemente la diversidad de grupos culturalmente diferentes en las sociedades receptoras como la nuestra. Esta diversidad puede contemplarse como un hecho simplemente inevitable, puede defenderse como un derecho, y hasta puede valorarse como una fuente de enriquecimiento. "Pero conviene prevenirse contra una visión idílica del pluralismo cultural: este pluralismo puede dar lugar a conflictos de difícil solución entre valores incompatibles" (Álvarez, 1993: 103). Se debe emplear con precisión el concepto "multiculturalismo", ya que, como recoje Vertovec, detrás del multiculturalismo pueden hallarse los rastros del nuevo racismo, el racismo sin razas, y de una retórica de la exclusión" (Vertovec, 1996: 55-56)1.

 

1.1. España como sociedad multicultural

La sociedad española puede ser definida como multicultural porque agrupa una gran variedad de pautas culturales, de creencias, de aspectos identitarios, de comportamientos, etc. Como afirma Miguel Pajares, "en el estado español existen particularismos o identidades culturales específicas en las diversas comunidades autónomas, existen identidades culturales específicas en movimientos juveniles, movimientos artísticos, movimientos religiosos, etc.; existen identidades diferenciadas entre las zonas rurales y las zonas urbanas; existen diferencias identitarias propias del pluralismo político de una sociedad democrática, etc." (Pajares, 1998: 71). Por estos motivos, tiene que quedar claro que España ya era una sociedad multicultural antes de la llegada de la inmigración extranjera. Lo que no puede ponerse en cuestión es que esta entrada de inmigrantes en España ha comportado un aumento de la multiculturalidad y, sobre todo, un aumento de la conciencia ciudadana en torno a este tema. Como se ha dicho anteriormente, el carácter multicultural de una sociedad, en este caso de la sociedad española, es por un lado enriquecedor y por el otro conflictivo.

Durante gran parte del siglo XX, España ha sido exportadora de emigrantes. Ahora es importadora. El mayor grupo de inmigrantes, después de los europeos occidentales, procede de África, sobre todo de Marruecos. El número de residentes legales africanos en España gira alrededor de los 200.000, posiblemente con otros 100.000 residentes sin documentación. "De aquí a diez o veinte años, las calles de las grandes ciudades españolas, que son ahora las del blanco más homogéneo de los principales países europeos, se parecerán a las babeles multicolores y de religiones diversas de Londres, París y Frankfurt" (Carlin, 1999: 64).

La heterogeneidad cultural española como resultado de los movimientos migratorios es un hecho relativamente reciente, sobre todo si se compara con otras ciudades de Europa. El objetivo de cualquier sociedad multicultural tendría que ser asegurar que todos los grupos culturales tuvieran la oportunidad de continuar desarrollando su propia cultura. Pero es evidente que las culturas no son fenómenos cerrados, que el contacto entre culturas las modifica, las hace dinámicas y no estáticas. De hecho, "una cultura no evoluciona si no es a través del contacto con otras culturas" (Rodrigo, 1999: 72). Que las culturas diversas entran en contacto es un hecho incuestionable. Pero, ¿cómo se manifiesta este contacto, esta interacción? Y, yendo más allá, ¿qué consecuencias puede tener? En términos dicotómicos se podría hablar de un choque entre culturas o, muy al contrario, de un diálogo entre culturas, aunque como han manifestado ya varios autores, hay que precisar que no son las culturas las que chocan o dialogan, sino las personas que están inmersas en ellas y que las hacen posibles. Partiendo de un ejemplo real concreto, la inmigración marroquí, la pregunta podría ser la siguiente: ¿qué relación se establece entre la cultura autóctona, occidental, y la cultura de Marruecos que los inmigrantes mantienen una vez se encuentran en el territorio receptor? ¿Se da realmente ese diálogo intercultural? Los principales obstáculos, en España y en otras sociedades de características similares son el etnocentrismo, la exageración de las diferencias, el racismo y la xenofobia, unas actitudes, en gran parte, legitimadas por el discurso institucional y por el discurso de los medios de comunicación2.

Partimos, pues, de la constatación de que España es, actualmente, un foco de inmigración importante. Y es en este marco donde nos tenemos que situar para hablar del otro. En el capítulo siguiente nos aproximaremos a la definición de este concepto, que en todo momento será descrito teniendo en cuenta las características de la sociedad española.

El valor de la diversidad cultural en el seno de una cultura es que crea más opciones para todos los individuos, hasta un cierto punto, claro está. Como afirma Kymlicka, "la diversidad cultural es valiosa, tanto en el sentido, casi estético, de que crea un mundo más interesante, como porque hay culturas que presentan modelos alternativos de organización social que pueden ser útiles a la hora de adaptarse a las nuevas circunstancias" (Kymlicka, 1999: 157). Evidentemente, sería deseable que la diversidad cultural se contemplara como valiosa y no como portadora de problemas y conflictos graves, que es, de hecho, como se suele mostrar públicamente. De todos modos, no podemos caer en afirmaciones idílicas: la diversidad cultural puede ser valiosa o puede no serlo, depende de cómo se desarrolle en una sociedad determinada.

