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Nadie habla del terrorismo de Bush - De Andrés Hax - Clarín 1004

Uno de los más feroces críticos de la política norteamericana, el lingüista Noam Chomsky dialogó con Ñ sobre su último libro, "Hegemonía o Supervivencia". El plan imperial de los Estados Unidos, la militarización del espacio y la catástrofe ecológica global: "El peligro —dice— alcanzó el nivel de una amenaza contra la supervivencia humana"

No es exagerado afirmar que Noam Chomsky es uno de los intelectuales más importantes del siglo XX. Ha sido referente principal de la lingüística, disciplina que apunta a entender quizá lo más básico y misterioso del ser humano: el lenguaje. Según el Arts and Humanities Citation Index, que recopila citas de más de siete mil fuentes, Chomsky figura entre los diez autores más citados del mundo, superado sólo por Aristóteles, la Biblia, Shakespeare, Marx, Lenin y Freud. Al mismo tiempo, Chomsky se ha destacado como uno de los activistas políticos más prolíficos de los Estados Unidos. En docenas de libros y cientos de artículos criticó ferozmente la política y la clase dirigente de su país. Si sus textos no fueran tan meticulosamente documentados se lo consideraría un paranoico. Según él, los medios de comunicación son una industria de relaciones públicas de la élite industrial y política, y la democracia estadounidense, una fantochada; declara también que desde hace años los Estados Unidos están en una fase pre-fascista comparable con la de la Alemania de los años 30.

Sus críticos lo consideran un demente. En un articulo publicado en septiembre en la revista conservadora The New Criterion ("Una Carrera Desgraciada") se lee: "Si no fuera por su prestigio en la comunidad académica, muchas de sus ideas obsesivas y disparatadas lo habrían descalificado de cualquier debate razonable". Pero es imposible permanecer neutral a las ideas políticas extremas de Chomsky. Hacerles caso implicaría dar vuelta el mundo de pies a cabeza, reconocer que la humanidad está al borde del abismo y que nos quedan minutos para evitar un final apocalíptico. ¿No es más cómodo ignorarlo? Su último libro, Hegemonía o Supervivencia: El dominio mundial de los Estados Unidos (Norma) identifica varias tendencias globales que amenazan a la humanidad: el plan imperial de los Estados Unidos, la militarización del espacio, la proliferación de armas nucleares y la catástrofe ecológica global en curso. "Hoy el peligro se volvió una amenaza contra la supervivencia humana", advierte el incansable profesor septuagenario.

Chomsky es accesible y distante a la vez. Accede diariamente a entrevistas y conferencias, pero mide su tiempo con rigor militar. Contestó a la requisitoria de Ñ—por correo electrónico— casi instantáneamente: "Por supuesto que conozco Clarín. Estaría encantado de hacer una entrevista. Pero no tengo un minuto hasta dentro de un mes". Luego, durante la charla telefónica, Chomsky responde a las cortesías preliminares con monosílabos (Fine, OK, Sure) para para aprovechar los viente minutos estrictamente pautados. Contesta paciente y ampliamente, con voz mesurada y clara, fría y seca.

- —Usted advierte sobre el peligro de la hegemonía estadounidense, pero ¿cómo oponerse a ella?

- —Después de las grandes manifestaciones mundiales contra la guerra, el The New York Times dijo que hay dos superpoderes mundiales: EE.UU. y la opinión publica mundial. Esto es: quizá cierto sector de EE.UU. entienda que sus ideas no son compartidas por todo el mundo y que habrá que hacer algo al respeto. La guerra contra el terrorismo se volvió un eufemismo nebuloso.

- —¿En qué sentido?

- —Hay que ser honestos para reconocer que hablamos sólo de una parte: del terrorismo que se perpetúa contra nosotros. ¿Que se dice del terrorismo masivo que nosotros y nuestros socios perpetramos? De eso no se habla. Frenar al terrorismo implica dejar de ser terrorista. Eso ya reduciría drásticamente al terrorismo.

- —¿Gore habría respondido en forma diversa a los ataques del 11 de septiembre?

- —Creo que habría sido distinto. El entorno de Bush ya estaba planificando una guerra contra Irak antes del 11 de septiembre: los ataques fueron un pretexto, pero no hay pruebas de que Gore tuviera un plan semejante. Yo habría esperado una reacción más acorde al crimen terrorista. La respuesta de Bush aumentó el terror, pero daba lo mismo porque lo que les interesaba era otra cosa: controlar el petróleo en Medio Oriente, por ejemplo. El terror del que hoy se habla es serio, pero se trata de una porción menor. Los terroristas se consideran parte de una vanguardia y tratan de sumar gente a su causa. Hasta existe cierta simpatía, comprensión y apoyo, o al menos un reconocimiento de que representan algo. ¿Cómo responder a esto? Los actos criminales deben resolverse con medidas policiales, tribunales internacionales y juicios justos, sin tortura.

- —¿Cómo evalúa el apoyo de ciertos sectores al terrorismo?

- —Tenemos dos opciones. Podemos ayudar a los terroristas a movilizar y reclutar gente; es lo que está logrando EE.UU., aumentando la amenaza de terror a través de sus acciones que fomentan rabia y miedo. (La invasión a Irak es el mejor ejemplo: Washington supo de antemano por sus servicios de inteligencia que la invasión aumentaría el terrorismo y de hecho lo hizo.) La otra forma es atender a los reclamos de quienes sufren. Algunos pueden odiar a los terroristas y a la vez reconocer que hay algo de justicia en su causa. Habría que ocuparse de ellos.

- —Distingue entre guerra de anticipación y guerra preventiva y dice que la segunda es un crimen de guerra. ¿George W. Bush es un criminal de guerra?

- —Esto es transparente. En ciertas circunstancias, la guerra de anticipación (se inicia cuando a uno lo atacan) es una medida aceptable en los marcos generales de la ley internacional. La guerra preventiva es agresión pura y nada más; de hecho es lo que en Nüremberg se describió como supremo crimen internacional. Al iniciar una guerra, todo el mundo dice que es preventiva, hasta Hitler. En Nüremberg se aclaró también que toda consecuencia de la agresión es responsabilidad del agresor. Si la agresión crea hambre o terror, es culpa del agresor, porque cometió el crimen supremo, fuente de todo los demás. Entonces, sí es un criminal de guerra.

- —¿Cambió su visión emotiva de los atentados del 2001 a hoy?

- —No mucho. Fue un acto terrible y sus responsables son grandes criminales. Los que estuvieron en la planificación y siguen en libertad tendrían que ser capturados y llevados a la justicia.

- —¿Con Kerry cambiarían las relaciones de EE.UU. con Latinoamérica?

- —No mucho. Mientras Latinoamérica se mantenga relativamente callada y bajo control, mientras sus mercados y recursos estén abiertos a la penetración de corporaciones estadounidenses, todo seguirá igual. Pero hay mucha preocupación por Latinoamérica en Washington. La región que va de Venezuela a la Argentina está bastante sacudida. EE.UU. intentó derrocar al gobierno venezolano con un golpe y ahora intenta perjudicarlo por otros medios. Toda la región andina está en ebullición. La Argentina se mueve hacia cierta independencia de las órdenes del FMI, y allí los movimientos populares —como la toma de fábricas— son significativos.

- —¿Algún hecho reciente en la región le llamó la atención?

- —Brasil tuvo una elección de verdad, no como la que se está gestando acá. Aquí la opción es entre dos hombres nacidos en la riqueza y el poder político, alumnos de la misma universidad de elite, miembros de la misma sociedad secreta, adiestrados en las formas de la oligarquía y apoyados por los mismos intereses privados. Pero en Brasil se eligió a una persona con trayectoria sindical, sin estudios universitarios, con un gran movimiento popular detrás. Eso es democracia. Y a EE.UU. estas cosas le preocupan porque suelen ser contagiosas.

- —¿Qué papel jugará entonces EE.UU. en el futuro próximo?

- —Estados Unidos tiene fuerzas y bases militares en toda Latinoamérica, especialmente en la zona andina. A largo plazo espera que Canadá y Latinoamérica sean importantes fuentes de abastecimiento petrolero. Canadá tiene recursos formidables, pero por el Nafta no puede utilizarlos: tiene que cedérselos a EE.UU., que ahora quiere llegar a un acuerdo similar de libre comercio con Latinoamérica. Si la región lograra integrarse y trabajar unida en vez de seguir conectada individualmente al poder imperial podría convertirse en una fuerza internacional. Los últimos veinte años fueron un desastre sin precedentes para la región: las reformas neoliberales la demolieron pero así y todo tiene enormes posibilidades. Debe sustraerse al sistema de dominación. Si lo logra, EE.UU. se volverá muy hostil, como en Venezuela, y como ocurrió históricamente. Después de todo, fue la administración Kennedy la que armó el golpe en Brasil, que desestabilizó a toda la región.

- — ¿Es posible informarse de lo que pasa por la prensa?

- —Claro. Yo leo todos los diarios nacionales, alguno de los buenos diarios locales y fuentes alternativas, como la prensa extranjera. Hay muchas fuentes y si te tomás el trabajo hay cantidad de información en Internet. Pero no se puede sólo mirar los títulos: hay que comparar lo que se dice hoy con las mentiras de ayer; fijarse en las cosas nimias y hacerse un esbozo de lo que realmente ocurre. Es posible hacerlo.

- —¿Le frustra que sus criticas no hayan penetrado el centro del discurso en EE.UU.?

