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Richard Nixon, o la arrogancia del poder: 30 años después del Watergate (1974-2004). Parte 1

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Parte 1 / Parte 2

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- Carlos Sánchez Hernández -
El perfil personal | Los inicios políticos | La Vicepresidencia (1953-61) | Las elecciones de 1960: Nixon Vs JFK | La Guerra de Vietnam, las elecciones de 1968 y “la mayoría silenciosa”: la Presidencia (1969-74) | El estilo de Nixon y “los hombres del Presidente” | El escándalo Watergate (1972-74) y el Impeachment | El significado y la lectura del Watergate | El balance de la figura de Nixon

El pasado Agosto de 2004 se cumplieron treinta años de la dimisión de Richard M. Nixon, como resultado de la culminación de una serie de sucesos que desembocaron en la crisis institucional más grave de la democracia estadounidense, y un peligroso precedente para la democracia moderna en todo el mundo: el Escándalo Watergate (1972-74)

Aprovechando el título de la obra del autor norteamericano, Anthony Summers, “Nixon, o la arrogancia del poder”, trataremos en este artículo no sólo de perfilar la figura histórica y el semblante del 37º Presidente de los Estados Unidos, sino de desgranar qué fue, en qué consistió, y cuales fueron las consecuencias y el significado del Watergate, un asunto en la actualidad no suficientemente estudiado y analizado por la Ciencia Política.

El perfil personal de Nixon

Richard Milhaus Nixon nació en 1913 en Yerba Linda, California, en el seno de una modesta familia de clase baja que había emigrado desde el Medio Oeste. Su padre regentaba una tienda de comestibles, y desde la adolescencia el joven Nixon hubo de trabajar junto a sus hermanos para ayudar a su padre. Nixon fue educado de forma severa y al estilo de los cuáqueros (sus abuelos pertenecían a este grupo). Con 16 años se levantaba a las cuatro de la mañana para ir al mercado central de Los Angeles, donde compraba los comestibles para abastecer la tienda de su padre. Luego trabajaba durante casi todo el día e iba a la escuela, además de estudiar por las noches.

La educación que Nixon recibió en su infancia sin duda fue determinante en su personalidad, basada en la creencia de que el esfuerzo y la dedicación llevaban al éxito, y también en la forma de ser austera.

En 1930, a los 17 años, tras rehusar el ingreso en Harvard a pesar de haber ganado una beca para estudiar allí, para no separarse del núcleo familiar, una decisión que sin embargo le marcaría para el resto de su vida por la indolencia de no haber podido estudiar en una gran universidad, se matriculó en la modesta Universidad de Whittier, donde estudiaría derecho. Nixon fue un estudiante modelo, muy aplicado, y sus escasas dotes sociales las compensaba participando en todas las actividades posibles, e intentando destacar en todo: llegó a ser delegado de su promoción, hizo teatro y jugó al fútbol, si bien esta última actividad le trajo más decepciones que alegrías al no lograr nunca ser titular del equipo y ser considerado por sus compañeros como un mal jugador.

Tras graduarse en derecho retornó a su localidad natal en 1934 sin saber inicialmente a qué dedicarse, tras lo cual un importante hombre de negocios de la localidad se fijó en él y lo promocionó para la corporación local, además de abrirle otros caminos en modestos despachos de abogados locales.

Después del ataque japonés a Pearl Harbour y la entrada de EE.UU en la Segunda Guerra Mundial, Nixon se alistó en la Marina siendo destinado al Pacífico, si bien pasó la mayor parte de su destino en retaguardia dedicado a tareas de intendencia. En esta etapa de su vida desarrolló una especial madurez, y cultivó su tardía afición por el poker, un juego muy usado por los soldados y que a Nixon le marcó profundamente en el sentido de sentirse muy cómodo con él por lo que de secreto y faroleo conlleva, rasgos que caracterizarían más tarde al político y Presidente Nixon. Con el poker llegó a ganar una pequeña suma de dinero que utilizaría más tarde en su primera campaña electoral.

Tras la guerra regresó a EE.UU, y en 1946 se presentó como candidato al Congreso, iniciándose así su vida política a los 33 años.

Los inicios políticos de Nixon

Nixon se había casado en1940 con Pat Ryan, aunque desde el principio a ésta le quedó claro que su matrimonio estaría supeditado a las ambiciones políticas de su marido. En 1946, justo tras volver de la guerra, inició su carrera política con su primera campaña electoral contra el demócrata Jerry Boris, y ganó. En 1948 dio el gran salto presentándose como candidato por un escaño al Senado representando a California por el partido republicano, teniendo como principal contrincante a una mujer, Helen G. Douglas. Ya entonces Nixon comenzó a hacer gala de su estilo político: apasionado, llevando los debates a las últimas consecuencias, atacando, acosando y acorralando a sus rivales y con encendidos discursos que parecían más estar llevados por demonios personales que por motivaciones políticas, y que buscaban ante todo la victoria por el modo que fuese. Para Nixon todo valía; desacreditar, insultar, alusiones a la vida personal del rival, búsquedas de pasados turbios, etc. En una ocasión llegó a referirse a su contrincante Douglas, para tratar de acusarla bajo el argumento de que en su equipo tenía a un miembro conectado con el partido comunista, como “toda ella es roja, incluso su ropa interior”.

Fue Helen G. Douglas quien le puso el apodo de “Tricky Dicky” (“Ricardito el Tramposo”) que le acompañaría durante toda su vida. Se suele decir que fue ella la primera persona que conoció de cerca al político Nixon, a la parte más oscura de su estilo político que pasaría a la historia tres décadas más tarde. Finalmente, en esa disputa electoral Nixon resultó elegido como senador, alcanzando así su primer logro político e iniciándose su irrupción y ascenso en la arena política nacional.