 

2. El otro en les sociedades actuales

Igualdad y diferencia son dos conceptos que, lejos de ser antónimos, se tienen que complementar para ofrecer una respuesta antirracista a los problemas actuales. Este planteamiento surge en España desde que se inicia un flujo significativo de inmigración extranjera. Un hecho que hace que tomemos conciencia que las personas que llegan a España, por un lado, no tienen los mismos derechos que el resto de ciudadanos, lo cual plantea una aspiración de igualdad, y por el otro, proceden de lugares muy diversos, lo cual plantea una situación de diferencia cultural. Igualdad y diferencia son, pues, proyectos conjuntos.

Dejando a un lado los conceptos apuntados en el apartado anterior, tenemos que preguntarnos quién es el otro en nuestra sociedad. Debemos partir de la idea de que la alteridad es una construcción conceptual, y que "tal y como la percibimos los europeos puede venir dada por la nacionalidad, la raza, la religión o la cultura" (Roque, 1998: 21). En términos dicotómicos, se puede decir que nosotros decidimos quiénes son los otros. Esta construcción no es más que un ejemplo de simplificación de la realidad social, que nos ayuda a ordenar y entender el caos que nos rodea, en los tiempos actuales de la posmodernidad, caracterizada, precisamente, por una enorme complejidad social.

Hay que pensar en los otros para pensar en nosotros. Como afirma Javier de Lucas, "la oposición maniquea entre nosotros y los demás, buenos y malos, prueba que, en las fases elementales de la organización social, necesitamos negar al otro para saber quiénes somos. La seguridad viene de la negación fundamental: nosotros no somos los otros, no somos los malos" (De Lucas, 1994: 75). Así, la dicotomía ellos/nosotros suele ir asociada con la construcción de la identidad propia -en base a la percepción del otro como peligro o amenaza-. "La existencia de un enemigo secular constituye uno de los instrumentos privilegiados para conseguir la unidad y la cohesión nacional" (Álvarez, 1993: 96).

El extranjero es el que no forma parte del grupo, el otro. Casi todas las definiciones del otro son negativas. Pero, ¿de qué grupo hablamos? ¿Es que las sociedades -en este caso la española- han sido siempre homogéneas, antes de la llegada de los otros? La respuesta es negativa. La sociedad siempre ha sido un conglomerado híbrido, diverso, y siempre ha habido otros en su interior. Cualquier individuo puede ser el otro, el diferente, en un contexto determinado. Si no partimos de esta idea -la sociedad es híbrida por naturaleza- la definición del otro es incompleta, y, peor aún, puede comportar una estigmatización y una discriminación de estos que nosostros consideramos diferentes.

La tendencia a elevarse uno mismo a expensas de otros es un universal humano. "La gente necesita mucho adiestramiento para aprender que los otros tienen el mismo derecho a creerse a ellos mismos superiores" (Bohannan, 1992: 171). La universalidad de esta tendencia no tiene que comportar, sin embargo, que la aceptemos como positiva.

El concepto de alteridad es relativo, ya que "los otros también definen al otro" (Augé, 1994: 12). Pero aquí no nos interesa tanto constatar el carácter relativo de este concepto como afirmar que es la cultura la que estigmatiza a todos aquellos que se apartan de las normas establecidas, que se convertirán en los otros de la sociedad. Así, el otro es aquel que no pertenece a una cierta unidad social que se toma como referencia. O dicho de otro modo, "quien aspire a ser considerado como 'uno de los nuestros' tiene que aceptar ser sometido al molde unificador de aquellos que se consideran depositarios de una metafísica 'cultura nacional', una situación pristina y esplendorosa que, según el nuevo racismo diferencial, existiría antes de la llegada de los forasteros y que la presencia de éstos amenazarían con alterar" (Delgado, 1998: 13).

Generalmente, se identifica al otro con el extranjero, con aquel que viene de fuera. No hace falta decir que esta concepción es errónea, porque las sociedades nacen siempre como resultado de los movimientos migratorios y, por lo tanto, en toda sociedad hay extranjeros. En palabras del antropólogo Manuel Delgado, "una metrópoli no puede estar hecha de otra cosa que de gente de todo tipo, llegada de muy diversos lugares" (Delgado, 1998: 29).

Como se ha dicho anteriormente, hablar del otro y del nosotros nos ayuda a comprender la realidad, a ordenarla. La simplificación es absoluta. Hoy, se exaltan las diferencias y se dejan a un lado las similitudes -lo común- entre las personas. Si la sociedad no es capaz de apreciar el valor de la diversidad cultural es porque esta diversidad, consecuencia directa -según se nos dice- de la inmigración, es vista como un elemento peligroso, como una invasión que hace peligrar la cohesión y la identidad autóctonas. ¿Ha existido alguna vez una sociedad homogénea, cohesionada en todos los asepctos y "limplia" de elementos ajenos? Evidentemente, la respuesta vuelve a ser negativa. ¿Quiénes son, pues, los responsables de esta concepción de la inmigración, de este entender a los otros como seres no deseables en el seno de nuestro territorio? Veremos como el etnocentrismo es una actitud en alza actualmente, cómo los medios de comunicación difunden también esta imagen y cómo las instituciones públicas también contribuyen a hacer del otro un ser "satánico".

 

2.1. El inmigrante extracomunitario como "otro" por excelencia

"El problema del extranjero en nuestras sociedades complejas da lugar a reacciones xenófobas y racistas cuando éste es visto esencialmente como un inmigrante que viene a disputarnos las ventajas que nuestras sociedades avanzadas, ricas y democráticas ofrecen en comparación con sus lugares de origen" (Martínez, 1993: 80).

