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El deporte moderno. Consideraciones acerca de su génesis y de la evolución de su significado y funciones sociales - Parte 1

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ef Deportes - Revista Digital - Buenos Aires - Año 7 - N° 36 - Mayo de 2001 Universidad Autónoma de Madrid (España) Roberto Velázquez Buendía

Resumen

 

En este artículo, después de exponer los planteamientos de diversos autores acerca del origen del deporte moderno y de las causas que propiciaron su desarrollo, se presentan algunas consideraciones, desde una perspectiva crítica, sobre los factores que propiciaron su evolución hacia la profesionalización, y sobre las funciones que el deporte moderno ha ido cumpliendo desde sus orígenes hasta convertirse el la forma de práctica que hoy conocemos. En lo que se refiere a la última cuestión, después presentar algunas formas mediante las que el deporte ha contribuido a la reproducción de la ideología dominante, el artículo finaliza presentando un breve análisis de las relaciones entre el deporte y los intereses económicos y políticos que predominan en las sociedades industrializadas.
Palabras clave: Deporte profesional, deporte amateur, socialización deportiva, ideología, mujer y deporte, espectáculo deportivo, mercado deportivo, deporte y Estado, educación y deporte, organizaciones deportivas.

Como tuvimos ocasión de señalar en otro lugar, puede decirse que prácticamente todos los autores que se han ocupado del tema aceptan la idea de que lo que hoy se conoce como deporte -en cualquiera de los múltiples sentidos o significados que puede adoptar dicho término en la actualidad- tuvo su origen en Inglaterra, a partir del siglo XVIII, mediante un proceso de transformación de juegos y pasatiempos tradicionales iniciado por las elites sociales, y en el que tuvieron un papel clave las «publics schools» y los «clubs» ingleses1 (Velázquez Buendía, 2000). Como también se indicó en el mismo lugar, otra cosa bien distinta sucede en relación con los motivos, circunstancias y causas que propiciaron la aparición del deporte moderno y que pueden contribuir a explicar el gran crecimiento y difusión internacional que ha tenido a partir del último cuarto del siglo XIX y principios del siglo XX, existiendo, en este sentido, diversas teorías, hipótesis y enfoques que abordan este tema, también en muchos casos, desde diferentes perspectivas. Se trata ahora de examinar algunos aspectos relativos a su evolución como práctica y a la de las funciones sociales que ha ido cumpliendo a lo largo de dicha evolución. No obstante, como punto de partida, parece conveniente volver a exponer aquí algunos de los planteamientos que sobre el origen del deporte moderno han realizado algunos autores.

1. Teorías sobre el origen del deporte moderno

Tal y como se ha indicado, en torno al origen del deporte moderno se han establecido diversos planteamientos donde, desde diferentes perspectivas de análisis, se exponen las posibles causas que, a juicio del autor correspondiente, pueden contribuir a explicar su aparición y desarrollo. Si bien tales causas tienen casi siempre que ver con las circunstancias socioculturales, políticas y económicas que han caracterizado el desarrollo de Inglaterra en los últimos siglos, como podrá apreciarse más adelante las diferencias entre los planteamientos de los autores son notables, tanto a la hora de precisar a qué circunstancias concretas cabe atribuir el origen del deporte moderno, como a la de señalar qué grado de importancia ha de concederse a tales circunstancias.

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Para empezar, cabe considerar la posición teórica adoptada por Carl Diem (1966:71 y ss.), para el que los motivos que explican la aparición del deporte moderno en Inglaterra deben vincularse a las características peculiares de sus habitantes. En efecto, este autor, a lo largo de la exposición que hace sobre el tema, alude a determinadas características del pueblo inglés, las cuales, desde su punto de vista, han influido directamente en el surgir del deporte moderno, como, por ejemplo, su carácter emprendedor, el gusto por las apuestas, el aprecio e importancia otorgada a la fuerza física y a su demostración... En su planteamiento, Diem (1966:92 y ss.) concede una especial importancia a lo que denomina "el espíritu del deporte inglés", entendido como una forma de concebir y de practicar la competición deportiva basada en una gran corrección ética que surge de un "impulso interior". Para Diem este espíritu deportivo viene a ser el motor que ha impulsado la génesis y el desarrollo del deporte moderno, en tanto que ha dado lugar a la necesidad de unas reglas que han sido creadas y aceptadas universalmente sin apenas modificaciones; a una organización del deporte donde se ha distinguido desde el principio entre las categorías de «profesional» y de «amateur»; al establecimiento de reglas de entrenamiento; y, sobre todo, a una forma de entender la práctica y el espectáculo deportivo -conceptuada con la expresión «fair play»- que requiere un aprendizaje moral y que va más allá de las cuestiones meramente técnicas, normativas o de organización.

