Google

Avizora - Atajo Google


 

Avizora Atajo Publicaciones

Biografías críticas

Biografías

Semiología, semiótica, semiosis
En torno a la semiótica de la imagen

Ir al catálogo de monografías
y textos sobre otros temas

Glosarios - Biografías
Textos históricos

ENLACES RECOMENDADOS:

- Fotografía: Entre el dibujo y la virtualidad
-
La metáfora

- Semiótica cultural de la sociedad de ...
- Epistemología
- Textos sobre Cine

 

Google

Avizora - Atajo Google

11 - Mirta Antonelli (*) - Resumen: 

A manera de introducción, se presentan tres campos de observación en los cuales la teorización de la noción de simulacro es central para la semiótica de la imagen.
El desarrollo del trabajo toma como fuente para la lectura crítica la Critique de la raison sémiotique, de Marc Angenot. La elección se fundamenta en la envergadura de la tesis rectora de este aporte según la cual una semiótica de la imagen es epistemológicamente inexistente. Para su validación, Angenot construye en torno a la fotografía la noción de simulacro como la reproducción de la manera en que un sujeto ideológico conoce el mundo Se analizan las operaciones por medio de las cuales el autor se distancia de la tradición semiótica de matriz lingüística estructural-funcionalista y las tesis que lo conducen a la postulación de un análisis del discurso social como práctica crítica fundada en la gnoseología social.

Desbrozar el problema

Cuando se interroga un conjunto heterogéneo de teorizaciones para dar cuenta de la noción de simulacro referida a una semiótica de la imagen, parecen enunciables al menos tres campos de observación, los que resultan no de la negación de su diversidad sino del reconocimiento de sus perspectivas disciplinares y matrices teóricas desde donde construyen y analizan el objeto en cuestión.
De manera general, mostramos en esta introducción los lineamientos que permiten la "zonificación" aludida como una simple indicación de los disímiles y complejos acercamientos a que ha dado lugar este concepto en el cual nos interesamos. Antes de enunciarlos, dos advertencias son necesarias. Con respecto a los dos primeros campos que proponemos, nos limitaremos a identificarlos y a plantear algunas consideraciones que nos parecen significativas para quienes se remitan a las lecturas de referencia. En cuanto al tercero y último, éste será el objeto de análisis específico del presente trabajo, el cual forma parte de un proyecto mayor que incluye a los dos anteriores.

El simulacro aparece como una categoría a construir desde la perspectiva de la semio-pragmática. Este es el aporte de Bettetini (1), inscrito fuertemente en la tradición hjemsleviana reformulada por Greimas-Courtés, con el aporte pragmático que ambos semióticos incorporaron en relación con el análisis de la enunciación, en especial de las estrategias de manipulación y el contrato veridictorio. Esta aproximación aparece sesgada por el pensamiento ternario de Peirce, de donde extrae el tipo de inferencia que es la abducción para vincularla lógicamente a la simulación como construcción cognitiva. Varias inquietudes, y no aleatorias, surgen de su lectura: por ejemplo, la postulación de un "referente verdaderamente existente" que marca una contradicción con la conceptualización de referente en Greimas-Courtés, para quienes se trata en todos los casos de un proceso de construcción: la referencialización, proseguida teórica y metodológicamente por sus discípulos en los ochenta (2).
También resulta por lo menos confusa la aplicación del cuadrado veridictorio, en cuanto no aparecen claramente en el análisis cuándo compete al nivel de la enunciación y cuándo al del enunciado, a pesar de proponer la diferencia entre el modus y el dictum.

El segundo campo en su conjunto puede considerarse como cruzado por acercamientos implícita o explícitamente más o menos fieles al desclausuramiento foucaultiano, en los que la imagen se piensa con relación a los dispositivos de poder y a la emergencia de una nueva configuración histórica.
Baudrillard, en sus trabajos que van desde El sistema de los objetos hasta "Videosfera y Sujeto Fractal", pasando por Cultura y simulacro y "El éxtasis de la comunicación" (3), despliega un pensamiento complejo acerca de las relaciones entre imaginario y sujeto. Este va desplazándose desde la conceptualización de la cultura capitalista como imaginario proyectivo de un sujeto, escena y espejo de una trascendencia reflexiva relativa a una era fáustico-prometeica de producción y consumo, era también "edípica", hacia la construcción de la cultura como el dispositivo de poder de una era "narcisista" -esto último será luego negado por el propio Baudrillard- que asiste en la actualidad a la constitución de un imaginario, el de la red y la pantalla, que es una especie de superficie no reflexiva, proceso en el que se opera el "desvanecimiento" de la dimensión psicológica correlativo a la prescindencia del cuerpo y del mundo, fin de la metafísica y satelización de lo real. El hiperrealismo es el fin de la representación: la simulación es la precedencia de los simulacros. La simulación es una morfogénesis, ni especular ni discursiva, en la que el signo elimina la referencia.
Esta presentación un tanto desprolija permite, sin embargo, mostrar la dificultad que el pensamiento "apocalíptico" de Baudrillard plantea respecto al lugar y a la operación que le cabrían a la imagen televisiva y sobre todo a las imágenes virtuales, en las sociedades post-industriales.
En esta índole de reflexiones sobre la imagen y la globalidad de la cultura se sitúa Alain Renaud, en un trazado que explícitamente pretende dar cuenta del pasaje del "orden óptico de las superficies al orden numérico de los interfases" (4), de la imaginación especular a la "imaginerie" especulativa, operativa ("la escritura"). En este corrimiento de órdenes lo que está en juego es la emergencia de un nuevo imaginario en la constitución de una configuración histórica que concierne tanto nuevos regímenes de visibilidad, de discursividad y de sentido cuanto una nueva subjetividad, cuya episteme hay que crear y desarrollar: ésta es la urgencia que plantea particularmente el nuevo tipo de imágenes.