Ya se ha dicho que una sociedad no existe si no es formada por gente de sitios muy diversos. Aquel individuo que llamamos inmigrante es, pues, un personaje imaginario. "Es cierto que hay inmigrantes, pero aquello que hace de alguien un inmigrante no es una cualidad, sino un atributo, y un atributo que le es aplicado desde fuera, a modo de estigma y como principio denegatorio" (Delgado, 1998: 33). Como construcción o producción social, "inmigrante" es una denominación que sólo se aplica a algunos de los inmigrantes reales. Y sólo se aplica a individuos revestidos con determinadas características negativas. En este sentido, el inmigrante tiene que ser, no sólo de fuera, intruso, sino también pobre y atrasado culturalmente y socialmente, y tiene que ser visto como un individuo peligroso. Es, pues, la sociedad, la que decide quién es o no inmigrante, y éste nace en el momento que llega a la sociedad receptora. Así nos lo recuerda Sayad: "el inmigrante 'nace' este día para la sociedad" (Sayad, 1991: 15)3.

Todo lo que se ha dicho hasta ahora sobre el otro, y concretamente sobre el inmigrante, constatan la ambigüedad y la indefinición de estos conceptos, utilizados "para hacer pensar en todo aquello que la sociedad puede percibir como ajeno, pero instalado en su propio interior. Está dentro, pero alguna cosa o mucho de él, permance todavía fuera. Está aquí, pero de alguna manera se imagina como si todavía permaneciera allí, en otro lugar" (Delgado, 1998: 41). Este "estar atrapado" entre dos lugares lo explica la antropóloga Graciela Spector utilizando la metáfora del puente4 entre culturas. Spector considera que el inmigrante necesita un espacio de transición entre la cultura autóctona y la cultura del país hacia el que se dirige. En este lugar de transición, el inmigrante se encuentra en constante negociación entre los dos mundos, y es aquí donde el individuo va configurando una nueva identidad. Las dificultades con que se encuentra el inmigrante una vez que cruza el puente, una vez que llega al país receptor, son el resultado de haber ido demasiado rápido, de haber cruzado el puente sin mirar atrás. Spector concluye diciendo que el tránsito es eterno, ya que el inmigrante vivirá durante toda su vida atrapado en este puente, atrapado entre dos culturas. En definitiva, es "como si una especie de maldición le hubiera dejado vagando sin solución de continuidad entre su origen y su destino" (Delgado: 1998: 41).

 

2.2. Racismo y xenofobia hacia el "otro"

El concepto de racismo se ha definido de forma muy compleja y su uso es, a menudo, incorrecto. Por racismo tenemos que entender aquel comportamiento que domina o discrimina a un ser humano por ciertas cualidades consideradas inherentes a la comunidad a la que pertenece. La tesis del racismo biológico, aquel que afirmaba que los seres humanos "pueden ser clasificados en un abanico muy reducido de grupos fenotípicamente caracterizados llamados razas, a los que presuntamente correponderían rasgos temperamentales, intelectuales y morales prefijados genéticamente" (Delgado, 1998: 151), perdió estabilidad a partir de la segunda guerra mundial. Por esto, conviene fijarse con más detenimiento en el concepto de "racismo cultural", la forma de racismo que predomina en las sociedades actuales. Esta nueva forma de racismo no se inspira en razones genéticas, sino en la presunción de que ciertos rasgos temperamentales son inseparables de la idiosincrasia de un grupo humano y permiten una jerarquización capaz de destruir la supuesta igualdad asegurada por el Estado. En este sentido, el concepto de racismo cultural parte de la idea de que la cultura "es una especie de organismo posesivo del que se es prisionero y del cual es imposible salir" (Delgado, 1998: 156). Es esta cultura la que hace diferentes a los hombres, por lo que el racismo cultural naturaliza las diferencias entres las personas y permite jerarquizar a los diferentes grupos sociales.

Aunque el concepto importante en este punto es el de racismo, no hay que olvidar el concepto de prejuicio, la forma más elemental de racismo. El prejuicio es una construcción social, trabaja materiales puramente imaginarios, ya que "es el grupo que incluye el que hace del grupo excluido objeto de prejuicios que no están fundamentados en la realidad objetiva ni en la experiencia vivida del contacto con él" (Delgado, 1998: 147). Es evidente que los prejuicios son una parte importante de los elementos que conforman la socialización de un individuo; la familia, la escuela o los medios de comunicación se encargan de establecer prejuicios, que se van reproduciendo, en mayor o menor grado, generación tras generación. En palabras de Manuel Delgado, "como consecuencia del prejuicio la relación no se establece tanto con un grupo determinado, sino con las ideas y actitudes a las cuales este aparece asociado por la tarea previa que sobre el individuo que prejuzga han hecho el aparato educativo, la familia, el ambiente social, el folklore -de los cuentos infantiles a las películas- o los medios de comunicación" (Delgado, 1998: 148).

En contra de lo que se suele pensar, racismo y xenofobia no son lo mismo. Se puede decir que el racismo es una forma de xenofobia, y no a la inversa. La xenofobia hace referencia a las actitudes que hacen que un determinado grupo humano sea perseguido o humillado por su condicición de ajeno a una determinada comunidad o pais. Pero la xenofobia no es sólo esto; "también se aplica a los que, sin ser extranjeros, son sencillamente raros, es decir, aquellos a los que, al igual que a los venidos de fuera, se les aplica un principio denegatorio -el de la rareza- que percibe como una calidad del otro lo que en realidad es un atributo que se le designa" (Delgado, 1998: 161). Teresa San Román propone el concepto "alterofobia", que sería, pues, el concepto amplio bajo el cual se engloban todas las formas de rechazo hacia todo aquel considerado diferente. En todos los casos, las víctimas son las mismas: los otros explotados o excluidos por la economía y la política de la dominación, los extranjeros, los otros portadores de culturas diferentes que ponen en cuestión nuestro orden social, nuestras normas y valores y hasta nuestra identidad nacional.

