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¿Qué es el Psicoanálisis?
León Cohen
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HISTORIA E HISTERIA. IDEAS SOBRE EL ORIGEN DE LA TEORÍA SICOANALÍTICA
Publicado en el Suplemento Artes y Letras del Diario El Mercurio Septiembre 1998.

El próximo año se cumplirá un siglo de la publicación de una obra clave : "La interpretación de los sueños" del Dr. Sigmund Freud. Un texto fundamental de la teoría psicoanalítica y de la cultura de nuestro siglo veinte. Coincidiendo con esta fecha se celebrará en nuestra capital el 41 Congreso Mundial de Psicoanálisis, atrayendo a miles de profesionales que estudian y practican esta disciplina a lo largo del mundo. Ambos hechos nos darán la oportunidad de reflexionar no sólo en torno a la teoría psicoanalítica en el contexto específico de la especialidad sino que también con miembros de otros ámbitos de nuestra cultura en general. Una muestra de ello es el exitoso recién finalizado ciclo de conferencias sobre psicoanálisis realizado por la Academia Imaginaria y la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile en que buena parte del público fueron miembros de ésta última.

HISTORIA E HISTERIA. LO INCONSCIENTE

Como se sabe lo clave del psicoanálisis es el desarrollo de una teoría de lo inconsciente. Esta idea surgió a fines del siglo pasado de las investigaciones del Dr. Josef Breuer, médico internista vienés, con su amigo y colega neurólogo Sigmund Freud entorno al cuadro clínico que padecían pacientes histéricos. Ambos descubrieron que los pacientes histéricos, dejados de lado por los neurólogos, no eran enfermos orgánicos sino que sus síntomas eran consecuencia de los efectos permanentes que ejercían en la mente de los pacientes ciertas vivencias traumáticas del pasado que por su carácter contradictorio o inconciliable habían sido "desalojadas" de la conciencia (reprimidas), por lo que no habían podido ser olvidadas : "el histérico padece por la mayor parte de reminiscencias". Por ello es que los síntomas histéricos desaparecían de inmediato y en forma definitiva en cuanto en el paciente hipnotizado se despertaba el vivo recuerdo del proceso provocador junto, necesariamente, con el afecto concomitante a través de la expresión verbal. Este hecho sugería la hipótesis de que habían procesos mentales que permanecían activos en la psique sin que el paciente tuviera conciencia de ello, y sin embargo determinando efectos (p.e. síntomas conversivos) en las vivencias y comportamientos de éste. Esto significaba que tales pensamientos reprimidos no habían tenido la posibilidad de ser elaborados e integrados a la psique por lo que quedaban en la mente como una especie de "cuerpo extraño", siempre pugnando por expresarse conscientemente (retorno de lo reprimido), ya sea a través de un síntoma, de un lapsus, de un sueño, etc. La compulsión a la "reminiscencia" del histérico era entonces, sin más, reflejo de su incapacidad neurótica para olvidar. Las investigaciones mostraban que estos procesos habían perdido la cualidad consciente al ser expresamente desatendidos por la persona (represión). Esta desatención parecía motivada por el displacer o sufrimiento que algunos de estos pensamientos (p.e. de una experiencia traumática) habían generado en la mente consciente del paciente al entrar en conflicto inconciliable con otros pensamientos ( p.e. de tipo moral). Tal concepción traía al final de siglo una nueva embestida contra la idea de una mente controlada por una voluntad consciente y racional. La medicina académica de Viena la rechazó. Más tarde los surrealistas la celebrarían. Entretanto Freud, bajo la influencia del gran médico francés Charcot, dejaba la neurología y decidía dedicarse por completo al trabajo psicológico. Sigismund Schlomo Freud había nacido el 6 de mayo de 1856 , hijo de padres judíos, en el pequeño poblado moravo de Freiberg (actual Pribor). En 1860 la familia Freud se trasladaba a Viena. Más tarde y enfrentando las limitaciones económicas de la familia y el ambiente antisemita de Viena Freud egresaba en forma brillante de la carrera de Medicina en la Universidad de Viena. Durante algunos años se dedicó a la clínica e investigación básica en neurología hasta su derivación a la psicología. Freud organizó toda su vida con rigor en torno a un cigarro y al trabajo. Fue dominado durante su