A este respecto cabe señalar que para otros autores la importancia y exigencia de una conducta ética en la práctica deportiva que acompaña a la génesis del deporte en Inglaterra no se atribuye a ningún "impulso interior" de naturaleza moral. Por el contrario, como se verá más adelante, tales autores vinculan dicha exigencia ética a la necesidad social de frenar los excesos del comportamiento del pueblo inglés de finales del siglo XVII y principios del XVIII (Gillet, 1971; Elías y Dunning, 1986...). A modo ilustrativo pueden citarse las palabras de Max Leclerc (en Gillet, 1971:64), el cual, refiriéndose a la Inglaterra de 1800, señala que "este pueblo era, al decir de todos los testimonios, fofo, bruto y entregado, de arriba a abajo de la escala social, a los excesos de la mesa y a las tabernas".

En cambio, el planteamiento de Carl Diem es asumido parcialmente por Richard D. Mandell, en la medida en que también reconoce la originalidad inglesa en cuestiones tales como la creación por escrito de reglas de juego fijas para distintos deportes, la formulación del concepto de "deporte amateur" y de la noción de "récord" deportivo, el desarrollo del trabajo en equipo y de la planificación del entrenamiento.... Pero, por otra parte, Mandell (1986:142 y ss.) se aleja del planteamiento propuesto por Diem al descartar expresamente la idea de que las causas de la génesis y la relevancia que ha adquirido el deporte inglés puedan atribuirse a las características idiosincrásicas de los ingleses. Para este autor la explicación de tales hechos debe situarse, sobre todo, en torno a las características geo-políticas de Inglaterra, las cuales determinaron unas condiciones sociales y económicas especiales respecto al resto de los pueblos de Europa.

En opinión de Mandell, la situación de aislamiento insular y la invasión normanda que tuvo lugar a principios del siglo XI determinó la imposición de una autoridad central completa que dio lugar, a lo largo de los siglos posteriores, a la existencia de ciudades abiertas, de clases aristocráticas, profesionales y comerciales con un sentido nacionalista antes que localista, de unas rupturas políticas menos severas que en Francia o Alemania, de una mayor movilidad social -ascendente y descendente- que en el continente, etc.. En este sentido, Mandell (1986:145) indica que es posible que las mejores condiciones de vida que, en general, disfrutaban tanto los grandes terratenientes como los obreros y jornaleros, respecto a sus homólogos europeos, dieran lugar a una "... explotación más lujuriosa del ocio y a una más libre experimentación de las formas de espectáculo y juego existentes en Europa". Asimismo, este autor también apunta la idea de que las posibilidades de movilidad social, y el dinamismo comercial y financiero, fueron aspectos que también contribuyeron de manera importante en relación con la forma en que se fue desarrollando el deporte en Inglaterra.

Desde esta perspectiva, Mandell (1986:154) considera que algunos aspectos como la capacidad de intuir las posibilidades de éxito en operaciones especulativas, o la tendencia a sopesar las distintas posibilidades de apostar y obtener beneficios a partir del conocimiento de los mercados comerciales, constituyen manifestaciones de la aparición progresiva de una nueva "actitud mental" a lo largo del siglo XVIII, que más tarde sería característica de la era industrial. Según señala este autor (1986:147 y ss.), dicha actitud tuvo su reflejo en aspectos tales como la aparición de la idea del récord deportivo como nítida apreciación del logro cuantificable, la búsqueda de formas determinadas de supremacía deportiva y de preparación metódica para conseguir tal supremacía como inversión en trabajo y tiempo para producir más y mejor, la realización de apuestas deportivas bajo criterios objetivos, racionales o "científicos", donde se sopesaban las posibilidades de éxito y de beneficio...