- —Al hablar del centro tenés que tener en cuenta que el centro está muy lejos de la población. Entre la población es complicado: hay gente que apoya la guerra porque tiene miedo. Esa gente literalmente le cree a Bush cuando dice que Irak nos atacó el 11 de septiembre. Pero la preocupación por estos temas está hoy mucho más difundida. Es cuestión de organizar cómo educar a la gente. No hay razones para frustrarse; hay que trabajar más y muchos lo están haciendo; no soy el único. Antes no existía un Foro Social Mundial o foros regionales. Pero ser subjetivamente optimistas o pesimistas no cambia nada. Hay que trabajar.

- —¿Como conviven sus tareas de lingüista y de activista político?

- —Bueno, estoy muy activo en ambas cosas y el tiempo es finito, entonces lo que hacés en uno te quita tiempo en el otro. Si el mundo simplemente desapareciera estaría contentísimo de trabajar sólo sobre problemas que son desafíos intelectuales y que nos enseñan sobre la naturaleza humana. Pero el mundo no desaparece y los temas políticos son mucho más urgentes. De ello depende la supervivencia humana

"América latina no es Colonia Formal..."

El pensador norteamericano sostiene que hay que forzar a los gobiernos a aplicar medidas populares
CAMBRIDGE, EE.UU.- "El intelectual, hoy, más importante del planeta." Así presentó The New York Times a Noam Chomsky en un editorial reciente. Sin embargo, el legendario filósofo y lingüista del Massachussets Institute of Technology (MIT), autor de libros siempre controvertidos, se irrita cuando uno se lo recuerda
"A la gente le impresiona esa frase, pero se olvidan de la oración siguiente, que decía siendo así, cómo puede ser que tenga opiniones tan erradas sobre la política exterior norteamericana. ¡Era una crítica, no un elogio!", aclara, sin ocultar su satisfacción. Porque para Chomsky, ser un "contreras profesional" es parte del quehacer cotidiano. Especialmente desde que, poco después del 11 de septiembre, llamó a los Estados Unidos "la principal nación terrorista" y quedó tildado de apologista del terrorismo islámico

"No me importan las críticas. Las clases intelectuales siempre se van a comportar así. Es su rol histórico: apoyar la violencia de Estado y difamar a quienes tratan de no olvidar del todo las reglas morales más elementales", dice, en una entrevista con LA NACION

Chomsky, de 73 años y profesor del MIT desde 1955, es alto y desgarbado, viste jeans arrugados y zapatillas viejas y tiene un ademán de gran timidez que no se condice con su status de celebridad académica

Nacido en Filadelfia e hijo de inmigrantes rusos, alcanzó el doctorado en la Universidad de Pennsylvania y sobresale como feroz ensayista político. Entre otros libros, es autor de "Secretos, mentiras y democracia" y "Estados canallas" (de flamante aparición en la Argentina, editado por Paidós), donde formula una profunda crítica a la política exterior norteamericana

Chomsky se interesa por la Argentina y por la recepción de sus libros en nuestro país. "Claro que a este último ¿quién lo va a poder comprar?", se lamenta. Su oficina está llena de alumnos que lo tratan como a un dios viviente y de recortes de diarios donde se hace referencia a su persona. Como el Boston Globe, por ejemplo, que lo trata de "reflexivamente antinorteamericano"

"¡Es tan absurdo! ¿En la Argentina, si alguien critica la política exterior lo tildan de antiargentino? Puede ser en la época de los militares, pero no ahora, salvo por grupos que todos consideren de extrema derecha. En cambio, aquí cualquiera que no comparta la línea oficial automáticamente es antinorteamericano , y ni siquiera se dan las razones para la acusación. Eso es propio de una cultura totalitaria"

-Después del 11 de septiembre usted comparó el accionar de Ben Laden con el de los Estados Unidos en el resto del mundo. Muchos interpretaron que sugería que "se la estaban buscando". ¿Fue así?

-Por supuesto que no, es increíble que se haya interpretado así. Lo único que dije fue: esto es una atrocidad espantosa. Pero, desafortunadamente, el número de muertos no es inusual, lo único inusual es la dirección hacia la que apuntaron las armas. Si algo es un crimen cuando es cometido contra nosotros también lo es cuando nosotros lo cometemos. Y estuve en contra de la acción militar en Afganistán

-¿La violencia nunca puede traer paz?

-Sí, en la Segunda Guerra Mundial trajo paz. Yo era un niño, pero apoyaba la guerra y hoy, en retrospectiva, lo sigo haciendo

-¿Detrás de todo hay objetivos imperialistas de Estados Unidos?

-No creo que Estados Unidos tenga más objetivos imperialistas que cualquier otro país. Lo que ocurre es que Estados Unidos es tanto más poderoso, y lo ha sido por los últimos 50 años, que su alcance es incomparablemente mayor

-¿Y qué hay del imperialismo económico?

-Lo mismo se aplica. El Fondo Monetario Internacional es una subsidiaria de la Secretaría de Hacienda norteamericana. Si Estados Unidos se guiara por sus recomendaciones a países como la Argentina tendría que estar realizando enormes reformas estructurales porque su déficit es muy superior al admisible. Algo que jamás hará y que ningún país poderoso haría. Entonces, ¿por qué deberían aceptarlo los demás? Hasta la titular de la Comisión Económica para América latina reconoció que los países que habían seguido más de cerca las recomendaciones de Washington eran a los que peor les había ido

-¿La Argentina tiene otra alternativa?

-Una vez que uno cayó en la fosa puede no haber demasiadas alternativas a mano. Incluso puede ser que uno necesite pedirle ayuda al que le cavó la fosa. Pero hay que ser muy cuidadosos. Los estudiosos de las teorías del desarrollo más honestos concuerdan en que no hay remedios mágicos. Pero hay un solo punto claro: sólo les va bien a los países que logran ingresar en el mercado internacional en sus propios términos. América latina no es colonia formal desde el siglo XIX, pero lo es en términos económicos. Volviendo a la Argentina, nada sirve si se permite que los ricos no paguen impuestos y que salga el capital del país

-¿No cree que sólo puede exigirse que no salga el capital del país si existe algún nivel de confianza en el gobierno y las instituciones

-Uno nunca debe confiar en el gobierno ni en las instituciones supranacionales. Lo único que hay que hacer es forzar al gobierno a implementar las medidas impuestas por el pueblo. En una tiranía, o con un rey carismático, se puede hablar de relaciones de confianza. No en una democracia

-Hace poco, el Nobel de Economía Joseph Stiglitz dijo que debería hacerse juicios por mala praxis a los asesores internacionales que dan malos consejos para un país, como un paciente puede hacer con un médico. ¿Coincide?

-No creo que Stiglitz haya querido decir literalmente eso, pero en principio estoy de acuerdo. La gente debe ser responsable por acciones que afectan a terceros. Pero la forma en que se lo puede implementar cuando se trata de países es para discutir. Hay que tomar en cuenta, también, que es muy fácil para los políticos corruptos intentar lavarse las manos echándole la culpa de todos los males al FMI. Aunque las acusaciones sean correctas, América latina, y la Argentina en especial, tiene una serie de problemas internos que si no se abordan no puede existir solución alguna, con o sin FMI

-Usted siempre fue muy crítico de los medios norteamericanos. ¿Cómo abordan a la Argentina?

-La principal forma es ignorándola, salvo que haya una crisis. Lo mismo se aplica para el resto de América latina. Y una crisis no significa algo que afecte a la gente común, sino a los inversores, a los ricos y poderosos. Por supuesto, el enfoque que se les da a las noticias en Estados Unidos está diseñado pensando exclusivamente en ellos

“Fue una guerra ejemplificadora” 14/07/2003
Atilio Borón

El lingüista, polemista y duro opositor a las políticas de su gobierno, no tiene dudas: Irak fue elegido “por ser el país más débil de la región” y por “tener mucho petróleo” para enseñarle al mundo la nueva doctrina Bush. Esta indica que EE.UU. hará la guerra donde, cuando y con quien quiera, sin aceptar límites de la ONU. El objetivo profundo es cristalizar un sistema de gobierno interno que elimine todo rastro de políticas sociales

–Examinando las recientes políticas de los Estados Unidos en relación a Irak, ¿cuál cree que ha sido el verdadero objetivo de esta guerra?