existencia por un ansia de conocimiento y, aunque siempre lo rechazaba, por un alto espíritu especulativo. Más que un terapeuta e incluso un clínico, fue un investigador científico positivista heredero de la Ilustración, de Goethe, Darwin y Newton. Además fue un caballero decimonónico, de gran cultura y erudición, capaz de dar un salto dramático hacia las profundidades de sí mismo y de los demás apoyado en los ideales del trabajo y del conocimiento científico, gracias a los cuales pudo hacer frente a su pudor y a los prejuicios en cuanto le fue posible. Una medida de esta capacidad de saltar se muestra en el concepto fundacional del psicoanálisis : lo inconsciente. La teoría de lo inconsciente sistematiza lo que el sentido común ha apreciado desde siempre : que detrás de la mayoría de las actitudes y comportamientos conscientes de una persona podemos suponer intenciones, pensamientos, sentimientos, que están, en general, ocultos e inadvertidos para la persona misma y para los demás. Esta idea, por supuesto, era muy antigua en la cultura humana. Freud, inspirado por la investigación de los casos clínicos, la transforma en un pilar del paradigma psicoanalítico, en un sistema, siempre inferido, con su propia lógica y "contenidos", con sus propios procesos, funciones y organización, en un mundo activo, efectivo, determinante de los procesos mentales que adquieren conciencia, en el caldo de cultivo de la intencionalidad y de la creatividad, en el punto clave de donde arrancan las riendas de la voluntad y el trasfondo de la espontaneidad y la libertad humanas. Qué es esta idea que desafía la identidad autosuficiente del ser humano y lo coloca en la incertidumbre y en la ineludible necesidad clásica de tener que conocerse a sí mismo ?. No es menos que en la ciencia y en el arte de ese tiempo: el quiebre de la omnipotencia de la voluntad y de la idea de la certeza y del orden objetivos y absolutos. El tiempo de Freud será también el tiempo de Marx, de Nietzsche, de Heisenberg, Breton, Dalí, de Gödel, de Picasso. Ya no más "la" conciencia como el "lugar" privilegiado "donde" las cosas ocurren, "territorio" de la moral y la voluntad. Freud se lamenta de las limitaciones del lenguaje para significar la continuidad temporal de los sucesos y que nos hace "caer" ( incluyéndolo a él) en una sincronía cosificante y discontinua, sustantivando lo que en realidad fluye, lo "verbal" y lo "adjetivo". Esta "caída" en la espacialidad Freud la advierte, pero la declara inevitable en la descripción del modelo tópico expuesto en " La interpretación de los sueños" (1899). Allí describe "la" conciencia, "el" preconciente y "el" inconsciente como "lugares" de donde salen y entran pensamientos y sentimientos como si aquellos fueran sustantivos existentes con el fin de explicar en forma didáctica este modelo. La noción de "modelo" me parece importante en la manera en que Freud conceptualiza la teoría. Freud siempre fue un investigador positivista imbuido de la ética del método científico. Su actitud podríamos expresarla hoy así. Para él los modelos son sólo conjuntos de hipótesis construidas en un lenguaje explicativo posible y a la mano del investigador (p.e. con analogías de la neurología y de la física contemporáneas) y que deben estar siendo confrontadas permanentemente en la experiencia del investigador con su objeto ( p.e. experiencia clínica del analista con su paciente en el análisis). Esto significa que el investigador debe estar siempre abierto a modificar sus hipótesis. En efecto Freud varió sus modelos a lo largo de su vida de trabajo y no fue fácil. Un ejemplo de esto fue el renunciar a la teoría de la seducción elaborada en esos primeros años. No pocas pacientes mujeres histéricas (se) daban cuenta, finalmente, durante la investigación analítica, de haber sido víctimas de un abuso sexual ("trauma") cometido por algún familiar cercano durante su infancia. Era un hecho repugnante para la moral de la capital cultural de Europa (Viena) pensar que miembros de familias de la alta burguesía (origen de muchos de esos pacientes) cometieran tales atrocidades. Era también extraño que fuera tan frecuente y surgieron datos que mostraban que algunas de estas pacientes parecían fabular tales recuerdos. En definitiva Freud dejó de lado la teoría de la seducción traumática. Aún hoy se lo acusa de sometimiento a la moral oficial.