En la línea de la prescindencia concomitante del cuerpo y del mundo se ubica uno de los trabajos de Paul Virilio (5), con un diagnóstico de la videocultura que, poblada de simuladores, instaura la "inercia domiciliaria", la "inmovilidad cadavérica". Sin dudas, Baudrillard y Virilio no comparten la actitud casi celebratoria de Renaud ante la actual transformación cultural en torno a las imágenes.
No obstante su generalidad, creo que estas líneas evidencian que lo que está en el centro del debate de numerosas disciplinas concierne a una mutación cualitativa que parece revistar la envergadura de una revolución antropológica y la revocación de una racionalidad que podría pensar en términos relativos a lo verdadero y lo falso, lo real y lo imaginario, la referencia y la representación.

Mucho menos "aggiornada" en su objeto-lenguaje, la fotografía -la perspectiva semiótico-crítica de Marc Angenot- construye la noción de simulacro para validar la tesis rectora de Critique de la Raison Sémiotique (6), según la cual una semiótica de la imagen es epistemológicamente inexistente.
Hemos optado aquí por desarrollar este tercer "campo" en función de un interés específico. A nuestro juicio, la empresa teórica de Angenot, a mediados de los ochenta, es un proyecto refundacional de la semiótica que recuerda, al menos en su objetivo y en su marcha crítica contra el pensamiento saussureano, al emprendido por Julia Kristeva en los sesenta (7).
La Critique... aparece como una operación crítica preliminar para anunciar y enunciar la emergencia de un nuevo espacio disciplinar: el análisis del discurso. Su incumbencia epistemológica, su praxis y la construcción de su objeto son aquí prudentemente señalados, para ser valizados y legitimados plenamente pocos años después en otro texto de Angenot (8).
 

El proyecto crítico de Angenot: alcances y limitaciones

El objetivo de Angenot es mostrar un deber hacer: negar el modelo lingüístico del signo estructural-funcionalista, de tradición saussureana, para pensar el posible lugar epistemológico de una disciplina semiótica específica: la de la imagen. El recorrido crítico por el dominio aludido es concomitante a la puesta en consideración de un cuadro teórico general "radicalmente extraño" a la matriz lingüística.
De manera particular, Angenot necesita desalojar de esta sede las nociones de icono, analogía e índice (Prieto), como así también las de código, signo binario y los pares opositivos pertinentes a la teoría de Saussure y a las derivas que a partir de ella tienen lugar.

A este respecto, y de modo puntual en relación con las nociones de signo y código, cabe al menos sospechar qué necesidad o urgencia disciplinar hay a mediados de los ochenta en negarlos, cuando incluso en sede lingüística los conceptos de texto y discurso ya habían operado importantes relevos teóricos. En consecuencia, este mismo puede extenderse a la construcción del "sujeto hablante" inherente a la de código, los que sin embargo son denunciados con insistencia por Angenot como "fetichismos del objetivismo abstracto" de Saussure. Para decirlo directamente, recordar estas cuestiones no está de más; pero, ¿se puede hacer de ellas un eje teórico-crítico de los ochenta, cuando, por otra parte y debido a las limitaciones que él mismo se impone, no puede criticar el sujeto del generativismo chomskyano? La geografía epistemológica a la que se remite Angenot y que excluye la posibilidad de acometer contra Chomsky, es el movimiento estructural-funcionalista ítalo-francófono de los sesenta a los ochenta, década en la que la semiótica "inspirada" en esta tradición ha devenido, para él, en una cacofonía teórico-metodológica.
El objeto central de su reflexión son los simulacros fijos: foto, dibujo, pintura, pero especialmente la primera. Aquí nos surge otra inquietud, recordando siempre el momento en que la Critique... es publicada: ¿se puede asumir en esos años un proyecto teórico de negación de la semiótica de la imagen sin hacerse cargo de las producciones audiovisuales, mansmediáticas, la imagen digital permitida por la electrónica, etc.?