–Podemos estar completamente seguros de una cosa: las razones que aducen no son las “verdaderas” razones. Lo sabemos porque son internamente contradictorias. Un día Bush y Powell afirman que la “única cuestión” es si Irak se desarma o no. Al día siguiente dicen que no importa el desarme de Irak porque invadirán de todos modos. Poco después dicen que si Saddam y su grupo abandonan Irak entonces el problema estaría resuelto. Y al día siguiente, en la Cumbre de las Azores, cuando lanzaron el ultimátum a las Naciones Unidas, dijeron que aun cuando Saddam y su pandilla salieran de Irak ellos invadirían de todas maneras. Y continuaron de este modo todo el tiempo. Creo que los verdaderos motivos no son demasiado oscuros o difíciles de comprender. En primer lugar, existe un interés de larga data en esa zona. Irak posee las segundas reservas de petróleo del mundo y, en este sentido, controlar el petróleo iraquí y, más aún, establecer bases militares en Irak, situaría a los Estados Unidos en una posición aún más fuerte que la actual para dominar el sistema energético internacional. Esto es por sí mismo extremadamente importante a los efectos del control mundial, y a ello habría que sumar las ganancias que se derivarían de tal predominio. Probablemente Estados Unidos no intente acceder al petróleo de Irak, tal vez use los recursos más seguros de las cuencas petrolíferas del Atlántico. Sin embargo, controlar el suministro mundial de petróleo ha sido un principio rector de la política exterior estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial, e Irak es particularmente significativo en este aspecto. De modo que éste es el interés de largo plazo. Si queremos entender el momento, la oportunidad de la invasión, es preciso recordar que en septiembre de 2002 comenzó una masiva campaña de propaganda en favor de la guerra. Antes de esta fecha el régimen de Irak era acerbamente criticado pero no existía un proyecto de fomentar entre la población norteamericana una fiebre belicista. Es por eso que debemos preguntarnos qué más sucedió después de septiembre de 2002. Bien, dos cosas importantes tuvieron lugar. La primera fue la apertura de la campaña para las elecciones legislativas al promediar el mandato presidencial de George W. Bush. Karl Rove –su jefe de campaña– fue muy claro al explicar aquello que debería ser obvio para todo el mundo: que a los republicanos no les sería posible ingresar en la campaña con un programa cuyo foco estuviera concentrado en torno de temas sociales y económicos. La razón era que la administración Bush estaba llevando a cabo políticas absolutamente perjudiciales para la mayor parte de la población y favorables tan sólo para el estrecho grupo de grandes empresas y los sectores corruptos vinculados al poder. Motivo éste suficiente, pues, para no poder enfrentar al electorado con propuestas de índole económica o social. Tal como Rove lo dijera, si pudiéramos hacer de la seguridad nacional el tema primordial de la campaña, entonces seremos capaces de ganar porque la gente se aglutina en torno del poder si se siente atemorizada. Todo eso quieren hacerlo no sólo para permanecer en sus cargos sino porque quieren institucionalizar, en la esfera doméstica, un programa de gobierno altamente regresivo que les permita suprimir todo vestigio de políticas socialdemócratas al estilo New Deal, convirtiendo al país en una sociedad no-democrática y pasiva, controlada casi por completo por un sector capitalista altamente concentrado y poderoso. Esto implicaría, por ejemplo, recortar el presupuesto público en salud, seguridad social, probablemente en educación, y al mismo tiempo un enorme aumento del poder estatal. Estos grupos dominantes no son conservadores; llevaron al país a contraer un déficit fiscal enorme gracias al mayor aumento en el gasto federal de los últimos 20 años y a los fabulosos recortes impositivos en favor de los ricos, y lo que quieren es precisamente institucionalizar este proyecto. Lo que buscan entonces es un descalabro fiscal que torne imposible continuar financiando los programas sociales. Saben que no pueden enfrentar una elección declarando que quieren destruir dichos programas de ayuda popular, pero sí pueden levantar sus manos con desesperación y decir “¡qué vamos a hacer, si no tenemos dinero!” una vez de que se cercioraron de tal cosa por las grandes reducciones impositivas otorgadas a los ricos y el fuerte incremento en los gastos militares (incluyendo a las industrias de alta tecnología) y en otros programas a favor de las grandes empresas y los ricos. Este es, por lo tanto, el segundo aspecto a tener en cuenta y que tiene que ver con los espectaculares logros de la campaña de propaganda lanzada por el gobierno.

–Y la campaña funcionó.

–Convenció muy rápidamente a la mayor parte de la población de que Irak era una amenaza inminente para la seguridad de los Estados Unidos e incluso de que era responsable por los atentados del 11 de septiembre. No existe un grano de verdad en todo esto, pero por ahora la mayoría de la población cree en estas historias y tales actitudes encuentran correlato en un fuerte compromiso con la guerra. Si la gente cree que hay un enemigo que pretende destruirla y ya los ha atacado, es muy probable que acepte ir a la guerra. Si mira la prensa de esos días, se describe a los soldados diciendo: “Estamos aquí por venganza, saben, porque volaron el World Trade Center, o porque nos atacarán”. Estas creencias son completamente únicas de los Estados Unidos: nadie en el mundo cree en algo siquiera parecido. No poca gente en Kuwait o Irán odia a Saddam Hussein, pero no le temen, porque saben que es el país más débil de la región. La campaña mediática gubernamental funcionó brillantemente, aterrorizando a la población hasta hacerle aceptar la guerra pese a que existía mucha oposición ante la opción bélica. Pero hubo un tercer factor, tal vez aún más importante que los anteriores. En septiembre de 2002 el gobierno anunció la nueva estrategia de seguridad nacional. Esta no es una medida sin precedentes por sus contenidos, pero sí lo es en tanto que formulación oficial de política de Estado. Lo que allí se anuncia es que Estados Unidos destruirá el sistema de derecho internacional en su totalidad, el fin de la Carta de las Naciones Unidas, y que los Estados Unidos llevará a cabo guerras en cualquier momento y lugar que nos parezca oportuno y que gobernaremos al mundo por la fuerza. Además, nos aseguraremos de que no exista desafío alguno a nuestra dominación, porque somos tan abrumadoramente superiores en materia militar que simplemente aniquilaríamos cualquier desafío potencial a nuestra primacía. Como se pueden imaginar, esta declaración produjo escalofríos en todo el mundo y estremeció a la elite diplomática norteamericana. Es decir, no es que cosas como estas no habían sido jamás escuchadas en el pasado. Pero nunca habían sido formuladas como la política oficial de los Estados Unidos. Sospecho que tendríamos que remontarnos hasta Hitler para encontrar una analogía. Cuando alguien propone nuevas reglas para el comportamiento internacional tiene que ilustrarlo, tiene que lograr que la gente entienda lo que se quiere decir. Debe haber lo que un historiador de Harvard denominó una “guerra ejemplar”, una guerra modelo, que demuestre que nosotros realmente hacemos lo que decimos. Para ello es preciso contar con una víctima apropiada, que debe reunir varios atributos. Debe ser un objetivo completamente indefenso. Nadie elegiría atacar un blanco capaz de defenderse, sería imprudente. Irak cumplía este requisito a la perfección, dado que es el país más débil de la región, fue devastado por sanciones y estaba casi completamente desarmado. Además, los Estados Unidos escrutaron cada pulgada del territorio iraquí con satélites, sobrevuelos de vigilancia y vuelos de U-2. En segundo término, debe ser un objetivo importante y valioso. Es decir, carecería de sentido invadir Burundi, el blanco debe ser un país que, por sus recursos y riquezas, valga la pena controlar. Irak también satisface esta segunda condición. Por lo tanto, es un caso ideal para la guerra ejemplificadora, cuya intención sería poner al mundo sobre aviso al explicitar concretamente que esto es lo que estamos dispuestos a hacer en cualquier momento. Tenemos el poder, y hemos declarado que nuestro objetivo es la dominación por la fuerza y que ningún desafío a nuestro dominio será admitido. Les hemos demostrado qué es aquello que nos proponemos hacer y estamos preparados para el siguiente. Procederemos, entonces, hacia nuestra próxima operación. Ante esta serie de condiciones, la guerra aparece como una muy razonable elección a los efectos de poner algunos principios a prueba.

–De acuerdo con su análisis, ¿cuál podría ser el próximo objetivo? Porque de sus palabras infiero que no cree que los Estados Unidos se detendrán en Irak. ¿O sí?

–No, ya lo han dejado muy en claro. Necesitan algo para la próxima elección presidencial y continuarán con sus aventuras bélicas. Durante sus primeros doce años de gobierno (1980-1992) así ocurrió y así seguirá ocurriendo hasta que logren institucionalizar las políticas domésticas aludidas más arriba y disponer de un sistema internacional congruente con sus planes. De modo que ¿cuál es el próximo blanco? El próximo objetivo elegido debe reunir condiciones similares a las anteriormente mencionadas. Debe ser suficientemente valioso e indefenso para ser atacado. Siria es una posibilidad. En ese caso Israel estaría encantado de participar. Si bien Israel es un país pequeño, desde el punto de vista de su poderío es una verdadera base militar “off shore” de los Estados Unidos, de modo que detenta una fuerza militar enorme, con cientos de armas nucleares y posiblemente algún tipo de armas químico-biológicas. Sus fuerzas de aire y tierra son mayores y más avanzadas que las que integran cualquiera de los países que forman parte de la OTAN, y Estados Unidos está por detrás de todo este enorme aparato militar. Irán es otra opción, aunque más difícil porque es un país más complicado para dominar y controlar. Sin embargo, existe una razón para creer que durante uno o dos años ha habido esfuerzos encaminados a tratar de desmantelar a Irán, a fracturarlo en grupos internamente irreconciliables. Estas iniciativas han estado en buena medida orquestadas desde las bases norteamericanas en las provincias orientales de Turquía, desde donde también han partido vuelos de reconocimiento y vigilancia sobre la frontera iraní. La tercera alternativa, que no puede ser considerada a la ligera, es la región andina. Se trata de una zona que posee muchos recursos y que está fuera de control en países como Colombia, Venezuela y probablemente Ecuador. Existen bases militares estadounidenses rodeando toda la región, y las fuerzas de los Estados Unidos ya están instaladas allí. El control de Latinoamérica es extremadamente importante, por supuesto, especialmente con los acontecimientos que tienen lugar en Venezuela, Colombia, Ecuador, Brasil y Bolivia. Está claro que la dominación de los Estados Unidos se ve amenazada y esto no puede ser aceptado, en particular en una región tan próxima y crucial debido a la riqueza de sus recursos naturales. Entonces esta es la otra posibilidad.

–¿Esta situación en Irak, la invasión y sus secuelas, afectarán de una manera irreparable la estabilidad política de Medio Oriente? ¿Cuáles serían los probables efectos colaterales de esta invasión en países caracterizados por la fragilidad de su constitución política, como Arabia Saudita, Siria, Irán o incluso los territorios kurdos? ¿Qué podría suceder con el problema palestino, que continúa siendo crucial en la región?

