Literatura
La sensualidad en la literatura brasilera
Ronaldo Costa Fernandes

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En todas las literaturas está presente el elemento erótico, incluso es parte de la naturaleza humana antes que de las artes.
Y si éstas reproducen simbólicamente la vida exterior, nada es más natural que la sensualidad traspase gran parte de la expresión literaria de muchos países. La sensualidad, debemos decirlo desde ahora, no se restringe a las descripciones eróticas de escenas o de cuerpos, sino más bien a la exuberancia al describir paisajes y comportamientos psicológicos. La sensualidad descriptiva de los románticos que abusan de las comparaciones físicas entre el palpitar de la naturaleza y el sentir de las heroínas del siglo pasado debe incluirse en la esfera de los comportamientos que acarrean la sensualidad. Hace años escribí un artículo donde señalaba que en Machado de Assis, además de las descripciones de cuellos y brazos de sus personajes, existe una profusión de ideas, un goce del pensamiento, un ejercicio casi sensual y desbordante de metáforas que se acumulan en una voluptuosidad de la razón. Luego, en cada libro se presenta un determinado tipo de sensualidad que no elimina a las demás, sino que se ven las distintas fases de la sensualidad en un mismo texto. Se podría decir que la sensualidad es un procedimiento de la vida social de los seres humanos y que está en todos los gestos y actitudes de la vida cotidiana y aún en los más reservados y recónditos como en la vida intimista del pensamiento.. 


Intentaremos observar cómo se realiza en la literatura brasileña el surgimiento de la sensualidad en un pueblo que se cree poseedor en su vida habitual de varios elementos que denotan una sensualidad a flor de piel. El brasileño creó un mito de sí mismo: la sensualidad se halla en los platos picantes, en la samba, en el calor de los trópicos y en los ocho mil kilómetros de playas. Y aun en la forma de caminar, de hablar, de vestir y en el mestizaje, Este fue el modo que encontró para valorar su cotidiano y descubrir virtudes donde los prejuicios europeos pudieran acusar la degeneración. Una actitud de defensa que acabó siendo bandera de brasileñidad que el pueblo presenta como mucho más que su identidad. Es la forma de individualizarse, una manera de reaccionar, una sobrevivencia que terminó siendo un rótulo y una autoestima muy preciada.

 

Al pensar en la literatura debe hacerse una observación de cuño conceptual: la literatura es una representación erudita y el discurso literario está mucho más elaborado que las otras expresiones artísticas populares. Los elementos de la cultura de un pueblo se presentan en la literatura no sólo de manera simbólica sino también escamoteados; es necesario una lectura suplementaria para descodificarla y hallar su filón inicial. La música popular y otras manifestaciones artísticas de gran consumo que dispensan mediaciones o rodeos están comprometidas con la realidad inmediata a través del gusto popular y momentáneo mucho más que la literatura que se destina a un público más restringido y más exigente. La sensualidad que puede aparecer en una escena de una película o en la letra de una canción puede no ser tan explícita para el lector, sin embargo puede estar llena de la misma fuente y de la misma visión conceptual de la realidad. En una escritura elegante y metafísica como la de Machado de Assis, quien escribió en el siglo pasado bajo la influencia de los escritores ingleses, no existe una visión desbordante y plena de sensualidad conceptual como llamaremos a aquella escritura producto de la autopercepción cuando señalamos al brasileño que se ve a sí mismo como un pueblo sensual. Sin embargo, un escritor más sencillo, el romántico José de Alencar, quien significativamente buscaba una literatura de expresión nacionalista, no sólo en la forma gramatical de escribir sino también en los temas regionalistas e históricos, la sensualidad se revela no en la forma explícita de las descripciones de cuerpos y escenas, sino más bien en lo fornido de la naturaleza, en la exuberancia del concepto primero de la novela y en la temática voluptuosa. Desde otro punto de vista, se podría decir que la sensualidad en José de Alencar es una sensualidad ingenua, la del buen salvaje, donde naturaleza y personaje buscan fundirse en un mismo elemento. La sensualidad ingenua es prelógica, instintiva, natural. No será la sensualidad de un Jorge Amado, donde los personajes practican sexo y el autor sugiere un instinto, una libido salvaje y alegre. En José de Alencar la sensualidad vienen como parte innata del hombre sin estar contaminada por la cultura - Iracema, la heroína que da el nombre a la novela se encuentra con el portugués en un simbolismo de la conquista de América. 

