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Edgar Morin: El pensamiento complejo: Antídoto para pensamientos únicos

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. Yo, Edgar Morin

10 -
N Vallejos G - "Tenemos que comprender que la revolución se juega hoy no tanto en terreno de las ideas buenas o verdaderas opuestas en una lucha a vida o muerte a las ideas malas y falsas, sino en el terreno de la complejidad del modo de organización de las ideas".
Edgar Morin, in La Méthode, vol. 4, Les Idées, p. 238

N. Vallejo G.  

"Edgar Morin, usted es uno de los precursores de lo que se ha llamado El pensamiento complejo. En efecto, desde los años sesenta usted profundiza una investigación transdisciplinaria, que traza las emergencias de un paradigma nuevo: el paradigma de complejidad, en la Física, la Biología, la Antropología, la Sociología, la Filosofía y la Política. En su libro Ciencia con consciencia, usted escribe que la finalidad de su investigación de Método no está en encontrar un principio unificador de todo el conocimiento, a la filosofía y permite la intercomunicación entre estas, operando bucles dialógicos.

Puede decirnos lo que usted entiende por pensamiento complejo, por paradigma de complejidad y por bucle dialógico?"

Edgar MORIN

"Yo diría que el pensamiento complejo en ante todo un pensamiento que relaciona. Es el significado más cercano al término complexus (lo que está tejido en conjunto). Esto quiere decir que en oposición al modo de pensar tradicional, que divide en campo de los conocimientos en disciplinas atrincheradas y clasificadas, el pensamiento complejo es un modo de religación (religare). Esta pues contra el aislamiento de los objetos de conocimiento; reponiéndoles en su contexto y de ser posible, en la globalidad a la que pertenecen. Lo que creo haber hecho es poner de presente los operadores del pensamiento que relaciona. Cuales son? Está el principio del bucle retroactivo. Debemos a la cibernética el concepto de retroacción, que se rompe con la causalidad lineal al hacernos concebir la paradoja de un sistema causal en el cual en efecto retroactúa en la causa y la módica; aparece entonces una causalidad en bucle. Tomemos el ejemplo del sistema de calefacción regulado por termostato. En tal sistema, la retroacción reguladora produce la autonomía térmica del conjunto calentado. pero este bucle retroactivo resguarda realmente un proceso complejo, en donde los productos y los efectos últimos se convierten en elementos primeros. Funciona entonces ahí el principio de bucle recursivo en donde la noción de regulación esta superada por la de autoproducción y auto-organización. Esto es un proceso recursivo y generativo mediante el cual una organización activa produce los elementos y los efectos necesarios a su propia generación o existencia. La recursión aporta una dimensión lógica que, en términos de praxis organizacional, significa producción de si y re-generación. La imagen del remolino aclara esa idea de recursividad organizacional. Un remolino es un organización activa estacionaria, que presenta una forma constante; aunque a esta la constituya un flujo ininterrumpido. Lo que significa que el fin del remolino es a su vez su vez comienzo y que el movimiento circular constituye al mismo tiempo el ser, el generador y el regenerador del remolino. El aspecto ontológico de dicha organización estacionaria esta en que el ser mantiene la organización que le mantiene. Llegamos a esta idea capital: un sistema que se bucle a si mismo crea su propia autonomía. Dicha idea permite comprender el fenómeno de la vida como sistema de organización activa capaz de auto-organizarse y, sobre todo, de auto-reorganizarse. El principio de auto-organización (autonomía/dependencia) es por consiguiente un operador del pensamiento complejo. Este principio es válido para todo ser vivo que, para guardar su forma (perseverar en su ser), debe auto-producirse y autoorganizarse; gastando y sacando energía información y organización del ecosistema en donde existe. Dicho ser vivo debe concebirse como un ser auto-eco-organizador, ya que la autonomía es inesperable de la dependencia. Otro operador es el de la idea sistemica u organizacional, que relaciona el conocimiento de las partes con el conocimiento del todo. Recuerde del Pensamiento de Pascal: "siendo todas las cosas causadas y causantes (...) yo tengo por imposible conocer las partes sin conocer el todo, así como conocer el todo sin conocer particularmente las partes". El todo y las partes están organizados, relacionados de manera intrínseca. Esto muestra como toda organización hace surgir cualidades nuevas, que no existan en las partes aisladas y que son las emergencias organizacionales. La concepción de estas emergencias es fundamental, si se quiere comprender la religación de las partes con el todo y del todo con las partes. La emergencia posee, como tal virtud de acontecimiento y de irreductivilidad; es una cualidad nueva intrínseca que no se deja descomponer, y que no se deduce de los elementos anteriores. Se impone luego como hecho: dato fenomenal que el entendimiento debe constatar de entrada. Esta idea se encuentra profundizada en otro operador del pensamiento complejo que llamo el principio hologramático, el cual reza: no solo las partes están en el todo, sino que el todo esta al interior de las partes. El ejemplo genético muestra que la totalidad del patrimonio hereditario se encuentra en cada célula singular. El ejemplo sociológico muestra que la sociedad, como todo, hallase en cada individuo, en calidad de todo, a través de su lenguaje, de su cultura, de sus normas.

Por lo que se refiere a la idea de dialógica, esta permite relacionar temas antagonistas que están al límite de lo contradictorio. Lo que quiere decir que dos lógicas, dos principios, se unen sin que la dualidad se pierda en la unidad; de donde resulta la idea de "unidualidad" que yo propuse para ciertos casos; como en el del hombre, cuyo ser es unidual, es decir al mismo tiempo totalmente biológico y totalmente cultural. Lo que importa aquí es superar las alternativas o bien: la unidad, o bien la multiplicidad. La dialógica es la complementariedad de los antagonismos. Esto encuentra su filiación en la dialéctica. Sin embargo, la fuente profunda debe ser buscada en el pensamiento contradictorial del Heráclito, quien concibe la pluralidad en lo uno. La unidad de un ser, de un sistema complejo, de una organización activa no es entendida por la lógica identitaria, ya que no solo hay diversidad en lo uno, sino también relatividad de lo uno, alteridad de lo uno, incertidumbres, ambigüedades, dualidades, escisiones, antagonismos. Hay que entender que lo uno es en realidad relativo con respecto a lo otro. No se le puede definir únicamente de manera intrínseca; necesita, para poder surgir, de su entorno y de su observador. Lo uno es pues complejo. Es una identidad poder surgir, de su entorno y de su observador. Lo uno es pues complejo. Es un a identidad, compleja. Es como todo lo que produce individualidad, autonomía, identidad, permanencia en sus formas una Unitas Multiplex yo escribí, en Pensar Europa, que vivimos la ilusión de que la identidad es una-e-indivisible, a sabiendas de que siempre es una Unitas Multiplex. (unidad compleja). Todos somos poly-identitarios en el sentido en que unimos en nosotros una unidad familiar, una unidad transnacional, eventualmente, una unidad confesional o doctrinal. Yo diría al fin que la inyección de antagonismo en el corazón de la unidad compleja es sin duda el golpe más grave dado al paradigma de simplicidad, amen del llamado más claro a elaborar el principio el método de la complejidad. Ahora bien, quién objetiviza, concibe y piensa en la complejidad que surge en el corazón de lo uno como relatividad, relacionalidad, diversidad, alteridad, duplicidad, ambigüedad, incertidumbre, antagonismo, y en la unión de estas nociones que son, unas con otras, complementarias, concurrentes y antagonistas? Dicho de otra manera, es necesario operar la restauración del sujeto por medio del principio de reintroducción del conociente en todo conocimiento, y sacar a luz la problemática cognitiva que oculta el paradigma de simplificación: de la percepción a la teoría científica, todo conocimiento es un a reconstrucción/traducción por un espíritu/cerebro, en una cultura y un tiempo dados."