–Lo que sucederá en el mundo árabe es extremadamente difícil de predecir. Es un mundo desorganizado y caótico, en donde existen regímenes altamente autoritarios y brutales. Sabemos cuáles son las actitudes populares que allí predominan. Quiero decir, Estados Unidos está muy preocupado con las actitudes que prevalecen en la región y académicos norteamericanos especializados en los países del Medio Oriente han realizado investigaciones bastante buenas sobre el área y sus resultados fueron dramáticos. Uno de los estudios más recientes, de la Universidad de Maryland, cubrió desde Marruecos hasta el Golfo Pérsico y el Líbano. Bien, en esa área una mayoría abrumadora de la población manifestó desear que los líderes religiosos tuviesen un papel más importante en el gobierno. Un porcentaje similar, cercano al 95 por ciento, cree que el único interés norteamericano por la región es el acceso a sus reservas de petróleo, el fortalecimiento de Israel y la posibilidad de humillar a los árabes. Estamos ante una opinión casi unánime. Así, de existir alguna voz popular que pudiese surgir en la región, o algún tipo de movimiento democrático, podría convertirse en algo similar a lo conocido en Argelia hace diez años. No sería necesariamente un gobierno islamista radical sino uno con una corriente islamista más enérgica que la que actualmente existe en muchos países. Creo que esto sería lo último que querría Estados Unidos, de modo que muy probablemente toda alternativa de apertura democrática tropezaría inmediatamente con una férrea oposición de la Casa Blanca. Pero las voces en favor de una democracia secular tampoco serían aceptadas por Estados Unidos. Si pudieran hablar libremente, por ejemplo, sobre la violación de las resoluciones de las Naciones Unidas, esas voces presentarían el caso de Israel, que tiene un record mucho peor que el de Irak en esta materia. Pero, claro está, Israel goza de la protección de los Estados Unidos. Esas voces también expresarían su preocupación por la independencia, que los Estados Unidos no favorecen, de forma tal que cabe esperar que Washington continuará apoyando regímenes opresivos y no democráticos como en el pasado, y tal como lo hizo en América Latina por muchos años, a menos que se le puedan dar garantías de que los nuevos gobiernos de la región habrán de ajustarse estrictamente a las prioridades de Washington. Por otro lado, estos movimientos populares del mundo árabe son tan caóticos que resulta difícil predecirlos –es decir, incluso quienes participan en ellos no saben o no pueden saber qué es exactamente lo que quieren–; lo que sí conocemos es el tremendo odio, el antagonismo y el miedo –probablemente como nunca antes– existente en relación a Estados Unidos. El problema israelí-palestino es, por supuesto, el tema central en el mundo árabe. La administración Bush ha sido muy cuidadosa al respecto, y no ha tomado partido por ninguna posición. Sus acciones, sin embargo, socavan las perspectivas de una resolución pacífica del conflicto. Por ejemplo, al financiar nuevos programas de asentamientos de los israelíes en los territorios árabes.
Es por ello que nuestros gobernantes no dicen nada. Casi todo lo que dicen es que “tenemos una visión”, algo realmente sin sentido. Mientras tanto, el silencio oficial contrasta con el apoyo efectivo a las posiciones más extremistas dentro de Israel. Por eso lo que la prensa ha señalado como la expresión más significativa de George Bush –reiterada por Colin Powell más tarde– fue que la colonización de los territorios árabes ocupados continuará hasta que Estados Unidos determine que las condiciones para la paz han sido establecidas, y se pueda avanzar en esa mítica Hoja de Ruta trazada por Washington.

–Un artículo reciente de Henry Kissinger, reproducido por la prensa Argentina, decía que el multilateralismo estaba terminado y que el mundo tenía que aceptar las condiciones derivadas de la superioridad absoluta de las fuerzas armadas norteamericanas, dado que el antiguo orden internacional está terminado.

–Es la formulación más descarada de políticas que se inscriben en la misma tónica de siempre. El unilateralismo siempre existió en el marco de las Naciones Unidas y Henry Kissinger sabe esto perfectamente bien. Es algo que viene de muy atrás. Quiero decir: ¿hubo alguna autorización de las Naciones Unidas aprobando la invasión norteamericana a Vietnam del Sur hace 40 años? En realidad, el tema ni siquiera pudo instalarse en la agenda de discusión de las Naciones Unidas. La ONU y casi todos los países se oponían abrumadoramente a las operaciones de Estados Unidos en Vietnam, pero el tema nunca pudo aparecer y ser sometido a discusión porque todos sabían que si tal cosa ocurría las Naciones Unidas serían simplemente desmanteladas por Estados Unidos. Cuando la Corte Internacional de Justicia condenó a Washington por su ataque a Nicaragua la respuesta oficial de la administración Reagan –que, insisto, es la misma gente que actualmente está en el poder– cuando rechazaron la jurisdicción de la Corte Internacional fue que otras naciones no estaban de acuerdo con nosotros y por ende nos reservamos el derecho a determinar qué es lo que recae dentro o fuera de la jurisdicción interior de Estados Unidos. Estoy citándolo textualmente. En este caso se trató de un ataque a Nicaragua. Difícilmente podrían ustedes tener un unilateralismo más extremo que éste. Y las elites norteamericanas lo aceptaron, y lo aplaudieron y, en realidad, el asunto fue rápidamente olvidado. En su próximo viaje a Estados Unidos hable con sus colegas en cualquier Departamento de Ciencia Política y encontrará a gente que jamás escuchó hablar sobre este tema. Fue completamente barrido de la escena. Este es la razón por la cual Estados Unidos tuvo que vetar las resoluciones del Consejo de Seguridad en apoyo de la decisión de la Corte y exhortando a todos los países a acatar la legislación internacional. Bueno, esto es unilateralismo en su forma más extrema, y todavía se remonta mucho más atrás en el tiempo. Justo después de la crisis misilística de octubre de 1962, la cual prácticamente condujo al mundo al borde de una guerra nuclear terminal, la administración Kennedy reanudó sus actividades terroristas y su guerra económica contra Cuba, lo cual fue el antecedente para la crisis. Dean Acheson, un respetado hombre de Estado y consejero de Kennedy, del ala liberal del espectro político norteamericano, pronunció un importante discurso en la Sociedad Norteamericana de la Ley Internacional en el que enunció, en sus líneas principales, los contenidos de la Doctrina Bush de septiembre de 2002. Lo que dijo es que no hay ninguna “controversia legal” que pueda surgir en el caso de una respuesta norteamericana ante un desafío a su “poder, posición y prestigio”. Nada puede ser más extremo que esto. Las diferencias con septiembre de 2002 son que en lugar de ser una política operativa ahora se convirtió en la política oficial del gobierno norteamericano. Esta es la diferencia. Las Naciones Unidas han sido irrelevantes en la medida en que Estados Unidos les impidió funcionar. Es por esto que, desde mediados de 1960, cuando las Naciones Unidas se habían convertido en algo más independiente a causa de la descolonización y de la recuperación de otros países del mundo luego de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se convirtió de lejos en el país que más resoluciones del Consejo de Seguridad ha vetado sobre un amplio rango de temas –Gran Bretaña está segunda– y ningún otro país está ni siquiera cerca de esta situación. Esto es lo que hace que las Naciones Unidas no sean efectivas. Esto equivale a decir que “o ustedes hacen lo que les decimos o les patearemos el trasero”. Actualmente es mucho más descarado. Lo único correcto que Kissinger está diciendo es que ahora no encubriremos las políticas que estamos llevando a cabo.

–¿Cuál ha sido el impacto de la guerra iraquí sobre las libertades públicas de Estados Unidos? Escuchamos historias muy preocupantes sobre bibliotecarios forzados a indicar los nombres de gente que solicita libros considerados “subversivos”? ¿Cuál ha sido el verdadero impacto de la guerra en la política interior y en la vida cotidiana de los Estados Unidos?

–Estas cosas están ocurriendo, pero pienso que no están específicamente conectadas con la guerra de Irak. La administración de Bush, me permito repetirlo, está integrada no por conservadores sino por estatistas reaccionarios. Ellos quieren un Estado muy poderoso, enorme, violento y que refuerce la obediencia y la sumisión de la población. Existe en ellos un tipo de espíritu cuasi-fascista, como telón de fondo, y por eso han estado tratando de socavar los derechos civiles de muchas maneras. Este es uno de sus objetivos de largo alcance, y tienen que hacerlo rápidamente porque en los Estados Unidos existe una tradición de protección muy fuerte de los derechos civiles. La clase de vigilancia que me comenta en relación a las bibliotecas es un paso más en esa dirección. Ellos han reivindicado también el derecho del gobierno a detener a un ciudadano estadounidense sin cargos –y sin acceso a abogados, ni a su familia– y mantenerlo detenido indefinidamente. Esto, además, ha sido avalado por la Corte, lo que de por sí es una atrocidad. Pero ahora tienen una nueva propuesta, en ocasiones denominada “Patriot Two”, un documento de unas ochenta páginas generado dentro del Departamento de Justicia y que alguien tuvo a bien filtrarlo a la prensa para su publicación. A raíz de esto se publicaron algunos artículos de profesores de leyes que se sentían ultrajados por el contenido de dicho documento. Esto hasta ahora sólo se encuentra en su fase de planeamiento, pero a más de uno le agradaría implementarlo tan secretamente como se pueda. Estas propuestas permitirían al fiscal general, por ejemplo, privar de la ciudadanía norteamericana a cualquier individuo sospechoso de estar involucrado en actos que de cualquier forma pudieran ser perjudiciales para los intereses de Estados Unidos. Es decir, todo esto va mucho más lejos que cualquier cosa contemplada en cualquier sociedad democrática. Un profesor de leyes de la Universidad de Nueva York escribió que esta administración evidentemente intentará eliminar o recortar los derechos civiles de los ciudadanos, y creo que básicamente está en lo cierto. Esto es congruente con sus políticas estatistas reaccionarias, que tienen manifestaciones en la vida internacional, la economía, la vida social y también en la vida política

Sobre la Prensa en Estados Unidos - Entrevista a Noam Chomsky

PREGUNTA: En una entrevista que le hicimos en 1986 usted se mostró bastante pesimista en cuanto a las posibilidades de desarrollar unos medios de comunicación alternativos. Sin embargo, desde entonces hemos presenciado la aparición de la revista Z Magazine, la proliferación de emisoras de radio de carácter vecinal, la televisión por cable, la organización Fairness and Accuracy in Reporting (FAIR), tengo entendido que un equipo de filmación canadiense está haciendo un documental sobre usted, ha habido un montón de progresos. ¿Considera usted todo esto positivo? ¿Le sorprende?