No queremos decir que ya no se pueda abordar semióticamente la imagen fotográfica, o que no sea pertinente hacerlo. Si lo pretendiéramos, La imagen precaria, de Jean Marie Schaeffer, de 1987, estaría allí como prueba de lo contrario (9). Nuestra observación en todo caso quiere señalar que la radicalidad del proyecto teórico de Angenot se ha dado un objeto de análisis luego, un tipo de corpus, que no es suficiente para invalidar una disciplina. En todo caso, ya en la década pasada se trataba no sólo de un debate, sino, y sobre todo, de un desafío para la semiótica: dar cuenta de las nuevas imágenes que atraviesan la cultura contemporánea y los procesos de transformación que en ella operan.
El recorte estratégico concierne también al "cuerpo-corpus" que analiza -una foto de pin-up- para descalificar al "semiótico imbuido de modelo lingüístico" (Cf. Capítulo V). A nuestro juicio, la elección es sumamente estratégica: por una parte, cumple la función de un pre-texto para desplegar su crítica, y por otra, vale particularmente como objeto de mostración y demostración de la precedencia de una topología ideológica a las operaciones semióticas, que es su tesis central. Además, la foto de pin-up no le exige abandonar un marco de reflexión donde la representación domina la escena significante; y le permite en cambio abrirse, veladamente, hacia otros campos de reflexión. Aunque quizás resulte apresurado plantear estas observaciones aquí, nos parece que el "corpus" le posibilita insinuar la intrínseca relación entre el cuerpo y la semiosis social; lo que bifurca en dos contactos: el Goffman de "La ritualización de la femeneidad" (10), valorado por Angenot como una contribución al desclausuramiento semiótico, y el Bourdieu de Le sens practique y Un art moyen (11). Estos reconocimientos teóricos se fundamentan en una mayor "deuda" intelectual: la de Bachtine-Volochinov (1929), explícitamente evaluada por Angenot como la crítica al cuadro teórico general de Saussure, silenciada y marginada por el despotismo estructural-funcionalista. El recorrido "en los márgenes" que va de Bachtine-Volochinov a Pierre Bourdieu es la tradición en la que Angenot se posiciona, porque es la que le permite reinscribir la historia, las prácticas significantes y la ideología, a propósito de los hechos de significación; en una sede epistemológica englobante: la gnoseología social. Para Angenot, debe reconocerse su primacía como el lugar de las ciencias sociales desde donde se puede dar razón de la totalidad de la semiosis social en un momento dado.

A pesar de su crítica a Kristeva, con relación a la máxima extensión acordada por ésta al dominio de incumbencia de la semiótica -fronteras que el Curso de Lingüística General de Saussure había delegado como delimitación por hacer-, Angenot re-edita el proyecto hegemónico de una semiótica crítica y crítica de las semióticas, postulada y bautizada como gnoseología social. En este marco, la foto -una foto de pin-up- vale como documento y no como monumento.

La operación crítica, lo hemos dicho ya, se espacializa en el territorio de dominio y de fidelidad al "pseudo-Saussure" del Curso..., en el que tiene lugar el movimiento de debates y migraciones de ideas "ítalo-francófono", cuyo eje geográfico-epistemológico es París-Génova-Bolonia-Urbino hacia Bruselas, Lieja y Montreal. Este dominio feudal está densamente poblado: Acá, Prieto, Jakobson, Mounin, Hjemslev, Greimas, Barthes, Eco, Lindekens, ...
Si en los setenta esta geografía es nítidamente de matriz lingüística Saussureana, en los ochenta Angenot marca la disolución de este perfil en la contaminación de distintas tradiciones como las de Peirce y Morris, la difuminación de principios y objetivos que inscriben un movimiento centrífugo de nociones teóricas y propuestas metodológicas. Esta crisis o falta de consenso -la "cacofonía"- la semiótica la comparte con el resto de las ciencias sociales y en ella reside, a su juicio, el debate central fundamentalmente epistemológico en los ochenta. La tarea que se impone no es entonces una forzada búsqueda de consenso, sino una crítica global: y éste es el proyecto de Angenot; rechazar en bloque el modelo de referencia para plantear una teorización que escape del "fetichismo y las escotomizaciones".

Las tesis de Angenot

"... Es necesario concluir que no hay nada que se pueda instituir, sin impostura, como "semiología icónica", pues esta disciplina estaría desprovista de objeto propio" (pág. 14).