En 1950, en medio de la “Caza de Brujas” de McArthy, se produjo el hecho que catapultaría a Nixon a la primera fila de la política estadounidense. Como senador logró participar en el Comité de Actividades Antiamericanas, y dirigió personalmente una investigación relacionada con Alger Hiss, un destacado diplomático del Departamento de Estado. Patrocinador y arquitecto de las Naciones Unidas, Hiss fue acusado por Nixon de filocomunista, de tener tendencias y simpatías comunistas, y de espiar para la URSS. Nixon volcó toda su energía en la investigación, consciente de que si esta resultaba su estrella política brillaría con más fuerza. Nixon, fiel a su estilo, acorraló a Hiss hasta hacerlo parecer un funcionario desleal y corrupto, aparte de un comunista. Trató de demostrar que Hiss pasó documentos de alto secreto microfilmados a los soviéticos. Se llegó a descubrir por medio de un confidente un carrete completo de microfilmes escondido en una calabaza de Halloween. Finalmente se demostró que si bien Hiss no era espía, sí había mentido al tribunal, por lo que fue condenado por perjurio, apartado de la función pública y sancionado, todo un triunfo personal para Richard Nixon.

Tras el Caso Hiss, Nixon apareció ante la opinión pública, que no había parado de observarle, como un honesto e incansable luchador anticomunista dispuesto a desenmascarar a todos los que tuviesen en la administración ideas comunistas o desleales hacia los Estados Unidos. Sus discursos apuntaban directamente a la según él ineficiente Administración Truman, incapaz de controlar a todos los comunistas norteamericanos que podían conspirar contra los Estados Unidos en su propia casa. Para otros sin embargo, Nixon era un oportunista que se promocionada a sí mismo sin ningún pudor. Fuese como fuese, lo cierto es que Nixon supo gracias a este y otros capítulos abrirse camino en la siempre difícil escena política estadounidense

En 1951 el candidato a la presidencia Dwight D. Eisenhower (conocido como “Ike”) se fijó en él, y en el verano de 1952 acabó siendo nombrado candidato a la vicepresidencia. Las elecciones de Noviembre de 1952 y el triunfo del tándem Ike-Nixon supusieron la entrada por la puerta grande de Nixon en lo más alto de la política estadounidense.

La Vicepresidencia de Nixon (1953-61)

En Enero de 1953 Nixon se convirtió en Vicepresidente bajo la Admón. Eisenhower. Desde sus comienzos dio prueba de una gran ambición y capacidad políticas, si bien nunca llegó a tener, como él hubiera deseado, una estrecha relación con Eisenhower, quien siempre le vio como un Vicepresidente impuesto por el partido republicano. El armisticio en la Guerra de Corea fue el debut político de la Admón. Eisenhower, que había prometido paz con honor en Corea.

Nixon fue uno de las primeros políticos en citar la denominada Teoría del Dominó, referida al avance comunista en Asia y la necesidad de detenerlo ante la perspectiva de que los países asiáticos fuesen cayendo uno detrás de otro como fichas de un dominó. Cuando en 1954 los franceses fueron derrotados en Diem Bien Phu y anunciaron su retirada de Indochina, Nixon apremió a Eisenhower a detener el avance del Vietcong usando incluso bombas atómicas, plan desechado por Ike. Este sí accedió sin embargo al envío de los primeros consejeros militares a Vietnam del Sur para asesoramiento militar, nada más retirarse los franceses y dividirse Vietnam en dos mediante los Acuerdos de Ginebra, en 1954. Nixon en persona llegó a viajar a Vietnam en calidad de Vicepresidente

En 1955 sufrió sus primeros problemas emocionales, los cuales le acompañarían el resto de su vida, incluída su presidencia. Se hizo trata por el afamado Doctor Husnecker, un psiquiatra que ya trataba a estrellas de cine, si bien suspendió las visitas a su consulta para que la prensa no pensara que sufría desequilibrios emocionales.

En 1956, en plena campaña de reelección del tándem Ike-Nixon, surgieron rumores sobre posibles aportaciones ilegales e incluso sobornos a Nixon. Cuando Eisenhower estaba a punto de pedirle que abandonara la vicepresidencia y se marchara de la carrera electoral, Nixon llevó a cabo una de las maniobras más brillantes de su carrera: salió por televisión en una hora de máxima audiencia para explicar a los televidentes estadounidenses la procedencia de esos regalos y aportaciones recibidos, así como una pequeña auditoría pública de sus propias cuentas personales. Finalmente hizo alusión a un pequeño perro que un hombre de negocios regaló a su hija y que esta bautizó como Cheekers, por lo que esa intervención televisiva es conocida como “el discurso Cheekers”. Se trató de la primera vez en la historia de la televisión, una televisión que acababa de nacer como medio de comunicación, que un político se valía de ella para influír en la opinión pública, en este caso para limpiar su imagen. Se trató de todo un éxito, aún a pesar de que su mujer Pat lo consideró en sus memorias como un momento humillante. Fue el primer uso partidista del medio televisivo, algo habitual en los últimos 50 años (en sustitución de la radio), y fue una acción brillante para Nixon ya que le salvó su carrera política, si bien cuatro años más tarde, en el debate electoral televisado con Kennedy, no daría pruebas de haber aprendido a manejar el medio televisivo.

En 1957 de nuevo dio pruebas de su espíritu de lucha y audacia. Visitó Moscú con motivo de una feria internacional de muestras en la capital soviética, y allí, en una muestra de la típica cocina norteamericana coincidió con Nikita Kruchev, en lo que se denominó “el debate Kitchen” (debate de la cocina). Se trató de un acalorado debate entre ambos personajes en el que discutían cual de las dos Superpotencias estaba tecnológicamente más avanzada. Kruchev no se cansó de promocionar al mundo el reciente éxito soviético al poner en el espacio el primer satélite artificial humano, el Sputnik, mientras Nixon replicaba que los norteamericanos estaban más avanzados en otros terrenos. A pesar de las bravatas de Kruchev, el público americano, que vio el debate en directo, apreció los esfuerzos de Nixon para promocionar la tecnología y las virtudes de los Estados Unidos incluso en la propia Unión Soviética, y el efecto de aquello fue en general positivo para la imagen de Nixon.

Finalmente, en 1958 Nixon sufrió un altercado que paradójicamente le beneficiaría publicitariamente. En un viaje de Estado por Latinoamérica, cuando se encontraba visitando Venezuela, su coche oficial fue zarandeado y golpeado por la multitud como muestra hostil de gran parte de la población venezolana que culpaba a las petroleras norteamericanas y al intervencionismo de EE.UU de la corrupción y la miseria que reinaban en Venezuela, a pesar de ser uno de los grandes productores mundiales de petróleo. El incidente hizo aparecer de nuevo a Nixon como un gran embajador de EE.UU en el mundo, que incluso recibía maltrato físico en nombre de su país.