MUNDO INTERNO Y TRANSFERENCIA

Dejar de buscar un suceso traumático reprimido en la memoria del paciente como si fuera un hecho realmente ocurrido y que sería la causa de los síntomas tuvo una consecuencia notable. Que el investigador pusiera atención en el mundo de fantasías del paciente como una realidad interna determinante del mundo psíquico de la persona. La persona podía enfermar no solamente a raíz de una experiencia real externa traumática sino que también por la interpretación de una vivencia normal, influida y distorsionada por el mundo de fantasías internas de la persona, las mayoría de ellas inconscientes. Desde este momento en vez de pensar en encontrar activamente la "verdad" de la historia que lograría generar el alivio y la curación sintomática (método catártico), el investigador atenderá el espontáneo despliegue de los pensamientos, sentimientos, fantasías, sensaciones, recuerdos, etc. a través del lenguaje verbal y no verbal de un paciente consciente (asociación libre) y cómodamente recostado en un diván dándole la espalda al analista. De esta manera se pone el acento en el análisis del mundo interno del paciente. La posición en el diván le permitirá al paciente concentrarse y sumergirse en esta tarea. El tránsito entre el modelo de la búsqueda del "secreto", del "trauma", de la "causa" de los síntomas al modelo de la atención al "libre" despliegue del mundo interno del paciente en el "aquí y ahora" de la sesión analítica, desde el modelo de la cura por la aberración de la experiencia patógena emocional reprimida a través de la influencia hipnótica, al modelo del cambio producto de la integración y elaboración del trabajo interpretativo del analista en el campo emocional de la transferencia generada en el paciente y actuada en la relación de éste con el analista, reflejan la flecha del tiempo de la teoría y técnica psicoanalítica clásica. Ya el análisis no busca la historia verdadera, deja de lado el afán de la objetividad y se centra en el "aquí y ahora" de la experiencia emocional del paciente, en la investigación e interpretación de la transferencia. La teoría de la transferencia es otro de los conceptos centrales, en este caso de los básicos de la teoría de la técnica psicoanalítica. Nuevamente remite a una experiencia familiar al sentido común : que en las relaciones emocionalmente significativas que vivimos en el presente ("aquí y ahora") los seres humanos tendemos a pensar, sentir o actuar de un modo en que nuestro mundo interno, y aún más, nuestras experiencias infantiles claves, tienden a colorear, influir, interferir o francamente dominar tales experiencias del presente hasta el punto de confundir y hacernos distorsionar nuestro juicio de la realidad actual, agravando o determinando conflictos en nuestras relaciones con las personas con las que estamos teniendo tales vínculos actuales de intimidad. El campo emocional de la relación de intimidad del paciente con su analista es un ejemplo específico organizado para que esa experiencia transferencial pueda generarse en el paciente en relación con la figura que del analista el paciente se va haciendo en el tratamiento. Para ello ofrece el análisis un "setting", un encuadre rigurosamente estructurado donde el paciente pueda desplegarse con confianza, un lugar privado y extraordinario (fuera de las categorías de la cotidianeidad ordinaria) donde no va a ser criticado, rechazado, burlado, explotado, manipulado, seducido. Donde sus fantasías transferenciales puedan ser verbalizadas y analizadas, ocasión única de poder conocer y comprender el mundo interno que ellas traen a la relación analítica. Esta "neutralidad" Freud sabia que no podría lograrse con el mero imperativo categórico moral impuesto al analista. Debía ser una actitud interior del investigador. El analista debía analizarse. El primer analista, Freud, autoanalizarse. Los demás con un colega de mayor experiencia (análisis didáctico). Desde sus orígenes los psicoanalistas deben ser pacientes, deben esforzarse en conocerse a sí mismos, en tratar de comprender y aliviar sus propios dolores, en reconocer lo que es suyo y así tratar de diferenciarse de los dolores y pensamientos de sus