Ciberespacio
La fantasía y los
afectos en el chat

Antulio Sánchez

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Las leyes del ciberespacio - Relaciones amorosas por Internet - Sexualidad, sexo: Implicaciones en el sujeto mediado - La aceleración de la historia Juan Grompone - Internet, fábrica de sueños

El chat como paraíso
Los chats parecen ser un perenne espacio de iluminación existencial, desempeñan una función múltiple: paraíso secular, campo celestial laico, espacio intangible sin tiempo, estancia en donde lo absoluto y el reinado de lo subjetivo están plenamente garantizados, el gobierno de lo infinito. El chat da paso a un tiempo de vacaciones eternas, en él la sensación de lo infantil tiene larga existencia: el adulto es un perpetuo niño que desarrolla nuevas dimensiones lúdicas.

De esta manera el chat es la promoción no explícita de la fantasía, de "dejar de existir" pero sin llegar a morir nunca, de ser inmortal gracias a los juegos y los signos que las perífrasis verbales facilitan. Es una cadena de sonidos que nunca llega al concierto total, es una sonoridad de múltiples frecuencias que concluyen en una especie de murmullo atonal. Con su impasible atemporalidad anula cualquier sentido de prisa, con su carácter de metáfora, es el persistente lugar de ensueño, la región que fascina pero que también puede atropellar por su vértigo. El chat es el lugar que deja sentir que uno se encuentra de recreo, que ahí sólo tiene cabida el tiempo libre. Parece que la misión del chatero es matar el tiempo, pero la paradoja es que el usuario no escapa a que el correr de lo temporal lo mate; aunque en ese ambiente de mutuos asesinos, no cabe duda que los usuarios se la pasan muy bien.

Los chats son interfases con gráficos, salas, redes de conexión a otros sitios similares o distintos, zonas que de acuerdo a la edad se viven de diversas formas, regiones en donde los modelos de diversión se multiplican. Ahí la duración del sentido se abroga, en su lugar queda la sensación de una perenne fiesta, de un eufórico estado de ánimo. Si el chat fuera un océano, de seguro que sus olas por más temibles que fueran no sería obstáculo para que los cibernavegadores siguieran explorándolo.

En el chat no existe la impaciencia del tiempo productivo. Es la zona en donde se reproduce un presente continuo que establece una clara frontera entre el adentro y el afuera. En el interior la fantasía adquiere carácter insólito, da paso a aventuras increíbles; el chat es el ingreso a la catarsis, a la alimentación del espíritu, donde las estructuras ontológicas se definen por escuchar, dar o demandar reconocimiento. En cambio el exterior es el lugar del trabajo, la rutina, la inseguridad social, la zona vulnerable que aniquila y da la sensación de que comprometerse en el intercambio afectivo puede ser fatal. Sin embargo, el chat al ser reflejo de la sociedad, al reunir a individuos que están inscritos en específicas y concretas relaciones sociales, replica lo que preocupa y alegra a las almas y corazón de los usuarios. Los individuos no están desprovistos de gravedad, los nicks por muy neutros que sean transportan afectos y sentimientos. El chat de ninguna manera es el camino para que la identidad individual y colectiva se diluyan, ya que ellas se reconstruyen y generan por nuevas pautas de identificación.

El chat es sinónimo de collage, por ello la orientación en la navegación implica reconstruir una catarata inconexa de signos e imágenes. Navegar en él es, de cierta manera, correr el riesgo de perderse en un torbellino binario. Distinguir las diferencias no es fácil, sobre todo porque en ocasiones se tiene la sensación de estar inmerso en remolinos de signos similares, en modelos e imágenes que necesitan ser desenredados para reconocer lo que hay detrás: los laberintos ocultan y muestran, son campo de sombras e imágenes claras, son un terreno para neófitos y expertos. El chat es un mosaico o rompecabezas lleno de figuras, clones humanos, ideas, pasiones, ardientes y locas expresiones psicológicas, héroes y villanos, inocentes y delincuentes, cuerdos y orates. El chat es la zona en la cual elegir es tan fácil, pero en donde equivocarse es igual de sencillo. Es un universo en el cual lo elitista se refugia en una provisional, y en ocasiones erudita, acción práctica y sentimental. Es un campo de fascinación, pero en igual medida de turbación por su veleidad y vértigo.

Origen y peculiaridad de los chats
Para quienes vagan de manera frecuente por la red, es seguro que los chats le sean familiares. Cotorrear, parlotear, chacotear, chacharear, hablar, charlar, platicar, es lo que significa en inglés dicha palabra. Una parte significativa de los servicios que constituyen este sexto continente que es internet, lo conforman precisamente los chats.

El origen de los chats se remiten al año de 1988, en el momento que Jarkko Oikarinen, del departamento de Ciencias de Procesos de la Información de la Universidad de Oulu, Finlandia, creó el Internet Relay Chat (IRC).2 Su objetivo era crear un programa de comunicaciones que permitiera a los usuarios de OuluBox (una BBS de acceso público administrada por el departamento en donde laboraba) tener discusiones similares a Usenet y con discusiones en tiempo real. En el momento que Oikarinen empezó su trabajo, OuluBox tenía un programa llamado MultiUser Talk (MUT) que fue desarrollado por Jukka Pihl. El MUT permitía a los usuarios conversar en tiempo real, pero no existía el concepto de canal, primordial en el IRC y que se adoptó de los canales de radioanimación. Los canales fueron la adopción más interesante e innovadora, ya que eso vino a permitir a los usuarios entrar en diferentes diálogos.