 

Ya adelantado el siglo XX, se puede observar no sólo en un autor sino en un movimiento estético como fue la Semana del Arte Moderno del 22, que la sensualidad pasa a ser alegre, holgazana, sin prejuicios. Macunaíma es el personaje simbólico de este momento. En toda la novela, el personaje "juega", en un eufemismo de "hacer el amor". Sexo sin compromiso, actividad glandular, mezclado con una actitud de revalorización de nuestras raíces. Macunaíma, el héroe sin ningún carácter, blanco, negro e indio, va a representar un momento no sólo de la literatura sino también de nuestras costumbres donde habrá mayor libertad en la manera de tratar el tema. Mario de Andrade va a encarar la sexualidad de modo menos bromista. En la novela Licao de Amor (Lección de Amor) cuenta la historia de una institutriz alemana quien es contratada para dar clases a un muchacho de familia acaudalada. El padre la contrata para enseñarle las letras y también para iniciarle en las artes del amor. Mario de Andrade saca la sensualidad de la esfera de la holganza popular, de las raíces ancestrales y la transporta para la ciudad grande, para la clase burguesa de Sao Paulo. Sin embargo, no será una sexualidad oprimida, aunque esté dentro del contexto educativo. Es sexualidad con una función pedagógica y vista con una dosis de curiosidad e ironía, mas nunca con opresión o desvío. 
 

Iniciada la década siguiente, la de las novelas del ciclo regionalista, vamos a encontrar dos ejemplos opuestos de sensualidad. Justamente la de Jorge Amado, de quien ya sugerimos algunas características, y la de Graciliano Rarnos, con su difícil y problemático abordaje de la sensualidad. En Graciliano Ramos, todo está filtrado por el lente de la vida agreste del sertón nordestino. Incluso en las novelas urbanas, como es el caso de Angústia (Angustia), el universo del autor no puede escapar a las dificultades de la convivencia, de la sensación de derrota de sus personajes-narradores. En Angústia hay dos tipos de sensualidad: la que se describe y la psicológica. Describir el cuerpo de Marina, mostrar cómo se agarran, hablar de las relaciones sexuales de los vecinos, todo esto es muy diferente al comentario del narrador sobre estos mismos hechos. El narrador-personaje es abandonado por la vecina, Marina, de quien se enamora, la cual va a ser la causa de sus celos enfermizos que le llevarán a cometer el asesinato de su rival. Durante toda la novela, existe un clima de tortura, de rebeldía, de dificultad para realizarse socialmente. Luis de Silva, el personaje narrador, es un ser mediocre, que es- cribe para un periódico y trabaja como empleado público, gana poco, vive mal, acompañado únicamente por un loro y una vieja sirvienta que le roba las monedas para enterrarlas en el patio.

 

Actualmente, hay un escritor que posee las características de un literato universal: Rubem Fonseca. La literatura urbana, en todo el mundo, presenta casi los mismos rasgos, una vez que trabaja con el mismo escenario y casi con la misma psicología. Es mucho más difícil encontrar una identidad en la literatura de tipo urbano que en la temática regional. Asimismo para descaracterizar la literatura de Rubem Fonseca existe el hecho de que la misma busca aproximarse a la literatura policial que, por sus características (realismo, descripción objetiva, deducción lógica), tiende a una homogeneización de los temas e incluso de estilos. La violencia en los cuentos y novelas de Rubem Fonseca aliada a la sexualidad pertenece a una gama muy importante de autores, principalmente a los autores norteamericanos. No existe allí ningún comportamiento "brasileño" que pudiera contribuir a nuestro análisis. Es un mundo cada vez más pequeño y homogéneo, Los personajes principales masculinos priápicos de Rubem Fonseca, que son al mismo tiempo cultos y brutales, podrían estar en Nueva York o en Tokio. Es en los diálogos y en las hablas femeninas donde la sexualidad se muestra más delicada y puede advertirse algún tipo de comportamiento de la mujer - principalmente joven - que vive en las grandes ciudades como Sao Paulo o Río de Janeiro. Acosada, frágil, insegura, dependiente, revela su formación en una sociedad que se cree liberal pero que deja aquí y allá transparecer perfiles nítidamente conservadores. 