Para completar estas definiciones hay que añadir un nuevo concepto: el etnocentrismo. Toda actitud xenófoba, sobre todo toda actitud racista, tiene un fuerte componente de etnocentrismo. No obstante, no podemos afirmar que ser etnocéntrico sea necesariamente ser racista. Me explico. Existe un referente étnico o cultural en todos los seres humanos, que adquirimos mediante el proceso de enculturación y socialización. Este referente configura nuestras estructuras mentales, interioriza los modelos de relación entre las personas y los valores culturales. El etnocentrismo "es el que da sentido a la vida de cada uno, a los hechos vitales, a los datos de la experencia personal y colectiva. Este referente cultural es el que nos permite hablar con sentido, relacionarnos, el que nos permite vivir" (San Román, 1996: 108). Es un referente, por lo tanto, no siempre consciente, y a veces inevitable.

El etnocentrismo a menudo conduce a juicios de superioridad, a la militancia étnica y a la violencia contra los diferentes -a la xenofobia-. Éste sería, según Clifford Geertz, un etnocentrismo "activo", es decir, intencionado, agresivo, propio de situaciones de conflicto racista o de fundamentalismos de dominación. El etnocentrismo inevitable es el común a todos los hombres, el que existe siempre, y no tiene que ser considerado forzosamente agresivo y negativo. En el caso que nos ocupa, sin embargo, daremos más importancia al primer tipo de etnocentrismo, al intencionado. Este tipo de etnocentrismo "lleva al perseguidor a valorar en exceso la identidad nacional y a considerar que las diferentes culturas o comunidades que viven dentro de esta nación son inferiores y son una amenaza o un defecto" (O'Sullivan et.al., 1995: 146).

 

3. El discurso institucional sobre el otro

Para analizar al otro en la televisión es especialmente importante entender el discurso como creación de un actor político o social consciente y activo. Interesa, pues, destacar el papel de las instituciones en la construcción de discuros, en concreto, en la construcción de discursos sobre el otro. Como ya se ha ido diciendo a lo largo del texto, los discursos sobre este tema suelen ser dicotómicos, y se basan a menudo en la contraposición entre nosotros y los otros. Estos discursos son producto del sistema, de la democracia, de las instituciones controladas por las élites o las clases dominantes5. Las élites tienen el control de estos discursos públicos y, por tanto, en este caso, puede ser adecuado hablar de "discurso institucional sobre el otro". Van Dijk resume esta idea: "las élites controlan o tienen un acceso más o menos preferente a los géneros de discurso social más influyentes e importantes. Este acceso se define en términos de su (poderosa) posición social o institucional, o de su función y, a la inversa, el control que ejercen o el acceso específico de que disponen tanto en el discurso público como institucional, fomenta y reproduce su papel en situaciones comunicativas específicas" (Van Dijk, 1997: 20).

En definitiva, en la sociedad hay un discurso establecido de forma aparentemente consensuada sobre el otro. Un discurso creado y reproducido por las élites y por las instituciones que estas encargan. Veamos, en primer lugar, por qué el discurso es considerado como uno de los principales transmisores y reproductores de ideologías6.

 

3.1. El discurso como reproductor de ideología

El discurso no es la única práctica social basada en la ideología, pero es fundamental en su formulación y reproducción. "El discurso tiene un estatus especial en la reproducción de las ideologías. A diferencia de la mayor parte de las otras prácticas sociales, diversas propiedades del texto y la conversación permiten a los miembros sociales expresar o formular concretamente creencias ideológicas abstractas" (Van Dijk, 1999: 244).

En este sentido, también hay que considerar al discurso como legitimador de ideologías. Los discursos de las instituciones dominantes -entre las cuales nos interesa destacar a los medios de comunicación- difunden las normas y los valores que consideran correctos y, de esta manera, deslegitiman las opiniones sociales o ideologías de los grupos que se desvían de las normas hegemónicas. El caso de los inmigrantes constituye un válido ejemplo de la deslegitimación que se lleva a cabo por parte de las instituciones y, especialmente, por parte de los medios de comunicación, que de alguna manera son portadores del discurso social institucional, hegemónico o "normativo". Los medios, cuando hablan de los inmigrantes, difunden a menudo el adjetivo "ilegal"; así, mediante la estrategia de presentar a los inmigrantes como violadores de la ley establecida, cosa que implica que son delincuentes, las restricciones a la inmigración, la exclusión y la expulsión se convierten en actividades legítimas. Observemos cómo los medios de comunicación participan del conflicto ideológico entre nosotros y ellos, hasta el punto de que se puede decir, incluso, que son sus principales transmisores.