Los años 1959 y 1960 estuvieron marcados por el aumento de la implicación estadounidense en Vietnam (para 1959 EE.UU ya tenía 900 consejeros militares allí), y por la preparación de la campaña electoral, campaña en la que Nixon se presentaría como candidato a la presidencia tras ocho años en la vicepresidencia. En principio, Nixon aparecía como el gran favorito, pero la campaña electoral sería una de las más reñidas de toda la historia y un fracaso personal para él.

Las elecciones de 1960: Nixon Vs JFK

En el verano de 1960 Richard M. Nixon y John F. Kennedy fueron nominados respectivamente como candidatos a la presidencia por los partidos republicano y demócrata, y comenzaban su campaña electoral. Se trataba de dos personalidades tremendamente distintas, de dos formas de entender la política distintas, y de dos trayectorias políticas muy diferentes. Kennedy formaba parte de la aristocracia norteamericana, mientras que Nixon era el hijo de un tendero. Kennedy procedía del Este, de Boston, mientras que Nixon era del Oeste, de California. Kennedy se educó en colegios selectos entre la alta sociedad de EE.UU, mientras que Nixon fue siempre a la escuela pública. Kennedy estudió en Harvard, mientras Nixon, a pesar de tener una beca para esa universidad, debió elegir la desconocida y más sencilla Universidad de Whittier. Kennedy era el hijo de un multimillonario que siempre tuvo todo lo que quiso, mientras Nixon tuvo que trabajar desde los 10 años en la tienda de su padre, además de estudiar. Kennedy tuvo una carrera política muy fácil; entró en la política gracias a la reputación y el dinero de su padre, mientras que Nixon tuvo que abrirse camino por sí mismo, sin nombre ni apellido familiar ni dinero, sólo merced a su propio esfuerzo y dedicación. Y por último, Kennedy poseía el glamour y el encanto clásicos de la clase alta, además de un carisma y una simpatía personal que le hacían atraerse a la gente de forma natural; Nixon sin embargo siempre tuvo que luchar porque su forma de ser y su poco atractivo personal e incluso físico no eclipsaran sus innegables actitudes políticas. El único punto en común que parecían tener era su pasado militar, ya que ambos sirvieron en la Marina y los dos eran veteranos del Pacífico.

Todas estas diferencias se plasmaron desde un principio en la carrera electoral. Kennedy no tuvo más que pedirle el dinero para financiar su campaña a su multimillonario padre, quien se lo concedió gustoso ya que en realidad la carrera política de Kennedy era la prolongación de la de su padre, Joseph Kennedy, una truncada carrera política en los años 1930´s durante la admón. Roseevelt fracasada por su tendencia al apaciguamiento con Hitler. Nixon por el contrario tuvo que ganarse hasta el último penique de su agotadora campaña electoral, si bien influyentes hombres de negocio financiaron gran parte de su campaña. Esa agotadora campaña llevó a Nixon en unos meses hasta el último rincón del país, recorriendo los 50 Estados. Perdió varios kilos y sufrió una grave lesión en la rodilla en plena campaña que le obligó a hospitalizarse. Ya recuperado, se volvió a golpear la rodilla, y fue en esas condiciones como acudió al histórico debate electoral previo a las elecciones, el primero en ser televisado en la historia. Mientras Kennedy fue al debate con un aspecto joven, dinámico y saludable (fue maquillado y tomaba sustancias energéticas antes de los acontecimientos públicos), Nixon se presentó con una pésima imagen: recién salido del hospital, delgado, pálido, sin maquillar y con barba de dos días, daba un aspecto enfermizo y débil. Fue un pésimo uso del medio televisivo por parte del equipo de Nixon, que cuatro años antes había usado magistralmente la televisión en el discurso Cheekers, y que según todos los analistas le costaría cientos de miles, incluso millones de votos, votos que al final le hicieron perder las elecciones. Para colmo, el dolor en la rodilla de Nixon se agudizó durante el debate, y esto le afectó en determinados momentos, dando respuestas poco contundentes o no rebatiendo convenientemente a su rival. Aún así, el contenido de fondo y los argumentos del debate fueron superiores en Nixon, y de ahí que quienes escucharon el debate por la radio lo dieran como ganador; sin embargo, la inmensa mayoría de quienes vieron el debate por televisión consideraron como ganador a Kennedy. Ese es el poder de la televisión, y en las elecciones de 1960 fue determinante.

Por añadidura, si bien Kennedy se benefició de la adhesión de importantes figuras políticas y de otros sectores como Hollywood (donde Nixon no era visto con buenos ojos por su participación en el Comité de Actividades Antiamericanas de McArthy), Nixon sufrió una verdadera oleada de declaraciones adversas: el exPresidente Truman apeló a los estadounidenses a no votarle, y el mismísimo Eisenhower se negó en un principio a darle su apoyo aún habiendo sido su Vicepresidente, y cuando finalmente se lo dio fue demasiado tímido y llegó muy tarde. Un periodista llegó a preguntarle en plena campaña electoral si alguna decisión importante de su presidencia había sido inspirada por Nixon, a lo que Eisenhower respondió: “deme una semana, y pensaré en alguna”.

Además de todo esto, hay que sumar las maniobras oscuras que el Clan Kennedy llevó a cabo para acaparar votos, sobre todo en los Estados de Illinois y Ohio, claves en una carrera presidencial. Joseph Kennedy se llegó a reunir en un hotel de Chicago con destacados miembros de la Mafia de EE.UU. Allí logró acaparar la colaboración de esta, garantizándose decenas de miles de votos entre los sindicatos de Chicago a favor de Kennedy. Si tenemos en cuenta que el margen de votos por los que finalmente ganó Kennedy fue el más estrecho de la historia, esta compra de votos de Chicago adquiere más importancia. Algunos analistas creen que este hecho determinó el que Bob Kennedy, ya como Secretario de Justicia, arremetiera posteriormente contra el Crimen Organizado y la Mafia con el propósito de desentenderse de cualquier trato con esta a cambio de esos votos de Chicago, borrando así toda relación y toda sospecha. La Mafia fue enemiga jurada del Clan Kennedy a raíz de todo este turbio y poco investigado asunto, y se la relacionó con el Magnicidio de Dallas.