 

¿Existiría, de modo especial, una sensualidad distinta en cada país? Hay evidentemente manifestaciones culturales que se revelan a través de la sensualidad, o mejor dicho, la sensualidad es un signo cultural y por esta razón expresa otros elementos de la cultura de un pueblo. En la época de la novela regionalista, el hecho era más visible. Todos sabemos que el campo reacciona más a los cambios y se muestra, por su aislamiento, rico en diversidad cultural. La ciudad es más homogénea: los signos de la cultura de un pueblo no son presentados en el baile, en la música, en los esparcimientos y fiestas religiosas sino en la tenue psicología de los personajes, en la emisión del habla de los personajes, sobre todo de los más populares, Hoy en día siguen existiendo expresiones diversas de sensualidad en la literatura brasileña. Para contrastar con el urbanismo de Rubem Fonseca, Jorge Amado y su discípulo bahiano Joao Ubaldo Ribeiro siguen la línea de la sensualidad negra, mezclada con el misticismo del candomblé y que se revela entre comidas picantes y cuerpos sudorosos. Ahora que están de moda las novelas históricas, o las novelas ambientadas en siglos pasados, vuelve una sensualidad de otra época. 

 

Los ojos y la narración pertenecen a un autor del siglo XX, sin embargo su exposición busca asemejarse al tiempo establecido. Luego, vuelve una cultura sensual del pasado contada con la osadía del presente. Esta tensión es sugestiva e interesante y en ella se puede observar una liberación mayor porque el autor no olvida el siglo en el cual vive y escribe. Al intentar rescatar la antigua sensualidad se crea una tensión natural y el texto sufre un hibridismo fructífero: existe la "historia" de la sensualidad brasileña y al mismo tiempo una crítica de la misma. En Memorial de Maria Moura (Memorias de María Mora), Raquel de Queiroz cuenta la historia de una mujer que hereda temprano las tierras de los padres fallecidos, asesina a su padrastro que la violó y se vuelve una señora poderosa y temida, de garrucha en la cintura. Se esconde ahí una visión modernamente feminista en contraste con la natural represión de la época y que ninguna novela de aquel momento describiría con las mismas palabras y escenas. A esto se debe añadir el recurso del monólogo interior que casi llega a un flujo de conciencia que ningún autor del siglo pasado empleó dado que es una característica de nuestros tiempos. 

 

Si llegamos a la conclusión de que la sexualidad no se agota en sí misma sino que la sexualidad no se agota en sí misma sino que señala un comportamiento social y que a través de ella se podrán observar hechos culturales, la sensualidad - o la forma de presentarla - cambiará sustancialmente con la época. La literatura, como fenómeno social, acompañará entonces los cambios aunque exprese el mismo y viejo instinto. La literatura actual - no sólo la brasileña sino la de todos los países, en general - tiende a una sensualidad sin represión y carnal, cambiando únicamente el comportamiento psicológico de los que la practican. Es un mundo donde la sensualidad gana cada vez más espacio, principalmente cuando se entiende como fenómeno global y no sólo fruto de un deseo sin contexto. La sensualidad aparentemente mecánica de un Henry Miller se justifica en una sociedad que vende y hace negocio a través y con el sexo. Es válido contar aquí también las transgresiones sociales de las narrativas donde el personaje principal es homosexual. No es el sexo como elemento erótico destilado aquí y allá en escenas de alcoba, sino el sexo como tema de una difícil socialización. La sensualidad sale de las paredes del cuarto para el panfleto. En fin, para concluir, la sensualidad desplazó su papel auxiliar y decorativo transformándose en el cierne de muchas narrativas en este siglo, coincidiendo con los descubrimientos freudianos, el fin de la represión social y las conquistas de las minorías. Cuando ocurre este desplazamiento, la sensualidad se impregna de símbolos, no siendo tan sólo un instinto revelado en las páginas de un escritor que carga, como se dijo anteriormente, las tintas del erotismo.
 

Ronaldo Costa Fernandes

Nació en Sao Luis de Maranhão, Brasil, en 1952. Es autor de una obra narrativa de personal estilo. Entre otros títulos, destacan en su producción El ladrón de cartas, y Noticias del Horto, publicada recientemente por Monte Ávila Editores. En 1990 ganó el Premio Casa de las Américas con su novela El muerto solidario. En Caracas trabaja como director del Centro de Estudios Brasileños de la Embajada de Brasi

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