Esta es la última de las diez tesis enunciadas como tales por Angenot, a la cual se llega por un riguroso encadenamiento.
En principio, y retomando la "crisis" semiótica, la noción central de icono -que él rechaza- forma parte de ese discurso, que es tanto más significativo cuanto que los teóricos del dominio criticado tienen doble común denominador: la trasposición al icono de la teoría lingüística del signo y la idea del sentido común según el cual los íconos constituyen un objeto específico que significa semejándose, esto es, por analogía.
En torno a estas dos cuestiones se plantea un punto de partida inadecuado, que explica el disenso "doctrinal".
Por otra parte, no obstante el carácter relativamente operativo de la teoría del signo, ejercida en el dominio de las lenguas naturales y los sistemas artificiales de signos; trasladada ésta al campo de los simulacros fijos, bloquea o sitúa "en un callejón sin salida" la reflexión teórica sobre ellos. De allí que su recorrido crítico aspire a hacer evidente que el problema de una semiótica de la imagen debe plantearse fuera de la lingüística.
En una estrategia de auto-legitimación, Angenot considera que es posible esbozar el cuadro general de dicha teoría, más para mostrar la necesaria diferencia con el dominio de influencia del saussareanismo que para establecer un método. Ciertamente, el lector del Capítulo V, "Análisis de la foto de pin-up", no es el beneficiario de una oferta metodológica, sino de una inversión de nociones y de hermenéutica, sobre lo cual volveremos en el próximo punto.
Esta expresa limitación se fundamenta en la tesis siguiente: los presupuestos de la teoría por hacer reintroducen aquello que todos los teóricos criticados, incluso el Umberto Eco del Tratado..., excluyen o desconocen: "la primacía de una gnoseología social fundada sobre la práctica" (pág. 14).
Como parece señalarlo la tesis que reprodujimos inicialmente, el problema concierne a una "semiología", designación que a pesar de no ser considerada con ninguna carga semántica específica en relación con la de "semiótica", empleada por Angenot sólo por ser "la dominante", sin embargo refuerza la dependencia de una deriva intelectual heredera de la clausura lingüística saussureana.
Con respecto a la especificación "icónica", y según ya lo hemos dicho, pone la noción de icono en el centro de su crítica. Antes de abordarlo en el próximo punto nos resulta por lo menos un dato considerable que, tras la insistente recusación "en bloque" del modelo lingüístico, Angenot reconozca ser deudor "sólo" del principio de pertinencia -tomado de la reformulación del pensamiento de Saussure por Prieto (Cf. Capítulo II) y de la tradición fonológica praguense-; esto es, según sus palabras, su gnoseología:

"Hemos retenido sin embargo de la lingüística estructural la manera en que ella concibe la pertinencia, es decir, su gnoseología (...)" (pág. 85).

Aquí cabe preguntarse si no es demasiado grande la deuda con un dominio de teorización que se propone disolver, sobre todo siendo el gnoseológico su núcleo teórico; aunque radicalizado: las operaciones diferenciales del conocimiento son necesariamente previas a las operaciones significantes (semióticas) y están determinadas por un punto de vista inseparable de una praxis.

Para expulsar al icono

La tradición de Peirce a Morris, introduce la noción de icono en concomitancia con al relación de semenjanza o analogía con el objeto, la que con Morris se vuelve empirista y con el estructuralismo, incoherente, ya que para Angenot sólo a costa de una incoherencia teórica se pudo hacer ingresar el objeto "imaginario o ficticio" en el icono peirceano. Se pueden sisntetizar al menos tres modos de entender la analogía fundante del icono que le permiten a Angenot mostrar su improcedencia semiótica: la analogía "natural" del Barthes de 1961 y 1964 (el mensaje sin código, "la copia", o mensaje icónico de denotación) (12); la analogía "construida" convencional y codificada, de Eco en "Semiología de los mensajes visuales" (13) y la analogía como especificidad icónica del plano de la expresión, de impronta hjemsleviana en Lindekens (Cf. págs. 34 a 36).

Desde un punto de vista semiótico, semejanza y significación deben distinguirse porque la semejanza no es de orden semiótico. Y aquí Angenot introduce la noción de simulacro. La foto -el simulacro- es un objeto segundo que, por una relación mecánica, reproduce un objeto primero -el modelo, fragmento del mundo-, el cual se define por una serie de rasgos axiomáticos que conciernen a su función utilitaria y por una serie de rasgos contingentes, forma, dimensión, colores, que le confieren identidad. El simulacro presenta una diferencia gradual con relación al objeto primero, del cual preserva rasgos de identificación sin presentar todos los rasgos axiomáticos de utilidad. Si la conservación fuera total, el simulacro se disolvería en el modelo.
La relación mecánica instaura la simulación, la representación entre el objeto producido y el modelo, no la analogía. Es llamativo que habiéndose restringido Angenot a los simulacros fijos, en particular a la fotografía, el problema del dispositivo sea planteado sólo como "relación mecánica", sobre todo si se piensa en trabajos como los de Schaeffer, donde el proceso físico-químico del dispositivo óptico tiene pertinencia semiótica en una aproximación a la imagen fotográfica con estatuto pragmático (14). Ni significación, ni estímulos puramente fenomenológicos. La relación de semejanza gradual concomitante a la pérdida de funcionalidad del objeto primero concierne a prácticas de reconocimiento, concretamente a prácticas de conocimiento e identificación.
La semejanza se establece entonces como la relación entre una comunidad de rasgos que no competen a la significación y por ello "el icono" es expulsado de la semiótica.
En cuanto a la significación, es definida negativamente: no es la diferencia-distancia entre el objeto segundo y el modelo; no es el fragmento del mundo reproducido puesto que no hay una semiótica del mundo natural; tampoco está implicada en la producción del simulacro. La significación no se puede pensar si no se presupone lógicamente un sistema de diferencias cognitivas previas, el acto por el cual un sujeto ideológico conoce el mundo, lo que equivale a decir que la significación es ideología.
La foto, como simulacro, es el soporte material, reproductible, de una predicación que instituye y constituye al sujeto ideológico.