propios pacientes y así poder atenderlos y comprenderlos sin confundirse ni dañarlos. Es un requisito ineludible para cualquier candidato a analista. La comunidad psicoanalítica se empeña en mantener el estoicismo y rigurosidad freudiana hasta nuestros días, aunque la teoría psicoanalítica se ha desarrollado, desde esas bases, más allá de la teoría freudiana clásica en un movimiento que por lo demás el mismo Freud siempre pronosticó, incluso en lo relativo al futuro papel de la neuroendocrinofisiología y la psicofarmacología en relación con la teoría y el tratamiento psicoanalítico. Hasta hoy han habido tendencias divergentes del oficialismo analítico como la lacaniana, que sin embargo muestra un aprecio esencial por la fenomenología originaria de la teoría freudiana. También el caso de la línea originada en las investigaciones analíticas en niños de Melanie Klein que generó toda una teoría del desarrollo que acentúa aspectos tardíamente atendidos por Freud como es el caso del precoz y central papel de la agresión innata en la formación de la psique humana. O el caso de analistas británicos como Winnicott del llamado grupo intermedio que han dado un rol importante a los recursos que la mente trae y que promueven el desarrollo en el contexto de relaciones suficientemente buenas de crianza madre-hijo. Desde el corazón de la tradición clínica freudiana nació después la teoría de las relaciones objetal es como un modelo que describe la mente como un mundo construido en el desarrollo como una red de relaciones emocionalmente significativas vividas e interiorizadas por el sujeto con otras personas ("objetos" mentales), noción sumamente útil para mirar la constitución de la relación analítica entre analista y paciente, específicamente la llamada "transferencia". Así también la psicología del yo, una de las más importantes en la comunidad analítica norteamericana, con su investigación en esta noción estructural de la mente elaborada por Freud, ha acentuado las relaciones de la mente con la realidad y el reconocimiento de los recursos y esfuerzo adaptativo del aparato mental en el desarrollo y en el proceso de cura analítica. Podemos entonces ver en este siglo un crecimiento de la teoría y técnica psiconalíticas en el contexto de una comunidad que investiga y cambia y diverge en la interrelación con sus objetos de estudio (proceso analítico) y entre colegas (la academia psicoanalítica) y con otros sectores y actores de la cultura (psicoanálisis aplicado), pero que mantiene ciertas bases que desde Freud le dan su identidad : la teoría de lo inconsciente y la teoría de la transferencia.

EL SOÑAR : TRABAJO MENTAL CON UN FIN ADAPTATIVO.

Finalmente quisiera retomar el tema de los orígenes de la teoría psicoanalítica y que vimos en relación con la histeria. En esa época de fin de siglo XIX Freud pensó que si los síntomas histéricos eran productos del trabajo de procesos mentales inconscientes, otro insigne producto mental podía ser investigado en esa misma perspectiva : el sueño. Freud resume su investigación afirmando que también el sueño es el producto de un trabajo psíquico, y como deriva de la teoría del síntoma histérico y de la teoría de lo inconsciente, un producto con significado, es decir, no es el sedimento de una mera actividad caótica ni aleatoria de los circuitos neuronales. Para Freud el aparato mental es un sistema con un propósito práctico : poder resolver la presión de las necesidades corporales y encauzar el apremio de las pulsiones fundamentales (sexualidad y agresión) buscando, en definitiva, en el ambiente externo aquello que permita satisfacer tales necesidades. El logro de esa satisfacción es, según Freud, una vivencia decisiva e imborrable de la memoria y que la mente siempre buscará repetir. Este esfuerzo Freud lo llama "deseo". El deseo, pues, es una vivencia que se busca reanimar día y noche (actualmente la llamaríamos engrama mental), alimentado desde los ciclos corporales, estimulado por las percepciones de la realidad externa, removido por los recuerdos activados por éstas. Cuidado pues con confundirlo con la imagen restrictiva del deseo : el deseo sexual. El modelo psicoanalítico de la mente y