N. Vallejo G.

"Usted decía hace un momento que la dialógica saca raíces de la dialéctica. sin embargo, cuando uno lee su obra sabe que si el pensamiento complejo es dialogico, es porque en la complejidad la dialéctica se vuelve inoperante. Querría precisarnos las relaciones que mantiene la dialógica con una dialéctica que va por lo demás encerrada en un movimiento trifacético, con el cual, en definitiva, se excluye la contradicción y la negación? pues, en la dialéctica todo adviene como si, por un giro lógico, se excluyera la negatividad; mientras que por el contrario, la dialógica incluye la singularidad íntegra de una negación, de un desorden o de lo aleatorio."

Edgar MORIN

"En realidad, la dialéctica también incluye la negación; puesto que la dialéctica hegeliana, por ejemplo, procede por negación y negación de la negación. Es decir que, a pesar de todo, existe el momento de lo negativo. Pero, de hecho, creo que la diferencia esta en que la dialéctica, siguiendo a Hegel, siempre es un poco eufórica. Tesis y antítesis siempre dan síntesis. Siempre esta ahí el tercer término para superar la contradicción. Mientras que yo pienso que, si bien se puede superar en ciertos casos la contradicción, hay, al fin, contradicciones fundamentales insuperables. Tenemos por ende, al pensar, que cargar con la contradicción. La contradicción nos invita al pensamiento complejo. Por eso es por lo que me siento más cercano a Heráclito que dice: "vivir de muerte y morir de vida". El no dice que la vida y la muerte son superables. En realidad, la vida esta preñada en una interacción dialógica permanente, en un antagonismo irreductible y, al mismo tiempo, en una complementariedad con la muerte, la destrucción, la corruptibilidad."

 N. Vallejo G.

"Yo pensaba que partiendo de su dialógica se reconocería una concepción no-hegeliana de la dialéctica, la cual se encuentra ya en el diálogo socrático, en donde no tanto se trata de excluir al otro como tal, sino de hacer surgir con el otro, conocer por medio de, justamente el diálogo, las contradicciones y los antagonismos; es decir, sabe darle palabra (vía) a los antagonismos, a las contradicciones, a las exclusiones. Siendo esto una lección de ética y de política."

Edgar MORIN

"Si, eso también se puede pensar. Siempre necesitamos la oposición de dos o varias argumentaciones; nuestra búsqueda de la verdad solo se puede llevar a cabo y progresar a través de la controversia. Esta idea muestra como, en Sócrates por ejemplo, uno progresa eliminando ciertos errores a través de diferentes fases de oposición. Pero yo me refería sobretodo a la oposición a Hegel, pues este considera fundamentalmente que no hay azar, es decir que no existe en la Naturaleza la imprevisibilidad. En la dialéctica hegeliana, en efecto, lo uno se divide en dos; con el segundo término empieza la oposición. Habría que decir que dos se convierte también en uno. Cuando surge, por ejemplo, un encuentro inédito entre ácidos nucleicos y proteínas, hay vida. El pensamiento complejo permite comprender esta emergencia organizacional nueva, esta creación del encuentro entre dos instancias singulares.

Volviendo a su primera pregunta diría que el paradigma de complejidad, tal como lo entiendo, es lo que subsuma los conceptos claves y las relaciones lógicas que controlan al pensamiento. Por ejemplo, el "gran paradigma de Occidente", bien formulado por Descartes, se funda en la disyunción entre el espíritu y la materia, la filosofía y la ciencia, el alma y el cuerpo. Este principio de separación sigue dominando. Pienso que hay que sustituirlo por un paradigma de complejidad. El cual se fundaría en la distinción, claro está, pero sobre todo en el enlace; sea de mutua implicación o inseparabilidad. En el paradigma perdido(sobre la Humanidad), por ejemplo, me opongo al paradigma de disyunción que cree conocer el Hombre sustrayéndole de la naturaleza, y según el cual: conocer al Hombre significa eliminar en éste la parte natural. También e opongo al paradigma de reducción que pretende conocer lo que es el Hombre integrándole en la naturaleza, buscando en la naturaleza, buscando explicar los comportamientos humanos a partir de las estructuras de una sociedad de hormigas o de simios. Pienso, por el contrario, que existe un paradigma de unidad, de distinción y de implicación mutuas. Tomemos el ejemplo psíquico: el cerebro implica el espíritu que implica el cerebro; es decir que el cerebro produce un espíritu que le concibe y el espíritu y cerebro dentro de una unidualidad compleja.

El paradigma controla pues el pensamiento. Esta inconsciente y los espíritus le obedecen. Hay concepciones que, aunque mutuamente opuestas, obedecen al mismo paradigma. El científico que desprecia la filosofía y el filosofo que desprecia la ciencia obedecen ambos al mismo paradigma de disyunción. Pienso que el pensamiento que el pensamiento complejo, debido a su epistemología propia, hace consciente el problema paradigmático .

Por otro lado, seguramente, el paradigma de complejidad no puede ser un paradigma consciente sin lenta instauración y difícil enraizamiento. Lo que requiere una reforma del pensamiento y de la educación; al final de la cual, el paradigma de complejidad podrá operar por si mismo.

Me preguntaba usted qué es bucle dialógico. Yo diría que, en realidad, las dos palabras claves del pensamiento complejo son: bucle y dialógica. La dialógica juega al interior del bucle. Por ejemplo, nosotros somos el producto de un proceso sexual, pero somos al mismo tiempo productores, pues el proceso continua. He ahí el bucle. Somos producto y productor en la continuación y en la perpetuación de la especie humana. Si vamos más lejos, hay ya en el seno de cada cual una dialógica entre lo individual/fenomenal, y lo especie/reproducción. Se comprende que haya un antagonismo, y lo manifestamos, al decir que queremos utilizar el acto sexual para el gozo y no para la reproducción. Se utilizan entonces métodos que impiden la concepción. Es decir, lo que va unido, como, digamos: gozo y reproducción, tratamos de utilizarlo disyuntivamente para nuestro gozo personal; eliminando así el aspecto reproductor. Un antagonismo persiste en el seno de la complementariedad entre lo generativo y lo fenomenal digamos para simplificar entre la especie y lo individual. Pero todo esto se sitúa al interior del bucle dialógico."

