Ciencias Sociales
Las significaciones culturales de la hoja de coca (1)

MORELLO, Jorge;  BIALAKOWSKY, Alberto; PEREZ DEL CERRO, Cecilia; MATTEUCCI, Silvia ; RODRIGUEZ, Verónica; SILVA, Luis

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Seguridad ciudadana en Europa
- M Foucault y el panóptico

Introducción:

Conceptualizar la problemática de las drogas dentro del contexto de la oferta y la demanda tiene múltiples posibilidades. Nuestra elección pasa por la importancia del análisis de las percepciones sociales que surgen a partir de las diferentes signficaciones culturales que se dan ante un mismo fenómeno: el cultivo de la coca.  

El mismo objeto (hoja de coca) puede ser comprendido de un modo particular y de alguna manera opuesta. En nuestra investigación hemos encontrado en el proceso de larga duración y sus respectivos ciclos una colisión entre paradigmas cuyas matrices[2] polarmente pueden ser definidas como: andinas y occidentales. Cada matriz provee una visión del mundo, una relación específica con la naturaleza, una relación entre los hombres y un uso de las herramientas.

Una amplia variedad de bibliografía demuestra que el ser humano ha utilizado desde la antiguedad diversas sustancias alteradoras de la conciencia. Sin embargo los fines del consumo han variado a lo largo de la historia. El surgimiento del capitalismo en el siglo XVI pone en primer plano los factores económicos ubicando a las drogas en el lugar de mercancía: pasan de un valor de uso a un valor de cambio. Una vez convertida en mercancía comienza a surgir su producción, distribución y comercialización. Esta situación se acentúa a partir de la degradación de la hoja de coca en cocaína - y su gran aceptación dentro de la cultura occidental - generando grandes conflictos a mediados del siglo XX entre países productores y países consumidores, sin solución hasta la fecha[3].  

A partir de la asociación coca-cocaína, las políticas internacionales basan su operatoria en la afirmación “para eliminar el consumo se debe eliminar la oferta” (estretegia contraofertista según Rosa del Olmo, 1992) desarrollándose programas de erradicación y sustitución del cultivo de coca en los países productores.

Lo que resulta silenciado en estas políticas es que el cultivo y el acullico tradicional constituyen componentes fundamentales de la identidad étnica y no pueden dejar de ser referenciados a los elementos culturales de la matriz andina de reciprocidad, comunalidad y tributación, que para John Murra y Brooke Larson caracterizan tanto la “ecología vertical” como la llamada “economía moral”[4] . Esquemáticamente, la matriz occidental  opondrá marcos referenciales opuestos - aún en pugna - tales como la competencia, individualidad, ecología del monocultivo y economía de mercado[5] .

Al respecto, el antropólogo boliviano José Mirtenbaum afirma :

“La producción, circulación y consumo de la cocaína dentro del capitalismo es una actividad social que debe ser claramente diferenciada del contexto cultural de la coca... por esta reestructuración (el capitalismo) la coca ha sido dividida en mitad símbolo mitad  mercancía.... Pero el uso ritual de la coca representa la esencia misma de la comunalidad dentro de la cultura andina. Mientras que el uso de la cocaína es lo opuesto, es decir, representa lo máximamente individual de la cultura capitalista...la subcultura de usuarios de cocaína refleja el ámbito de una sociedad solitaria y narcisista. El inhalador practica su rito (lineal) sobre o frente a un espejo...En los hechos culturalmente significativos el “acullicador”” busca la comunión, el inhalador busca la enajenación”. (Citado por Rosa del Olmo en “Prohibir o Domesticar?”, Editorial Nueva Sociedad, Caracas - Venezuela, 1992.)