NOAM CHOMSKY: No recuerdo lo que dije en aquella entrevista, pero siempre me ha parecido que esto sería algo muy positivo y debería promoverse lo más posible. Me temo que va a ser muy duro. Actualmente, la concentración de recursos y poder es tal que a los medios alternativos se les va a plantear una dura batalla, aunque son muy necesarios. Es verdad, hay cosas que constituyen pequeños éxitos, pero esto se debe a que ciertas personas han realizado un esfuerzo increíble.
Por ejemplo, la revista Z Magazine. Se trata de una revista de alcance nacional, cuyo equipo de redacción está integrado literalmente por dos personas, y que carece totalmente de financiación, salvo lo que algunos amigos les dan. Poner en marcha una revista sin financiación es una tarea hercúlea. De alguna manera, también la editorial South End Press se las arregla para conseguirlo, es decir, están sobreviviendo. Se trata de un pequeño colectivo que, de nuevo, carece totalmente de financiación y que sacan a la luz un montón de libros, muchos de ellos muy buenos, pero es casi imposible que a un libro de South End le hagan una reseña en la prensa. Tómese por ejemplo el caso del Boston Globe. Según los criterios del periodismo estadounidense se trata de un periódico muy liberal. La responsable de la sección de libros dijo públicamente hace un par de años que nunca toleraría que se hiciera una reseña de un libro de South End. La razón que dio fue que yo soy uno de los autores que publica en South End, y que mientras yo fuera un autor de South End ella nunca permitiría publicar una reseña sobre un libro de South End. Mis libros no sólo no son reseñados en el Boston Globe sino que ni siquiera aparecerían en las listas que ellos hacen. Hay una sección los domingos donde hacen una lista de lo publicado por autores locales, por ejemplo que tal autor local ha escrito un capítulo en un libro de cocina. Pues bien, ellos nunca colocarían un libro mío en estas listas de autores locales.
De hecho, a veces resulta cómico: por ejemplo, el Consejo Nacional de Profesores de Inglés entrega todos los años lo que ellos llaman "Premio Orwell" por sacar a la luz casos de doblediscurso. Me fue concedido hace dos años por Sobre el poder y la ideología. Este año nos fue concedido a Edward Herman y a mí por Los guardianes de la libertad. En las fechas en que este premio fue concedido, allá por noviembre, una columnista del Boston Globe, por cierto una columnista tirando a liberal de izquierdas, escribió una columna en la que entrevistaba a la persona responsable de este premio. Se trataba de una columna sobre lo maravilloso que le parecía conceder un premio por desvelar el doblediscurso. Ella mencionó algunas de las personas que habían conseguido este premio anteriormente, Ted Koppel, etc. Hubo una omisión muy chocante: no se dijo quién había recibido el premio ese mismo año. Resulta que este premio lo había conseguido un conocido personaje local. Además se daba la circunstancia de que, por primera vez, creo, alguien había recibido el premio en dos ocasiones. Más aún, los dos libros en cuestión eran libros sobre los medios de comunicación. Eran críticas a los medios de comunicación. No se mencionó nada de esto.
South End tiene muchas dificultades para conseguir que uno de sus libros aparezca en reseñas. De hecho se le ha dedicado un reportaje en Publisher's Weekly donde se ha comentado este problema. No hace falta decirle lo que supone esto. Si usted no tiene acceso a las fuentes de financiación, a la publicidad, a los poderosos mecanismos de difusión pública, el alcance que se puede conseguir va a ser muy limitado.
Hasta cierto punto, se puede contrarrestar esta situación con un enorme esfuerzo. Hay diversas maneras; algunas son muy importantes. Por ejemplo, te encuentras con que hay disidentes en muchas sociedades que cooperan. Yo paso un montón de tiempo, por ejemplo, simplemente fotocopiando cosas, copiando material para amigos de otros países que están en una situación como la mía aquí. Ellos hacen lo mismo por mí. Esto significa que aunque a mí no me dan una beca de investigación para trabajar en este tipo de cosas, o permisos o lo que sea, sí tengo acceso a fuentes a las que los especialistas más conocidos o, para el caso, la CIA, no pueden acceder. La CIA o los especialistas conocidos no disponen de una persona inteligente y perspicaz en Israel que examine los periódicos hebreos para que luego ellos saquen conclusiones, que elabore una interpretación y análisis de los mismos y que les envíe -como en mi caso- mucho de este material.

P: Israel Shahak.

N. CH.: Claro. Ésa es la gran diferencia. Eso significa que dispongo de fuentes. Shahak es la principal, y hay otras. Tengo otros amigos que hacen lo mismo. Yo y otros hacemos lo mismo por ellos. Igual pasa en Australia y en Inglaterra, y en otros lugares. De manera que se ha ido tejiendo una especie de red de cooperación. Aquí, por ejemplo, hay una recopilación de material procedente de un amigo mío que realiza un cuidadoso examen de toda la prensa de Los Ángeles y de gran parte de la prensa británica que lee, selección que me evita tener que leer las revistas de cine y del corazón y todo eso. Así obtengo la pepita de oro oculta que tal vez pueda usted encontrar si se lee una enorme cantidad de prensa con mucho cuidado, con inteligencia y aplicando un criterio muy selectivo. Hay una considerable cantidad de gente que hace esto, y nos intercambiamos la información. El resultado final es que tienes acceso a fuentes por métodos que seguramente ninguna central de inteligencia podría conseguir. Así que sí hay maneras de subsanar esta falta de acceso a los recursos que posee el sistema.
La gente puede hacer cosas. Esto está ocurriendo en todas partes. Hace un par de años di una charla en Manhattan, Kansas, y me pidieron reunirme previamente con el grupo local de solidaridad con Centroamérica, así que pensé "muy bien, se reunirán cuatro personas en el cuarto de estar de la casa de alguien". Para mi sorpresa, no se trataba de cuatro personas en un cuarto de estar, sino de 200 personas en una iglesia. Era una ciudad de 30.000 habitantes aproximadamente. Había un montón de documentación, incluso información que yo nunca había visto, información desconocida para mí, personas que iban y venían a Centroamérica, que habían estado viviendo allí participando en tareas de solidaridad, instando a sus representantes políticos a desplazarse allí mismo, en suma, gente muy informada. Estoy seguro de que ellos saben más acerca de Centroamérica de lo que usted pudiera encontrar en la sección sobre Centroamérica de un periódico estadounidense o en muchas instituciones oficiales latinoamericanas.
Este es el tipo de cosas que usted puede encontrar por todo el país. La gente ha descubierto otras maneras de conseguir información, de educarse a sí mismos y entre sí, y de explicar las cosas. Hay modos de sortear los obstáculos, aunque esto no es fácil. Es complicado proyectar esto hasta un nivel que pueda suponer un impacto masivo

Sobre la Concentración de los Medios de Comunicación - Anna Couey y Joshua Karliner de Corporate Watch

Corporate Watch: ¿Cómo ve de significativas las recientes escaramuzas entre el Departamento de Justicia y Microsoft? ¿Lo ve como un cambio importante en esta espiral de acontecimientos?

Noam Chomsky: Sí es significativo. Pero no deberíamos exagerarlo. Si hay tres grandes empresas controlando lo que son esencialmente propiedades y creaciones públicas, esto es, Internet, telecomunicaciones, etcétera, eso no es algo mucho mejor que el control de una sola empresa, pero quizás existe una pequeña diferencia. La pregunta es hasta qué punto parásitos como Microsoft deberían ser expulsados del sistema público, o si se les debería conceder absolutamente cualquier derecho.

CW: Proporciónenos algo de contexto histórico. ¿Cómo encaja lo que está pasando con el creciente poder de Microsoft y cómo encaja su papel en la sociedad en la historia del poder de las corporaciones en Estados Unidos y en la evolución de las mismas?

NC: Existen corporaciones desde hace tanto tiempo como en el siglo dieciocho, e incluso antes. En Estados Unidos, las corporaciones eran entes públicos. Básicamente, eran asociaciones. Un grupo de gente podía reunirse y decir "queremos construir un puente sobre éste río", y conseguir un permiso estatal que les permitiese hacerlo, necesitando eso y nada más. La corporación no tenía los derechos de las personas individuales. El modelo para la corporación volviendo a los tiempos de la redacción de la Constitución era un asunto constitucional. Durante el siglo diecinueve, esto empezó a cambiar.