N. Vallejo G.

"Usted indica las diferentes emergencias del paradigma de complejidad en su obra magna El método; esta tiene un título muy cartesiano. Ahora bien, si de entrada se reconoce la deuda cartesiana, es con el fin de marcar mejor su diferencia. En la entrada se reconoce la deuda cartesiana, es con el fin de marcar mejor su diferencia. En la Introducción general del tomo 1, La naturaleza de la Naturaleza, usted escribe que para dirigir bien la razón hoy en día, y buscar la verdad en las ciencias, hay que comenzar por la incertidumbre. Si el método cartesiano es un programa, con criterio de veracidad infalible y sujeto indubitable, el suyo es una estrategia autorecursiva que implicaría una "inversión cartesiana". Igualmente escribe usted, en Ciencia con conciencia, que la misión del método no es asegurar un criterio de infalibilidad, ni ofrecer una proposición indubitable, a la manera cartesiana, sino "invitar a pensar por si mismo en la complejidad". Como contextualizar y globalizar nuestro conocimiento, con el fin de aceptar el desafío de la incertidumbre?"

Edgar Morin

"Primero esta Descartes y después el cartesianismo. Si el aspecto histórico y paradigmatico del cartesianismo ha sido el principio de separación y el principio de reducción, la "inversión" es, de hecho, un rechazo de la reducción y de la separación, es, paradigmaticamente, una oposición al cartesianismo.

Dicho esto, Descartes también comienza por la incertidumbre, pues duda, y hasta imagina Descartes comienza, en efecto, por lo indubitable; pero yo diría que la cosa indudable que afirma, consciente. A que reside el interés del cogito; pues de la duda surge la incertidumbre. En la toma de conciencia del cogito, Descartes aplicaba por adelantado un método del bucle recursico. El decía: "yo pienso", lo que significa: "pienso-que-pienso", es decir: "pienso-yo-pensando". Así se objetiviza en un yo-mismo el yo, el cual es la instancia del sujeto. El yo-mismo diferente del yo y, a la vez, es el mismo yo; puesto que hay una especie de logicial que separa y diferencia el yo del yo-mismo, y, a la vez, les reúne e identifica. Tenemos pues esta serie diferencial: pienso-yo-pensando, luego me objetivizo como sujeto, luego soy a la primera persona del singular. Soy un sujeto. En consecuencia, el cogito cartesiano es recursivo antes de tiempo; sin embargo, hay que completar el cogito ergo computo ergo sum, puesto que la autocomputación efectúa las operaciones fundamentales de distinción/unificación, necesarias al cogito. La cogitación de esta computación emerge como conocimiento de si del sujeto. Además, cosa admirable!: las operaciones del computo permanecen inconsciente, al yo consciente, a quien el cogito se impone de por si.

Dicho esto, para contextualizar y globalizar un conocimiento, hay que relacionarlo y relacionarlo con los operadores del pensamiento complejo. Venga a colación el principio clave de auto-eco-organización, que significa que todo ser vivo no puede ser comprendido sino porque se autonomiza y se eco-organiza para existir, sino porque es un ente que toma y gasta energía para vivir. En efecto, solo se puede pensar en un ser vivo en/contra/con su medio ambiente y su auto-ecología. De hecho, la autonomía hay que pensarla como dependencia con respecto a una organización exterior. Cuando se este consciente de ese tipo de razonamiento dialogico, globalizar y contextualizar corre por cuenta propia. Para lo cual se requiere un método que no sea un programa, sino una incitación a pensar por si-mismo, en función de sus propios principios a globalizar por si-mismo, en función del tema de su propios conocimiento."

N Vallejo G.

"Siguiendo una tradición entendida, usted adhiere en su obra a la tesis de que la Modernidad occidental surge con la formulación por Descartes de una idea de separación entre el sujeto que piensa, el objeto pensado y la causa que asegura la permanencia del sujeto-pensante, a saber, Dios. Subraya también que dicha idea de separación está gobernada por el paradigma de simplificación (reducción/disyunción), el cual usted califica allende de "gran paradigma de pensamiento occidental". Ahora bien, como usted sabe, la idea de disociación permitió la emergencia de la tolerancia y del libre pensamiento (lo que Kant resumía en su respuesta a la pregunta: Qué es la Ilustración?, con el lema: separe aude! Ten el valor de servirte a tu propia Razón!"). El paradigma de simplificación, al disociar: sujeto (Individuo), objeto (Mundo), ser (Dios) provocó igualmente múltiples tentativas para pensar separadamente la filosofía, la ciencia y la teología; también contribuyo a la instauración de instancias separadas de saber y /o poder. De seguro se levantarían muros epitemológicos, enciclopédicos, onto-ideo-lógicos; sin embargo, el paradigma de simplificación/reducción/disyunción funcionaria hasta desbordar las perspectivas de pensadores de la Modernidad; y a pesar de luchas intestinas para decidir cual juicio (del filosófico, científico o teológico) predominaría en cuestiones esenciales sobre el Hombre, el Mundo y Dios.

En efecto, desde el punto de vista político, se debe al paradigma de disyunción la concepción de una separación entre poderes laicos y poderes religiosos, como también el facilitamiento de instrumentos conceptuales para denunciar amalgamas del fanatismo y/o la "guerra santa". Desde el punto de vista filosófico, la idea de disociación permite enfocar una ruptura ontológica entre esencia y existencia, pensar en una existencia que preceda a la esencia, donde el paradigma de simplificación, así fuera reductor, permitió pues llegar a conocimientos útiles incluso, a una revolución industrial que realizo, por lo menos materialmente, el voto cartesiano de "convertirnos como en maestros y dueños de la naturaleza".

Ahora bien, resulta que con la bomba nuclear, el crimen contra la Humanidad, las manipulaciones genéticas, la sobredicha analogía cartesiana muestra la faz diabólica de su pretensión divina. En suma, pasamos del suicidio individual al colectivo. Pero, para tomar conciencia de ser hoy en día "suicidas planetarios" en potencia, para comprender las cuestiones esenciales que suscita nuestra condición contemporánea, el paradigma de simplificación y la idea de disociación son inoperantes, sin dejar por eso d influenciarnos profundamente. Como explica usted esta situación crítica?"

Edgar Morin

"Su pregunta es densa. Veamos las premisas. Digo que penar/computar/conocer es siempre separar y relacionar. Siempre van juntas esas operaciones. Lo que significa que en el acto de pensar, siempre hay una función sintética que recompone. Yo crítico la hegemonía sin contraparte de la separación sobre la religación.

Por otro lado, el pensamiento complejo se funda en el reconocimiento de la Unitas Multiplex, la cual es una noción típicamente dialogica. Es decir, el uno contiene lo múltiple y ve un múltiple sin unidad, o bien abstrae una unidad homogénea en donde se pierden las diferencias singulares. Un pensamiento que compartimenta las culturas, los individuos, etc., aplica dicho tipo de racionamiento. Por el contrario, todo el esfuerzo del pensamiento complejo esta en captar la diversidad y la plurabilidad en la unidad, en pensar lo real bajo el concepto de Unitas múltiplex.