 

2. Conflictos entre matrices: el caso de Bolivia:

Esta matriz originaria del altiplano (reciprocidad, comunidad y tributación) atravesó grandes oleadas - a partir de invasiones territoriales- tanto incaicas como coloniales, en estos procesos con diversidad de modalidades se conservó subterránea en los distintos procesos de dominación. De esta subterraneidad permanece la lógica del ayllu[6] y la concepción ecológica holística. No sólo se registra a lo largo de siglos un conflicto sobre los recursos (materiales y humanos) sino sobre los paradigmas correspondientes a cada una de las matrices culturales, como por ejemplo: a) el actual movimiento katarista y los sindicatos de cultivadores de coca; b)  la ocupación de la tierra , c) la relación con la naturaleza y d) la coca y su puente histórico como valor.

a) Movimiento katarista y sindicatos cultivadores de coca:

Este indicador puede recogerse en la temporalidad que implica la caída de la dictadura militar (1966-1978)  y su parcial reaparición (1980-1982), la emergencia de la democracia y el subsiguiente estallido de la hiperinflación hasta la llegada de las políticas de ajuste estructural a partir de 1985.

En este período histórico del sindicalismo se concentran una serie de elementos que abarcan tanto las políticas públicas como los movimientos de sectores subordinados, con una convergencia de elementos atípicos que ponen en escena actores sociales hasta entonces silenciados. Así en plena dictadura debemos remontarnos a 1972 con el surgimiento del movimiento Tupac Katari, que debió trabajar en la clandestinidad en la recuperación de las reivindicaciones campesinas y étnicas de indudable matriz andina. El movimiento katarista fue el principal impulsor de la creación de la Confederación Sindical Unica de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), creando su propia corporación de desarrollo rural para beneficio del campesinado[7].

La particularidad recogida por Kevin Healy es que mientras se produce un decaimiento del sindicato de trabajadores mineros y urbanos, a mediados de los ´80 es el movimiento campesino - y especialmente el de productores cocaleros del Chapare - que cobra protagonismo. No resulta casual que este protagonismo surgiera cuando se refuerzan las políticas internacionales y nacionales para la erradicación y sustitución de los cultivos ce coca.

El sindicato del Chapare constituye una forma de organización social que preside la colonización y regula la vida comunitaria. La asociación colectiva hace viable las posibilidades de la economía doméstica y funciona como mecanismo colectivo de reproducción social[8]. La peculiaridad de este movimiento nos remite a varios planos, uno referido a lo que puede ser una reivindicación meramente económica (el campesino gana mas dinero con coca que con cualquier otro cultivo), el otro a un enfrentamiento entre los paradigmas de las distintas matrices socioculturales en las cuales se incluye el mito de la hoja: sagrada o diabólica según sea su matriz de definición cultural. En una mirada mas profunda se observa la permanencia del ayllu: la comunalidad y la reciprocidad. Una prueba de esta  resistencia, considerando los recursos simbólicos, resulta la conservación de las lenguas nativas. En La Paz, el 49,5 % de la población habla el quechua o el aymara, y en Cochabamba el 63,3 % en las lenguas nativas[9].

Hipótesis  Hipótesis en la Investigación - Sujeto y estructura social - Alexandre Koyré - Filosofía de la Conciencia - Epistemología de Carl Popper - La lógica especulativa y experimental de Galileo Galilei

 

 

b. La ocupación de la tierra:

La tierra se constituye en el centro de la acción, no como un objeto observable en sí mismo, sino a través de la relación social que le otorga significatividad. Estimamos que dicho significado determina el uso de la tierra y la sustentabilidad del desarrollo que emerge de su explotación.