Es importante recordar que el sistema constitucional no fue diseñado en primer lugar para defender los derechos de la gente. Más bien, los derechos de los ciudadanos tenían que ser equilibrados, como propuso Madison, con lo que él llamaba los "derechos de propiedad". Por supuesto, la propiedad no tiene derechos: mi bolígrafo no tiene derechos. Puede que yo tenga un derecho sobre él, pero el bolígrafo no tiene ningún derecho. Así, esta es sólo una frase codificada para favorecer los derechos de la gente con propiedades. El sistema constitucional fue fundado sobre el principio de que los derechos de la gente con propiedades tienen que ser privilegiados; ellos tienen derechos porque son personas pero ellos también tienen derechos especiales porque poseen la propiedad. Como Madison expuso en los debates constitucionales, el objetivo del gobierno debe ser "proteger a la minoría de opulentos frente a la mayoría". Esa es la vía por la que el sistema fue establecido.
En los Estados Unidos de América, cerca del cambio de siglo, a través del activismo judicial radical, los tribunales cambiaron crucialmente el concepto de la corporación. Simplemente lo redefinieron con el objetivo de garantizar privilegios no sólo para los dueños de la propiedad, sino también para lo que los historiadores del derecho llaman "entidades jurídicas colectivas". Las corporaciones, en otras palabras, recibieron a principios de este siglo derechos de personas, de hecho personas inmortales, y personas de inmenso poder. Y estaban libres de la necesidad de restringirse ellos mismos las concesiones del Estado.
Ese es un gran cambio. Esencialmente es establecer importantes tiranías privadas, las cuales no tienen responsabilidades porque están protegidas por la Quinta Enmienda, libres de búsqueda y captura, y más aun, uno no puede imaginarse qué es lo que están haciendo.
Después de la Segunda Guerra Mundial, era bien sabido en el mundo de los negocios que iban a tener que acordar con el Estado coordinación, subvenciones y una especie de socialización de los costes y los riesgos. La única cuestión era cómo hacerlo. El método que se encontró para ello fue el "sistema del Pentágono" (que incluye al DOE, a la AEC o a la NASA). Estos sistemas subvencionados públicamente han sido el núcleo de los sectores dinámicos de la economía norteamericana desde entonces (bastante parecido es el caso de la biotecnología, la farmacología, etc., que se apoyan en diferentes fuentes públicas). Y eso ciertamente señala el camino a Microsoft.
Así pues, ¿cómo alcanza Microsoft sus enormes beneficios? Bien, Bill Gates es bastante franco acerca de ello. Él dice que ellos lo hacen "adoptando y extendiendo" las ideas de otros. Ellos se han basado en los ordenadores, por ejemplo. Los ordenadores fueron creados a expensas e iniciativa públicas. En los años cincuenta cuando estaban siendo desarrollados, tenían cerca del 100% de financiación pública. Lo mismo se puede decir de Internet en sus primeros tiempos. Las ideas, las iniciativas, el software, el hardware... fueron creados a iniciativa y a expensas públicas, y están siendo entregados a individuos como Bill Gates.

CW: ¿Cuáles son los impactos sociales y culturales de permitir a no sólo un monopolio, sino incluso si es a no más que a unas pocas grandes corporaciones, dominar algo tan básico cómo el habla humana, la comunicación con el otro?

NC: Es una forma de tiranía. Pero, ese es el objetivo último de la corporación - intentar alejar lo público de la toma de decisiones sobre aquello que pertenece a su misma esencia, limitar los campos de discusión públicos, controlar la opinión, asegurarse de que las decisiones fundamentales que determinan cómo va a funcionar el mundo - lo cual incluye la producción, el comercio, la distribución, el pensamiento, la política social, la política exterior, todo - no está en manos públicas, sino más bien en manos de un altamente concentrado poder privado. Y hay varias formas para hacer esto. Una es tener el sistema de comunicación, también llamado sistema de información, en manos de una red de, pocas o muchas no importa mucho, tiranías privadas.
Tomemos los medios de comunicación en Estados Unidos. Son mayoritariamente medios corporativos. Incluso los llamados medios públicos no son muy diferentes. Son simplemente enormes corporaciones que venden audiencias a los anunciantes de otros negocios. Y se supone que constituyen el sistema de comunicaciones. No es complicado imaginar que es lo que va a resultar de todo esto.
Y hay cosas nuevas ocurriendo todo el tiempo. Justo en este momento hay un ejemplo dramático, que es el Acuerdo Multilateral sobre Inversiones (AMI), el cual se supone que va a ser firmado este mes, aunque no van a hacerlo. Las negociaciones han estado continuando en secreto durante cerca de tres años. Es esencialmente un enorme juego de poder entre corporaciones, que intenta ofrecer a los "inversores" - no en referencia al señor que trabaja en la tienda de abajo, sino a las juntas directivas de General Electric, Merrill Lynch, etc.- derechos extraordinarios. Se está haciendo en secreto porque la gente implicada, que es casualmente toda la comunidad de negocios, sabe que la ciudadanía va a odiarlo. Por tanto, los medios están guardándolo en secreto. Y es una hazaña asombrosa durante tres años mantener la calma acerca de algo que todo el mundo sabe que es un importante conjunto de decisiones, el cual va a encerrar a los países en ciertos acuerdos. Impedirá la política pública. Ahora usted puede argumentar que es algo bueno, algo malo, usted puede argumentar lo que quiera, pero no hay duda acerca de cómo la gente va a reaccionar, y no hay duda acerca del hecho de que los medios, que han estado bien enterados de esto desde el principio, han tenido éxito en no mencionarlo apenas.

CW: ¿Cómo se beneficiaría una compañía como Microsoft del AMI?

NC: Podría mover libremente el capital. Podría invertirlo dónde quisiera. No habría restricciones en nada de lo que hiciera. Un país, o un pueblo, como por ejemplo Cambridge, Massachusetts, donde yo vivo, donde trabajo, no podría imponer condiciones en cuanto a la protección del consumidor, el control medioambiental, las inversiones o los apartados para las minorías o las mujeres. Menciónelo y no lo admitirán.
Ahora lo lejos que esto pueda llegar exactamente depende de la disposición a impulsarlo. Estas cosas no se determinan mediante palabras. No hay nada en la Constitución, o en las enmiendas a la Constitución, que permita a las tiranías privadas tener el derecho a la personalidad. Lo que el AMI signifique en la práctica depende no sólo o principalmente de las palabras, sino de cómo son las relaciones de poder, de si la gente se opone a ello tan estruendosamente que no permite que ocurra, quizás mediante alborotos, o mediante cualquier cosa.
Un elemento crucial de ésto es lo que llaman el efecto trinquete; que la legislación existente va a ser permitida pero tiene que ser retirada pasado un plazo. Tiene que ser echada atrás, y ninguna nueva legislación puede ser introducida que entre en conflicto con los derechos de Microsoft o cualquier corporación para hacer cualquier cosa en el ámbito internacional o nacional. En un cierto plazo que se supone que se va a tener un efecto trinquete, de someter el mundo más y más a las principales tiranías privadas, como Microsoft, con sus alianzas y relaciones.

CW: El economista Brian Arthur afirma que debido a la naturaleza rápidamente cambiante de la tecnología, nadie permanecerá en una posición del monopolio durante mucho tiempo, de modo que el poder monopolístico en la industria de la tecnología es diferente que el que se ha visto históricamente, y no hay nada de lo que preocuparse.

NC: Pero nunca ha habido poder monopolístico; o ha habido muy raramente poder monopolístico. Tomemos los grupos de poder altamente concentrados, como en la industria de la energía. No son en sentido estricto monopolios. Shell y Exxon son competidores. Éste es un sistema de administración del mercado intensivo en gestión, con un enorme poder estatal implicado en los intereses de una pequeña colección de tiranías privadas.
Es muy extraño encontrar un verdadero monopolio. La AT&T fue un monopolio durante una época, eso es por lo que pudo crear cosas como el transistor, por ejemplo. Era un monopolio, así que por tanto podían cobrar tarifas altas. Pero eso es ciertamente inusual.

CW: ¿Piensa usted que todo el asunto de los monopolios es algo como para estar preocupado?

NC: Éstos son oligopolios; son pequeños conjuntos de grupos de poder altamente concentrados en relación unos con otros. Si uno de ellos consiguiera control total sobre un cierto sistema, otros poderes probablemente no lo permitirían. De hecho, eso es lo que usted está viendo.

CW: ¿Así pues, usted no piensa que Bill Gates es un nuevo John D. Rockefeller?

NC: John D. Rockefeller no era un monopolista. Standard Oil no gobernaba toda la industria; aunque lo intentaban. Pero otros centros de poder simplemente no desean dejar tal cantidad de poder a uno de ellos.

CW: ¿Entonces de hecho, quizás hay un paralelismo ahí entre Gates y Rockefeller, o no?

NC: Piense en el sistema feudal. Usted tenía reyes, príncipes, obispos, señores, etc. La mayor parte de ellos no deseaban que el poder estuviese concentrado totalmente, ellos no querían tiranos absolutos. Cada uno de ellos tenía sus feudos que deseaban mantener en un sistema de poder altamente concentrado. Sólo querían cerciorarse de que la población, la llamada chusma, no sería parte de él. Es por esta razón la cuestión del monopolio -no quiero decir que no sea importante- sino que no es de ninguna manera el núcleo del asunto.

CW: ¿Cómo esa transferencia de la esfera pública a la privada ha cambiado Internet?