Tomemos el ejemplo político de la democracia, para la cual las cosas deben ser separadas, diversas y relacionadas; pues se requieren conflictos de ideas, separaciones de poderes, con el fin de impedir la instalación de un poder homogeizador y molítico.

En cuanto a la tolerancia, esta no solo se funda en el necesario y fecundo reconocimiento de diversidad, de pluralidad, de conflictos de ideas y de democracia también es plurivoca. Voltaire indicaba un primer sentido al decir que si usted tiene una idea innoble, que me repugna, yo estoy dispuesto a dar mi vida para que usted pueda expresarla. Hay aquí un respeto inalienable de la argumentación del otro, del derecho a la expresión del otro. Un segundo sentido reside en la idea de democracia, es decir, para que haya pluralidad tenemos que tolerar las ideas contrarias a las de uno. Un pensamiento de Pascal formula un tercer sentido de tolerancia: "Lo contrario de una verdad profunda no es un error, sino una verdad contraria". Esto quiere decir que la dialogica, en su formulación de la veracidad, conserva la oposición y muestra la complementariedad. Por lo demás, ya he escrito que el pensamiento complejo integra y desborda al pensamiento simplificante. Si digo, por ejemplo, "vivir de muerte y morir de vida", lo que es una formulación compleja y aparentemente contradictoria, puedo, empero, descomponerla de manera racional, obedeciendo a la lógica disyuntiva. Digo así que el organismo es un ser vivo; digo como produce moléculas que sustituyen las usadas, o produce células que reemplazan las envejecidas; digo como la muerte o la descomposición integra la organización vital, etc., etc.,; pero, he de hecho explicado el fenómeno vida? Y, lo que presento bajo la forma de elementos disjuntos, es de veras separable? Yo diría que todo lo que presento bajo la forma de elementos disjuntos, es de veras separable? No digo que haya entonces que reemplazar la separación por la inseparabilidad; digo que tenemos que pensarlas juntas: pensar separación/inseparabilidad.

Es cierto que la disyunción permitió el desarrollo de conocimientos científicos especializados. Pero yo diría que, inconscientemente, lo más fecundo ha sido el mismo principio de reducción. La obsesión de los físicos era encontrar la "piedrita elemental" con la cual esta construido el mundo físico. Encontraron entonces el átomo, luego la molécula, luego la partícula que no es una "piedrita" sino una cosa incierta, vacilante y compleja. Mere el "descubrimiento de América": buscaban India y encontraron América. En los grandes descubrimientos de la ciencia del siglo XLX se buscaba la reducción y se encontró lo irreductible. En ese sentido, el principio de reducción tiene cierta fecundidad.

No es menos cierto que se requería operar una disyunción entre ciencias y religión, entre ciencia y política. Por qué? Por la fragilidad de la ciencia en sus comienzos, ya que teniendo por imperativo el conocer por conocer, no podía soportar las censuras de la teología y de la política. La ciencia se limito entonces al campo cognitivo; eliminando de su campo investigativo lo moral y lo político. Tales fueron las condiciones del desarrollo científico. Hoy en día ya no sirven, pues la ciencia y la tecnología han desarrollado tan grandes poderes que su ejercicio crea problemas éticos ineludibles: con la proliferación nuclear, las manipulaciones genéticas y bioquímicas, en el cerebro humano por ejemplo, la conservación misma de nuestra especie está en peligro. Por eso, ciencia y técnica no deberían actuar hoy sin un pensamiento que enlace, globalice y contextualice todas las implicaciones de su existencia.

Pienso, por consiguiente, que el imperativo de religación es algo fundamentalmente contemporáneo. Esto manifiesta su necesidad vital, ahora que estamos en condiciones mundiales criticas. Esta época de crisis requiere un pensamiento complejo.

Volviendo al paradigma de disyunción, hay que decir que mi objetivo nunca ha sido unificar todo lo separado en un pensamiento de completud, sino lanzar un desafío en pos de la religación y la complejidad es algo fundamentalmente contemporáneo. Esto manifiesta su necesidad vital, ahora que estamos en condiciones mundiales criticas. Esta época de crisis requiere un pensamiento complejo.

. No tengo una concepción simplista de las cosas, de las cosas, que consista por ejemplo en enfocar la complejidad como puro rechazo de lo simplificante, de la lógica aristotélica o de principio de separación; por el contrario, mi concepción del pensamiento complejo indica la integración de lo sobredicho en un principio relacional y rotativo continuo."

N. Vallejo G.

"El principio del tercio incluso es una de sus aportaciones al pensamiento complejo, con el fin de entender la dialogica de toda complejidad. Ahora bien, este instrumento conceptual rompe con el principio de identidad y el principio de no contradicción de la lógica clásica. Con lo cual no solo estalla cierto tipo de lógica y de geometría, sino que también toda una onto-ideo-logía y toda una visión del mundo se vuelven inoperantes a la hora de atacar los problemas para comprender un mundo abierto e indefinido. Podría usted profundizar esta problemática?.

Edgar Morin.

“Sepa que no soy tan radical. Creo haber escrito en Las Ideas (El Método, tomo 4), que fuera de la lógica clásica no se puede fundar una lógica; ya que todas las lógicas no-aristotélicas son permisivas, es decir; no son imperativas.

Para mi el tercio incluso es una transgresión lógica necesaria, inseparable del principio dialogico. Esto significa que el mismo conlleva su propio antagonismo, su propia multiplicidad: yo soy no soy. Cuando digo, por ejemplo, "hablo" el yo habla como sujeto consciente de si. Al mismo tiempo, hay toda una maquinaria funcionando en el cerebro y en el cuerpo, de la cual soy inconsciente. También pasa por mi toda una cultura que habla, una "maquina hablante", un nosotros que habla por esa maquina. Hay anonimato. Hay ello hablando. Esto significa pues que el principio de identidad es, de hecho, complejo. Comporta en la unidad heterogeneidad y pluralidad. En ese sentido, el principio de tercio incluso significa que se puede ser uno mismo y otro. Con eso escapamos a toda alternativa disyuntiva. Gracias al principio de tercio incluso podemos considerar y relacionar temas que aparentemente se deberían excluir o ser antagónicos. Repito pues que para mi la lógica clásica reaparece en cada operación segmentaria del pensamiento y en cada operación heurística de verificación retrospectiva. Pero se le transgrede en todas las operaciones creativas e innovantes del pensamiento. Por eso tenemos que mantener la rotatividad entre lo uno y lo otro.

Hay que saber también que en el proceso del raciocinio la lógica sirve de muletas, pero nunca de pies. Para retomar la vía (el método) de un pensamiento, siempre se debe volver al movimiento. En suma, la dialogica que propongo no constituye otra lógica nueva, sino una manera de utilizar la lógica en función de un paradigma de complejidad; es decir, cada operación fragmentaria del pensamiento dialogico obedece de hecho a la lógica clásica, pero no su movimiento de conjunto, su movimiento de pensamiento.