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Así, en opinión de Mandell (1986:159), a medida que la sociedad inglesa iba asumiendo e integrando en su cultura y en su vida cotidiana conceptos y prácticas tales como la racionalización, la estandarización, la precisión de las mediciones..., surgidas a lo largo del proceso de industrialización, tales atributos iban impregnando la práctica deportiva, orientándola hacia la consecución de una eficacia que pudiera demostrarse estadísticamente y con éxitos, como sucedía con la manufactura y el comercio. En palabras de este autor, "el deporte inglés evolucionó tan espontánea y armoniosamente con los tiempos, que apenas fue percibido como algo extraordinario por los críticos sociales de entonces ni por los historiadores después". Asimismo, la tendencia hacia la codificación y racionalización de las leyes y del gobierno tenía su reflejo en reglamentos deportivos cada vez más elaborados y aplicados estrictamente por medio de árbitros o jueces.

Por otra parte, según este mismo autor (1986:161), a pesar de que la orientación de los nuevos deportes giraba en torno a una reglamentación de la práctica cada vez más precisa y a un mayor control de la misma (tendencia que difuminaba su carácter lúdico y recreativo), a pesar del carácter social selectivo que inicialmente tuvieron los nuevos deportes, y a pesar de que la clase obrera se veía privada de la posibilidad de practicarlos por sus largas jornadas laborales (doce horas diarias, durante seis días semanales), los nuevos deportes terminaron finalmente siendo abrazados prácticamente por todas las esferas y capas sociales, buscando en ellos dinero, fama y placer como participantes y diversión como espectadores.

En resumidas cuentas, para Mandell (1987:161), la génesis y el desarrollo del deporte no sólo reflejó y facilitó la adaptación mental de toda la sociedad inglesa a las nuevas demandas del mundo moderno, sino que además supuso un estímulo para la adopción de dicha mentalidad. A lo largo del siglo XIX, deportistas, admiradores, directivos y empresarios no se limitaron únicamente a "desprovincializar" y a reglamentar los antiguos juegos populares y recreativos, también impulsaron la difusión de las nuevas prácticas deportivas orientadas hacia la competición y hacia la consecución del éxito.

Si, como acabamos de ver muy brevemente, Mandell desarrolla su explicación sobre la génesis y desarrollo del deporte moderno a partir de una perspectiva socio-económica, Norbert Elias (1992:31 y ss.) lo hace desde un punto de vista socio-político, asociando las causas de su aparición a las características del proceso civilizador de la sociedad inglesa, y más concretamente, considerando la vinculación entre el desarrollo de la estructura de poder en la Inglaterra del siglo XVIII y el modo en que evolucionaban los pasatiempos tradicionales e iban incorporando las características de lo que hoy conocemos como deporte.

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Básicamente, el planteamiento que expone y desarrolla Elias gira en torno a la idea de que la génesis y el desarrollo del deporte en Inglaterra durante el siglo XVIII fue parte integrante de la pacificación de las clases altas del país. A grandes rasgos puede decirse que, para este autor (1992:42 y ss.), las grandes y graves tensiones sociopolíticas del siglo XVII, con sus estallidos de violencia y sus secuelas de odio y miedo, provocadas por las luchas por el poder entre la nobleza y las clases altas terratenientes, con sus catastróficas consecuencias para ambas partes, constituyen factores que fueron propiciando, a lo largo del siglo XVIII, la aparición de un marco político en el que se pudieran dirimir las diferencias de manera pacífica y en el que pudiera tener lugar la alternancia en el poder sin hostigamientos, amenazas ni venganzas con los predecesores.

Durante dicho proceso, que dio lugar a la aparición del parlamento -en el sentido moderno del término- y del gobierno parlamentario, fue necesario que las clases enfrentadas asumieran recíprocamente un código ético de sentimientos y conductas que hicieran posible los enfrentamientos sin violencia en el parlamento. Así, a medida que la confianza mutua fue aumentando, siendo cada vez más escaso el recurso a la violencia, las habilidades militares fueron dando paso a otro tipo de habilidades pacíficas como la persuasión, la oratoria, la negociación y el pacto, lo que a su vez provocó el desarrollo de una mayor capacidad de autocontención y un aumento de la sensibilidad respecto al uso de la violencia. Este cambio civilizador en la conducta política se extendió también a la conducta social en los pasatiempos tradicionales practicados en Inglaterra, por lo que, en palabras de Elias (1992:48) "la «parlamentarización» de las clases hacendadas de Inglaterra tuvo su equivalente en la «deportivización» de sus pasatiempos".