"Hay un conocimiento del mundo en cuanto a un sujeto (...) Hay muchas maneras de conocer el mundo sin que haya sin embargo tantas maneras de conocer el mundo cuantos sujetos empíricos hay. Estos múltiples sujetos/no sujetos que producen la predicación (que diferencian el mundo constituyéndolo en multiplicidad diferencial para reconectar estos objetos diferentes en una totalidad que es una "visión del mundo"), los llamo ideológicos" (pág. 80).

El simulacro es un fragmento de la manera en que un sujeto ideológico conoce el mundo que simula representar un fragmento del mundo como "previo" a las operaciones cognitivas diferenciales. Lo semiótico en la foto es la indicación notificante de que en ella hay significación, en tanto objeto segundo, y aquí Angenot, a su pesar, contamina el orden de lo semiótico con el estatuto del soporte material que es del orden de la simulación (el carácter de imagen fija, que se da a un continuum de observación y es reproductible). La foto es "el simulacro material y transmisible de un segmento de predicación, el simulacro de una ideología" (pág. 80).
La semejanza (o simulación) de un artefacto o simulacro se define por su grado de adecuación con un segmento del mundo que él constituye en objeto primero y esta relación es relativa a "lo óptimo perceptible"; y aquí vuelve a notarse la ausencia de una explicación que de cuenta del "parentesco" entre dispositivo óptico y percepción fisiológica, lo que para Schaeffer define la relación "analógica" como traductibilidad del campo de la imagen a campo perceptivo, isomorfismo parcial que ancla la imagen en el campo lógico de la realidad" (15).

La analogía es gnoseológica

Ahora bien, no obstante la diferencia de naturaleza entre el modelo y el simulacro, semióticamente, esta diferencia no oculta que la analogía es la relación necesaria que se establece entre el simulacro y las construcciones gnoseológicas. Constituyendo una categoría epistémica, la foto, el cine, etc., no se pueden considerar como fenómenos cognitivos específicos respecto de otros, sino que entre ellos existe una diferencia de grado y no de naturaleza. No es posible entonces postular la existencia de una semiótica de la imagen puesto que carece de objeto específico: éste se confunde con la gnoseología.
Y aquí ya no se trata de negar la existencia de una "semiología icónica" sino de una semiótica de la imagen en general.
Lo semiótico interviene en la medida en que el simulacro manifiesta la manera en que un sujeto ideológico conoce el mundo y al reproducirla es soporte y (re)producción de la ideología.
La especificidad operatoria del simulacro es una instrucción: "aquí hay significación"; enuncia una intencionalidad global (indicación notificante) por la cual la manera en que el sujeto conoce el mundo re-significa la significación que en ella se encuentra (indicación significante). En este "re" opera la analogía, relevo teórico de la connotación hjemsleviana trasladada por Barthes a la fotografía en los sesenta.
La intencionalidad global es lo que permite abordar el sistema de diferencias que se inscriben en la foto como axiomáticas y no como aleatorias (en oposición a la semántica lingüística históricamente inmotivada). Para el analista de la fotografía, ésta se presenta como un efecto global, al cual no se le debe construir una significación sino reconstruir axiomáticamente su significancia. Enunciado y enunciación son dos niveles inherentes al objeto construido en el análisis.

Ahora bien, ¿cuál es la unidad mínima de esta análisis atendiendo a un efecto global? Los ideologemas, que no sólo valen como tales unidades elementales, sino que permiten dar cuenta de las operaciones de redoblamiento (y no de connotación) que se difuminan en distintas zonas del simulacro.
Aquí dos órdenes, lo plástico y lo semiótico, conciernen a esta noción clave de redoblamiento y a la relación de analogía que la regula. Con respecto al primero, lo plástico, exige nuevamente negar al signo icónico como convención cultural:

"(...) las convenciones culturales de la representación plástica (...) se limitan a connotar (redoblar) la manera en que el mundo es conocido sin poseer significación inmanente" (pág. 126).

"Las convenciones plásticas no nos parece que puedan ser tratadas aisladamente de lo que ellas señalan. Las convenciones¿ significantes primarias no se inscriben como semejanzas con un objeto¿, sino como proyección de predicaciones ideológicas que permiten conocer el mundo bajo un punto de vista dado" (pág. 127) (16).