El principio de tercio exclusivo constituye, por supuesto, un potente parapeto. Solo hay que abandonarlo cuando la complejidad del problema encontrado y/o verificación empírica obliga(n) a abandonarlo. No se puede abolir el tercio excluso; se le debe modificar en función de la complejidad.

Lancemos el desafío: el tercero debe ser excluido o incluido según la simplicidad o complejidad encontradas y, allí donde haya complejidad, en función de un examen fragmentario, fraccional, analítico, o en función de la globalidad de la formulación compleja. El campo del tercio excludo es sin duda válido para casos simples. Empero la dialogica se establece donde haya complejidad. Pues dialógica es precisamente el tercio incluso.

Con el pensamiento complejo desaparece, por supuesto, la visión de un mundo racionalista, rígido y cerrado. En otras palabras, la lógica no solo esta en mi método al servicio de la racionalidad y en detrimento del pensar, sino que también es un instrumento heurístico que el pensamiento utiliza para verificar, y transgrede para globalizar. En todo caso, trato de situarme sin pretender que se pueda alegar por otra lógica nueva, y esto, mas aun cuando, a pesar de todas las lógicas dadas desde Aristóteles, para mi la cuestión lógica implica, de hecho, una dialogica en el seno de la Unitas múltiplex; es decir, en el seno de lo que es la vida, la realidad, el hombre, la sociedad; en el seno de macroconceptos donde aparece la transgresión al pensamiento cerrado y simiplificante."

N. Vallejo G.

"Vivimos una época de múltiples saberes. Cada saber posee su objeto, cree poseer método propio, hipótesis propias y propias aplicaciones. Esto lleva a que nos encontremos en un reino de experto se dice maestro en su terreno. Cuando el político o el simple ciudadano deben reflexionar sobre las implicaciones y consecuencias de tal o tal saber, el experto surge como conocedor patentando e ineludible del problema en cuestión. El experto no solo pasa por criterio de veracidad y cientificidad, sino por "garantía moral" para no actuar mal. Parece, sin embargo, que lo más grave en el reino de los expertos sea el estado de pseudo-estética o pseudo-ética, donde relegan a la reflexión individual y al necesario pensar por si-mismo. A la hora de asumirse como sujeto-pensante, de sacar todas las consecuencias y de enfrentar todas las responsabilidades de un conocimiento comprometido, uno se ve obligado a llamar a un experto; pues de lo contrario solo consideran al juicio individual como sensiblería. Y, puesto que “en gustos no hay disgustos”, excluyen al sujeto-pensante del diálogo social y político, del diálogo científico y filosófico. He ahí, en suma, el diálogo confiscado en una lucha intestina entre expertos que buscan representación de poder. Qué puede hacer el pensamiento complejo contra esa usurpación, esa manipulación y esa alienación del sujeto-pensante?”

Edgar Morín

“Por desgracia, creo que mientras no se arraigue, el pensamiento complejo no puede hacer gran cosa. Si se le desarrolla y se le extiende, será, en cierto modo, el antídoto contra esa parcelación, esa compartimentación, esa irresponsabilización y, hay que decirlo: esa cretinización. Pero, de qué vale un poquito de antídoto contra un mal tan extendido? Qué vale un kilo de arroz para toda la populación hambrienta de Burundi?

Yo escribí allende que la revolución no se juega hoy entre ideas opuestas en una lucha vida o muerte por veracidad o bondad, sino en el terreno de la complejidad del modo de organización de las ideas. En efecto, como articular, como organizar las ideas e informaciones que dan acceso al mundo actual? He ahí, el problema de la reforma del pensamiento; la cual incumbe a todo ciudadano, como lo escribí en Tierra-Patria. Entre tanto el pensamiento complejo se manifiesta cada vez que un pensamiento simplificante conduce a crisis. Tomemos el ejemplo de “ vacas locas” o “sangre contaminada”, donde los imperativos de una racionalización radical llevaron al horror y a la muerte de inocentes.”

N. Vallejo G.

“En la Introducción a El Método 1, usted escribe que es necesario poner en circuito pedagógico las grandes esferas FISIS/BIOS/HOMO. Usted propone una manera inédita de concebirlas, que implica a la par reforma del entendimiento y reforma educativa. Por qué necesitamos hoy una educación de tipo “paideia planetaria?” En qué consiste? Qué proyecto pedagógico inédito conlleva?.”

Edgar Morin

“En realidad, pienso que será necesario empezar por la Primaria, introduciendo interrogantes fundamentales: quiénes somos? De donde venimos? A dónde vamos? Qué hacemos? Dónde estamos? Qué es la realidad? Qué es el mundo? Si empezamos por esas preguntas, si empezamos por interrogar el ser humano sobre si-mismo, descubrimos que somos un ser físico, biológico, sicológico, social. Entonces podemos proyectar de relacionar y de enlazar las diferentes disciplines. Cuando uno descubre la biología, ve que esta lleva a la química, que a su vez conduce a la física, y ésta a la microfísica. También hay que indicar, desde el comienzo de toda iniciación cognitiva, que somos partículas formadas en los primeros segundos del Universo, que llevamos átomos de soles anteriores. De esta manera pedagógica se empieza relacionando y problematizando, pues educar tiene por misión profunda problematizar y cultivar. Y cultivar quiere decir: ser capaz de dar a cada uno los medios para que, por sí mismo, contextualice, globalice y relaciones. He ahí, pues, el problema del proyecto pedagógico, que se debe implantar en la Primaria, y que debe proseguir cada individuo por su lado. En esto puede colaborar la constitución de ciencias sistémicas, como la Ecología, las ciencias de la Tierra y, en cierto sentido, la Cosmología. En estas cienci9as se utilizan diferentes disciplinas para establecer una comunicación entre las mismas y una religación que comprenda la complejidad del sistema. Es decir, no se trata de ninguna manera de suprimir ahí las disciplinas, sino de relacionar sus aportaciones. En la Geografía, por ejemplo, hay un nuevo desarrollo para el pensamiento complejo, gracias a todas las relaciones que van del zócalo geológico a la geografía humana.

Hay pues casos en donde los conocimientos se pueden relacionar y articular. Si me tocara reformar la Educación, tocaría dar en la enseñanza, por ejemplo, una concepción compleja de la biología y la sociología, para que no se les entienda de manera compartimentada. Pienso que hay muchas perspectivas pedagógicas para el desarrollo y el arraigamiento del pensamiento complejo.”

N. Vallejo G.

“En que sentido se puede decir que el pensamiento complejo es un modo de pensar que permite tomar consciencia de los paradigmas que gobiernan, manipulan y alienan el entendimiento; trátese, por ejemplo, del paradigma de simplificación de la razón clásica, o de paradigmas contemporáneos, como los de “fin de la Historia” o “pensamiento único”.

