Literatura
H G Wells: la ciencia de la ficción
Oliver Eduardo López (*)
suceso60@hotmail.com

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Herbert George Wells Vida y obra - Para qué sirve la ortografía

. H G Wells, el padre de la ciencia ficción
. H G Wells en inglés

Fuente Artnovela

Hoy en día al hablar de Ciencia Ficción se piensa siempre en cine de efectos espectaculares, en el espacio de los astronautas, en el futuro o pasado fantásticos, lleno totalmente de irrealidades. Pero no es así del todo, me atrevo a decir que más que eso es, tanto más, que a veces resulta que se confunde con lo real, sobre todo cuando se trata de los relatos de Ciencia Ficción considerados como clásicos. Salomón Derreza en su ensayo sobre Vivir o morir en el siglo XXI, dice: “La ciencia se ha convencido de que la Ficción no es sino el nombre que los sabios le van dando a ciertas verdades para disimular su ignorancia.” Es decir, lo que aparecía dentro de un genero literario como pura fantasía, imaginación, incluso utopías, resulta que ahora forman parte de proyectos científicos objetivos, tecnologías y verdades evidentes.

Por ficción entendemos: la acción y efecto de fingir o simular, esto del latín Fictionem, es decir, el esconder, el ocultar, que también se asocia con la creación, con el inventar imaginando, entonces ese genero literario que se ha llamado Ciencia Ficción, sería: el crear o imaginar la ciencia de modo disimulado, de una manera oculta, o sea, plantear desde la imaginación o por medio de ella, lo científico. Pero más que lo científico, la aplicación de la ciencia, la tecnología con el discurso literario. Aunque el planteamiento científico-tecnológico literario, no sea considerado como propio de la ciencia, ésta no olvida nunca, que para el desarrollo de los proyectos científicos, siempre es necesario dentro de tantos elementos, la aplicación de lo imaginario. Carl G. Hempel afirmaba lo siguiente: “...en la ciencia no hay reglas de inducción generalmente aplicables por medio de las cuales se puedan derivar o inferir mecánicamente hipótesis o teorías a partir de los datos empíricos. La transición de los datos a la teoría requiere imaginación creativa. Las hipótesis y teorías científicas no se derivan de los hechos observados, sino que se inventan para dar cuanta de ellos....” Para aclarar un poco mas el papel de lo imaginario en la ciencia basta con decir que la NASA pone ahora en marcha el proyecto Tecnologycal Innovations From Science Fiction to be Applicated on Space: que consiste en el análisis de obras de Ciencia Ficción mas comprometedoras, para buscar en ellas inspiración para futuros desarrollos.

Al hablar de la literatura de Ciencia Ficción nunca puede quedar fuera la obra del Ingles Herbert George Wells (1866-1946) en donde en sus más de cien títulos esta presente la imaginación científica, la utopía, lo tecnológico, el asombro, la ficción; además de lo político, lo social y filosófico. Hay quienes dicen que el fundador de la Ciencia Ficción es Julio Verne, pero Verne estaba más cercano en su escritura a lo que es la aventura que a la ciencia; y lo que hace es una narración de aventuras-imaginaria con los elementos básicos de una verificación y aplicación de las hipótesis científicas contemporáneas. Evidentemente Verne fue quien abrió el camino hacia el género, era un escritor distinto a los demás por incluir en su obra ciertos elementos cientistas. Pero es solamente Wells el primero en explorar ese genero al que Verne dio posibilidades. Por ello que no se equivoca Oscar Wilde al decir en 1899 que Wells es un Julio Verne científico. Sin embargo es Wells quien más allá de relatar aventuras invita a la reflexión filosófica mucho más directamente, a la conciencia de lo social, a la imaginación científica, incluyendo las posibilidad de progreso, un ejemplo de esto es la antiutopía, uno de los temas de Wells en donde lo importante no será tanto la construcción imaginativa del discurso científico-social, sino de la discusión y la polémica —incluso las consecuencias que aquejan a la sociedad— a causa de la ciencia. Se abrirá, podemos decir, una escuela de seguidores a este genero inspirados en H. Wells, por ejemplo el Ruso E. Zamiatin, antiutopista que en 1927 publica su novela “Nosotros”, luego le seguirán en esta corriente un poco más filosófica y política, “Brave New World” de Aldous Huxley, “1984” de George Orwell, y Utopía Moderna del mismo Wells, estas de las más citadas e importantes, entre otras.