Efectivamente, al referirnos al uso ya connotamos un fenómeno interactivo y como tal se encuentra atravesado por las cosmovisiones tecnoecológicas que se debaten en ambas matrices.  Dos son las claves, en nuestra opinión, de este conflicto: 1) las concepciones míticas acerca de la tierra: fragmentaria u holística, cosa u organismo; 2) la distribución individual o colectiva de los espacios:

1) La matriz andina permite concebir que todo aquello que existe se encuentra enlazado de modo tal que se trata de un todo mayor en el cual la misma sociedad está incluída. La lógica subyacente se basa en la pertenencia del hombre a la tierra, lo cual permite el trabajo comunitario materializado en la agricultura [10]. Esta cosmovisión holística de la cultura andina difiere totalmente de la significación fragmentaria correspondiente a la matriz occidental, en la cual la tierra pertenece al hombre. Otra significación deriva de lo antedicho: mientras en la primera la tierra puede entenderse como un organismo viviente, en la segunda supone una “cosa”, reduciendo la tierra a un objeto de pertenencia.

2) Históricamente - y a partir del proceso de dominación de la cultura occidental sobre la andina - se han realizado diversas fragmentaciones territoriales adquiriendo características propias en las distintas regiones, a veces con enfrentamientos de las poblaciones nativas por la liberación cultural y reivindicaciones étnicas, como por ejemplo la llamada “guerra de las castas” en 1899[11]. A mediados del siglo XX con la Reforma Agraria de 1953 se reemplaza el latifundio por la propiedad mediana. Posteriormente la ley de intervención de tierras (1961) y el proceso de colonización desde hace veinte años lleva a parcelar el territorio del Chapare en donde “en menos de dos años la parcelación del suelo ha dado paso a la reparcialización y esta a una nueva fragmentación”[12].

Tanto los relatos históricos como las observaciones realizadas en terreno[13] confirman una distribución minifundista. Dos hipótesis pueden formularse al respecto: a) si dicha división de la propiedad de la tierra se corresponde con la fragmentación de los nuevos colonos en la región del Chapare y el abandono consecuente de la referida matriz sociocultural andina en esta segunda oleada liberal , o bien, b) si las luchas por la apropiación parcelada de la tierra revelaría una nueva forma de afrontar la imposición de nuevos modelos de exclusión. Nos detendremos en las formas socioculturales de la nueva colonización.

A partir del boom de la cocaína se produce un movimiento migratorio hacia el Chapare en donde la tasa de crecimiento más elevada se encuentra entre 1979 y 1981 con un 29,25 % anual. Los elevados precios de la hoja de coca (1980) estimulan el esfuerzo productivo y atraen población al Chapare hasta 1986. La agricultura no puede absorver la fuerza de trabajo familiar en las zonas tradicionales lo cual produce una diversificación laboral y espacial[14]. No se trata sólo de un proceso de atracción sino de expulsión productiva.

Un punto focal de nuestra atención - además del desplazamiento - es la forma social que éste asume. Al respecto Laserna afirma:

“Los procesos  de ocupación del espacio y del asentamiento humano... son difícilmente comprensibles sin tomar en cuenta el papel que juegan en ellos la organización de las colonias y la producción de la coca. Las colonias son las comunidades de pioneros que se organizan desde antes de contar con acceso a la tierra, y que se autodenominan sindicatos, vinculándose así muy rápida y sencillamente a la organización de otros sectores populares... Así, si en 1967 existían 52 colonias en el Chapare, en 1991 pasaron de 650.”...“El sindicato, es decir, la organización de la comunidad, permite acceder a la tierra (física y legalmente), movilizar recursos externos e internos para mejorar la infraestructura comunal (caminos, escuelas, posta, etc.), mantener el orden en la colonia, abrir mercados y canales de comercialización, y vincularse con el sistema político e institucional regional y nacional. La producción y comercialización de la coca, a su vez, permite disponer de un flujo relativamente regular de recursos monetarios poco después de haber cumplido un año del asentamiento...El colonizador traslada a su familia, o forma familia, sólo cuando logra contar con una producción relativamente diversificada de alimentos y de coca.”

