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Guerras. Revoluciones. Conflictos /
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La Revolución Mexicana de 1910

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160808 - Oscar Alba - Parte 1 / Parte 2

El 6 de diciembre de 1914 las tropas campesinas de
Emiliano Zapata y Francisco Villa entran en la ciudad de México conformando uno de los puntos culminantes de la Revolución Mexicana de principios del siglo XX. La revolución campesina en México, como todo proceso revolucionario histórico, va a estar precedida por un período en que las fuerzas políticas, económicas y sociales se enfrentarán y convulsionarán a todo el país. Presentamos lo que a nuestro parecer son los hechos y las conclusiones más relevantes de esta gran revolución.

El Pearson´s Magazine, periódico norteamericano, publicó en marzo de 1908 una entrevista entre Porfirio Díaz, presidente de México y el periodista James Creelman realizada en el Castillo de Chapultepec, lugar de residencia de Díaz. La entrevista adquirió una gran importancia política puesto que en la misma el general Díaz planteó su decisión de dejar el gobierno al final del período presidencial. Hacia 27 años que el dictador mexicano de 78 años gobernaba México y su anuncio era más que significativo. Junto a la decisión de abandonar la presidencia, Díaz, también habló de permitir la existencia legal de partidos opositores y de la necesidad de establecer la democracia en el territorio de su país. Si bien no era la primera vez en que el dictador anunciaba su retiro, sus palabras adquirieron un gran peso político debido a la situación política por la que atravesaba México. La agitación política había ido en aumento pese a la mano dura del “porfirismo”. La organización y las huelgas en el movimiento obrero, el problema agrario y los reclamos de democratización del régimen surgían desde los distintos sectores de la sociedad mexicana.

Desarrollo económico y superexplotación

La dictadura de Porfirio Díaz había promovido cierto desarrollo capitalista en algunos sectores de la economía. En la minería, una ley promulgada por el gobierno brinda concesiones y privilegios para las inversiones en la minería. “En 1890 se hallan instaladas en el país la Mexican Cooper Company, Mexican Investmen Cooper, Camarones Cooper, Santa Luisa Cooper, Caylloma Silver Minning y Tamuel Nitrate Company. Hacia 1910, el capital extranjero controla casi todas las minas, la industria petrolera, las principales plantas eléctricas, gran parte de los ferrocarriles, varios de los principales bancos (...) establecimientos manufactureros, 172 de los 212 establecimientos comerciales y un quinto de las tierras." (1)

Mientras tanto, la estructura agraria no va a diferir de la situación que por entonces vivían los países latinoamericanos con mayor población campesina. En este sentido, el gobierno porfirista garantizó la consolidación del latifundismo y además abrió las puertas a las compañías extranjeras para que se adueñaran de importantes extensiones de tierras en el norte mexicano. De esta manera el problema de la tierra se agudizó y va a ser uno de los gérmenes del proceso revolucionario mexicano.

El desarrollo capitalista en los sectores industriales y financieros y el enriquecimiento de los latifundistas y compañías privadas en el campo (partes de un mismo desarrollo capitalista) se asentó en una vieja receta burguesa: la superexplotación y la represión al movimiento obrero y campesino.

Las luchas obreras

Con el auge industrial va a conformarse un importante movimiento obrero que comienza a organizarse. Así van surgir distintas agrupaciones que irán  nucleando en cooperativas, mutuales y gremios a tejedores, albañiles, ferroviarios y otros. Porfirio Díaz va a perseguir todo movimiento de sindicalización y va a prohibir la prensa anarquista y socialista por lo cual los trabajadores debían moverse con mucho cuidado. Las luchas serán fundamentalmente por mejoras salariales, reducción de la jornada laboral a 8 horas (se trabajaban de 14 a 16 horas) y mejores condiciones de trabajo. Existía un hecho que dividía a los trabajadores mexicanos de los extranjeros (fundamentalmente norteamericanos): los obreros norteamericanos eran mejor pagados y esto llevaba a  duros enfrentamientos entre los propios trabajadores.