Pero no sólo el icono es expulsado, la noción de índice -tal como Angenot la encuentra desarrollada en Prieto (Cap. II)-, ligada a la "relación natural" entre indicante/indicado, no puede sostenerse, puesto que en el mundo empírico no existe relación entre "clases" de fenómenos; desde el punto de vista gnoseológico hay una relación construida por el sujeto cognoscente en la operación misma de conocimiento.
Así, lo plástico es un modo de redoblamiento; es la manera en que el fotógrafo conoce la manera en que el mundo es conocido y siendo ésta una de las maneras posibles, lo plástico y sus operaciones reintroducen la noción clave de diferencia aplicada antes a las operaciones cognitivas originales.
Es esta lógica de la diferencia la que permite organizar las unidades mínimas índices, que en sí mismas "casi carecen de significación". Dicha lógica está sobredeterminada por la ideología, por su imposición global.
En otras palabras, los índices y las operaciones de redoblamiento no se pueden aislar, ellos son cointeligibles en la medida en que la imposición global de la ideología los sobredetermina en un juego de interpretancias isotopantes.
La significación = ideología es lógica e históricamente anterior al simulacro y, en tanto construcción cognitiva, funda la analogía en la red de la semiosis social; en la topología ideológica socio-históricamente determinada.
El simulacro es, entonces, redoblamiento de una semiosis ya-ahí; es construido por ella y la construye, la (re)produce.
En este planteo general, los ideologemas manifiestan toda su relevancia teórico-operativa: son las proposiciones ideológicas globales o conjuntos de predicaciones que engendran la significación como un trabajo de interpretancia isotopante, por lo que, en rigor, se debe decir aquí significancia (noción cara a Kristeva).
Se trata entonces no ya de "índices" de un real-preexistente, sino de perceptos, en tanto clasificación significante sobredeterminada por el topos ideológico, el cual se inscribe en una ideología o conjunto de ideologemas.
La lógica de la diferencia que organiza las clases de perceptos y sus intersecciones sobredeterminadas, diseña una representación topológica de la semiosis. En ruptura con el binarismo de Saussure y con el pensamiento ternario de Peirce, el de Angenot es un sistema planario; su topología es coherente con la perspectiva sincrónica adoptada.

El estatuto de la noción nuclear de ideología, en el marco de reflexión teórica sobre la fotografía, en Angenot parece concernir a una pregnancia: pre-existe a la semiosis, produce (y se reproduce en) los simulacros-productos y circula en sus configuraciones, construyendo sujetos discursivos, enunciativos y consumidores-destinatarios en la totalidad del discurso social, de las producciones simbólicas sincrónicas.
En dicha sincronía, la aceptabilidad de la foto es del orden de lo institucional, es decir, lo representable -equivalente de lo decible- (17). Lo "fotografiable" es un sub-conjunto en el que operan restricciones tipológicas de género, convenciones y un sistema de prescripciones y constricciones inherentes a la "distinción estética", en el que se juegan recíprocamente la elección de una estética, un destinatario y un blanco ideológico.
El alcance teórico de esta categoría fundante, es máxima en este libro de Angenot. Es el vector que le lleva a asignar a su proyecto semiótico crítico el máximo campo de incumbencia. A partir de su reflexión sobre un tipo, por demás acotado, de simulacros -en especial, el de la fotografía-, extiende el objeto epistemológico a la totalidad del proceso de producción social de sentido: hysteresis y semiosis. A nuestro juicio, la elección del cuerpo-corpus analizado en la Critique... posibilitaba estratégicamente este desclausuramiento dela semiótica a lo social, con referencia a la sociología de Bourdieu. Esta es la razón también de que la aproximación de Goffman, desde la microsociología, se le presente como un tipo de pensamiento activador en oposición a la "inanidad" de las semiologías o semióticas de la imagen con sede lingüística.
Hemos dicho que "aquí" el campo de pertinencia es máximo porque, tal como explícitamente lo señala Angenot, en el Capítulo I de su 1889. Un etat du discours social, si bien no desconoce la intrínseca relación entre hysteresis y semiosis, allí renuncia a dar cuenta de ella para restringir el análisis del discurso social a la semiosis como totalidad de "lo que se dice y se escribe" en una sociedad dada en un momento dado.
Ignoramos si Angenot ha abordado en otra parte el problema de los simulacros; pero, a partir de los trabajos que conocemos de él, nos preguntamos dónde quedó la imagen en este camino de la hysteresis a la semiosis.

Sin dudas, en esta apertura ¿imperialista? de la semiótica crítica identificada con la gnoseología social, es el campo mismo de las ciencias el que queda bajo su dominio, tal como lo anunciaba Kristeva aunque desde la impronta althusseriana. El ejercicio crítico somete especialmente al dominio de "las semióticas" acusadas por el desconocimiento de su propia ideología, ya sea por el fetichismo del objeto de indagación, ya sea por el fetichismo de las unidades teóricas construidas.
Si acordamos con el mismo Angenot respecto a que no hay "una verdad" sobre "un real", su teorización es también una construcción. ¿De qué manera entonces legitima su propia razón crítica antagónica a la "razón semiótica"?
Se trata de definir el alcance de una praxis: la del crítico de la ideología, quién, al reconocer la manera en que él conoce, en este caso un trabajo sectorial sobre los simulacros, hace explícitas las maneras en que los desconoce. Este sujeto se conoce el mundo como estructurado, por la manera en que la ideología conoce el mundo y estructura su percepción y reconoce que la suya no es la única manera posible.
Para Angenot no hay rigor, una semiótica de la manera en que el sujeto ideológico conoce el mundo, sino un campo de las ciencias sociales que puede llamarse crítica de las ideologías o gnoseología social. Como en Kristeva, el sujeto del discurso científico es el lugar de intrusión de ideología; que para el caso de la marcha semiótica en su conjunto engloba a los semióticos que se instalan en la especificidad disciplinar. El sujeto de la praxis crítica es el analista social, quién debe "hablar de la ideología sin hablarla".
Queda así salvaguardada la limitación ideológica del analista, toda vez que expone las maneras en que "desconoce" los simulacros. Pero tal vez lo que haya que interrogar además es qué tipos de simulacros desconoce y por qué.
Aquí insistimos en llamar la atención sobre la envergadura del proyecto refundacional de Angenot y la clase de imagen-objeto que elige para desplazarlo.