He aquí un reencuentro con la matriz sociocultural andina: no se trata tanto de una expulsión fragmentaria del campesinado migrante sino de una articulación colectiva que enmarca la ocupación comunal y familiar. Presumimos que una mirada externa puede deducir equivocadamente que el hecho de la parcelación minifundista supone un alejamiento de la matriz andina. Al parecer el minifundio no la sustituye sino que - por el contrario - la conexión colectiva  precede y determina su sobrevivencia. La lógica del ayllu emerge así en la reciprocidad  comunal y en las propias redes de parentesco.

c. La relación con la naturaleza:

El valor que la significación - tanto en términos materiales como simbólicos - tiene la agricultura en la sociedad andina impide que dicha forma de obtención de alimentos se reduzca a una función meramente productiva como sucede en la matriz occidental donde por lo general suele verse a la agricultura subordinada al capital industrial. Esto lleva a reflexionar sobre cómo las etnias andinas se relacionan e integran a un medio natural que debido a sus características podría denominarse como pluriecológico y cómo en este marco se construye simbólica, social y materialmente la producción agrícola[15].

Para la profundización del análisis de este tema se hace necesario focalizar en algunos aspectos que portan diferentes significaciones en la matriz andina y la matriz occidental: a) medio natural: desde la cultura aymará el medio es considerado como una totalidad viva que incluye al hombre, quien se adapta a los procesos naturales. Los recursos naturales pertenecen a la comunidad. En la concepción occidental la naturaleza constituye una materia prima disponible, el hombre se impone manipulando de forma intensiva los procesos naturales; b) concepto empresarial: en la matriz andina la economía se basa en el auto-abastecimiento colectivo tratándose siempre de una empresa familiar. La inversión está prácticamente dirigida al sector agropecuario. El hombre occidental asimila economía con lucro, y la productividad se da hacia afuera. El trabajo (contratado) es un insumo más. La inversión agropecuaria de alimentos no tiene prioridad por ser el sector menos productivo; c) producción: en la cultura tradicional se produce en pequeña escala, con gran variedad de productos y abonos naturales. Se focaliza en el trabajo humano. La matriz occidental produce a gran escala con productividad masiva y tiende al monocultivo. Se utilizan fertilizantes artificiales y se prioriza el uso intensivo de la maquinaria; d) trabajo: la matriz andina se basa en la divulgación de la tecnología como propiedad colectiva. El trabajo es igualitario, rotativo y el producto se distribuye equitativamente. Los occidentales buscan la especificación tecnológica y la especialidad del trabajador. El trabajo se sectorializa en elitario-especializado-despreciado con unl sistema de distribución acumulativo del producto.

Siguiendo con esta línea podría afirmarse que la lógica del mercado avanzará sobre la reducción de los cultivos y alterará el concepto de biodiversidad, que devenía de la ecología vertical. Los datos podrían avalar proyecciones dispares, según cada marco teórico. “Aunque la coca es determinante en el asentamiento, no es, sin embargo, más  que una parte de un ciclo productivo de varios años, y ocupa también sólo una parte de las tierras y el esfuerzo laboral de los colonizadores. En 1981, la coca ocupaba poco menos del 20% de la tierra cultivada por familia. Después de 10 años del boom, ese promedio ha aumentado considerablemente, pero no pasa del 50% de la tierra cultivada (o sea, 35% de la tierra disponible).”[16]

Resulta sensato deducir que sin diversificación de cultivos y producción de granja el colonizador difícilmente podría sostenerse a la espera de las cosechas de la hoja de coca, tanto en la primera como en las subsiguientes, especialmente con precios en baja a partir de 1986.

d. La hoja de coca y su puente histórico como valor :