El 1º de junio de 1906, en el Estado de Sonora, limítrofe con los EEUU y sobre el Golfo de California, estalló una huelga en las minas de cobre de la Cananea Consolidated Company Cooper, cuyo dueño era el coronel norteamericano William Greene. Los trabajadores exigieron que se redujera la jornada laboral a 8 horas, que los salarios se equipararan con los salarios de los obreros estadounidenses que trabajaban allí y el despido de los capataces más crueles. La patronal llamó a los guardias rurales y solicitó auxilio al embajador yanqui, lo que significó que llegarán soldados Rangers del estado yanqui de Arizona para reprimir a los mineros. Finalmente el movimiento huelguístico fue aplastado y sus dirigentes, Manuel Diéguez y Esteban Calderón fueron condenados a quince años de prisión.

A fines de ese año, en diciembre, los obreros textiles de Tlaxcala y Puebla salieron a luchar por el derecho a organizarse sindicalmente. “Hacía unos meses que se había constituido en Río Blanco el Gran Círculo de Obreros Libres. Su órgano periodístico, Revolución Socia, publica artículos de abierta oposición al régimen, inspirándose en los principios del partido de los Flores Magón”(2). Los círculos se extienden a otros estados como Veracruz y Oaxaca y la cámara patronal reglamenta la prohibición para sindicalizarse. Los obreros deciden salir a la huelga. Ante lo cual Díaz manda un arbitraje. En enero el  arbitraje del gobierno ordena volver al trabajo y los obreros forman piquetes para garantizar que nadie entre a trabajar y allí se produce un incidente entre obreros y dependientes de la tienda de raya. Hay un disparo y cae un obrero. “La muchedumbre se arrojó sobre la tienda y después de saquearla, la incendió. La muchedumbre indignada y rabiosa, formada por hombres, mujeres y niños, resolvió marchar a Orizaba. Mucho de ellos no volverían a sus jacales. Una fracción del 12º regimiento se había apostado en la curva de los Nogales y al aparecer la multitud los soldados dispararon sus armas, una y muchas veces. Cumplían órdenes de su jefe, el General Rosalío Martínez. No hubo aviso previo de intimidación. El saldo: 200 víctimas entre muertos y heridos.” (3) Rafael Moreno y Manuel Juárez, presidente y secretario del Gran Círculo de Obreros Libres fueron fusilados y otros dirigentes fueron enviados a los campos de trabajo forzado en el estado de Quintana Roo al sur de la península.

El movimiento huelguístico llegó al Distrito Federal en donde se registraron alrededor de 120 huelgas durante el “porfiriato” que fueron salvajemente reprimidas.

Este proceso de heroicas luchas obreras, no obstante, no podrán poner en pie una alternativa política capaz de acaudillar a los demás sectores oprimidos, fundamentalmente a los campesinos pobres y minifundistas para enfrentar al régimen de Porfirio Díaz desde una perspectiva de clase.

A fines del siglo XIX el anarquismo adquiere fuerza en sectores obreros (5) y en menor medida los socialistas.  Las publicaciones como la Comuna Mexicana y El Socialista respectivamente van a abrirse paso entre la represión y las prohibiciones del régimen y organizarán grupos de trabajadores ganando a importantes dirigentes obreros.

En 1905 se funda el Partido Liberal Mexicano que presenta un programa de reformas políticas y económicas que toman reivindicaciones obreras y en el terreno político se oponen a la dictadura de P. Díaz y propuestas de corte populista y democráticas. A diferencia de los primeros planteos del dirigente anarquista Flores Magón que planteaba sustituir la propiedad privada por la propiedad colectiva, el PLM, en su programa le asignaba a la misma una función social.

En 1908 Flores Magón organiza un movimiento revolucionario y se producen levantamientos en localidades de los estados de Coahuila, Yucatán y Chihuahua pero son aplastados por el ejército.

Una de las organizaciones que tuvo importancia fue La Casa del Obrero Mundial cuyos militantes “defendían el anarcosindicalismo como un plan que anticipaba la toma definitiva del poder por parte de los obreros por medio de una huelga general que acabaría con el capitalismo” (John M Hart, citado en “Los obreros en México, 1875-1925”). Posteriormente, en 1915, La Casa... se a va a unir a las fuerzas constitucionalistas que dirigía la burguesía y va a aportar 7000 hombres para combatir contra las guerrillas campesinas de Emiliano Zapata y Francisco Villa. El General Venustiano Carranza, líder de las fuerzas burguesas, en premio por tamaña colaboración va a romper el acuerdo y suprimirá a La Casa del Obrero Mundial.