del desarrollo de la personalidad no le confiere a la pulsión sexual un rol tan protagónico como el prejuicio popular y desinformado tiende a concluir. De hecho buena parte de la lucha en la cura analítica es frente a la contaminación de una excesiva agresión en los procesos mentales. Vemos que la concepción del deseo como agente motivador permanente es central en la teoría. Por ello es que para Freud el aparato mental debía esforzarse durante la noche para enfrentar la presión de los deseos en un momento en que no están los mecanismos de defensa propios de la vigilia (los llamados "procesos secundarios") y en que el dormir, como período de recuperación fisiológica, no debería ser interrumpido. Ciertamente que la parálisis corporal propia del dormir protege de que tales deseos, ahora más expuestos a su desinhibición, pudieran descargarse en la acción muscular. Sin embargo si la presión fuera excesiva podría llevar a un quiebre de esta situación, hecho familiar a la humanidad : la pesadilla. La idea es que la mente realiza un trabajo de "metabolización" de las presiones cuantitativas de los deseos que se encuentran en especial actividad durante el dormir. Tales deseos, que reciben habitualmente un profundo apoyo energético de deseos infantiles también activados, despliegan su pulsión a través de pensamientos latentes u oníricos que por su carácter inconciliable (generadores de angustia si alcanzan la conciencia) deben sufrir una censura onírica a través de mecanismos de desplazamiento a otras representaciones menos conflictivas y encubridoras de las tendencias del deseo. Un medio de encubrir y a la vez expresar gran significación es el uso de imágenes oníricas por lo que es un material propio del contenido manifiesto de los sueños. Así el sueño sería un producto más del trabajo continuo de la mente cuya peculiaridad consistiría en que se genera en las especiales condiciones psiconeurofisiológicas que el dormir suscita en la persona y aún más, según Freud. con el fin de proteger la misma continuidad de esa condición esencial para la adaptación y sobrevivencia : el reposo del dormir. Así como el analista investigaba el origen del síntoma histérico a través de una exploración de acuerdo con el símil arqueológico, el investigador debe ser capaz de escuchar atentamente el sueño de su paciente tratando de dejar de lado expectativas y prejuicios, y dejando sedimentar sus sensaciones e ideas respecto al material que escucha, y así permitirle al paciente que asocie lo más libremente posible respecto a su sueño. De acuerdo con ello llegará un momento en que tenga una hipótesis respecto al material del sueño y entregará al paciente una interpretación. Que una interpretación sea correcta o verdadera no es la expectativa. El punto es si proporcionó un puente para que el paciente pudiera dar un paso en la comprensión de lo que le pasa, suceso esencial en el proceso de cambio. Un analista lo nota, si el efecto es positivo, cuando el paciente conecta a continuación con un recuerdo infantil u otro significativo, o recuerda un elemento del sueño que permanecía a oscuras o se da cuenta de algo ("insight"), o su trabajo analítico a continuación se vuelve más productivo, o sencillamente pueden no percatarse, ni uno ni otro, del efecto curativo que en la naturaleza de la mente esta interacción produjo, hecho para nada infrecuente en una relación analítica o también humana en general. Podemos advertir que en el origen la investigación de lo inconsciente en los pacientes es coincidente con el proceso de cura. Ayudar al paciente a conocer lo reprimido alivia al paciente y promueve la constitución de una teoría de lo inconsciente, y a continuación de una teoría del aparato mental. Desde esta perspectiva Freud construye una teoría de la formación de los sueños usando el instrumento de la investigación analítica desarrollado desde los años del estudio de la histeria. De esta teoría se sedimenta una teoría tópica del aparato mental. Son los orígenes de la teoría y la técnica psicoanalíticas. La investigación y la cura, la teoría y la técnica se siguen entrelazando en un diálogo centenario inspirado en el espíritu del estoico Profesor Freud.