NC: Mientras Internet estaba bajo el control del Pentágono, era libre. La gente podría utilizarla libremente para compartir información. Esto ha seguido siendo verdad cuando permanecía dentro del dominio estatal de la National Science Foundation.
Incluso hasta 1994, gente como por ejemplo Bill Gates tenía poco interés en Internet. No iría nunca a las conferencias sobre Internet, porque no veía una manera de sacar beneficios. Ahora se está entregando a las corporaciones privadas, y te dicen todas las cosas buenas que desean hacer. Desean tomar grandes zonas de Internet y sacarlas totalmente del dominio público, convertirlas en intranets, que sean cercadas con cortafuegos, y utilizadas sólo para operaciones corporativas internas. Desean controlar el acceso, y ésa es una gran parte de los esfuerzos de Microsoft: controlar el acceso de tal manera que dirijan a la gente que tiene acceso a Internet hacia lo que "ellos" deseen, como servicios de compra a domicilio, u otras diversiones. Si usted realmente sabe exactamente lo que desea encontrar, y tiene suficiente información y ganas, puede ser capaz de encontrarlo. Pero ellos desean hacer eso tan difícil como sea posible. Y es perfectamente natural. Si usted estuviera en la junta directiva de Microsoft, seguro que eso es lo que usted intentaría hacer.
Bien, esas cosas no "tienen" que suceder. Internet puede ser mantenida bajo control público. El acceso podría promoverse para todo el mundo. Más aun, los proveedores podrían ser subvencionados para que aquello que esté disponible on-line no fuese principalmente las ideas, entretenimientos y comercios colocados por instituciones privadas con grandes beneficios. Pero eso va a significar mucho trabajo duro a todos los niveles, desde en el Congreso hasta en organizaciones locales, asociaciones, otros grupos de ciudadanos que puedan presionar en contra de la privatización y la mercantilización por todas las maneras habituales.

CW: ¿Qué es lo que parecería si estuviera bajo control público?

NC: Parecería lo que era antes, excepto que sería mucho más accesible porque más gente tendría acceso. Y sin constricciones. La gente podría simplemente utilizarla de forma libre. Se ha hecho eso, mientras estaba bajo dominio público. No era perfecto, pero tenía más o menos el tipo correcto de estructura. Eso es lo que Microsoft y otros desean destruir.

CW: ¿Y cuando usted dice eso, usted se está refiriendo a Internet tal como era hace 15 años?.

NC: Estamos hablando específicamente de Internet, de momento. Pero más generalmente, los medios de comunicación durante la mayor parte de este siglo, y cada vez más en años recientes, han estado bajo poder corporativo. Pero ése no se es siempre el caso. No tiene que ser el caso. No tenemos que ir muy lejos atrás a encontrar diferencias. Bastante recientemente, en los años cincuenta, había cerca de 800 periódicos laboristas que alcanzaban a entre 20 y 30 millones de personas a la semana, con un punto de vista muy diferente. Remóntese usted más atrás, y a principios de siglo los medios comunitarios, laboristas y otros estaban básicamente al nivel de los medios corporativos. La eliminación de todo esto es consecuencia de la alta concentración del poder concedida por el estado con el activismo judicial y otras presiones privadas, que pueden ser invertidos y superados.

CW: Tome la creciente concentración en la tecnología a la que estamos asistiendo con Microsoft y algunas de estas otras compañías, y compárela con fusiones recientes en los sectores de defensa, comunicaciones, seguros, y banca, y especialmente el contexto de la globalización. Estamos viendo una nueva etapa en el capitalismo global, o es simplemente una continuación de los negocios como siempre?

NC: En líneas generales, la globalización contemporánea está llevando el mundo de nuevo a lo que era hace más o menos un siglo. A principios de siglo, bajo la dominación básicamente británica y el patrón oro, si usted mira la cantidad de comercio, de flujo financiero, etcétera, en relación con el tamaño de la economía, estamos bastante cerca de volver a eso ahora, después de una depresión entre las dos guerras mundiales.
Ahora hay algunas diferencias. Por ejemplo, la velocidad de transacciones financieras se ha acelerado mucho en los últimos 25 años con la llamada revolución de las telecomunicaciones, que era una revolución en gran parte dentro del sector público. La mayor parte del sistema fue diseñado, desarrollado y mantenido a expensas públicas, y después entregado al beneficio privado.
Las medidas del estado también desbarataron el sistema económico internacional de posguerra, el sistema de Bretton Woods, en los primeros años setenta. Fue desmontado por Richard Nixon, con la iniciativa estadounidense y británica sobre todo. El sistema de regulación de los flujos de capital fue desmantelado, y eso, junto con la revolución de las telecomunicaciones iniciada por el Estado, llevaron a una explosión enorme del flujo de capital especulativo, que ahora está bien por encima del trillón dólares por día, y es sobre todo no productivo. Si regresamos a alrededor de 1970, los flujos de capital estaban relacionados en un 90% con la verdadera economía, como el comercio y la inversión. Ahora, sólo un pequeño porcentaje está en relación con la verdadera economía. La mayor parte tienen que ver con las manipulaciones financieras, las especulaciones con la innovación, cosas que son realmente destructivas para la economía. Y eso es algo que antes no era cierto, no solamente no lo era hace 100 años, sino que no era cierto hace 40 años. Así pues hay cambios. Y usted puede ver sus efectos.
Ésa es seguramente parte de la razón de que en el período reciente, los últimos 25 años, haya sido un período de desarrollo económico inusualmente lento, de bajo crecimiento de la productividad, de estancamiento o de la disminución de salarios y de rentas para probablemente dos tercios de la población, incluso en un país rico como éste. Y beneficios enormemente altos para una parte muy pequeña de la población. Y es peor en el tercer mundo.
Usted puede leer en el New York Times, en el artículo de portada en "Week in Review", ayer domingo 12 de abril, que América es próspera y feliz. Y si usted mira a los americanos de los que están hablando, resulta que no son las casi dos terceras partes de la población cuyos ingresos están estancados o disminuyendo, son la gente que posee el capital. Así pues, de acuerdo, lo están haciendo indudablemente bien, excepto porque cerca del 1% de las familias posee cerca del 50% del capital, y casi lo mismo pasa con otras posesiones. La mayor parte del resto de cosas es propiedad del 10% de la población. Así que seguro, América es feliz, y América es próspera, si América significa lo que el New York Times entiende por tal. Son los pequeños grupos de élite de quien y para quien están hablando.

CW: ¿Qué tipo de cosas puede la gente hacer para intentar extender y exigir la democracia y el control público a las corporaciones?

NC: Bien, lo primero que han de hacer es averiguar que es lo que les está ocurriendo. Así pues, si usted no tiene información sobre eso, no puede hacer mucho. Por ejemplo, es imposible oponerse, pongamos, al Acuerdo Multilateral sobre Inversiones, si usted no sabe que existe. Ese es el propósito del secretismo. Uno no puede oponerse a la forma específica de globalización que está teniendo lugar, a menos que la comprenda. Tendría no sólo que leer los titulares que dicen que la economía de mercado ha triunfado, sino que tendría que leer a Alan Greenspan, el presidente de la Reserva Federal, cuando habla internamente; cuando dice que el estado de la economía depende de una maravillosa conquista que hemos conseguido, llamada "inseguridad laboral". Ese es su término. Inseguridad laboral, que es no saber si vas a tener un trabajo mañana. Es una gran bendición para la salud de la economía porque mantiene los salarios bajos. Es estupendo: mantiene los beneficios altos y los salarios bajos.
Bien, a menos que la gente sepa esas cosas, no pueden hacer mucho sobre ello. Por tanto lo primero que hay que hacer es crear para nosotros, para la población, sistemas de intercambio, interacción, etcétera, como Corporate Watch, Public Citizen y otras agrupaciones ciudadanas, que proporcionen al público el tipo de información y comprensión que de otra forma no van a tener. Después de eso tienen que luchar contra ello, de montones de formas que están abiertas. Puede hacerse directamente a través de presión sobre el Congreso, o de manifestaciones, o de creación de instituciones alternativas. Y debería apuntar, en mi opinión, no sólo a cuestiones menores, como la prevención de los monopolios, sino también a cuestiones más profundas, como porqué tienen las tiranías privadas derechos totales.

CW: ¿Qué piensa acerca del potencial de todos los medios alternativos que están surgiendo en Internet, dadas las actuales tendencias?

NC: Ese es un asunto para la acción, no para la especulación. Es como preguntar hace cuarenta años cuál era la probabilidad de que tuviéramos un sistema de salud como Medicare. Estas cosas ocurren si la gente lucha por ellas. El mundo de los negocios, Microsoft, tiene conciencia de clase alta. Son básicamente vulgares marxistas, que se ven a sí mismos metidos en una amarga lucha de clases. Por supuesto siempre van a continuar con ella. La cuestión es si tienen ese campo para ellos solos. Y la cuestión más profunda es si se les debería permitir participar; yo no creo que deban

Los Intelectuales (¿Críticos o servidores del poder?) - De  Heinz Dieterich Steffan

El lingüista y ensayista norteamericano reflexiona sobre el papel que sus colegas cumplen cuando, en lugar de ejercer la crítica social y política, pasan a formar parte del gobierno de un país. Cita como ejemplo experiencias que se desarrollaron en distintas épocas en los Estados Unidos, entre ellas la administración de John Fitzgerald Kennedy, quien reunió a su alrededor a brillantes figuras del mundo cultural y artístico. En general, los resultados fueron negativos. Temerosos de equivocarse, cautivos de su prestigio, los cerebros más destacados de una nación, convertidos en funcionarios, demostraron una nociva rigidez.

Bertrand Russell y Noam Chomsky conformaron, desde los años 60, un triunvirato de abanderados de la ética que, como una conciencia de la sociedad global, se pronunciaba y actuaba en defensa de la causa de los pobres y de los excluidos del sistema mundial. Al morir sus "compañeros de armas", Chomsky mantuvo su postura crítica frente a las injusticias y abusos contra los indefensos y continuó luchando por una verdadera democracia con participación de las mayorías. Desde su experiencia de toda una vida al servicio de los movimientos sociales, el prestigioso pensador estadounidense aclara el papel que deben ocupar los intelectuales en la vida de la sociedad.