"De Mc Luhan a Baudrillard, del optimismo tecnológico al crepuscularismo anaxiológico, la sociedad posmoderna es concebida por todas partes como sociedad de simulacros (...) Porque es necesario pensar históricamente el mundo de los simulacros; ya es hora de salir de los esquemas de comunicación, de los códigos de lenguaje, de terminar de concebir una semiótica de la imagen fija o del cine como un avatar de la lingüística general. Sin embargo, no hemos situado el debate más allá de una crítica elemental de ciertos prejuicios semio-lingüísticos y de una contraposición general. Todo el resto será para otra vez " (pág. 12) (La cursiva es nuestra).

Quizás esta elección no sea ingenua, ya que le exime de dar cuenta de los complejos fenónemos que introducen los nuevos tipos de imágenes, según vimos en nuestras páginas iniciales. A nuestro juicio, la necesidad de salir del modelo comunicativo del signo que prescribe Angenot en el plano teórico, exige en la actualidad una reflexión que parta de dominios en que la imagen problematice la representación y la referencia, si no quiere expulsar de su gnoseología lo que hoy conmueve los procesos de producción, almacenamiento y circulación de conocimientos y el sujeto de estos procesos. Es probable que desconozcamos que esa promesa "para otra vez" ya se ha cumplido, y nuestras observaciones se volverían así impertinentes.

SUMMARY: As an introduction, three fields of observation in which the theory of the notion of simulacrum is central for the semiotic image. The development of this work takes as a source for the critical reading La Critique de la raison sémiotique by Marc Angenot. This choice is based in the importance of the main thesis of this contribution. According to that thesis a semiotic of the image is epistemological inexistent. In order to validate his work Angenot constructs around "the photography" the notion of simulacrum as the reproduction of the way in which an ideological subject knows the world.
We analyzed the operations through those which the author takes distance from the semiotic tradition of the structural-functionalist linguistic matrix and the thesis that lead to the postulation of an analysis of social speech as critical practice founded in the social gnoseology.

PALABRAS CLAVE: Analogía - Gnoseología social - Icono - Ideologema - Ideología - Imagen - Semiótica - Simulacro - Simulación

BIBLIOGRAFÍA

ANGENOT, Marc. Critique de la Raison Sémiotique, Fragment avec pin-up. Montreal. Les presses de liUniversité de Montréal. 133 págs. 1985.

ANGENOT, Marc. 1889. Un Åtat du discours social. Le Préambule. Québec. 1989.

BARTHES, Roland. "Retórica de la imagen" en La semiología. Comunicaciones. Buenos Aires. 1982.

BAUDRILLARD, Jean. El sistema de los objetos. Siglo XXI. México. 1969.

BAUDRILLARD, Jean. Cultura y Simulacro. Kairós. 193 págs. Barcelona. 1987.

BAUDRILLARD, Jean. "El éxtasis de la comunicación" en BAUDRILLARD et alt. La postmodernidad. Kairós. Págs. 187-197. Barcelona. 1986.

BAUDRILLARD, Jean. "Videosfera y Sujeto Fractal" en VVAA: Videoculturas de fin de siglo. Cátedra. Madrid. 1990.

BERTRAND, Denis. LiEspace et le Sens. Germinal, diEmile Zola. Editions Hadis-Benjamin. Collection Actes Semiotiques. 213 págs. 1986.

BETTETINI, Gianfranco. "Por un establecimiento semio-pragmático del concepto de simulación¿" en VVAA: Videoculturas de fin de siglo. Págs. 67-96. Cátedra. Madrid. 1990.

BOURDIEU, Pierre. Le sens practique. Miuit. París. 1980.

BOURDIEU, Pierre et alt. Un art moyen. Essai sur les usages sociaux de la photographie. Miuit. París. 1965.

ECO, Umberto. "Semiología de los mensajes visuales" en Análisis de las imágenes. Comunicaciones. Págs. 23-80. Buenos Aires. 1982.

GOFFMAN, E. Los momentos y sus hombres. Paidós. Barcelona. 1991.

KRISTEVA, Julia. Semiótica. Fundamentos. Madrid. 1978.

KRISTEVA, Julia. El lenguaje, ese desconocido. Fundamentos. Madrid. 1988.