Edgar Morin

“Podemos de veras decir que “fin de la Historia” o que “pensamiento único” sean paradigmas? Creo que no son paradigmas sino tesis que pretenden ser conclusiones teóricas. Mire, pienso que si trata de Historia, estamos más bien en los albores. Luego, la hipótesis de que esté condenada a permanecer en su albor, se le puede enfocar, en el caso de un cataclismo mundial, por ejemplo. De todas maneras, esa idea de “fin de la Historia”, como tal, me parece ridícula. Aunque hubiese sido posible al final de una obra gigantesca, como la de Hegel, quien estaba convencido de que el espíritu absoluto se encarnaría en el Estado Prusiano. Lo que era, por cierto, un final escleroso para un pensamiento genial. Pero, en el caso de Fukuyama... en fin, dejemos! Tal vez sea interesante comprender que en la época contemporánea, en donde uno no ve los más allá, puesto que no los hay, los más allá parecen posibles. Por qué? Uno ve que al final de un conjunto de contradicciones, de una serie de imposibilidades -véase la hipótesis del origen de la vida: más allá de cierta cantidad de moléculas, la organización química es imposible, solo hay dispersión. Se necesita entonces una metaorganización que haga surgir de ella misma cualidades nuevas, como la capacidad cognitiva, la auto-organización, la auto reparación, la auto-reproducción. En otras palabras, se puede pensar que la vida surgió porque en cierto momento dado hubo saturación y una organización química no lograba surgir para reunir elementos tan numerosos y contrarios. Pues hay que comprender que hay sistema cuando sus componentes no pueden adoptar todos sus estados posibles; es decir que en el orden sistémico un elemento gana organización y se somete a sus coerciones de carácter material. Este problema se presenta también, creo, en el origen del lenguaje. Fue necesario que se diera en cierto momento una saturación del sistema de gritos, vocales, etc., en el cual cada sonido, cada fonema tenía su significado, para que se llegara a un sistema, a una estructura llamada de “doble articulación “ (fonético-semántico) en donde los fonemas no significasen nada; es decir, tenemos fonemas y sonidos sin significación, pero sus enlaces crean palabras significantes.

Por otro lado, hoy llegamos a una época de imposibilidad a una época de lo posible y de lo imposible. La técnica, por ejemplo, permite que al hombre se le libere de la parte desagradable y aburridora del trabajo, lo que es una benedicción, pero dicha benedicción se traduce en la maledicción del desempleo. Los políticos y los economistas saben que no basta con disminuir legalmente las horas de trabajo. Se necesita una reforma en cadena y a todos los eslabones del campo laboral. Las contradicciones hoy son macroscópicas: producimos con qué alimentar a toda la tierra y miles de niños mueren de hambre diariamente. Se podría hacer un catálogo horrible de todas nuestras imposibilidades. Por un lado hay una carrera desastrosa al crecimiento exponencial; pero, por el otro, en nombre de qué, uno pediría que se le detuviera en China o Brasil?

Cómo se efectúan pues los grandes cambios y las grandes revoluciones, los grandes cambios de estructura, las metamorfosis? Se efectúan cuando un proceso de descomposición se liga con un proceso de recomposición, el conjunto influenciado por fuerzas que se ignoran, pero convergen inconscientemente y tal vez provocan mutua sinergia. Yo diría, pues, que la reflexión sobre la misma complejidad de la evolución del mundo, del cosmos, de la vida, y de la humanidad implica situarse fuera de las pretensiones de lo insuperable, o del “fin de la Historia”; ya que las pretensiones más arrogantes se fundan en la idea de insuperabilidad. Como si viviéramos en la absoluta eternidad! Creo, pues, que toda revolución se realiza de manera imprevisible, porque, en el fondo, se trata de creaciones. Y lo propio de una creación es ignorar por adelantado lo que será. Lo sabemos después; pero ni siquiera después puede uno dar más que simples hipótesis de cómo y por qué se produce una revolución, una mutación creadora, una organización nueva. Y, suponiendo que sea posible computar todas las operaciones bio-química-culturales del cerebro de Mozart, no encontraremos nunca el algoritmo con que dar cuenta del como y del por qué surgió, en el sistema organizacional de la “máquina Mozart”, ese m{as genial que llaman: Les noces de Fígaro.

Con respecto al “pensamiento único”, me parece que el problema está sobretodo en cierto tipo de estructura mental, la cual gobierna la gente que tiene de hecho posiciones polarizadas. Entre otras, los opositores al “pensamiento único”, eran los mismos partidarios de otro ex pensamiento único: el paleo-marxismo. Ahí se trata, siempre, de una estructura de pensamiento que controla en un sentido monolítico, reductor, en fin, en la imposibilidad de diálogo entre tesis antagónicas, y en la imposibilidad de una reflexión dialógica. He ahí el enemigo del pensamiento complejo: lo que nos encierra siempre en alternativas mutilantes. Y hay quienes, en su encierro mental, van hasta convertirse en asesinos.”

N. Vallejo G.

No pie“Qué piensa usted de la ilusión que yace en “el pensamiento único”, la cual consiste en hacer creer que las posiciones contradictorias solo se les puede enfocar unívocamente, que la economía solo se puede conducir de una manera, que la política solo se le puede enfocar desde un punto de vista?”

Edgar Morin

“Esa es, en efecto, la ilusión de pretender la insuperabilidad. Anote que “el pensamiento único” fue llamado así por parte de sus adversarios, pues tal pensamiento se cree depositario de la verdad, incluso, de la realidad. Estamos entonces frente a aquella ilusión del realismo, que pretende conocer lo real, incluso, controlarlo. Por supuesto, se trata de una realidad hecha de sus racionalizaciones, y en función de sus conceptos reductores; mientras que, de hecho, la realidad no se puede racionalizar. La realidad es enorme, invisible, misteriosa. Es por ello que “el pensamiento único” aspira forzadamente a adaptarse a las realidades actuales, lo que es cosa bastante poco realista, frente a todos los procesos en curso de transformación.

Si “el pensamiento único” tomara conciencia de que, de hecho, él también está sometido a los procesos de transformación del mundo actual, ya no sería más “único”, sino multidimensional. Sería pensamiento complejo.”

(París diciembre de 1996)

Yo, Edgar Morin

     ¿Quién soy? Mi singularidad se disuelve en cuanto la examino y, finalmente, estoy convencido de que mi singularidad procede de una ausencia de singularidad. Incluso tengo en mí algo mimético que me impulsa a ser como los demás. En Italia me siento italiano y quisiera que los italianos me sintieran participante en su actividad. El otro día, hablando a un auditorio de la Champagne, me sentí achampanado. Ah, sí, quisiera ser como ellos. Adoro estar integrado y, sin embargo, no soy por completo ni de unos ni de otros. Podría ser de todas partes, pero no por ello me siento de ninguna parte, he arraigado aquí. No me distinguen el ejercicio de un talento singular ni la posesión de una verdad admirable. Me distingo por el uso no inhibido ni rígido de una máquina cerebral común y por mi permanente deseo de obedecer las reglas primeras de esta máquina cognoscitiva: reunir cualquier conocimiento separado, contextualizarlo, situar toda verdad parcial en el conjunto del que forma parte. Mi capacidad de análisis es media, mi capacidad de síntesis también, pero nunca utilizo la una sin la otra. No sufrí la profunda marca de una cultura familiar, ni la de las evidencias impuestas por la educación. Así pues, mi domesticación superficial, mi débil imprinting, me convirtieron en una muestra representativa de humanidad, animada por las aspiraciones y contradicciones antropológicas, literalmente un hombre cualquiera. Dudo mucho, creo mucho. Tengo la impresión de que tengo pocos prejuicios, me siento abierto a ideas que se contradicen mutuamente y me percibo interiormente libre. ¡Qué buena es esta libertad que compensa tantas cualidades ausentes!