Consideremos que la ciencia ficción nace con Wells teniendo como antecedente más próximo a Verne aunque Wells habla de sus relatos como Scientific Romances, no es sino hasta 1927 que Hugo Gernsback acuño inicialmente el término “Scienti-Fiction”, en ingles. De ese género no escapo Wells.
Para quienes leemos a Wells, no podemos negar la genialidad de ese hombre, preocupado por su tiempo y también por el futuro de su tiempo, sobre todo por el impacto de la ciencia en la vida cotidiana. Wells creía en las maquinas como instrumento humano. Decía Wells: Platón ...imagino todas las posibilidades de un estado político, pero no tuvo idea de la importancia que tienen las maquinas para la organización humana y la política misma... Pero no todo invento humano es perfecto, eran los pensamientos de Wells, porque las creaciones materiales reflejaban las condiciones de su creador, si las maquinas eran destructivas e imperfectas, era por que la sociedad es destructiva e imperfecta. Ante todo vemos en este autor su descontento por el uso de las tecnologías, por el sistema social de su tiempo, por ello imagina siempre con los pies en la tierra, mirando su época, su espacio y de acuerdo con ello las posibilidades de cambio hacia un futuro.

También en la obra de este Ingles encontramos anticipaciones a algunos de los inventos científicos y a algunos acontecimientos socio-políticos que posteriormente veremos realizados, no es de extrañarse pues que en el relato The land Ironclads, encontremos la exacta descripción de un tanque de guerra de los que más tarde serán utilizados en la primera y segunda guerra mundial por Inglaterra y Alemania. Detalles como este se prestan a que surjan de pronto lectores con una visión mas bien mística que científica o literaria. Wells nos habla ya a finales del siglo XIX de las pretensiones de una guerra bacteriológica en el The Stolen Bacillus. Al grito de ¡Vive l’ Anarchie! Un francés pretende robarse de un laboratorio la bacteria del cólera y extenderla a toda la población. Este anarquista es engañado por el científico que custodia la bacteria, quien la cambia por otra sustancia inofensiva. Vemos pues que Wells alude a las consecuencias que existen al que los científicos tengan en su poder la crianza de materiales biológicos y químicos, peligrosos puestos en manos incorrectas o incluso de ellos mismos. Habla de un cólera, hoy sabemos que es Gripe, Sida, Ántrax, etc, etc. En La Isla del Doctor Mareau, nos advierte otra vez el autor, las consecuencias de que se lleve a cabo una manipulación genética desmedida en manos inmorales y de personas inadecuadas, hoy, la polémica sobre la clonación humana. Podemos ver que Wells es un visionario de la ciencia, nada fuera de lo común para él, alumno de la Normal School of Science, y con el elemento científico primordial a la mano: la imaginación desbordada.

Toda la obra de H. G. Wells esta llena de imaginación científica, por ejemplo El Hombre Invisible, La Maquina del Tiempo, La Guerra de los Mundos, La visita Maravillosa, Los Primeros Hombres en la Luna, Kipps, Tono-Bungay, La Historia de Mr. Polly El amor_y Mr. Lewishan El nuevo Maquiavelo, El señor Brithing, Dios, Rey invisible o Juana y Pedro, . Anticípaciones, La humanidad en formación; entre un centenar de cuentos y ensayos.

No es mi intención aquí hacer un comentario directo de las obras de Wells, sino más bien hacer un comentario como lector que soy, de la obra, de esta genialidad inglesa de las letras, del gran pensamiento de G. H. Wells. Y sí, volver a repetir, que en este caso la literatura es el punto de partida hacia la realización de la ciencia tecnológica, que donde comenzó como imaginación imposible, se convierto en realidad posible, también que existe el reflejo de una sociedad, una política, sus limites y sus alcances, la humanidad puesta en el relato, la crítica, la imaginación; pues finalmente, es creación humana.