Finalmente, el 8 de Noviembre de 1960, Kennedy ganó las elecciones por sólo un margen de 150.000 votos. Se convirtió así en el 35º Presidente de los Estados Unidos.

La reacción de Nixon fue sin embargo moderada, aún a pesar de tener pruebas concluyentes de fraude electoral. En una amarga noche, tuvo que reconocer ante la pizarra de resultados que Kennedy era el ganador, ofreciéndole además todo su apoyo. En privado sin embargo llegó a barajar con su equipo la posibilidad de impugnar las elecciones, de denunciar un fraude electoral, aunque finalmente no lo hizo para no perjudicar al sistema electoral norteamericano. Nixon siempre sintió desde entonces una mezcla de odio y admiración por los Kennedy. Consideraba que eran más despiadados y menos idealistas que él, y sin embargo la gente los apreciaba más que a él, que tenían más encanto y magnetismo que él y que se ganaban a la gente. Se trató de un sentimiento que le acompañaría toda la vida ante los éxitos de los Kennedy, si bien pudo tener más tarde, en 1971, una pequeña revancha cuando el senador Edward Kennedy, hermano pequeño de Kennedy y que iniciaba su carrera presidencial, se vio envuelto en un oscuro asunto que le costó su carrera política cuando en un accidente de tráfico ocurrido en la localidad de Chappaquidik murió su secretaria sin que, según las investigaciones, él le prestara ayuda, como obliga la ley. Se sospecha aún hoy que Nixon no fue ajeno a este incidente que impidió la carrera presidencial de Ed. Kennedy justo cuando esta se iniciaba.

Pero Nixon no se dio por vencido tras la derrota de 1960, y así en 1962 se presentó a gobernador de California, y de nuevo perdió tras una carrera electoral en la que su oponente demócrata se benefició de la ayuda del propio Presidente Kennedy y de la recién terminada Crisis de los Misiles, una carrera además poco entusiasta por parte de Nixon que se mostró incapaz de convencer a los votantes de que no pretendía con estas elecciones encaminarse de nuevo hacia una carrera presidencial. La noche de la derrota anunció públicamente en un amargo discurso su retirada definitiva de la política, discurso en el que llegó a acusar a los periodistas de sus derrotas y de mantener una campaña contra él advirtiendo: “me gustaría que por una vez escribieran lo que digo … quiero que valoren lo que pierden conmigo; ya no tendrán a Nixon para machacarle”.

Tras su retirada de la politica en 1962, fue contratado como abogado por Pepsi-Cola Company, contrato que además de sus cuantiosas minutas legales le sirvió para viajar por todo el mundo y seguir de cerca la política nacional e internacional.

La Guerra de Vietnam, las elecciones de 1968 y “la mayoría silenciosa”: la Presidencia de Nixon (1969-74)

Tras la Ofensiva Tet de Enero de 1968 quedó claro, tal como Walter Cronkale dijo, que la guerra estaba perdida. Aquello no quería decir que militarmente la guerra estuviese en derrota, ya que durante todo el conflicto el 90 % de las batallas militares las ganaron los norteamericanos. Lo que significaba es que tras casi cuatro años de guerra (1964-68), aún dominando militarmente la situación y haciendo esconderse y ahuyentando al Vietcong, el ejército norteamericano era incapaz de controlar todo el territorio de Vietnam del Sur, impedir la infiltración comunista, así como de garantizar la integridad nacional survietnamita. Tampoco era capaz de neutralizar la insurgencia comunista en Vietnam del Sur, la penetración y actividades de los guerrilleros comunistas patrocinadas por Hanoi, ni las esporádicas acciones militares del Ejército de Vietnam del Norte. Por otra parte, una invasión estadounidense de Vietnam del Norte o el uso del arma nuclear (opciones que llegaron a barajarse como posible salida a la guerra) fueron desechadas por el inminente peligro de enfrentamiento abierto con China y la URSS; de optar por ello Washington, existía una altísima posibilidad de que se produjera una gran crisis del tipo de la Crisis Cubana de 1962, con claro peligro de una Tercera Guerra Mundial en forma de guerra termonuclear. Así pues, tras la Ofensiva Tet, para los comienzos de 1968 quedó claro para la mayoría de los estadounidenses que tras los sucesivos planes militares del Pentágono y del General William Westmoreland, y tras comprometer medio millón de soldados y una buena parte de la economía doméstica de EE.UU, además de implementar una enorme y costosísima guerra aérea que implicaba una arrolladora superioridad tecnológica norteamericana, tras todo ese esfuerzo apenas se había conseguido nada, ya que si bien el campo de batalla estaba dominado por los estadounidenses, el objetivo político de la guerra que consistía en el fortalecimiento de Vietnam del Sur y la neutralización de la agresión y la amenaza comunistas, no se había logrado, teniendo en cuenta que para garantizar la supervivencia del gobierno pro-occidental de Saigón se debía estacionar indefinidamente al medio millón de soldados norteamericanos, algo absolutamente inviable. Aquello significaba ni más ni menos que la guerra estaba perdida, ya que el objetivo final de esta ni de lejos podía lograrse. El objetivo político no fue otro que expulsar de Vietnam del Sur hasta la última amenaza comunista, asegurarse de que el gobierno de Saigón existiera tras la retirada estadounidense, y contener y eliminar cualquier amenaza comunista sobre la región del Sudeste Asiático. Esto era absolutamente imposible en 1968, aunque se ganaran las batallas. El motivo, aunque basado en complejos condicionantes, era simple, y lo resumía una sencilla máxima de la teoría y la ciencia militar: un ejército regular “pierde cuando no gana”, mientras que una guerrilla o ejército irregular “gana mientras no pierde”: eso era exactamente lo que estaba sucediendo en Vietnam con el ejército estadounidense y la insurgencia comunista respectivamente. Este fue el nudo gordiano de la Guerra de Vietnam.

Con este panorama, para cuando comenzaba la precampaña electoral presidencial en EE.UU, en la primavera de 1968, los demócratas estaban políticamente lisiados por la guerra. Johnson anunció en Marzo que no buscaría ni aceptaría la nominación de su partido para la reelección, que no se presentaría a las elecciones y se retiraría de la política. Esto equivalía a admitir que Vietnam había acabado con su presidencia y con su carrera política (además, moriría sólo cinco años después, en 1973). Fue en este contexto y con este escenario como Nixon reapareció en la arena política como líder republicano fuerte y veterano, y con posibilidades de desalojar a los demócratas de la Casa Blanca tras ocho años.