SCHAEFFER, Jean-Marie. La imagen precaria. Del dispositivo fotográfico. Cátedra. 164 págs. Madrid. 1990.

VIRILIO, Paul. "El último vehículo" en VVAA: Videoculturas de fin de siglo. Págs. 37-46. Cátedra. Madrid. 1990.

NOTAS

(1) Nos referimos a Gianfranco Bettetini: "Por un establecimiento semio-pragmático del concepto de simulación" en VVAA: Videoculturas de fin de siglo, Madrid, Cátedra, 1990, págs. 67 a 96.

(2) Sobre este punto, remitimos a Denis Bertrand: LiEspace et le Sens, Germinal, diEmile Zola. Editions Hadis-Benjamin, 1986. Collection Actes Semiotiques, 213 págs. Cf. I Parte: "De lo figurativo a lo abstracto. Figuratividad, iconicidad, referente" (págs. 29-40). Traducción de Mirta Antonelli para la Cátedra de Semiótica Lit. I, Universidad Nacional de Córdoba. CONICOR. 1990.

(3) Los trabajos citados de Baudrillard corresponden a las siguientes ediciones: Baudrillard (Jean): El sistema de los objetos, Siglo XXI, México, 1969; Cultura y Simulacro, Barcelona, Kairós, 1987, 193 págs.; y los artículos: "El éxtasis de la comunicación" en Baudrillard et alt. La Postmodernidad, Barcelona, Kairós, 1986, 187-197; y "Videosfera y Sujeto Fractal" en VVAA: Videoculturas de fin de siglo, ed. cit., págs. 27 a 45.

(4) El entrecomillado corresponde a uno de los subtítulos del artículo de Renaud: "Comprender la imagen hoy. Nuevas imágenes, nuevo régimen de lo visible, nuevo imaginario" en VVAA: Videoculturas de fin de siglo, ed. cit., págs. 11 a 76.

(5) Aquí hacemos referencia sólo a "El último vehículo", de Paul Virilio, en VVAA, op. cit., págs. 37 a 46.

(6) El texto de Angenot en que basamos el presente trabajo es Critique de la Raison Sémiotique, Fragment avec pin-up, Montreal, Les presses de liUniversité de Montréal, 1985, 133 págs. Todas las referencias, citas o remisiones corresponden a esta edición.

(7) Cf. Kristeva (Julia): Semiótica y El lenguaje, ese desconocido, Madrid, Fundamentos, 1988, 372 págs.

(8) Se trata de 1889. Un Åtat du discours social, Le Préambule, Québec, 1989. Advertimos que nuestras referencias se limitan al capítulo I: "Le discours social: Problématique diensemble", págs. 13 a 39. Traducción de Alejandro Gay y Gabriela Weller para la Maestría en Sociosemiótica, CEA, UNC. Revisión a cargo de la Dra. María Teresa Dalmasso.

(9) Cf. Jean-Marie Shaeffer: La imagen precaria. Del dispositivo fotográfico, Madrid, Cátedra, 1990, 164 págs.

(10) Angenot se refiere al trabajo de Goffman, "Gender advertisments", que aparece traducido como "La ritualización de la femeneidad" en Los momentos y sus hombres, Paidós, Barcelona, 1991, págs. 135 a 168.

(11) Estos dos textos de Bourdieu aparecen en la bibliografía citada por Angenot: Bourdieu (Pierre), Le sens practique, París, Minuit, 1980 y Bourdieu (Pierre) et alt., Un art moyen. Essai sur les usages sociaux de la photographie, París, Minuit, 1965.

(12) Cf. Barthes (Roland): "Retórica de la imagen" en La semiología, Buenos Aires, Comunicaciones, 1982. Allí retoma su artículo de 1961, "Elementos de semiología".

(13) Cf. Eco (Umberto): "Semiología de los mensajes visuales" en Análisis de las imágenes, Buenos Aires, Comunicaciones, 1982, págs. 23 a 80.

(14) Remitimos a la obra ya citada de Schaeffer.

(15) Cf. especialmente el Capítulo I, "El Arché de la fotografía", op. cit., págs. 11 a 14.

(16) Esta cita corresponde al Capítulo VI, donde Angenot critica la "crítica del iconismo" que hace Umberto Eco.

(17) Cf. Capítulo I, "Le discours social: problématique diensemble", op. cit., del texto de Angenot

(*) Profesora y Licenciada en Letras Modernas. Egresada de la Universidad Nacional de Córdoba. Premio Universidad 1980. Egresada de la Maestría en Sociosemiótica, del Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba. Doctorado ante la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba. Profesora de la Universidad Nacional de Córdoba y de la Universidad Blas Pascal

Este trabajo fue presentado en el seminario "La imagen y el sentido", dictado por la Dra. María Teresa Dalmasso - Fuente: Universidad Blas Pascal Córdoba Argentina


 

AVIZORA.COM
Política de Privacidad
Webmaster: webmaster@avizora.com
Copyright © 2001 m.
Avizora.com