"La comunicación, el poder, la identidad cultural y el orden social no están simplemente interrelacionados; son radicalmente interdependientes, y constituyen mútuamente los principales rasgos característicos de la vida social" (Strine, 1997: 178). Partiendo de esta constatación, el estudio que aquí se propone tiene que hallar la relación entre el discurso televisivo acerca del otro y el discurso social, externo a los medios -decíamos antes, aparentemente consensuado-, es decir, entre lo que se dice en los medios y lo que constituye el orden moral o ideológico -conformado por los valores y las creencias aceptadas como correctas- de nuestra sociedad7. La constatación que se esconde detrás de esta propuesta la resume Van Dijk: "los medios se han convertido en los managers de la opinión pública, apropiándose de su espacio y enfatizando la voz de las élites que creen portadoras de la verdad, y silenciando las voces de los que, según ellos, no son portadores. (Van Dijk, 1993: 281).

 

3.2. Racismo institucional y racismo mediático: ¿racismos sepultados?

Si los medios participan del mensaje de las élites, ¿se puede decir que, en los dos casos, el racismo que ejercen es un racismo sepultado, implícito? Es poco frecuente encontrarse con un medio de comunicación explícitamente racista. Igualmente, las élites sociales nunca harán declaraciones abiertamente racistas. Aquí es donde se encuentra el peligro. Se tiene que poner la máxima atención en los argumentos implícitos, en las presuposiciones e, incluso, en la comunicación no verbal, presente en todo discurso oral. En otras palabras, si se quiere analizar qué imagen sobre el otro difunden las instituciones sociales, especialmente los medios de comunicación, tendremos que ser capaces de leer entre líneas, de ir más allá de los significados y las argumentaciones explícitas, de la superficie del texto.

Como se verá en el cuarto capítulo del texto, es el análisis crítico del discurso el que nos proporciona el marco teórico adecuado para acercarnos a estas estrategias discursivas implícitas, portadoras de los mensajes xenófobos que difunden los medios.

Ahora, sin embargo, continuemos con la relación entre el racismo institucional y el racismo mediático. La diversidad de los medios, en sus vertientes política, cultural, social e ideológica, se ha visto limitada por los criterios económicos actuales de la competencia y los beneficios. El estado capitalista, en este sentido, ha hecho de los medios de comunicación un negocio más. Un negocio que, como tal, busca por encima de todo la competencia a nivel comercial Si recuperamos la vieja teoría de la espiral del silencio, de Elisabeth Noelle-Neumann, podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que existe una opinión pública ficticia, en el sentido de que sus opiniones han sido manipuladas por el aparente consenso social establecido. ¿Qué se quiere decir con esto? Hay que tener presente que el discurso abiertamente racista no goza actualmente de legitimidad. Muy al contrario, desde los medios, y también desde las instituciones, se nos ofrece un discurso aparentemente igualitario, "integrador", de defensa de los otros y de la valoración de la riqueza de la diversidad cultural. Esto, sin embargo, no es más que una falacia. La realidad es muy distinta. La no-legitimidad del racismo hace que, tanto las élites de la sociedad como los medios de comunicación no puedan mostrar explícitamente mensajes racistas. Pero podemos intuir que los valores racistas permanecen latentes en los discursos. Y no es sólo una intución puramente especulatoria, ya que tiene constatación empírica8.

En definitiva, podemos hablar de racismo sepultado, tanto en los discursos de las élites como en los discursos mediáticos. Como se verá en el capítulo siguiente, ésta es una de las hipótesis principales de la presente propuesta de análisis. Así pues, hay que considerar en todo momento que los discursos políticos, académicos, empresariales, educativos y mediáticos, a menudo formulan estereotipos y prejuicios sobre los otros, especialmente sobre las minorías étnicas, de manera que legitiman la discriminación que promueven las élites, y contribuyen a consolidar el consenso social establecido por los grupos dominantes que ostentan el poder en las sociedades occidentales como la española. O lo que es lo mismo, "los medios de comunicación principales en el mundo occidental han seguido en parte el movimiento de la élite y las formas populares de resentimiento contra el otro, y hasta las han exacerbado" (Van Dijk, 1997: 241).

Todo lo dicho en este apartado reafirma la hipótesis de que las élites, sobre todo las políticas, y los medios de comunicación no están enfrentadas, como se suele mostrar, sino que más bien comparten un mismo techo ideológico.

 

4. La imagen del otro en la televisión: una propuesta de análisis

Ya se ha dicho que se considera otro a todo aquel que se aparta de las normas establecidas, de la cultura hegemónica. Este concepto genérico, sin embargo, agrupa individuo muy diferentes, que van desde las mujeres hasta las minorías étnicas. Han sido mucho los estudios realizados acerca de este tema. La tendencia general ha sido la investigación sobre la discriminación de género y sobre el racismo o la discriminación étnica en los medios de comunicación, especialmente en la prensa. Si en un primer momento, la investigación sobre la mujer en los medios surgió con fueza, hoy parece haber renacido el interés por el racismo en los medios, probablemente a causa de la importancia que actualmente tienen los movimientos migratorios.