-¿Cómo defines a un intelectual?
-Desde cierta perspectiva, un intelectual es simplemente toda persona que usa su cerebro. Todo el mundo usa su cerebro, por supuesto, pero, más allá de ese uso necesario para la supervivencia, hay actividades que se refieren a la opinión pública, a asuntos de interés general. Yo no llamaría intelectual a alguien que traduce un manuscrito griego, porque hace un trabajo básicamente mecánico. Hay quizás pocos profesores que puedan llamarse verdaderamente intelectuales. Por otra parte, un trabajador del acero que es organizador sindical y se preocupa por los asuntos internacionales puede muy bien ser un intelectual. Es decir, la condición de intelectual no es el correlato de una profesión determinada. Hay alguna relación entre gozar de ciertos privilegios y tener posibilidades de actuar como un intelectual. No es una relación muy fuerte, porque mucha gente privilegiada no hace nada que pueda considerarse de mérito intelectual y, por otra parte, mucha gente sin privilegios es muy creativa, reflexiva y de amplios conocimientos.

-¿Qué entiendes por "variante leninista" de los intelectuales?
-En los años 60 escribí un libro sobre los intelectuales, titulado American Power and the New Mandarins. La expresión "los nuevos mandarines" no fue un invento mío. Yo la tomé de Ithiel de Sola Pool, jefe del Departamento de Ciencias Políticas del Massachussets Institute of Technology (MIT), quien escribió un artículo en el cual se caracterizó a sí mismo y caracterizó a sus cohortes, con orgullo, como los nuevos mandarines. Esto fue justo al inicio del gobierno de John F. Kennedy. Cuando Kennedy asumió la presidencia, se suponía que se inauguraba una nueva era de las luces. Toda clase de intelectuales de Cambridge fue para allá; algunos para convertirse en miembros del gobierno, otros para ser asesores y otros para almorzar con Jackie Kennedy. Efectivamente, lograron un grado de poder de decisión que es inusual. Si comparas, por ejemplo, la camarilla gubernamental de Eisenhower con la camarilla de Kennedy, en la segunda había más personas que serían consideradas como intelectuales públicos o científicos políticos. Tenían varios nombres para describirse. Uno que usaban con orgullo era los "nuevos mandarines". A partir de ese momento, inteligencia y conocimiento iban a servir y ejercer el poder, cosa que se haría de manera apropiada. También se describieron como "intelectuales de acción" (action intellectuals), porque no eran simplemente académicos de la torre de marfil. Se consideraban intelectuales brillantes que iban a comprometerse en los asuntos reales del mundo. Se trataba, esencialmente, de intelectuales liberales, es decir, en términos europeos, una especie de socialdemócratas. Y bueno, esto no era tan nuevo como ellos pensaban. Durante la Primera Guerra Mundial había sucedido algo semejante. El presidente estadounidense Woodrow Wilson fue electo en 1916 con una plataforma electoral que, bajo el lema "Paz sin victoria", prometía mantener a los Estados Unidos fuera de la guerra y negociar la paz entre las potencias en conflicto. Sin embargo, muy rápidamente se puso a trabajar para que los Estados Unidos participara en la conflagración, y como la población estadounidense no quería entrar en la guerra, fue necesario generar una histeria chauvinista entre la población y crear un odio contra todo lo que fuera alemán. Eso se hizo con un éxito notable, en parte mediante una agencia de propaganda del Estado creada por Woodrow Wilson, que contaba con respetados intelectuales como Walter Lippman, que durante mucho tiempo había sido un analista serio en los medios. Los responsables e intelectuales serios, particularmente los del círculo de John Dewey, se describían, y lo hacían con mucho orgullo, en términos semejantes a los que años más tarde usarían los "nuevos mandarines". Decían que era la primera vez en la historia que se había colocado la inteligencia al servicio del ejercicio del poder y que un país había entrado en una guerra, no bajo la influencia perniciosa de líderes militares, traficantes de armas y hombres de negocios interesados en recursos, sino bajo la influencia de los hombres inteligentes de la comunidad, que entendían profundamente la necesidad de ir a la guerra y que habían logrado convencer de esa necesidad a la población, mediante el uso de la inteligencia y de la manipulación. En los años siguientes, gente como Walter Lippman, que había formado parte del Comité de Propaganda, escribió ensayos sobre la democracia que fueron considerados progresistas. Basándose en su experiencia, enfatizó la necesidad de que la gente responsable fuera protegida de la población general, que él describía como una "manada sin orientación". Todo esto tiene una especie de sabor a leninismo. Los "responsables", que se autodefinen como intelectuales tecnocrática y políticamente orientados, son muy semejantes a un partido de vanguardia. Y las doctrinas son muy similares. El partido leninista de vanguardia va a empujar las estúpidas masas hacia adelante, hacia cosas maravillosas. En el libro American Power..., yo comparé un discurso de Robert McNamara con un discurso inspirado por la doctrina leninista a secas. Son muy semejantes. La única diferencia es que McNamara habla de vez en cuando de Dios, pero la idea básica es esencialmente la misma.

-¿Deben participar los intelectuales en el poder?
-Eso depende de la integridad del intelectual. Si quieres mantener tu integridad, generalmente serás crítico, porque muchas de las cosas que suceden merecen críticas. Pero es muy difícil ser crítico, si uno forma parte de los círculos de poder. Por lo general, la mejor posición para un intelectual es estar comprometido con las fuerzas populares que tratan de mejorar las cosas. Pero ése es el tipo de intelectuales que, como el socialista estadounidense Eugene Debbs, terminan en la cárcel.

-¿Qué opinas de la idea griega de que los filósofos, por sabios, deben gobernar?
-Es una idea tremendamente peligrosa, tanto en su variante leninista como en la variante occidental del intelectual tecnocrático, orientado hacia el ejercicio del poder, o en cualquier otra variante que hemos visto en la historia, como el ejemplo reciente de las castas sacerdotales en el poder.

-¿Los intelectuales en el poder son peligrosos?
-Cuando los intelectuales públicos y académicos se congregaron en Washington con Kennedy, extremadamente entusiastas y orgullosos de sí mismos, mi visión fue que eso iba a ser un desastre total, porque la lección histórica respectiva es muy clara. Ese tipo de gente es muy arrogante. Creen saberlo todo y son muy peligrosos cuando se acercan al poder. Las razones son obvias. Si cometen un error, tienen un serio problema, porque sólo se les ha dado un puesto en el poder por su supuesta inteligencia y su competencia. Entonces, ¿cómo pueden cometer un error? Por eso, tienden a perseverar en sus errores, en insistir en que ellos tenían razón. El panorama cambia con gente, digamos, como Averell Harriman, que durante toda su vida tuvo cargos en el gobierno. Su poder derivaba del hecho de que su padre y su abuelo habían construido ferrocarriles. Eran ricos, formaban parte de la aristocracia. Bien, él no necesitaba justificar su lugar en el poder. El tenía poder. Si cometía un error, podía cambiar de opinión sin mayor problema. Pero en los intelectuales hay una tendencia casi natural a ser muy rígidos; no sólo son arrogantes sino también doctrinaristas.

-¿Los estándares morales de un intelectual deben ser más altos que los de una persona común, porque tiene más acceso al poder?
-Cuanto mayores sean tus privilegios y autoridad, mayor será tu responsabilidad moral, porque las consecuencias predecibles de tus actos serán también mayores. En la medida en que la gente que se dice intelectual, séalo o no, sea capaz de influir y decidir sobre condiciones que determinan los acontecimientos reales, en esa medida, su responsabilidad crecerá.

-¿Cuál es el estado actual de los intelectuales?
-Muy semejante al de siempre. Los intelectuales son quienes escriben la historia, los que presentan las imágenes del presente y del pasado. Para ser más preciso, me refiero a los intelectuales que se llaman "intelectuales responsables". Los disidentes no escriben la historia. Por ejemplo, Walter Lippman se describía orgullosamente como uno de los "hombres responsables". Eugene Debbs, el personaje principal del movimiento obrero estadounidense, candidato a la presidencia por el Partido Socialista y un crítico de la Primera Guerra Mundial, estaba en la cárcel. Y a Walter Lippman nunca se le ocurrió preguntarse ¿por qué soy yo una persona responsable y Eugene Debbs está en la cárcel? ¿Soy yo más intelectual que él? Y la respuesta es no, están simplemente de diferentes lados de la barrera. Si estás del lado del poder y de la autoridad, puedes entrar en el círculo de los intelectuales responsables. Si eres un crítico y un disidente, la tendencia es que te traten duramente. No quiero decir que la historia sólo ha sido escrita por apologistas. No sería exacto decirlo así. Pero hay una tendencia en esa dirección. Incluso la imagen de cómo actúan los intelectuales tiende a ser halagadora y narcisista. Por lo tanto, creo que hay una ilusión acerca de cómo han actuado en el pasado los intelectuales. Ha habido tiempos en que el grado de influencia sobre el público general de los intelectuales -intelectuales en el verdadero sentido de la palabra- fue extraordinario, esos momentos de fermento, períodos revolucionarios, como el de los levellers en la revolución inglesa o los años sesenta del siglo XX. Pero la mayor parte del tiempo, los intelectuales son aduladores del poder. La situación usual es la de la Primera Guerra Mundial, cuando los intelectuales, en ambos lados, estaban alineados y al servicio del poder. Eran entusiastas apologistas de su Estado: los alemanes por Alemania, los ingleses por Inglaterra y los franceses por Francia. Hubo algunas excepciones, pero muy pocas y terminaron en la cárcel. Bertrand Russell, por ejemplo, en Inglaterra; Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo en Alemania y Eugene Debbs en Estados Unidos. Sin embargo, la mayoría de los intelectuales son servidores del poder


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