La derrota del movimiento huelguístico y la represión a sus organizaciones en la primera década del 1900 significó la salida de la escena de la lucha de clases mexicana de la clase obrera como sujeto social del proceso revolucionario que se va desarrollar, fundamentalmente, a partir de 1910. A sangre y fuego la dictadura porfirista por un lado y con promesas de reformas de los sectores políticos burgueses, por el otro,   enchalecaron e institucionalizaron al movimiento obrero.

La confluencia del problema irresuelto de la tierra y la Reforma Agraria y la lucha por un cambio de régimen van a poner sobre el tapete a nuevos actores generando una revolución que tendrá a los campesinos pobres como protagonistas fundamentales de este proceso.


Notas:

1- Zapata. La revolución campesina en México, Silvia Cragnolino, Centro Editor de América Latina

2- Silvia Cragnolino, op. cit.

3- Silva Herzog, Breve historia de la revolución mexicana. Fondo de Cultura Económica, México, 1960

4- Zapata. La revolución campesina. S, Cragnolina

5- “El movimiento anarquista se reorganiza a fines de siglo y cuenta con figuras como Ricardo y Enrique Magón, Librado Rivero,  Praxedis Rivero y Juan Sarabia que habían comenzando actuando en los clubes liberales, creados a partir de la fundación del Círculo Liberal Ponciano Arriaga en 1899 en San Luis Potosí” (Silvia Cragnolino, op. cit.)

Parte 2

Presentamos la segunda parte de este texto sobre la revolución mexicana de 1910, un proceso que a las puertas del siglo XX sacudió el andamiaje del incipiente desarrollo capitalista de México. Además, ha sido y es fuente de estudios y análisis en el presente. Los campesinos pobres armados con Emiliano Zapata y Francisco Villa a la cabeza, dejaron importantes enseñanzas para los movimientos revolucionarios latinoamericanos que les sucedieron y le suceden.

La propiedad de la tierra

Las grandes extensiones de tierra se concentraban en las manos de los latifundistas tradicionales y las companías privadas, mientras que la gran  masa campesina se encontraba con las manos vacías. “A principios del siglo XX el explotador del indio y del mestizo no era el conquistador español, sino su heredero: el estanciero, el hacendado, el terrateniente latifundista nativo y extranjero que detrás del disfraz de relaciones económicas y sociales modernas, mantenía formas serviles y semiserviles de trabajo para conservar su poder y despojar al campesino”.[1] Esta estructura agraria venía desde la época de la colonización, pero en 1910, los hacendados, empujados por la mayor demanda internacional de productos agrícolas industriales, seguían avanzando sobre las tierras comunales en los pueblos o comunidades. Estas tierras, si bien eran de usufructo individual, no estaban regidas como propiedad privada. Los hacendados, al incorporarlas a la hacienda, dejaban a las aldeas dentro de la hacienda, y sus habitantes se quedaban sin tierra, debiendo pasar a trabajar como peones o arrendatarios de pequeñas parcelas. Así, las inmensas haciendas deglutían a pueblos enteros.[2]

La dictadura de Porfirio Díaz permitió el desarrollo de los grandes latifundistas y sentó las bases para el desarrollo capitalista en el campo. Leyes apropiadas y maquinarias modernas contribuyeron a este proceso. En 1875 se había dictado una Ley de Colonización, que fue enmendada en 1883 beneficiando a companías como la Richardson, Colorado River Land Co., The Palomas Land Co., E.P.Fuller y otras. “Una enmienda de 1883 permitió a las companias agrimensoras acceder a un tercio de las tierras que exploraban. y una nueva ley aprobada en 1894 suprimió todos los límites a la cantidad de tierras que cualquier particular pudiera adquirir”.[3]

Además de la hacienda existía otro tipo de propiedad, que era el rancho, donde el agricultor producía para su consumo y el resto lo vendía. La voracidad de los hacendados y el peso de los impuestos fueron empobreciendo a la mayoría de los rancheros, acercándolos a las peripecias que sufrían los campesinos de las comunidades. Así se va a llegar, en la primera década del siglo XX, a que “el porcentaje de familias sin tierras es del 96% en todo México”.[4]

La oposición política al régimen y la guerra civil

El anuncio de Porfirio Díaz de dejar el gobierno y encaminarse a una apertura del régimen fue una compuerta por donde los sectores de la oposición y los antireeleccionistas comenzaron a agitar y organizar la pelea por una reforma constitucional.