A partir de 1989 Okarinen convenció a algunos amigos de otras universidades de Finlandia y Suecia para que instalaran el programa servidor de IRC en sus computadoras que estaban conectadas a la red finlandesa. Poco a poco otras universidades empezaron a usar IRC, al poco tiempo las siglas se extendieron. De esta manera, Jeff Trim, de la Universidad de Denver y David Bleckman y Todd Ferguson, de la Universidad del estado de Oregon. instalaron los primeros servidores IRC fuera de Escandinavia. Lo que nunca se imaginaron es que el IRC creciera rápidamente y se hiciera de global.

En enero de 1991, durante la guerra del Golfo, muchos usuarios de diferentes partes del mundo se conectaban para obtener las últimas noticias desde Kuwait. El IRC fue el medio que usaron los kuwaitíes para dar a conocer la situación nada agradable que acontecía bajo la invasión iraquí. Fue en ese momento que el número de usuarios del IRC alcanzó su punto más alto de usuarios. Como internet y la mayoría de su tecnología, el protocolo y código fuente del IRC no tiene copyright, con lo cual se hizo posible que se desarrollo se viera de inmediato y se incorporaron en masa los estudiantes en su perfeccionamiento, quienes hicieron de esta interfase uno de sus medios preferidos.

En un chat se vive una aventura desenfrenada por los contactos. Es vía adecuada para ligar, hacer amistades, pero es un lugar que gracias al anonimato que impera en él, los sentimientos se vuelven transparentes y frágiles. De hecho, como lo íntimo adquiere en los chats niveles increíbles de diafanidad, es fuente ad hoc para que psicoanalistas y estudiosos de los aspectos relativos a la conducta humana tengan un venero inagotable de entrenamiento.

Recorrer algunas de estas áreas de tertulia en internet, es confirmar que se está frente a un significativo cambio emocional. El chat es el reflejo más neto de esta metamorfosis, aunque por momentos desemboque en la impresión de estar en un terreno propio de esquizofrénicos. Aunque a su favor tiene despertar un manejo de la intuición y la fantasía, que para ser eficaz se apoya en una nueva simbología de interacción y el cultivo de lo epistolar. A través de un accionar empírico los usuarios se orientan en los múltiples pasillos de personalidades y fantasmas, aspiraciones y frustraciones, que al por mayor circulan en los chats. Pero en ese moverse a tientas y a locas, lo inesperado surge y es factible que eso cambie de manera radical la existencia de los usuarios. Estas simulaciones afectivas se traducen en ritos, mitos y fanatismos que galopan en forma acentuada por el ciberespacio.

Fanáticos y religiosos
Los fanáticos abundan por doquier, no sólo los que están adscritos a una línea creyente o teológica son labradores de la fe, ya que con ellos uno se topa en la política, la ciencia, la economía, el fútbol, el reventón... Por eso no es de extrañar que la red, y sobre todo los chats, alimenten de forma patente esta tendencia que alcanza a una gran porción de seres humanos en el planeta.3 Los chats existen gracias al credo correspondiente de sus fans, quienes encuentran en su interior y su remesa de fantasías una especie de realización de su convicción. Pero ellas son sólo un medio para lograr concretar sus creencias y deseos. Los devotos le rinden tributo a sus chats preferidos a través de la asistencia continua y las recomendaciones que hacen de los mismos a los amigos. Es el diálogo, la interacción, la seducción y el juego lo que constituyen el "material" básico que cultiva el chatero. Lugares comunes son los salones de amistad, ligue, áreas propias para intercambiar anécdotas o chistes, para tomar un café o consultar alguna duda técnica. Los chateros pueden construir sus equivalentes al "Muro de las lamentaciones" o su "Santo sepulcro", que varían en su intermitencia de idolatría de acuerdo con la lengua, los intereses y los horarios en que se conectan.

Para los chateros de altos vuelos, las zonas más socorridas son las estadunidenses o europeas, en donde los diálogos y las relaciones gozan de alta tolerancia y libertad. El chat es ante todo un viaje, una forma de psicodelia y se caracteriza por su dinámica pop, de ahí que los jóvenes sean quienes de forma tan afanosa y perseverante se conecten a tal medio. El pop es sinónimo de velocidad, "el pop es vertiginoso. El pop es veloz, rinde culto a la transitoriedad del instante, y agota todas las posibilidades del mismo. El pop se expresa a través del objeto, y se afirma en su destrucción o su desecho. El pop se desenvuelve en medio de una constante sustitución de estilos, en la cual encuentra su esencia, que es la transitoriedad.[...] El pop es estridente".4 El chat embona en lo descrito, si echamos una mirada al escenario chatero se verá que una gran cantidad de los mismos destaca por su culto a la velocidad, por el desenfreno de lo transitorio, por su carácter pop en última instancia.