     Escribí en otra parte que yo estaba animado por lo que el tao denomina el espíritu del valle, «que recibe todas las aguas que en él se vierten». Pero no me veo como un valle majestuoso; me veo más bien como una abeja que se ha embriagado libando de mil flores para hacer, con todos los pólenes distintos, una sola y misma miel. Hoy, considerando retrospectivamente mi andadura, veo que la ausencia de cultura es la fuente de mi cultura. Mi vacío cultural originario aspiró el aire de la curiosidad, el saber, lo imaginario, la búsqueda de la verdad, la búsqueda del bien, la elaboración de mis propias normas. Fui edificado por aquello de lo que sentía sed. Mi apertura omnívora mantuvo mi autodidactismo, que a su vez mantuvo mi apertura omnívora. A través de mi autodidactismo me descubrí, descubrí mis verdades contrarias. Cosa paradójica: mi curiosidad, que me singulariza con respecto a los normalizados, satisfechos o resignados, es lo que me convierte en un ser poco singular y relativamente indeterminado.

     Comencé así mi andadura autodidacta a partir de la novela popular, del cine, de la canción. He dicho autodidacta porque éstos no conocen jerarquía y compartimentación a priori, y efectúan su selección en función de necesidades tan profundas como inconscientes. Por esta andadura sin camino accederé por mis propios medios a la cultura de los cultos. No siento ese desdén cultural de los intelectuales nacidos en las clases altas de la sociedad y que jamás pasearon por los grandes bulevares populares; siguen pareciéndome atractivas las cancioncillas, las novelas no reconocidas como literarias, las películas que no son de filmoteca y, hoy, las series televisivas. Cuando, hacia 1960 declaré que me gustaba el western, en Florencia, ante un areópago de intelectuales de izquierda, Lucien Goldmann indignado, corrió a la tribuna para explicar que el western era la peor de las mixtificaciones capitalistas, destinada a adormecer la conciencia revolucionaria de la clase obrera, y logró con aquellas lúcidas palabras una tempestad de aplausos.

     He conservado las curiosidades de la adolescencia, he seguido interrogándome sobre las cuestiones primarias. He estado siempre atenazado por la interrogación, nunca he dejado de reinterrogar. El juego antagonista de mis aspiraciones contradictorias, la curiosidad por cosas muy diversas suscitaron una dinámica ininterrumpida que animó, desde el interior, la formación y el desarrollo de mi cultura y, finalmente, de mi filosofía de la complejidad. He hecho estudios diversificados y he adquirido una policompetencia. He seguido aprendiendo, más allá de los estudios, en la dirección de mis curiosidades. Me he dejado interpelar por los acontecimientos y he cuestionado mi modo de pensar cada vez que el acontecimiento lo contradecía.

     De los veinte a los treinta años tuve la suerte de haber asistido a la escuela de la vida y de haber respondido a las necesidades de mi espíritu. No he dejado de ser estudiante porque he sido investigador en el sentido pleno y existencial del término. Fui y he seguido siendo un estudiante que elige a sus educadores, y liba a la vez de la cultura universitaria y entre los autores ignorados o excluidos por esta cultura. En cierto sentido soy fruto de la cultura universitaria; en otro sentido mi indisciplinaridad y mi transdisciplinaridad hicieron que su alto mandarinato me condenara durante decenios. ¡Cuántos desdenes me ha valido, entre los educadores, mi deseo de educarme! Soy, sigo siendo estudiante siendo autor y porque soy autor.

     Es muy difícil evitar el egocentrismo intelectual que consiste en considerarlo y juzgarlo todo colocándose, naturalmente, en el centro del mundo. El observador/concebidor debe incluirse en la observación y la concepción. El conocimiento necesita el auto-conocimiento.

     También en mí, evidentemente, funciona la máquina mental de autojustificarme, pero me parece que mi latente sentimiento de culpabilidad y, sobre todo, mi auto-examen crítico, le ponen freno. Siento, como todo el mundo, resentimiento y rencor, pero el ejercicio autocrítico me ayuda, si no a superarlos, al menos a no permitir que me superen. El auto-examen no es sólo mi parachoques: me impide ocultarme en exceso, a mí mismo, mis negligencias, mis desfallecimientos, mis inconstancias, mis errores y mis estupideces...

     Precisamente porque he querido establecer la comunicación, nunca he podido encerrarme en la sociología cerrada, la antropología cerrada, la filosofía cerrada o la ciencia cerrada. Así llegué naturalmente a ir y volver entre la cultura humanista y la cultura científica. Durante aquellos años no me forjé una verdadera cultura científica, es decir que pasara por los departamentos de ciencias de las universidades, y que respeta la compartimentación pluridisciplinar. He querido introducir la cultura humanista en la cultura científica, y la cultura científica en la cultura humanista, para establecer un diálogo que las modifique a ambas.

     Es, pues, mi deseo, mi preocupación por ser culto, lo que me vale sarcasmos. Y sólo recientemente he comprendido que mi aberrante singularidad no es otra que mi mensaje universalista: hay que ser culto. Lo que hoy debiera significar «ser culto» no es permanecer encerrado en la propia especialización ni satisfacerse con ideas genéricas nunca sometidas a examen crítico porque no son conectables a conocimientos particulares y concretos. Es ser capaz de situar las informaciones y los saberes en el contexto que ilustra su sentido; es ser capaz de situarlos en la realidad global de la que forman parte, es ser capaz de ejercer un pensamiento que, como decía Pascal, alimenta los conocimientos de las partes con los conocimientos del todo, y los conocimientos del todo con los conocimientos de las partes. Es, por ello, ser capaz de anticipar, no de predecir, claro, sino de considerar las posibilidades, los riesgos y las oportunidades. La cultura es, en suma, lo que ayuda al espíritu a contextualizar, globalizar y anticipar.