La cuestión de la tierra cruzaba toda la historia y la vida cotidiana de México, y va a condicionar el proyecto capitalista que estaba presente en las declaraciones y acciones que levantaban los nuevos, y a veces no tan nuevos, dirigentes políticos.

Francisco Indalecio Madero había nacido en Parra, en el estado norteño de Coahuila. Hijo de un terrateniente había estudiado en Francia y Estados Unidos, y en 1904 va ser elegido presidente del Club Democrático de Coahuila. Inicia así una carrera política que lo va a ubicar como uno de los principales opositores al dictador P. Díaz al inicio del proceso. En los primeros meses de 1910, la oposición al porfiriato va a organizarse en la Asamblea Nacional Antireeleccionista, que va a levantar la candidatura presidencial de Madero frente a los partidarios de Porfirio Díaz. Poco antes de las elecciones, en julio, Francisco Madero es detenido y se organiza el fraude electoral que va a permitir la “reelección” de Díaz, lo que provoca manifestaciones populares de repudio al gobierno, duramente reprimidas por la policía. En los últimos meses de ese año, Madero logra la libertad condicional y huye a Texas, desde donde lanza el Plan de San Luis Potosí, por el cual se desconoce al gobierno y llama al pueblo a levantarse en armas para derrotar a la dictadura porfirista.

El programa maderista expresaba los intereses de  sectores que, originados en la estructura tradicional, van a lograr cierto desarrollo capitalista a la sombra del porfirismo. Las posiciones de Madero se asentaban fundamentalmente en la necesidad de un cambio de régimen. Proponía la existencia de partidos políticos y libertades democráticas como el sufragio, pero sus planteos no tocaban un problema fundamental: los latifundios.

De todas maneras, el campesinado se va a incorporar a la guerra civil a partir de su necesidad de tierra y libertad, y va a ser el motor principal del proceso. El movimiento revolucionario campesino, que va a abarcar a todo el país, tiene sus centros fundamentales en el sur, en el rico estado de Morelos, y en el norte, en el estado de Chihuahua.

En Anenecuilco, estado de Morelos, el 12 de septiembre de 1909, Emiliano Zapata había sido elegido presidente del Consejo, en momentos en que se agudizaba la puja entre hacendados y campesinos. Estos últimos peticionaban constantemente ante las autoridades por los abusos de los terratenientes, sin lograr respuestas positivas. Entonces Zapata consideró que había que tomar otras decisiones. “Zapata reunió a unos ochenta hombres del pueblo, hizo que se armaran y que fueran  a los campos que estaban trabajando los de Villa de Ayala. Les dijo que no tenía interés en pelear con ello, que había Placencias, Merinos y Salazares en ambos pueblos, pero que la tierra era de Anenecuilco y que los de Anenecuilco las cultivarían. Los de Villa de Ayala se retiraron, junto con la guardia de la hacienda, y Zapata procedió a distribuir lotes entre los agricultores del su pueblo”.[5]

Zapata era propietario de unas pocas hectáreas que cultivaba y de algunos animales, y en Villa de Ayala comienza su trayectoria como dirigente campesino, que se va a consolidar luego de que, al mando de sus tropas, tome la ciudad de Cuautla. Mientras, en el norte, surgirá la figura de Francisco Villa, un paisano pobre que siendo joven debió esconderse en las montañas después de haber asesinado al patrón de la hacienda en la que trabajaba, que había agredido a su hermana.

Villa se va a unir a Madero desde el comienzo de la guerra. No así Zapata, que recién en marzo de 1911 se alineará con las fuerzas maderistas, pues exigía que Madero garantizara resolver el problema de la tierra.