En la mayoría de los casos, las investigaciones han partido de hipótesis muy generales, comprobadas mediante la interpretación, siempre subjetiva, del propio investigador. La prensa ha sido el medio más estudiado, y es aquí donde destaca el uso del análisis del discurso como principal herramienta metodológica. Hay, sin embargo, una cierta tendencia al predominio de los análisis de contenido cuantitativo, mediante lo que se ha llegado a conclusiones demasiado precisas que difícilmente pueden dar como resultado un conocimiento profundo y amplio sobre la cuestión.
Mi propuesta se centra en el análisis crítico del discurso sobre el otro en el medio televisivo. La combinación de imagen y palabra hacen de la televisión un medio de comunicación idóneo para llegar a comprender cómo los medios construyen al otro, mediante unas estrategias discursivas determinadas. La multidimensionalidad del concepto otro hace que el objeto de estudio sea demasidao genérico si, previamente, no se precisa. En el caso concreto de esta propuesta, se estudian los otros como extranjeros, es decir, los inmigrantes. Como ya se dijo, el inmigrante extracomunitario se ha convertido en el "inmigrante por excelencia", por lo que el otro a analizar se concreta todavía más.

Esta propuesta no pretende sólo poner de manifiesto que los medios discriminan a los otros. Ésta es una afirmación muy corriente, que ha sido resultado de investigaciones únicamente cuantitativas que concluyen con una culpabilización de los medios en la discriminación de los diferentes. Es evidente que los medios construyen a los otros, pero hay que ir más allá. ¿Cómo los construyen? Es decir, ¿mediante qué estrategias discursivas? Y todavía más, ¿cómo se pone de manifiesto la relación entre el consenso social acerca del tema y el discurso difundido por los medios de comunicación? Una de las premisas fundamentales de la presente propuesta de análisis es que los medios de comunicación participan en el consenso de las élites, que se sustenta en una presentación positiva de todo aquello nuestro, autóctono, y una presentación negativa de todo aquello que procede de los otros -en este caso, de los extranjeros-. Veremos, pues, cómo se pone de manifiesto este techo común compartido por los medios y las élites que ocupan los lugares "importantes" en nuestra sociedad. Para llegar a interpretaciones de este tipo, es necesario un estudio exhaustivo del discurso televisivo. Un estudio que no sólo se dedique a obtener datos cuantificables, sino que analice con precisión las estrategias discursivas que se emplean en la construcción, tratamiento o visualización del otro. Ya se ha dicho que la elección del género informativo respode a la importancia que hoy tienen las noticias en la formación del conocimiento social. A esto hay que añadir que el género de la información es especialmente adecuado al objeto de estudio porque se presenta como un género que "abre una ventana al mundo", que sólo refleja la realidad social, la verdad. El hecho de que el racismo sea una actitud pocas veces explícita obliga a un análisis de mayor complejidad, pero también de mayor interés. Los informativos suelen participar del discurso de la tolerancia hacia los otros, y es por este motivo que aparentemente no difunden mensajes racistas. Veremos cómo la construcción del otro, la estigmatización del diferente, es un proceso latente, implítico.

 

4.1. El análisis del discurso como metodología apropiada

Las propiedades de los informativos pueden influir sutilmente sobre los modelos mentales que se construyen los espectadores sobre los sucesos étnicos y sus protagonistas. A causa de la sutileza del prejuicio y el racismo contemporáneos, "se hace indispensable un sofisticado análisis del discurso con el objetivo de establecer sus formas discursivas" (Van Dijk, 1997: 12). Veamos las características que hacen del análisis crítico del discurso el posicionamiento teórico adecuado para llevar a cabo este estudio:

Se fija en todos los niveles y dimensiones del texto (gramática, retórica, actos de habla, etc.) y en otras dimensiones semióticas de los discursos comunicativos (imagen, sonido, gestos, música, etc.).

"Cuando se estudia el rol del discurso en la sociedad, el análisis crítico del discurso se centra particularmente en las relaciones de poder, dominación y desigualdad, así como en la manera en que los integrantes de un grupo social las reproducen o les oponen resistencia a través del texto y el habla" (Van Dijk, 1997: 16).

Tiene un interés explícito en subrayar las ideologías que cumplen un papel importante en la reproducción de la desigualdad.

Su objetivo principal es "descubrir, revelar o divulgar aquello que es implícito, que está escondido o que por algún motivo no es inmediatamente obvio en las relaciones de dominación discursiva" (Van Dijk, 1997: 17).

Por último, se adopta de forma explícita una postura de crítica hacia todos aquellos que ocupan los lugares de poder en la sociedad, de manera que se mantiene una perspectiva de solidaridad con los grupos dominados.

El análisis del discurso de los informativos televisivos no se tiene que limitar a analizar las estrategias textuales, es decir, la superficie del texto. Estas estructuras expresan ideologías subyacentes. Algunas de las principales estucturas usualmente estudiadas en el análisis del discurso son las siguientes: gráficos, sonidos, sintaxis, semántica, estructuras esquemáticas, estructuras retóricas y actos de habla. Esto demuestra la multidimensionalidad de este posicionamiento, su pretensión de amplitud. De todos estos elementos, la semántica -el léxico-, es el componente más obvio del análisis ideológico del discurso. Pero el estudio no puede quedarse aquí. Pensemos, por ejemplo, cómo las estructuras esquemáticas -la distribución de las palabras en los titulares, el orden que ocupan, cómo se concluye la información, etc.- también pueden expresar posicionamientos ideológicos; o cómo la retórica sirve a los medios para dar énfasis a los significados expresados, en función de la ideología que se esté transmitiendo; o cómo mediante los actos de habla, los medios realizan promesas, amenazas, aseveraciones, puestas en cuestión, etc. Estas operaciones, en todos los casos, pueden ser portadoras de mensajes ideológicos. En el tema que nos ocupa, las estrategias discursivas anotadas pueden dar indicios, más o menos seguros, de cuál es el trasfondo idológico en que se sustenta la información difundida. Sin embargo, hay que tener en cuenta que a menudo las manifestaciones implícitas de mensajes racistas son inintencionadas. Es decir, los medios difunden lo que la sociedad "espera", lo que el consenso social ha establecido como válido y correcto, sin detenerse a construir un mensaje alternativo a este sustrato ideológico propio de la sociedad9. En otras palabras, el discurso televisivo justifica el consenso social, la acción oficial o la propia de la institución mediática, que comparte igualmente el sustrato ideológico del que hablábamos.