LA CURA POR LA PALABRA

Hace un poco más de un siglo el neurólogo Dr. Sigmund Freud y el médico internista Dr. Joseph Breuer conversaban respecto al cuadro clínico de la paciente Anna O. El Dr. Breuer la había comenzado a tratar unos años antes por una histeria. La había escuchado atentamente, día tras día, dejando de lado la idea de que se trataría de una mujer con el cerebro enfermo. Al hablar, Anna O. se aliviaba y habían síntomas que se reducían. Entonces Anna comenzó a llamar su conversación con Breuer como "cura por la palabra". En el ánimo de profundizar la cura Breuer decidió someterla a hipnosis. Vio con asombro como la paciente recordaba situaciones que en la vigilia consciente le eran desconocidas y como esto generaba la desaparición de síntomas asociados con lo confesado. ¿Cómo era esto posible?. Luego de la conversación Freud quedó intrigado. Es probable que no sospechara en ese momento adonde lo iba a llevar este interés. Entre ambos comenzaron a reflexionar sobre el tema. La paciente había vivido ciertas experiencias dolorosas que le habían sido intolerables y tuvo que sacárselas de la mente. Pero no se trataba de un simple olvido. Era un esfuerzo mental para evitar el intenso dolor o la angustia abrumadora. La paciente reprimía, pero quedaba enferma. Al parecer esas experiencias seguían perturbándola desde algún "lugar" en que continuaban activas como un pasado presente y efectivo aunque escondido y expresándose a través de los síntomas, fuera del conocimiento consciente de Anna O., más "allá" o más "adentro" de ella. ¿Era posible tal dimensión?. Mencionada innumerables veces por poetas y magos resultaba peligroso postularla como una hipótesis de trabajo en un cuadro médico. Entonces había que investigar, estudiar y aplicar el método científico. Como resultado de varios años de trabajo plantearon una teoría psicológica de la histeria y un incipiente método de tratamiento. La mente, abrumada por el dolor o la angustia, reprime, es decir, saca del a conciencia (desatiende)lo traumático. Sin embargo estas experiencias, registradas en la memoria como imagen y como emoción, siguen activas escondidas de la conciencia, pero expresándose indirectamente a través de síntomas, muchos de ellos corporales. La duración de los síntomas significaba que la represión era un esfuerzo mental persistente y por ello los síntomas también lo eran. Se dieron cuenta que el esfuerzo represivo consistía en evitar que la persona pensara en algo que podría perturbarla enormemente. Por ello el camino debía consistir en ayudar al paciente a hablar y a asociar, lenta y cautelosamente, a la manera de un detective o un paleontólogo, en busca de las raíces ocultas de los síntomas. Había que actuar con cautela pues el desocultamiento de la raíz traería salud pero antes el desnudamiento del dolor. Por ello había que acompañar con prudencia, respeto y empatía. De esta manera la persona volvería a ser capaz de pensar en lo que no podía pensar, ya restituir a su mente una parte que por dolor mantenía disociada. Breuer y Freud construían así los pilares del psicoanálisis. Una teoría del inconsciente, una teoría psicológica de la histeria, un método psicológico de tratamiento y luego la proposición de un modelo de la mente en que los conceptos de memoria, yo, pensar y el carácter consciente e inconsciente de los procesos psíquicos eran los centrales. En "La Interpretación de los Sueños", texto clave de 1899, Freud, ya que Breuer había vuelto a su trabajo meramente médico, expone que también los sueños son productos de procesos inconscientes motivados por deseos infantiles, por lo cual tendrían significado emocional, el que igualmente podría investigarse e interpretarse. La aventura psicológica de Freud estaba lanzada. En las siguientes tres décadas del siglo investigaría profusamente en extensión y profundidad la psique humana y su cultura desde la perspectiva de este nuevo paradigma. Mantendría una permanente interacción entre la investigación clínica y la teórica, reformulando la segunda en virtud de la primera, fiel al método científico. Ciertos temas se hicieron emblemáticos. A raíz de los estudios de casos de histeria apareció el tema de la sexualidad. Como componente de experiencias traumáticas reprimidas de pacientes histéricas, como pulsión determinante en la energía mental y sustento del placer que se busca en la satisfacción, como elemento clave del desarrollo de la personalidad y protagonista de sus fases de desarrollo desde los primeros años de vida, entre ellas del famoso complejo de Edipo, matriz organizadora de la mente y que nunca parece dejar de influir en nuestras vidas. El concepto