Nixon logró en el verano de 1968 que la Convención del partido republicano le nominara como candidato a la presidencia, muy por delante en votos de los otros dos grandes candidatos, el reputado Rockefeller o un por entonces poco conocido Ronald Reagan. Su oponente a la presidencia era el a la sazón Vicepresidente, Hubert Humphry, de quien se rumoreaba que el anuncio de abandono de Johnson se debió más a una maniobra para beneficiarle, para relanzar a Humphry hacia la presidencia, que a una dimisión anunciada de aquel.

Así las cosas, Johnson redobló los esfuerzos, una vez anunciada su retirada, para fortalecer a Humphry de cara a la presidencia. En este sentido, intensificó los esfuerzos para el verano de 1968 en cuanto a lograr un acuerdo de paz: suspendió todos los bombardeos sobre Vietnam del Norte y ofreció a Hanoi y Saigón el inicio de unas conversaciones de paz en París a tres bandas. Nixon de inmediato se dio cuenta de la maniobra y llegó a la conclusión de que si repentinamente y antes de las elecciones de Noviembre los demócratas sorprendían al electorado con un acuerdo de paz, estos ganarían en las urnas.

Fue entonces cuando Nixon, que tras el “robo” electoral de 1960 por parte de Kennedy se había, según contó en sus memorias, “prometido a sí mismo que la próxima vez ganaría”, comenzó a tejer un plan para neutralizar y virtualmente sabotear secretamente el intento de paz de Johnson. Curiosamente, Vietnam del Norte aceptó inmediatamente la oferta de conversaciones de Johnson, y fue Saigón quien puso trabas, al sentir que en esas negociaciones saldría perjudicado, si bien no llegó a negar su participación en ellas inicialmente. Nixon optó entonces por convencer a los survietnamitas para que rechazasen las negociaciones. Contactó con una figura muy influyente en el Gobierno de Saigón, una mujer llamada Ana Chenoll, viuda de Clairk Chenoll, un piloto de combate que lideró a los “tigres voladores”, una escuadrilla de pilotos nortamericanos voluntarios que volaron al lado de los chinos y contra la ocupación japonesa de China justo antes de la Segunda Guerra Mundial. Nixon pidió a Ana Chenoll que, secretamente, convenciera a Saigón de que no acudiese a las conversaciones de paz, ya que si Nixon ganaba las elecciones conseguirían un mejor trato que con Johnson. Chenoll llegó a enviar telegramas cifrados secretos a Saigón en este sentido. El propio Johnson llegó a enterarse, aunque sin pruebas, del sabotaje de Nixon, aún a pesar de que este en persona le negó toda implicación y de que públicamente, en sus mítines y declaraciones, Nixon asegurara que deseaba que EE.UU pudiera llevar a Hanoi y Saigón a la mesa de negociaciones y lograr la paz. Finalmente Saigón comunicó a Johnson que no acudiría a las conversaciones de paz, por lo que estas fracasaron y Johnson no logró un acuerdo, perjudicando a los demócratas en las elecciones. Recientemente, varios analistas políticos han resaltado la gravedad de que un ciudadano privado, como por entonces era Nixon, boicoteara personalmente y en secreto unas importantísimas negociaciones de paz, las más importantes para EE.UU desde 1945, que el Gobierno Norteamericano trataba de conseguir para lograr la paz definitiva en la Guerra de Vietnam.

Nixon logró pues su primer objetivo, impedir un acuerdo de paz que beneficiase a los demócratas, y prosiguió con su campaña electoral. También con relación a Vietnam declaró al electorado estadounidense que poseía un plan secreto, diseñado para “acabar con la guerra”, y para “lograr una paz con honor”. Se trataba de una ambigüedad deliberada con la que Nixon jugó: algunos, los “halcones de la guerra” pensaron que lo que Nixon quería decir con ese plan era “ganar” la guerra; otros, quienes deseaban el fin definitivo de la contienda, prefirieron pensar que se trataba de “retirarse” de la guerra. Sea como fuere, el ardiz surtió efecto, y muchos electores de una y otra tendencia votaron a Nixon convencidos de que acabaría con la guerra. Una vez en la presidencia todo se resumió en su estrategia denominada “vietnamización”.

Por último, Nixon se referió al hartazgo de lo que él llamó “la mayoría silenciosa”. Se refería con ello a que la mayoría de los norteamericanos, la gran clase media estadounidense, veía con absoluto cansancio e indignación la división a que la guerra había sometido al país, así como a las consecuencias de la guerra en las calles, a los disturbios, y a la actitud de unos pocos que tomaban la calle como propia y acababan con el orden. Se trató de otro mensaje destinado al norteamericano y votante medio que estaba harto tanto de la guerra como de los desórdenes y que quería, exigía, que volviese la normanildad al país. El mensaje también caló en el electorado. Finalmente, en Noviembre de 1968 Nixon ganó las elecciones, y el 20 de Enero de 1969 prestó juramento en las escalinatas del Capitolio de Washington como 37º Presidente de los Estados Unidos. La frase que pronunció aquel día, que pasaría a la historia fue: “el mayor título que puede conceder la historia a un estadista es el título de pacificador”.