En mayo de 1911 las fuerzas maderistas toman Ciudad Juárez, y nuevas sublevaciones estallan en el resto del país. El dictador Porfirio Díaz tiene que negociar. El pacto entre porfiristas y maderistas fue, ante todo, un pacto burgués, destinado fundamentalmente a controlar la eclosión revolucionaria que recorrían las masas campesinas y sentar las bases para derrotarlas. Junto a los levantamientos armados en distintas regiones agrarias, se producían ocupaciones de tierras que ponían en peligro las bases de la propiedad privada en el campo. Madero, como dijimos, buscaba institucionalizar un régimen de tipo democrático burgués pero no quería avanzar hacia un cambio social profundo. El pacto de Ciudad Juárez, entre otras cosas, estipulaba el llamado a elecciones, mantener la vigencia de los funcionarios porfiristas y licenciar a las tropas revolucionarias. Lo que significaba el desarme de los campesinos, a la vez que se mantenía la estructura central del ejército federal.

La crisis del maderismo

La disconformidad en las filas campesinas por el pacto entre Díaz y Madero hace que éste trate de llegar a un acuerdo con Zapata, que no va a prosperar.  Las nuevas elecciones llevarán a la presidencia a Francisco Madero. “Cuando Madero asume la presidencia, los zapatistas peticionan nuevamente, insistiendo en una ley agraria para mejorar la condición del trabajador del campo. La falta de respuesta y el ataque militar implicó la reanudación de las guerrillas. En ese mismo mes de noviembre, la junta reunida por Zapata en las montañas del sureste de Puebla declara formalmente la guerra al gobierno, bajo la bandera del Plan de Ayala. Los morelenses rompían formalmente con el maderismo”.[6]

El Plan de Ayala fue un programa esencialmente agrario, que desconocía a Madero como presidente,  proclamaba a Pascual Orozco como Jefe de la Revolución e imponía la devolución de tierras, montes y aguas a los pueblos y ciudadanos que habían sido despojados de ellos. “En 1912 la revolución mexicana campesina se propaga a Tlaxcala, Puebla, Estado de México, Michoacán, Guerrero y Oaxaca”.[7] Villa permanecerá aún leal a Madero.

El 9 de febrero de 1913, un golpe militar acaba con el gobierno de Madero.  Aquí comienza lo que se conoció como “la Decena Trágica”, durante la cual es asesinado Madero, mientras naves yanquis atracan en el Puerto de Veracruz preparando la intervención. Finalmente , el general Huerta asume la presidencia, reconociendo, el 1º de abril de 1914, la necesidad de atender el problema agrario. Los zapatistas continúan extendiendo su revolución y coordinan las fuerzas campesinas. Conforman la Junta Revolucionaria del Centro y Sur de la República y llegan a formar el Primer Gobierno Popular, con Zapata a la cabeza, enfrentado al general Victoriano Huerta. Pero el 23 de mayo de 1913, en Guadalupe, Venustiano Carranza forma el Ejército Constitucionalista para restablecer el régimen constitucional. A finales de ese año, los jefes campesinos del centro y norte de Guerrero reconocen formalmente a Zapata, y Pancho Villa toma Ciudad Juárez. En 1914, a fines de abril, el norte del país se halla en poder de los constitucionalistas, y en seis estados funcionan gobernadores revolucionarios. Los yanquis ocupan Veracruz, mientras la revolución avanza hacia Ciudad México. En agosto Zapata ocupa Cuernavaca, capital de Morelos, y Carranza entra en Ciudad México, proponiéndole a Villa formar un gobierno provisional. En octubre de 1914 se reúne la Convención Mexicana Revolucionaria: se acuerda que Carranza cese como jefe del Ejército Constitucionalista y Villa deje la jefatura de la división del norte. En diciembre, las tropas de Villa y Zapata entran en Ciudad México. Pero son incapaces de tomar el poder político, careciendo de un programa global de transformaciones revolucionarias. Zapata volverá a Morelos y Villa al norte, donde va a ser perseguido y derrotado por las tropas de la reacción carrancista.

Carranza incorpora al Plan de Guadalupe la siguiente resolución: “El primer jefe de la revolución y encargado del poder ejecutivo expedirá y pondrá en vigor durante la lucha todas las leyes, disposiciones y medidas encaminadas a satisfacer las necesidades económicas, sociales y políticas del país... leyes agrarias que favorezcan la formación de la pequeña propiedad, disolviendo los latifundios y restituyendo las tierras de que fueron injustamente privados”.[8] Ésta será la base para la ley de enero de 1915 que, a su vez será la apoyatura legislativa para la sanción de la Reforma Agraria Mexicana en 1925. La resolución adicionada por Carranza es el primer instrumento político para arrebatar las banderas a los revolucionarios agraristas y ubicarlas dentro de los límites del derecho burgués y los marcos de la propiedad privada capitalista. El otro instrumento será militar: la persecución de las guerrillas campesinas de Villa y Zapata, que finalmente serán asesinados.