 

4.2. El otro en los informativos: hipótesis de trabajo

En este apartado se exponen las premisas de la propuesta de análisis, es decir, los puntos de partida previos al inicio de la investigación. Se proponen hipótesis sobre quién es el otro en la televisión, por un lado, y sobre cómo el medio construye un determinado discurso sobre el otro, es decir, sobre cuáles son las principales estrategias discursivas empleadas para tal efecto, por el otro. La hipótesis global, expuesta a lo largo del texto, es la correlación e identificación entre el discurso racista, xenófobo y etnocentrista de los medios y el discurso sobre el tema establecido como correcto por las élites que controlan el poder en la sociedad.

 

4.2.1. ¿Quién es el "otro"?

En los informativos de las televisiones, el otro por excelencia es el inmigrante de fuera de la Unión Europea, que se nos presenta como un individuo extraño, perteneciente a una cultura diferfente a la nuestra y portador de unos valores y creencias que ponen en peligro la continuidad de nuestra cultura y nuestra identidad.

En base a la afirmación anterior, se puede constatar que los medios "facilitan una perspectiva de los sucesos informativos que es normalmente blanca, occidental, masculina y de clase media" (Graber, 1984; Robinson i Levy, 1986)10.

Los otros de los informativos pertenecen a grupos poco o nada organizados, sin poder ni influencia polítca, viven en guetos, no hablan nuestro idioma, nunca estan satisfechos y "nos necesitan".

Los temas principales en los que entra en juego el otro en los informativos son la inmigración (controles gubernamentales e inmigración ilegal, básicamente), las relaciones raciales (en base a afiermaciones ajenas a los propios integrantes de los grupos excluidos) y la delincuencia (drogas, actitudes violentas, ilegalidad, etc.).

La negatividad en la represetnación del otro se contrapone con la casi siempre positiva representación de las acciones sociales y oficiales propias, que se puede resumir en una frase como "las autoridades velan por el bienestar de los inmigrantes".

Las consecuencias negativas de la inmigración, el terrorismo, la desintegración social, la falta de adaptación a nuestras costumbres y la deviación cultural son los temas negativos preferentemente utilizados en la definición que los informativos televisivos hacen de los otros.

 

4.2.2. ¿Cómo se construye el discurso sobre el "otro"?

Los protagonistas de las noticias suelen ser los que ostentan el poder, que aparecen frecuentemente citados en los titulares o en los inicios de la noticia y cuyas declaraciones son más numerosas y se nos presentan dotadas de mayor credibilidad. Con los menos poderosos, los otros, pasa justamente lo contrario.

"Los periodistas escriben prioritariamente como integrantes del grupo residente blanco al que pertenecen y, por lo tanto, se refieren a los grupos étnicos minoritarios en términos de ellos y no como parte de nosotros" (Van Dijk, 1997: 79).

Cuando la noticia sobre sucesos étnicos tiene relevancia suele ser porque es una noticia negativa, o mejor dicho, presentada en términos negativos. Los temas de cobertura dominante son la delincuencia, la marginación y la inmigración ilegal.

Temas como las experiencias de los inmigrantes en la vida cotidiana, su participación en la cultura, en la política y en la economía, suelen ser temas ignorados o, al menos, infravalorados y tratados de forma muy simple y casi anecdótica.

El problema de la discriminación no se presenta como una propiedad estructural de una sociedad racista, de manera que se atribuye la acción discriminadora a grupos de alterados o bien a grupos organizados abiertamente racistas que realizan acciones puntuales. Así, se minimiza el carácter etnocéntrico inherente en nuestra sociedad, y se ignora o se niega violentamente el racismo de los propios medios de comunicación.

Los discursos sobre el otro en la televisión se estructuran en base al llamado "Cuadro ideológico", que se sintetiza en las siguientes operaciones: a) expresar/enfatizar información positiva sobre nosotros; b) expresar/enfatizar información negativa sobre ellos; c) suprimir/des-enfatizar información positiva sobre ellos; y d) suprimir/des-enfatizar información negativa sobre nosotros.(Van Dijk, 1999: 332).

Se nos presenta, pues, un conflicto ideológico polarizado, a grandes rasgos, entre la civilización occidental y todos los otros que no pertenecen a esta, que pasan a convertirse en una especie de enemigos sociales.

Aunque los mensajes racistas aparecen de forma indirecta o sutil, se puede afirmar que existe una metaideología que organiza todo el discurso mediático acerca del tema: la ideología conservadora del liberalismo occidental.

Las imágenes contribuyen a estereotipar a los otros, de manera que, tras una apariencia de pluralidad y de favorecimiento de la integración, encontramos un mensaje implícito de tolerancia. Y recordemos que la palabra tolerancia implica una cierta actitud racista, ya que se es tolerante con respecto a alguien considerado inferior, diferente.