Una vez en la presidencia, su plan para “acabar con la guerra”, la “vietnamización”, consistía en desescalar gradualmente la guerra, desactivándola. Fue poco a poco reduciendo la implicación norteamericana, de forma escalonada. Se trataba de ir trasladando las responsabilidades de la defensa de Vietnam del Sur a Saigón, “devolver” la guerra a los survietnamitas para que se hicieran cargo de esta de nuevo (desde 1964 Washington se había hecho directamente con el control). A finales de 1967, antes de la llegada de Nixon, había en Vietnam 515.000 soldados norteamericanos. Cuando se inicia la presidencia de Nixon en 1969, a pesar de estar perdida ya la guerra, había 550.000, y para 1972 sólo quedaban 130.000. Nixon redujo decisivamente la presencia de tropas, pero aumentó significativamente la actividad aérea, la guerra aérea contra Vietnam del Norte, ordenando incesantes bombardeos a la USAF contra centros neurálgicos norvietnamitas principalmente en Hanoi y Haiphong, ya que su política se basaba en los bombardeos y no en las campañas militares como acciones militares para lograr objetivos politicos, tal como Von Clausewitz dictó. En el fondo extendió la guerra, ya que implicó a partir de 1969 a Laos y Camboya, y además planificó junto a Kissinger los bombardeos clandestinos sobre Camboya desde Marzo de 1969 y que en Junio se extendieron a Laos, desconocidos no sólo para la opinión pública si no también para el propio Congreso. Se trataba de destruír el denominado “Sendero Ho Chi Mihn”, la ruta de suministro de los infiltrados comunistas que iban del Norte al Sur atravesando territorio laosiano y camboyano. En Abril de 1970 ordenó la invasión de Camboya, una medida tremendamente impopular en EE.UU porque significaba la extensión de la guerra, si bien las tropas estadounidenses se retirarían tras sólo dos meses de ocupación, y tras confirmar en el poder al general pronorteamericano Non Lon, quien ya lo ocupaba desde 1969 gracias a un golpe militar contra el príncipe pro-comunista de Camboya, Norodon Sihanuk. Aún así, Nixon siempre mantuvo que la implicación estadounidense en Vietnam iba disminuyendo porque para 1971 había enviado a casa a 2 de cada 3 soldados, manteniendo para finales de ese año a sólo 160.000 soldados. Además ordenó ceses parciales de los bombardeos y limitación de objetivos sobre Vietnam del Norte, y lo más importante, a partir de 1971 el Ejército Estadounidense comenzó a entregar el control de las operaciones de tierra al Ejército Survietnamita. Paralelamente, y como uno de los aspectos más oscuros de su actuación en Vietnam, llevó a cabo la que denominó como “política de pacificación”, que se llamó en clave “Operación Phoenix”. Esta no fue otra cosa que la sustitución de la antigua táctica de Westmoreland (quien había sido sustituído en Julio de 1968 por el General Craighton Abrams) de “misiones de búsqueda y destrucción”. La Operación Phoenix consistió básicamente en arrestos, interrogatorios y muertes de infiltrados en Vietnam del Sur, sospechosos de pertenecer al Vietcong, lo cual violó las normas más básicas de la Convención de Ginebra.

Nixon puso en práctica a partir de 1969 la denominada “Doctrina Nixon”. Esta consistía en que, si bien las fuerzas estadounidenses debían irse gradualmente retirando de Vietnam y desentendiéndose de la guerra, los Estados Unidos seguirían atendiendo sus responsabilidades en Asia, evitando la derrota de Vietnam del Sur como parte del “Mundo Libre”, e interviniendo en el Sudeste Asiático para detener el avance comunista. La invasión de Camboya de 1970, simultaneada con la progresiva y ya iniciada retirada estadounidense de Vietnam, fue considerada por el propio Nixon como el máximo exponente de su doctrina.

A pesar de todo, la estrategia seguida por Nixon implicaba una complicada y bastante bien planificada operación de ingeniería en política militar, que no fue ni ha sido suficientemente valorada, aún a pesar de las críticas de prolongación de la guerra que Nixon sufrió. Fue posiblemente lo mejor que se podía hacer, dadas las circunstancias y dado que Nixon había heredado la guerra ya perdida. Logró un acuerdo aunque al precio de alargar la guerra cuatro años (1969-73) en los que murieron 20.000 soldados estadounidenses (un tercio de las bajas norteamericanas de toda la guerra), pero logrando así lo más parecido a la paz con honor que prometió, retirándose de Vietnam con cierta dignidad. Su política de bombardeos duró hasta el final. A comienzos de 1972, y dado que los estadounidenses habían comenzado a entregar el mando de la guerra a los survietnamitas, Vietnam del Norte intensificó la presión militar lanzando una ofensiva contra el Sur en Marzo. En represalia, Nixon ordenó en Mayo minar los puertos norvietnamitas, y una campaña masiva e indefinida de bombardeos con los B-52 denominada en clave Operación Linebacker I. En esta acción la aviación estadounidense probó por vez primera en combate las denominadas “bombas inteligentes”, guiadas por láser a su objetivo (ampliamente utilizadas en la Guerra del Golfo de 1991). Como resultado, para Junio los survietnamitas ya se habían recuperado, y emprendieron una contraofensiva hacia el Norte, aunque los bombardeos continuaron. En Agosto de 1972, EE.UU ya había entregado todo el mando de las operaciones terrestres, por lo que ahora las operaciones en tierra eran enteramente responsabilidad survietnamita, limitándose Washington a la guerra aérea y a las acciones de los buques de la VII Flota fondeada en el Golfo de Tonkín.

En el verano de 1972 las Conversaciones de Paz Secretas de París entre Kissinger y el representante norvietnamita, Le Duc Tho, avanzaban a buen ritmo, por lo que Nixon interrumpió los bombardeos en Octubre. Pero en Diciembre las negociaciones se estancaron, y Nixon reanudó los bombardeos, la Operación Linebacker II. Fueron doce días de intensísimos bombardeos , la peor campaña de bombardeos de los ocho años de guerra aérea, que tuvo en el día de Navidad su peor jornada, en la que redujeron Hanoi a escombros. Nixon calificó a estos bombardeos como “táctica de la edad de piedra”. Se trató de un bombardeo para muchos innecesario, justo antes de la retirada definitiva estadounidense. Presionado por los terribles bombardeos, y sabiendo que los norteamericanos deseaban retirarse, Hanoi volvió a la mesa de negociaciones de París, que logró detener los bombardeos. Por fin, el 15 de Enero de 1973 se acordó la paz, y Nixon suspendió toda acción militar estadounidense el 23 de Enero, terminando definitivamente la participación estadounidense que se había iniciado en 1964, dejando una imnominiosa lacra en la política exterior estadounidense. El acuerdo de paz incluía la repatriación de todos los prisioneros norteamericanos, la mayoría pilotos derribados que tuvieron que soportar hasta cinco años de cautiverio (como el Senador John McCome, candidato presidencial en 2000) en el sarcásticamente denominado “Hanoi Hilton”, la prisión norvietnamita. Además Hanoi reivindicó una reparación de guerra de 4.000 millones de dólares, nunca satisfecha por Washington.