Históricamente, la hoja de coca ha sido prohibida o permitida conforme a los intereses del poder político dominante. Con el descubrimiento de América se produce - en el marco de la cultura occidental - una nueva significación de la hoja: a partir de su uso en los denominados “ritos paganos” de las poblaciones nativas, el Concilio de Lima (1551) la prohíbe, y más tarde (1567) se la define como el “talismán del diablo”. Paralelamente, los españoles fueron descubriendo las ventajas y las propiedades de la coca: por un lado, el consumo aumentaba la productividad y disminuía las necesidades alimenticias de los mineros en Potosí, además de utilizarse como forma de pago; y por otro, el reconocimiento de las propiedades medicinales origina un “proceso de transculturación” por el cual los nuevos colonos comienzan a incorporar en su vida cotidiana algunas modalidades de su uso. Así, en 1573 se la autoriza nuevamente y en 1662 se la define como la planta más rica producida por la naturaleza. Este proceso de transculturación alcanza su punto máximo con la degradación de la hoja sagrada de los incas: el descubrimiento de la cocaína en 1858. Más allá de las propiedades curativas o farmacológicas, surge una masificación del consumo de cocaína a partir de diferentes productos que contienen el alcaloide[17].

La prohibición de la cocaína comienza en los Estados del Sur de Norteamérica, ya que se temía que su consumo despertara los instintos brutales de los pobladores de raza negra. Así surge la Ley Harrison Act (1914) que obligaba a los distribuidores a pagar un impuesto especial, limitando de esta manera su producción. A pesar de la existencia de esta Ley, la cocaína alcanzó su apogeo en la década del ´30, y años más tarde fue reemplazada por nuevas drogas de moda, hasta su resurgimiento en la década del ´70 cuando se la difunde en los medios masivos de comunicación (estrellas de rock, de cine y deportistas) como la droga del éxito, que a diferencia de la heroína, no es peligrosa ni adictiva[18].

Mientras tanto, en los países productores el cultivo tradicional sustentable mantuvo su hegemonía hasta la demanda expansiva de cocaína, y el consecuente surgimiento de organizaciones clandestinas dedicadas a su producción. Desde la década del ‘70 la comercialización de las drogas ilícitas se ha constituido en el negocio de mayor rentabilidad. Dos hechos significativos han dado origen a esta nueva industria que se incorporó al padrón de reproducción del capital de manera informal: a) una considerable disminución en las economías latinoamericanas de productos primarios tradicionales - al tiempo que las estructuras formales no pudieron responder a las necesidades básicas de la población[19] - que trae como consecuencia un aumento del cultivo de coca comercial como estrategia de sobre vivencia de las poblaciones campesinas, y;  b) el auge del consumo de cocaína en Estados Unidos, siendo en la actualidad el principal consumidor de América.

Así, comienzan a perfilarse dos movimientos opuestos y al mismo tiempo interrelacionados, de modo tal que se retroalimentan mutuamente: por un lado el surgimiento del tráfico ilícito; y por otro, las políticas internacionales que apuntan a la limitación del cultivo excedente de coca, como por ejemplo la sustitución de los cultivos a partir de programas de desarrollo alternativo.

Al respecto, resulta necesario destacar dos aspectos fundamentales en relación a dichos programas: a) a pesar de los esfuerzos y las inversiones realizadas, en los últimos años se ha producido un incremento de los cultivos de coca y la producción de sus derivados a raíz de una creciente demanda de cocaína a nivel mundial, y; b) estas políticas han encontrado dificultades en su aplicación en terreno en las zonas productoras a partir de conflictos sociales (violencia microsocial, procesos de exclusión), culturales (movimientos sociales en defensa del cultivo de coca) y ecológicas (estrategias de mejoramiento de suelos y productividad), que obstaculizan en muchos casos las garantías de eficacia de la sustitución.

La producción de la hoja de coca y más tarde su elaboración primaria (la pasta base) son estimuladas por dos dimensiones contingentes, por una parte la necesidad acuciante del campesinado migrante de  contar con recursos de liquidez para la sobrevivencia y por la otra, una fuerte demanda del mercado ilegal urbano globalizado en constante expansión.

Desde el punto de vista de la lógica del productor nativo la hoja de coca conservaría sus valores originarios, mantenidos por siglos, curativos, de convivencialidad y de intercambio, en la actualidad para ese mismo productor no varía en términos reales dichos significados. Para la cultura occidental oficial de fin de siglo la coca posee contrariamente, caracteres maléficos, perturbadores en lo social y disruptores en lo económico, nuevamente las matrices socioculturales que dan forma a la utilidad de los fármacos se ven enfrentadas.