Wells hace de la Ficción una Ciencia, planteando lo no oculto dentro de lo oculto, es decir, la ciencia positiva en la fantasía, lo verdadero en lo posible, lo imposible en lo verdadero y viceversa; tiene los datos, el camino hacia la teoría es la novela, el relato, el cuento, la imaginación, lo demás aparece con el tiempo

*Estudiante de la Unidad Académica de Filosofía de la Universidad Autónoma de Zacatecas


H G Wells, el padre de la ciencia ficción

Más alucinado que maldito o heterodoxo, H. G. Wells es, junto con Julio Verne, el "padre" de la ciencia ficción. Una de las claves de su gran obra, aquella que nace de la convicción de que la especie humana -al igual que el resto de las especies- es el resultado de un proceso evolutivo, hay que buscarla en sus días de estudiante de Biología en la Universidad de Londres (1888). En sus aulas, el futuro escritor fue el más agradecido discípulo del biólogo Thomas H. Huxley, quien -además de abuelo de Aldous Huxley- fue el mayor propagador de las ideas de Charles Darwin que tuviera la docencia inglesa en las postrimerías del siglo XIX.

Nacido en Kent el 11 de septiembre de 1866, la Herbert George Wells fue familia modesta. Ya autor aclamado, su extracción social habría de inspirar algunas de sus más célebres antiutopías, a la vez que le llevaba a ingresar en clubes como el de los Fabianos, nacidos para la difusión del socialismo en Inglaterra. Redimido por la educación -Wells siempre fue un gran amante de la cultura- una beca le sacó del taller textil en que era aprendiz para llevarle a la Normal School of Science de Londres. No obstante, pese a su avidez de sabiduría, no superó su examen final.

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Maestro de provincias

Maestro el mismo en una pequeña escuela de provincias, en 1893 abandona la enseñanza para dedicarse por entero a la literatura. "La máquina del tiempo", la primera de sus grandes novelas, aparece en 1895. Su protagonista, merced al prodigio aludido en el título, tiene la oportunidad de viajar en el futuro hasta el final de la humanidad y del planeta. Antes de asistir a la auténtica consunción de los siglos, será testigo de cómo la evolución ha obrado en contra de nuestra especie, dividiendo a los hombres en dos clases: los "eloi", tan bellos como inútiles, y los "morlocks", tan rudos como trabajadores. Siendo la época de la publicación de "La
máquina del tiempo" aquella en la que libraban sus más enfebrecidas batallas la lucha de clases, huelga decir el éxito obtenido por Wells en su primera novela.

Su siguiente ficción, "La isla del doctor Moreau", aparecida en 1896, vuelve a dar prueba del interés de Wells por los problemas de la evolución. Pieza fundamental de ese inquietante subgénero que es el de los doctores locos, el que aquí se nos presenta ha realizado los más terribles experimentos con animales a los que ha querido dar forma humana, llegando a conseguir únicamente unos híbridos a mitad de camino entre el hombre y la bestia. El aplauso que despertara en su primera entrega no tarda en verse revalidado.

Novelas de tesis

Otro científico loco, cuya ambición también será su perdición, es el protagonista de "El hombre invisible" (1897). Las mejores páginas de nuestro autor prosiguen en "La guerra de los mundos" (1898), donde narra una invasión alienígena ante la que se verá impotente la humanidad. Finalmente serán nuestros gérmenes quienes nos salvarán de los marcianos. El Wells que sienta las bases de la ciencia ficción, el gran Wells sigue adelante en títulos como "Cuando el durmiente despierte" (1899), "Los primeros hombres en la Luna" (1901) y "El alimento de los dioses" (1904). A partir de entonces, el interés de nuestro autor por esta clase de ficciones va dejando paso a una nueva inquietud por la realidad. No en vano, en 1903 ha pasado a formar parte de los
Fabianos, asociación en la que coincide con George Bernad Shaw y otros grandes intelectuales de la época.

El resto de su larga vida -murió en Londres, el 13 de agosto de 1946- lo dedicó a una copiosa producción de novelas que podríamos llamar de tesis, tesis de marcado carácter social. No falta entre ellas algún título de ciencia ficción en el que se atisba el esplendor de sus primeras páginas. Tal es el caso de "The Holy Terror" (1939) antiutopía ambientada en un tiempo de carismáticos dictadores. Pero la prosa de H. G. Wells ya no tiene el esplendor de antaño. De hecho, en su bibliografía del siglo XX, tienen más peso las novelas biográficas -"Kipps" (1905)- o seudofilosóficas -"Mundos nuevos en lugar de los viejos" (1908). Ya cuarentón, parece ser que a H. G. Wells le interesaron mucho más las damas que la anticipación. Así, John Clute, en su "Enciclopedia de la ciencia ficción" apunta: "Su piel olía a miel. Amó a sus esposas, pero se acostaba con cualquier mujer que (embriagada por el olor a miel) le hiciera un sitio en su cama".

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