La retirada estadounidense de 1973 culminaba y ponía fin a la intervención estadounidense en Vietnam, que se había iniciado casi 20 años antes (desde 1954) e intensificado desde 1961. Nixon logró parcialmente la paz con honor que había prometido, si bien su sucesor Gerald Ford decidió desentenderse totalmente de las pocas implicaciones que a EE.UU le quedaban en Vietnam desde el verano de 1974, y su política fue abandonar definitivamente Vietnam y al régimen de Vietnam del Sur. Nixon tenía planeado, de haber seguido como Presidente, tras la ya consumada retirada norteamericana de Enero de 1973, continuar asistiendo militarmente a Vietnam del Sur de forma indirecta, para a finales de su presidencia (1977) poder reducir la guerra a sólo operaciones de contrainsurgencia de pequeña escala que no amenazaran al Gobierno pro-occidental de Saigón. Nixon siempre mantuvo que si él hubiese podido concluír su segundo mandato nunca se habría producido la Caída de Saigón en Abril de 1975, desastrosa hasta el final para Estados Unidos, que escenificó su derrota con la lacerante evacuación de la embajada estadounidense de Saigón, la escena más humillante para EE.UU de todo el Siglo XX. A pesar de que muchos analistas han contradicho esta versión, y creen que Nixon dejó a Vietnam del Sur en una situación muy precaria, con 100.000 soldados del Vietcong infiltrados en su territorio y una situación militarmente insostenible, parece claro que de haber podido agotar su mandato, la Guerra de Vietnam hubiera terminado de forma diferente, posiblemente más digna para EE.UU, con Nixon en el Despacho Oval. Para finales de 1975, todo Vietnam, junto a Laos y Camboya, fueron absorbidos por el comunismo, por lo que la Guerra de Vietnam y su objetivo de prevenir la agresión y el avance comunista por el Sudeste Asiático fue un esfuerzo valdío para los Estados Unidos, un esfuerzo que se tradujo en la tercera guerra más cara de la historia, sólo por detrás de las dos guerras mundiales, y con un millón y medio de asiáticos muertos, más 59.000 norteamericanos cuyos nombres figuran inscritos en el Muro de Washington.

Tras la Guerra de Vietnam, el Congreso aprobó en 1973 la War Powers Act, que limitaba los poderes presidenciales a la hora de implementar una intervención militar o una guerra. La ley establecía que un presidente no podía enviar tropas fuera de los Estados Unidos en una crisis o intervención militar durante más de sesenta días sin consultar al Congreso y sin la autorización de este. Esta ley hubiera impedido la intervención militar que Truman llevó a cabo en Corea en 1950 y que dio lugar a la Guerra de Corea, o la progresiva intervención que Kennedy y Johnson efectuaron en el Sudeste Asiático desde 1961 y que, tras el Incidente del Golfo de Tonkín de 1964, desembocó en la Guerra de Vietnam. Nixon vetó personalmente esta ley, aunque finalmente se puso en práctica, estando vigente aún hoy día y siendo atendida en la Guerra del Golfo de 1991, en la de Afganistán de 2001, y en la Guerra de Irak de 2003.

Si bien la presidencia de Nixon se centró en Vietnam, hubo otros asuntos en política exterior que tuvieron un extraordinario protagonismo y que Nixon gestionó con brillantez. El primero de ellos fueron las trascendentales conversaciones sobre reducción de armamento con la Unión Soviética, las cúales dieron sus frutos en 1972. Los tratados ABM y SALT fueron los resultados, y a Nixon debemos desde entonces por ello un mundo más seguro (si bien en 2002 la Admón. Bush anunció que consideraba concluídos los acuerdos SALT, para así desarrollar su proyecto de Escudo Antimisiles).

Otro asunto en el que Nixon brilló con luz propia fue el restablecimiento de las relaciones con China en 1971, y la denominada “diplomacia triangular”. Esta táctica buscaba cerrar tratos distintos y por separado con soviéticos y chinos, contribuyendo así a aumentar el ya de por sí grave cisma existente entre esos dos países desde la época de Stalin, y obteniendo importantes réditos políticos para EE.UU. Logró esto reconociendo a China Popular (para lo cual hubo que desalojar a Taiwán como representante permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU), visitando Pekín, y relanzando las relaciones bilaterales entre las dos naciones en lo que se llamó “la diplomacia del ping-pong”, ya que el acercamiento lo iniciaron los equipos olímpicos de ping-pong de ambos países. El relanzamiento de las relaciones con la China de Mao Ste-Tung, a quien en 1949 el propio Nixon había llamado “monstruo” refiriéndose a la debilidad de Truman frente a este, fue uno de los grandes éxitos diplomáticos de Nixon, que colocó a Estados Unidos en una posición aún más ventajosa frente a la URSS en el contexto de la Guerra Fría.

También a la Admón. Nixon le tocó lidiar con una crisis en la siempre tormentosa región de Oriente Medio, ya entonces una de las zonas más “calientes” de la tierra y ya por entonces con un valor estratégico clave, como Occidente redescubriría, por poseer el 60 % de las reservas mundiales de petróleo. Se trató además de una crisis mundial que está considerada como la segunda más grave de la Guerra Fría, sólo por detrás de la Crisis de los Misiles de Cuba de 1962. Todo se inició con la Guerra del Yom Kippur, cuando en Octubre de 1973 las fuerzas combinadas de Egipto y Siria atacaron por sorpresa en el día de la fiesta de la expiación judía a Israel, para desquitarse de la derrota en la Guerra de los Seis Días (1967) y de la fallida Guerra de Desgaste (1970). Cuando los israelíes reaccionaron ya era demasiado tarde, si bien la ayuda norteamericana a Israel fue tan decisiva que pudieron remontar la guerra, y las tropas israelíes estuvieron a punto de entrar en las dos capitales árabes: Damasco y El Cairo.