En este marco, Elias (1992:64) considera que la génesis del deporte moderno estuvo muy vinculada a causas sociogenéticas que lo convirtieron en una representación mimética de combates o batallas físicas auto controladas, codificadas y reguladas por una serie de reglas que limitaban el uso de la violencia y prescribían el daño físico intencionado entre los contendientes. Por otra parte, según este autor, la escenografía deportiva propiciaba que su práctica o su contemplación despertara miméticamente emociones y tensiones asociadas a la excitación en otras situaciones de la vida más peligrosas o arriesgadas, lo que hizo del deporte una actividad con efectos catárticos y liberadores que contribuyó al proceso civilizador de la sociedad inglesa.

Para Elias (1992:52), durante el periodo en el que las clases terratenientes tuvieron una hegemonía absoluta sobre la configuración y desarrollo de la nueva orientación de los pasatiempos tradicionales transformados en deportes -en los que la persecución del éxito o de la victoria, el autocontrol emocional y la aceptación y respeto a la reglas de juego constituían aspectos fundamentales-, tal configuración y desarrollo se llevó a cabo de acuerdo con sus modos sociales de vida. Cuando muchas de las prácticas deportivas se extendieron y pasaron a manos de las clases industriales urbanas, se mantuvo la orientación que las elites sociales habían dado a tales prácticas.

En relación con la organización y difusión de los nuevos deportes, Elias (1992:53) alude a la importancia que tuvieron los «clubes», instituciones que constituían originalmente una expresión del derecho de los caballeros a reunirse libremente. A través de los clubes, asociaciones libres formadas por individuos de las clases altas interesados en la actividad deportiva, bien como espectadores o como participantes, tuvo lugar la organización de competiciones y la unificación de los reglamentos a nivel supra-local, y también la creación de organismos y comités de supervisión encargados de verificar el cumplimiento de las reglas y de proporcionar árbitros o jueces cuando era necesario.

Otros autores, en cambio, han tratado de explicar la génesis y la evolución del deporte moderno desde posiciones socio críticas vinculadas a perspectivas de análisis neomarxistas, por lo que sus planteamientos difieren radicalmente de las tesis expuestas por los autores anteriores. En este sentido por ejemplo, Jean-Marie Brohm (1993:47) rechaza rotundamente los planteamientos que consideran al deporte como una actividad transhistórica vinculada a los orígenes de la humanidad2, y, por tanto, la idea de que el deporte tenga algo que ver con los ejercicios físicos de carácter lúdico, competitivo, ritual, utilitario o militar que se hayan podido practicar en la antigüedad. Para este autor el deporte, como tal, es producto de una ruptura histórica que comienza en Inglaterra con el modo capitalista de producción industrial y que responde a las necesidades de dicho modo de producción. En consecuencia, Brohm considera que es falsa la pretensión de que el deporte constituya una parte de la herencia histórica del hombre, pues dicha pretensión parte de una concepción mística del deporte que le convierte en una "entidad trascendente que sobrevuela las distintas épocas y los diferentes modos de producción".

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Más concretamente, dicho autor sostiene la idea de que como deporte ha de entenderse exclusivamente el deporte moderno, constituido inicialmente como una "práctica de clase" cuyos orígenes deben situarse en Inglaterra, en el marco de la revolución industrial, y cuyo desarrollo debe vincularse al modo de producción capitalista. Siendo consecuencia del incremento de las fuerzas productivas capitalistas, de la disminución de la jornada laboral, del crecimiento de las grandes urbes y de la modernización y extensión de los medios de transporte, el deporte se ha configurado en el contexto de las relaciones de producción burguesa, constituyendo una institución con diferentes significados según la clase social desde la que se considere, y en la que se da una reproducción ideológica de los modos, valores y estatus que se dan en dichas relaciones de producción y en el orden social dominante, bajo la supervisión del aparato del Estado (1993:48). En coherencia con este planteamiento, Brohm considera que los clubes y las federaciones deportivas se asemejan a entidades comerciales que compiten entre sí, que tienden a mercantilizar la figura del deportista, y que contribuyen a la promoción del espectáculo deportivo de masas, con la complicidad del aparato del Estado, con la finalidad de obtener beneficios económicos y políticos.

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