 

5. Conclusiones

Los medios de comunicación cumplen una función emblemática en la adquisición y el uso de opiniones sobre los grupos minoritarios que existen en nuestra sociedad. Asumen y reproducen el discurso de las élites sobre las minorías, sobre los otros. Se trata de un discurso implícito o sutil encargado de legitimar y mantener el consenso social sobre estos otros. Es por este motivo que se hace indispensable un análisis exhaustivo del discurso, un análisis microanalítico que no se limite a estudiar la superficie de los textos. El objetivo principal tiene que ser, pues, el conocimiento detallado y preciso de las estrategias y las estructuras discursivas que permiten la reproducción de la ideología, en este caso, de la ideología que naturaliza la dominación de nosotros sobre los otros.

El interés del tema radica en la importancia que han adquirido en la actualidad los movimientos migratorios, que en el caso de España la han convertido en uno de los sitios de destino preferido por los inmigrantes. Esta situación socio-estructural ha hecho renacer el debate sobre la diversidad cultural y el multiculturalismo. Detrás de discursos polítios integradores, de valoración de la diversidad cultural, se esconde un discurso de superiodidad, etnocéntrico, un mal llamado discurso de la diferencia. La confusión entre los diferentes conceptos que hacen referencia a la situación de coexistencia y convivencia de culturas diversas en un mismo territorio se da a todos los niveles, y por lo tanto, los medios de comunicación también participan de esta confusión y de este discurso igualitario sólo aparente.

El análisis del discurso informativo difundido en la televisión, hoy todavía el medio hegemónico, puede servirnos para averiguar qué hay, precisamente, detrás de este discurso igualitario ficticio. El hecho que se trate de discursos sutil e implícitamente racistas y discriminatorios obligan a un esfuerzo analítico importante. El análisis crítico del discurso puede ser una buena postura metodológica y teórica para acercarnos a todo lo que se encuentra escondido, sepultado "entre líneas". Es importante que el análisis sea estricto, preciso y con voluntad de amplitud. Nos tendremos que fijar, por lo tanto, en todos los elementos que conforman los discursos, desde la gramática hasta los actos de habla, pasando por la sintaxis, la semántica y la estructura temática del texto.

Aunque las estrategias discriminatorias son sutiles, se pueden establecer algunas ideas de partida o hipótesis que, a pesar de ser refutables, parecen fácilmente aceptables. Así, algunas de las estrategias utilizadas por la televisión son la constante negación del racismo, la inversión de las responsabilidades -el culpable suele ser casi siempre el otro, el extranjero-, la polarización del conflicto en la dicotomía nosotros/ellos, que no hace otra cosa que simplificar la complejidad del tema y la preferencia por un pequeño abanico de temas negativos (la inmigración como amenaza, sus consecuencias negativas -paro, falta de viviendas, etc.-, la delincuencia -a menudo relacionada con la violencia y la droga-, el terrorismo, la desintegración o la falta de adaptación a nuestra sociedad, la desviación cultural, etc.). Estos ejemplos de estrategias que organizan el discurso televisivo demuestran que el medio, igual que la sociedad, es quien construye la diferencia, quien define quién es el otro.

Este texto no ha sido otra cosa que una propuesta de análisis del otro en el medio televisivo. Una propuesta breve, quizás incompleta, pero que ha tratado de definir de manera concisa cómo podemos acercarnos a este análisis de una manera más o menos global y, a la vez, microanlítica. La importancia de la diversidad cultural en las sociedades actuales justifica la adecuación y el interés del tema. I así mismo, el papel que juegan los informativos de la televisión en la construcción del conocimiento social del mundo que adquieren las personas, es también un rasgo que demuestra la validez de la investigación propuesta.

 

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Notas

1 Citado en Rodrigo, 1999: 73-74.

2 En los capítulos siguientes se tratan los temas del racismo y la xenofobia. En el segundo, se definirán estos conceptos, mientras que en el tercero, se explicará qué es el discurso institucional sobre el otro en la televisión.

3 Citado en San Román, 1996: 158.

4 El concepto del "puente" entre culturas fue expuesto por Spector en una conferencia dictada en la Universidad Autónoma de Barcelona bajo el título "Inmigración y choque cultural" (1998).

5 Lo que Marx y Engels llamaban "aparato transmisor de la ideología" es lo que está en posesión de las clases dominantes que hoy controlan las instituciones. Y no se tiene que perder de vista que "las ideas de la clase dominante son las ideas de los dominantes en cada época" (Abercrombie, 1987: 9).

6 Entendemos por ideología el conjunto de representaciones sociales compartidas por un grupo determinado en una sociedad concreta.

7 Un estudio que sólo ponga de manifiesto que los medios de comunicación contribuyen a la creación de mensajes racistas simplificaría la cuestión. Por lo tanto, el interés radica más bien en interpretar en qué medida la ideología que transmiten los medios se corresponde con el orden social establecido.

8 Como se ha demostrado en los múltiples documentos de trabajo e investigaciones sobre el racismo en los medios, tanto de carácter cuantitativo como cualitativo.

9 Hablamos de los medios poderosos, que gozan de una gran legitimidad y que tienen altos índices de audiencia y a los que casi toda la sociedad tiene acceso.En el caso que nos ocupa, nos fijaremos en las cadenas públicas españolas (TVE-1 y La 2), en las autonómicas catalanas (TV3 y Canal 33) y en las privadas Tele 5, Antena 3 y Canal Plus.

10 Citado en Van Dijk, 1997: 78


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