3. Comentarios finales:

Una vasta bibliografía refleja las dificultades en la sustitución del cultivo de coca – a través de los programas de desarrollo alternativo - desde las ópticas política, ecológica y económica. Si bien los factores socio-culturales han sido desarrollados por diversos autores, consideramos que se han centrado unilateralmente en la visión andina sin analizar en profundidad la importancia que adquiere la confrontación de ésta con la matriz occidental, que presenta elementos constitutivos que se oponen radicalmente a la primera.

Estos conflictos se materializan en las significaciones de la hoja de coca correspondiente a cada una de las matrices, en las organizaciones sociales que surgen en defensa de la cultura andina (sindicatos), en las diferentes cosmovisiones acerca de la tierra y su uso, y la relación con la naturaleza. En este sentido puede afirmarse que el enfrentamiento matricial presenta tres niveles de análisis:

-           en relación al cultivo de coca:  dentro de los programas de “desarrollo alternativo” surge una confrontación entre “coca por desarrollo” propuesto desde las políticas internacionales que apuntan a la erradicación del cultivo,  y  “coca con desarrollo” propuesto por los sindicatos de cocaleros de Bolivia que - en defensa de un cultivo tradicional con fuertes connotaciones en la identidad étnica - apuntan a la convivencia del cultivo de coca con otros productos alternativos.

-           en relación a la significación cultural del objeto (hoja de coca): es decir diabólica o de fragmentación social en la matriz occidental,  y sagrada o de cohesión social en la matriz andina. Esta confrontación matricial se ha dado históricamente desde el descubrimiento de América, acentuándose con el descubrimiento del alcaloide a fines del siglo IXX.

-           en relación a las lógicas correspondientes a cada una de las matrices: en este caso observamos: a) una lógica holistica en la matriz andina en oposición a una lógica fragmentaria correspondiente a la matriz occidental; b) la lógica del ayllu andina (comunalidad, reciprocidad  y tributación) en oposición a la lógica instrumental (o de mercado) propia de la occidental; c) lógica de economía moral o domestica de las poblaciones nativas en oposición a la economía de occidente.    

Cada matriz, entonces, se transforma en portadora de mitos que les son propios y cuya función radica en el sostenimiento de los paradigmas, que entran en pugna cuando se intenta implementar estructuras productivas en un recorte espacio-temporal determinado.

Como hemos visto a lo largo de este trabajo, las diversas percepciones sociales y culturales en torno a la hoja de coca y modos particulares de concepción del mundo constituye un enfrentamiento matricial hasta ahora silenciado, y por lo tanto, no resuelto. Consideramos que dicho silenciamiento conduce necesariamente a una postura reduccionista, y por lo tanto, cualquier intervención que apunte al desarrollo agroproductivo en Bolivia debe tener en cuenta la complejidad que estos elementos constitutivos de cada una de las matrices adquieren en el marco de dicha confrontación.

[1]  El presente ensayo se inscribe en el marco del Proyecto de Investigación “Desarrollo de estrategias preventivas sociales y ambientales frente a la expansion del cultivo de coca en Bolivia y Perú” (UBACYT, CE009), dirigido en forma conjunta por el Dr. Jorge Morello y el Lic. Alberto Bialakowsky.

[2]  Utilizamos la palabra “matriz” para referirnos al conjunto de elementos que definen una estructura cultural determinada. En este caso, la matriz andina está en estrecha relación con el uso de la tierra para el cultivo de una planta sagrada mientras que la matriz occidental prohíbe su cultivo.