A Nixon se le recordará como el Presidente que salvó a Israel de la destrucción, si bien hay dudas sobre su más que posible antisemitismo, y se sabe que la decisión de asistir al estado hebreo correspondió en realidad a un judío de la diáspora: Henry Kissinger. Lo cierto es que al estallar la crisis, soviéticos y norteamericanos se aprestaron a pararla conjuntamente, aunque por supuesto cada cual defendería sus propios intereses en la región. Se ha sabido recientemente que Nixon, ya por entonces muy tocado por el Watergate y casi encerrado en la Casa Blanca, estuvo ausente de las principales decisiones que se tomaron las noches de las reuniones clave del Consejo de Seguridad Nacional en el Despacho Oval, lo cual es absolutamente inusual. Las decisiones principales, en lo relativo sobre todo a frenar a los soviéticos en la crisis, tuvo que adoptarlas casi en solitario Kissinger. Aparte de la amenaza árabe sobre Israel, aliado de EE.UU, y en el contexto del Conflicto Árabe-Israelí, Bresnev amenazaba desde Moscú con solucionar la crisis él solo enviando paracaidistas soviéticos a Oriente Medio, lo cual no era más que un pretexto para intervenir en la región, adelantarse estratégicamente e los estadounidenses para sacarles ventaja táctica, y aumentar la influencia soviética en la zona. Kissinger respondió pidiendo autorización para poner a las Fuerzas Armadas Estadounidenses en estado de prealerta (Defcom 2) ante una posible intervención militar en Oriente Medio con tropas rusas allí estacionadas, lo cual disuadió a los soviéticos de enviar fuerzas y preservó los intereses estadounidenses en el área al prevenir una intervención militar soviética. La Crisis se cerró cuando los norteamericanos, que tampoco enviaron tropas finalmente, decidieron por un lado efectuar vuelos secretos sobre la región con aviones espía SR-71 para controlar los acontecimientos, y por otro enviar enormes cargamentos de material militar a Israel para resistir a la agresión árabe. El material incluía tanto artillería de alta tecnología, como aviones de última generación, los F-4 Phantom y los A-4 Skyrider, ambos usados por los norteamericanos en Vietnam. Esto otorgó una gran ventaja a los israelíes que lograron una victoria militar, aunque políticamente la actuación conjunta de norteamericanos y soviéticos y el alto el fuego acordado dictaron un empate.

En adelante, desde la Guerra del Kippur y finales de la década de los 1970´s, Estados Unidos se convertiría en el principal suministrador de armas a Israel, suministrándole tras la guerra aviones de combate avanzados F-15 y F-16 (que sustituirían a los aviones Mirage franceses embargados por París), así como helicópteros artillados AH-64 Apache y AH-1 Cobra, que desde 1976 han dado a las Fuerzas Aéreas Israelíes la completa superioridad aérea en Oriente Medio que aún en 2005 mantienen, como se pudo comprobar en la Guerra del Líbano en los 1980´s. Además de fortalecer el músculo militar israelí, la Admón. Nixon también inició una práctica que se ha extendido hasta nuestros días por las sucesivas administraciones estadounidenses: la denominada “ambigüedad nuclear”. Esta consiste en que, si bien Washington vigila estrechamente los programas nucleares e impide el rearme nuclear de países como Irán o Irak, mantiene sin embargo una política de ojos cerrados con respecto al programa nuclear israelí, que según estimaciones cuenta con cerca de 200 bombas atómicas construídas de forma secreta desde finales de los 1960´s con el gobierno de Ben Gurion, bajo el argumento de que se trata de un arsenal puramente “defensivo y disuasorio”.

Esta crisis militar, y la posterior reacción de la Admón. Nixon, provocó la represalia de Arabia Saudí que “castigó” a EE.UU cortándole el suministro de petróleo, y amenazó con terminar para siempre con la ya de por sí compleja y difícil alianza histórica entre estadounidenses y saudíes que se remonta a la década de los años 1930´s. Significó además la primera y más grave crisis energética de la historia, que repercutió en las economías occidentales, que no se recuperarían hasta bien entrados los 1980´s, revelando así el enorme poder político del petróleo.

Finalmente, en política exterior, Nixon tuvo un papel destacado en un país de América Latina: Chile. Cuando en el otoño de 1970 una coalición de izquierda colocó en el poder a un marxista por medio de unas elecciones, Salvador Allende, la Admón. Nixon se alarmó ante lo que parecía como un segundo Fidel Castro, ahora en Sudamérica. Además de la tendencia comunista de Allende, peligraban los intereses de unas 3.000 empresas estadounidenses establecidas en Chile, incluyendo varias importantes compañías mineras. Desde un principio Nixon se mostró hostil al gobierno de Allende, y desde finales de 1970 hasta 1973 ordenó a la CIA acabar con su gobierno del modo que fuera, ya fuera democráticamente o derrocándolo mediante un golpe de Estado. Así fue como el director de la CIA, Richard Helms, y Nixon proyectaron el denominado Proyecto Hubelt, una operación encubierta que incluía guerra económica clandestina, desestabilización, bloqueo económico invisible y financiación y apoyo a un sector de las fuerzas armadas chilenas para que derrocara a Allende. Finalmente, y tras unas elecciones en Marzo de 1973 que confirmaron a Allende en el poder, en Septiembre de 1973 el Ejército Chileno liderado por una junta militar encabezada por el General Augusto Pinochet dio un golpe de Estado que acabó con la vida y con el Gobierno de Allende. Nixon reconoció secretamente tres días después al régimen de Pinochet.

En política doméstica la Admón. Nixon fue igualmente activa, y llevó a cabo importantes y trascendentales iniciativas destinadas buena parte de ellas a combatir enérgicamente el crimen, y a restaurar el orden en las calles en esos convulsos momentos de comienzos de los 1970´s, así como a lograr una mayor estabilidad económica. Reformó la seguridad social, mejorándola en muchos aspectos, e impulsó una mejora en los salarios y en la estabilidad de los precios. En 1971 adoptó una medida histórica al anunciar el fin de la paridad dólar-oro, paridad que regía a la economía estadounidense desde Bretton-Woods (1944) pero que se estaba haciendo insostenible para la economía norteamericana que atravesaba un momento de debilidad debido en buena parte al consumo de recursos por la Guerra de Vietnam; la mayoría de los economistas coinciden con la perspectiva histórica en señalar que fue una medida acertada y valiente por parte de Nixon. Nixon impulsó varias medidas destinadas a proteger y fomentar las bibliotecas públicas y los archivos para preservar el patrimonio cultural. A pesar de su ultraconservadurismo fue el primer presidente que propuso medidas y leyes ecologistas. Fue también el primero que se fijó como meta combatir el tráfico de drogas, y creó la Drugs Enforcement Administration (DEA). Por último, tuvo el coraje de prohibir en 1971 el uso y desarrollo de las armas químicas y bacteriológicas ofensivas en Estados Unidos. - Universidad Complutense de Madrid

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