     Intento ser culto, interesándome no sólo por los grandes escritos de la literatura, por los problemas clave que tratan las ciencias, sino también por los mil detalles que tejen la vida cotidiana. Intento ser culto sobre los cambios en el orden del conocimiento. Hasta hace poco leía las revistas Science y Nature, sigo leyendo revistas científicas y no científicas, pequeños boletines, textos y artículos sobre los problemas del mundo, publicaciones diversas (como Time Magazine y sobre todo el poliscópico Courrier international); siempre vi y sigo viendo a gente de distintas competencias y opiniones opuestas, lo que me permite conocer y examinar continuamente la multiplicidad de los puntos de vista. Sigo libando en mil flores de las que me nutro, intento reunir lo esparcido, sparsa colligo pero leo mucho menos, abandono vastos jirones de la actualidad del saber, no puedo ya agitar mis pseudópodos en todas direcciones y, sin embargo, estoy siempre al límite de la dispersión. Cultivarse es una aventura peligrosa.

     La dispersión es la amenaza permanente que gravita sobre mi apertura y mi búsqueda. Todavía hoy intento, día tras día, aprehender el mundo en su multiplicidad y su devenir. Quisiera detenerme, dejar de instruirme... Todo lo que leo dispersa mi reflexión y, al mismo tiempo, la estimula... Sin embargo estoy desbordado; los textos, artículos, libros que debo leer se amontonan, se esparcen, me ahogan... Pese a mi conciencia cada vez más aguda de lo inacabado y lo inacabable, sigo lanzando mis redes para pescar el océano.

     Nunca dejé de ser un caminante. Mi vida ha sido y sigue siendo una vida móvil, errante, en meandros, impulsada por mis aspiraciones múltiples y antagónicas. He obedecido con continuidad a mis demonios, pero acontecimientos y azares han aportado discontinuidades, transportándome adonde ignoraba que debía ir, pero donde encontraba de nuevo mis demonios. He ido sin cesar de un medio a otro, he circulado por la sociedad, por las sociedades, me he negado a dejarme encerrar en la casta (intelectual, sobre todo). He sido fiel a la «concepción sintética de la vida».

     Creí que mis «travesías del desierto» se alternaban con oasis, de hecho, los oasis del alma y del corazón me acompañaban en las travesías del desierto. He sufrido la alternancia travesía del desierto/oasis como un destino impuesto desde el exterior por las condiciones históricas en las que me he hallado. En cambio, de un modo muy interior, muy personal, he sido animado por los dos demonios contrarios de la dispersión y la reconcentración. Varias veces me he dispersado hasta desparramarme, pero, en mis períodos de reconcentración, he podido reunir o utilizar los materiales adquiridos en la dispersión. Y estos ciclos de travesía del desierto/oasis, de dispersión/reconcentración, de recomienzo, han constituido mi propia andadura.

     No es el camino que yo me tracé, sino el que trazó mi caminar: Caminante, no hay camino, se hace camino al andar.

     No dejé de ser independiente, de estar al margen de cualquier partido, aunque participando cuando lo creo conveniente en las ligas, asociaciones o clubes. Nunca he hablado como experto o en nombre de una mítica autoridad sociológica, sino sólo en mi propio nombre. Siempre me he negado a la denuncia y a dejar al margen del debate a mis adversarios intelectuales. A menudo he permanecido solo porque no pienso de acuerdo con las alternativas y las evidencias de la casta intelectual.

     Y yo soy racional, pero no entre los racionalistas; místico, pero no entre los místicos; tengo fe, pero no entre los creyentes en religión.

     El aumento de la comercialización y el aumento de la selección provocan, sin duda, una disminución de la bio-diversidad intelectual. Sin embargo el sistema no puede prescindir de novedad, de originalidad, de invención, no puede evitar el riesgo cuando quiere beneficiarse de la suerte, y sigue criando en sus cuadras a jóvenes autores. En este mundillo me resulta cada vez más penosa la implacable crueldad de los matones intelectuales, promovidos por la selección darwiniana porque desean ferozmente cada vez más gloria y poder. Aunque no he buscado ni adoptado posiciones de control o de poder, aunque no me he integrado en una red, sin desearlo he hecho sombra a los insaciables que pretenden concentrar en su persona todos los rayos del sol. Sin embargo, gracias a mis amistades, he escapado a varias aniquilaciones.

     Mi auto-ética depende, en cierto modo, de mi carácter, que es más bien bonachón. Sin haber intentado nunca adquirir poder, no he tenido que entregarme a los manejos e intrigas de ambiciosos y asesinos. Naturalmente no pongo zancadillas ni doy golpes bajos. No respeto la ley del hampa. Me siento vegetariano en un mundo carnívoro. Soy ciertamente capaz de malos pensamientos, pero no duran demasiado y basta con muy poco para apaciguarlos. El recuerdo de una fechoría cometida contra mí desaparece, en mí, al cabo de diez años, como si la prescripción se efectuara de un modo natural...

     Mi horror por la exclusión procede sin duda de la experiencia judía, pero eso no basta; los mismos judíos o israelíes rechazan y excluyen a los árabes. Yo había universalizado ya mi aversión por todo lo que ofende, y el autor de Humillados y ofendidos había sabido hacerme aborrecer cualquier humillación infligida a otro, sea quien sea. Odio, pues, el odio, desprecio el desprecio, rechazo lo que rechaza. Jamás realicé ese primer gesto de exclusión que es negar la mano a quien la ofrece. Nunca he anatematizado, nunca he pedido la prohibición de una voz, de una idea, de una música. Así mismo, la prohibición de Wagner tras la declaración de guerra de 1939 en Francia, como esa misma prohibición en Israel, no sólo me parecen absurdas sino también portadoras de un germen repugnante. Para no permitir que la música se contaminara con algo distinto a ella misma, asistí al concierto dado por la Orquesta Filarmónica de Berlín, dirigida por Fürtwangler en Lyon, en 1942 o 1943, concierto que los resistentes habían decidido boicotear.

     Siempre he concedido, naturalmente, la primacía a la amistad sobre los intereses, las relaciones y la ideología. No he roto con mis amigos que, a partir del pacifismo, se habían deslizado, habían derivado hacia la colaboración. La calidad de la persona me importa más que la calidad de sus ideas u opiniones. Como dice Lichtenberg, «regla de oro: no juzgar a los hombres por sus opiniones, sino por lo que sus opiniones hacen de ellos». Mi principio es que la amistad atraviesa las diferencias y las oposiciones políticas. Y porque creo en la amistad ésta es, para mí, trans-política, trans-clasista, trans-étnica y trans-racial.

     Y he aquí, más fuertes que nunca, más complementarias que nunca en su antagonismo, mis cuatro polaridades: la duda, la fe, el misticismo, la racionalidad. Éste es el nudo de «mi» complejidad, complejidad que me ha preocupado siempre, hasta la emergencia del pensamiento complejo.

     El pensamiento complejo no termina con el asombro. Todo me asombra, siempre, cada vez más. Estar aquí, vivir, morir, ver las caras por la calle, mirar mi gata que me mira... Todo es increíble... Mi conciencia se asombra de que yo sea un ser físico, una máquina, un autómata, un poseso, y se asombra de ser consciente entre tanta inconsciencia.

     Estoy rodeado de misterio. Tengo la sensación de caminar en las tinieblas rodeado por galaxias de luciérnagas que, al mismo tiempo, me ocultan y me revelan la oscuridad de la noche.
 


 

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