de sexualidad infantil fue chocante para la sociedad europea. Hasta ahora la opinión desinformada o prejuiciosa confunde teoría psicoanalítica con pansexualismo. Un aspecto de la identidad es la sexualidad pero hay otros aún más preocupantes en la patología. Es la agresión. Bien haría esta opinión prejuiciada en preocuparse de la agresión voluptuosa que se exhibe sin problema alguno y con pleno deleite en nuestros medios de comunicación y en nuestras calles. Esta pulsión, tan biológica como la sexualidad, impregna nuestro desarrollo mental y con ello nuestra cultura. Cuando, desde temprano, contamina con todas sus armas el incipiente aparato mental, lo fractura o, a lo menos, lo debilita, dejándonos frágiles frente a las exigencias de la realidad y expuestos a las presiones biológicas y a la enfermedad. La agresión juega un papel decisivo en la dinámica psicológica de patologías como la melancolía, en las perversiones y en el narcisismo. En general se deja ver en la conocida por todos compulsión a la repetición, insólita tendencia universal que tienen ciertas historias de nuestro pasado a repetirse en el presente aunque nos lleven al dolor y a la destrucción. Freud se preocupó tarde del tema de la agresión. Sus seguidores lo han investigado extensamente. Otro concepto emblemático es la transferencia. Este factor es central en la técnica psicoanalítica. Es propiamente el campo en el que trabajan psicoanalista y paciente. Es una experiencia de éste último, básicamente inconsciente, en la que éste revive, en las circunstancias especiales en que se desenvuelve el psicoanálisis, ciertas relaciones emocionales infantiles. Muchos vínculos humanos están siempre impregnados de esta condición, sobre todo aquellos con un fuerte compromiso emocional y vital. En la vida de las personas uno puede encontrar una verdadera compulsión a repetir antiguos modos de relaciones. Como es de imaginarse si algo dañino del pasado infiltra, sin que nos demos cuenta, nuestras relaciones reales actuales, puede llevarnos a una seria confusión y pérdida. Cuando esto ocurre en el tratamiento lo interfiere (resistencia).El analista, como actitud clave, se dedica a intuir e investigar en la transferencia que el paciente trata de actuar en la sesión para así, en el momento adecuado, mostrársela (interpretación). La comprensión de este hecho generará un cambio en la resistencia del paciente, y en general en sus procesos psíquicos, permitiéndole poder pensaren forma más productiva, verdadera y real. Desde muy temprano Freud se percató del papel esencial de la personalidad del médico en este tratamiento, como lo sabe, o como debería saberlo, todo médico. La entrega en libre asociación por un tiempo prolongado y frecuente (tres, cuatro o cinco veces por semana) de la intimidad de una persona implica para el analista una responsabilidad enorme, no sólo técnica si no que también ética. Hasta hoy los analistas deben someterse no sólo a una larga formación teórica y a la supervisión de sus pares sino que a un prolongado psicoanálisis personal realizado por un analista experto. Todo esto permitirá al analista escuchar a su paciente evitando el prejuicio o la racionalización apresurada, la tentación de adoctrinarlo o seducirlo, el peligro de maltratarlo o explotarlo. A lo largo del siglo las ideas psicoanalíticas freudianas fueron llamando poderosamente la atención. Médicos y personas de intereses humanistas y psicológicos se acercaron a Freud, se fueron formando grupos de estudio los que con el tiempo fueron generando asociaciones psicoanalíticas en diferentes países de Europa y de América. Freud se fue transformando en una figura intelectual mundial y sus escritos en fuente de estudio, polémica y enorme atractivo. Los artistas de la época, florecientes y radicalmente transgresores de la cultura occidental (surrealismo), veían en el psicoanálisis un espacio de comprensión y estímulo, aparte de un compañero de ruta en la revolución moral. Freud, caballero vienés decimonónico, médico y científico, nunca tuvo amistad con ellos. Su vida familiar burguesa sólo pudo ser alterada por la invasión hitleriana que lo obligó a emigrar a Londres donde moriría luego de un largo cáncer bucal. Su gran porfía, que lo llevó a persistir en una investigación que cambiaría ciertas perspectivas de la cultura humana, también lo llevó a conflictos de poder con colegas con los que tuvo quiebres definitivos (Jung) y a no abandonar nunca su cigarro, compañero de trabajo de toda la vida. Viejo estoico, valiente y honesto hasta sus últimos días Sigmund Freud murió el 23 de septiembre de 1939.  


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