[3] Véase Rosa del Olmo: “Las relaciones internacionales de la cocaína” en Nueva Sociedad Nro. 130, Caracas, Venezuela, 1994; y “Prohibir o Domesticar?”, Ed. Nueva Sociedad, Venezuela, 1992;; Comisión Andina de Juristas: “Coca, Cocaína y Narcotráfico”, Lima, Perú, 1989.

[4] El “control vertical de la ecología” no es una simple adaptación ecológica sino un ideal que configuraba las relaciones sociales de producción e intercambio en las sociedades andinas. Vinculaba a la gente en una red de derechos y responsabilidades mutuas minimizando los riesgos de subsistencia y asegurando la reproducción social de la comunidad. “...Los ideales de verticalidad, comunidad y reciprocidad establecieron fronteras ideológicas dentro de las que la gente definía y articulaba normas sociales, creaba pautas de justicia y legitimidad social e interpretaban su mundo y su cosmos. Estos principios formaban la base de la economía moral...” . Larson, Brooke: “Colonialismo y Transformación Agraria en Bolivia” Ceres/Hisbol, La Paz, 1992

[5] Bialakowsky, Alberto: “El problema de las adicciones: una mirada antropológica”, trabajo escrito para el Seminario Itinerante “Drogas y Adicciones: Prevención y Tratamiento”, organizado por el Programa Cono Sur (Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay), Bs. As., Agosto de 1996.

[6] Ayllu: “formalmente, un linaje endógamo que pretende descender de un antepasado común; en la práctica, la unidad de parentesco básica de la sociedad nativa andina que tenía título sobre tierras, organizaba equipos de trabajo cooperativo y desempeñaba otras funciones colectivas”. Del Glosario que presenta la obra de Brooke Larson, Op.Cit Véase también a Waldemar Espinoza Soriano: “Los Incas. Economía Sociedad y Estado en la era del Tahuantinsuyo”, Amaru Editores, Lima, 1990.

[7]  Healy, Kevin: “Sindicatos campesinos y desarrollo rural 1978-85”, Hisbol, La Paz, 1989.

[8] Hernry O. Castro: “Bolivia: el complejo coca-cocaína” en Comisión Andina de Juristas: “Coca, Cocaína y Narcotráfico”, Lima, Perú, 1989

[9] Canelas Orellana y Canelas Zannier: “Coca Cocaína. Subdesarrollo y Poder Político”. De. Los Amigos del Libro, Cochabamba, 1983.

[10] “Agricultura Andina y Saber campesino”, PRATEC, Lima, 1988.

[11]  Brooke Larson, Op. Cit.

[12]  Antezana E., Luis: “Evaluación económico-política de la Reforma Agraria, De. Juventud, La Paz.

[13]  “Kato” es una unidad de explotación de ¼ de hectárea siendo la unidad más frecuente. Observaciones de campo de Verónica Rodríguez.

[14] Laserna, Roberto: “Las Drogas y el Ajuste en Bolivia. Economía Clandestina y Políticas Públicas”, CEDLA, Nro. 7, Edobol, la Paz, 1993.

[15]  “Agricultura Andina y Saber campesino”. Op. Cit. 

[16] Laserna, Roberto, Op. Cit.

[17] Angelo Mariani desarrolló ,a partir de 1863, una industria basada en productos que contenían cocaína, como por ejemplo vino (con una concentración de 35 a 70 mg. de cocaína por vaso), la pasta Mariani (mezcla de goma, azúcar y coca ), las pastillas Mariani (una pasta gelatinosa a la que se habían añadido algunos miligramos de cocaína, y, finalmente, el té Mariani (cuya concentración de alcaloide equivalía a ocho veces la del vino). Véase Alain Delpirou/ Alain Labrousse: “El sendero de la cocaína”, Laia, Barcelona, 1989.

[18] Véase Rosa del Olmo: “La cara oculta de la droga”, Venezuela.

[19] Chávez Alvarez, Manuel G.: “DROGAS. El poder paralelo”, en Cuadernos del Tercer Mundo. Agosto de 1988.


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