Algunas conclusiones

En la revolución mexicana de 1910 confluyen fundamentalmente dos factores políticos: el ascenso de las luchas campesinas bajo las banderas de tierra y libertad y la necesidad de la clase burguesa de estabilizar el régimen y las instituciones del Estado mexicano. Las bases para el desarrollo capitalista en un país mayoritariamente campesino y dependiente hacían necesaria la sustitución del régimen dictatorial porfirista hacia uno de carácter democrático burgués.

Pero este cambio no podía ser gradual y consensuado, en la medida en que las profundas desigualdades sociales que el sistema latifundista y de explotación de la mayor parte de la población provocaba reiterados enfrentamientos entre obreros y patrones, hacendados y campesinos pobres. Hemos visto cómo en sus inicios el movimiento obrero presentó luchas heroicas en demanda de mejoras salariales y laborales contra los capitalistas beneficiados por el gobierno de Porfirio Díaz. Este proceso de huelgas obreras va a ser derrotado en los años anteriores a la revolución, y explica en parte, como hemos dicho, la inexistencia del movimiento obrero como sujeto social del cambio revolucionario en la segunda década del siglo XX. Los trabajadores industriales no pudieron consolidar organizaciones de clase capaces de tender un puente hacia las masas campesinas y sectores oprimidos.

Por su parte, los campesinos comienzan a pelear localmente, y la válvula abierta por la pelea entre porfiristas y los sectores antireeleccionistas ha de ser la que los proyecte nacionalmente como fuerza revolucionaria. La ocupación y la distribución de tierras, usufructuadas históricamente por los parásitos terratenientes, la formación de ejércitos de campesinos armados y la guerra contra las fuerzas federales de la reacción le confirieron un  rasgo profundamente anticapitalista. Pero lo que fue contundente en sus acciones fue más complejo en el aspecto político. Zapata y Villa unieron sus fuerzas a las tropas, primero de Francisco Madero y luego de los constitucionalistas de Carranza, sobre la base de exigirles la resolución del problema de la tierra. Pero Madero, Carranza y hasta el propio Porfirio Díaz siempre tuvieron en claro que no podían dejar la cuestión agraria en manos de los campesinos armados si querían cierta estabilidad burguesa. Y tuvieron en común, más allá de sus diferencias, que no eran menores, el objetivo de derrotar el movimiento revolucionario campesino.

Tanto Zapata como Villa, jefes principales de una lucha que dio valiosos jefes revolucionarios, terminaron rompiendo con la dirección política burguesa constitucionalista. Pero si bien el campesinado se había proyectado como fuerza política, no pudo tomar el conjunto de los problemas de los sectores oprimidos y explotados del país. La reacción capitalista tuvo que hacer concesiones políticas para poder controlar y absorber al proceso revolucionario. Así, la lucha presentada por los campesinos fue lo suficientemente vigorosa y profunda como para que la burguesía tomara conciencia de que había que ceder parte de lo reivindicado por los campesinos para institucionalizar el país y la propiedad agraria bajo el signo capitalista.


Notas:

1. Silvia Cragnolino: Zapata. La revolución campesina en México.

2. “Aunque muchos eran poblados bien establecidos y prósperos que podían remontar su historia hasta antes de la Conquista y contaban con títulos de propiedad de tierras que habían sido concedidos en los tiempos virreinales, ninguno de ellos se encontraba seguro ante el asedio” (John Womack Jr., Zapata y la revolución mexicana)

3. S. Miller: Formación de clase y transición agraria en México.

4. S. Cragnolino, op. cit.

5. J. Womack Jr., op. cit.

6. “En el mes de agosto los federales rodean Cuautla y ocupan las seis cabeceras del distrito de Morelos.” (S. Cragnolino, cit.)

7. S. Cragnolino, cit.

8. García Triviño: Agrarismo revolucionario y ejidalismo burocrático.

 

 

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