El chat es fiel a la lógica pop, se presentan como viaje: es un desplazarse por diferentes zonas y emular la velocidad de las sensaciones que demanda el mismo itinerario afectivo. Para ciertos devotos del chat que cuentan con mayores recursos económicos, es casi obligatorio trasladarse fuera de su país a visitar a los amigos o amores que ha conocido en el chat y en las capillas de tertulia digital que frecuenta. Los chats tienen la virtud de potenciar la diferencia, en ellos participan de forma vigorosa muchas personas hambrientas de reconocimiento. Quienes tienen tiempo de dedicarse a visitar los chats, tienen la ventaja de ser memorias vivientes de lo que son tales lugares, los convierte en los de mayor respeto y reconocimiento del clan: se erigen en líderes de opinión, en tiralíneas capaces de sintetizar en unos cuantos bits las características que debe reunir un chat "superior" o de cualidad.

El chat crea asociatividad, favorece las relaciones con los iguales -con quienes profesan las mismas preferencias-, con los que degustan desde la aventura simbólica hasta la real. Es un espacio para la interlocución. La afinidad inicial es el gusto por el ciberespacio, pero a partir de ese preliminar interés se articulan y tejen correlaciones más estrechas. Viajar es sinónimo de chatear, pero peregrinar es también una práctica que en este caso se hace de forma compartida, el chat a pesar de alimentar al individualismo no se puede poner en práctica sin los clones, sin los otros iguales que son quienes hacen que tal espacio simbólico exista. El encuentro con los iguales refuerza el factor de coincidencia. A partir de esto se conforma una especie de autovaloración que permite a los chateros avanzar en el camino de sus preferencias. De hecho, una buena navegación e interacción favorece a las partes que intervienen en el chat no sólo entablar una charla y trabar relaciones de contacto, sino conocer los puntos de vista sobre los temas que se tratan, de reconocerse y dar reconocimiento al otro.

Sin embargo, a pesar de que millones de chats abunden en el ciberespacio, también es cierto que como comunidad virtual han pasado por distintos momentos. Howard Rheingold ha relatado en su relato sobre la comunidad electrónica que él creó, Well,5 como fue esta vida en sus primeros pasos. A las tertulias digitales les pasó lo mismo que al libro: debió de transcurrir un tiempo para que se perfeccionaran las técnicas que lo hicieron legible.5 Los chats han causado una especie de furor entre ciertos sectores que se han volcado a vivir parte de su vida en ellos de forma fanática, lo cual ha llevado a mencionar que eso deriva en nuevas enfermedades o situaciones desfavorables como la depresión7 o afección emocional.8 Sin embargo, lo cierto es que los estudios caminan en sentidos opuestos, e incluso en las mismas áreas de investigación de algunas universidades se llegan a resultados totalmente distintos. A pesar de todo, el chat es ya una estructura que inquieta, da temor, moviliza pasiones, trastoca hábitos tan "íntimos" como la misma sexualidad.

La experiencia sexual en el chat
En los chats es cierto que lo descabellado tiene certificado de naturalización, en ellos los humanos encuentran un camino adecuado para dar vida a sus más locas fantasías. En el momento que el sexo virtual se desea hacer, sólo se necesita recurrir a la imaginación, la cual tienen en abundancia los asiduos a tales regiones digitales. El terreno sexual digital evidencia que la vida no tiene porque ser más pequeña que los sueños. Todo inicia con la imaginación, las palabras se vuelven picantes y caminan rumbo a la dimensión íntima; las insinuaciones se multiplican, se invita con los simulacros de la tecla a percibir y trasmitir las excitaciones más íntimas. La pantalla se torna entonces en alcoba, playa, mesa, alberca, silla, alfombra, sillón, o cualquier objeto que favorezca la práctica sexual. Así, mientras la invención camina a veloces pasos por el campo de la excitación, las teclas reciben los impulsos de los dedos que descargan lo que la mente carbura o elucubra. El monitor se vuelve, entonces, una dimensión erótica, una gran reserva de imágenes, la piel misma del otro, en la amada o amado o deseado que también da vida y repuesta a las peticiones de los estímulos procedentes del otro lado de la pantalla.

En pocos minutos una relación virtual alcanza altos grados de erotismo, se vuelve intensa y el semen mismo parece impregnar los monitores. La imaginación vuela en fracción de segundos a otro continente y a cualquier país considerado exótico, para desplegarse en seducciones y metáforas sexuales. El anonimato y la factibilidad de asumir personalidades, de multiplicar el yo, fomentan un diálogo y una interacción en la cual la desinhibición se destaca. De tal forma que las chicas pueden decir: "¡Me quemo!; "muñeco siento que me muero por ti" o "Mi vagina está húmeda y espera tu pene". Mientras los individuos refieren: "Tienes un hermoso chochito" o "tu panocha es la más hermosa que he conocido". La imaginación no vacila en poner los escenarios más insólitos, por lo cual no es descabellado imaginarse que en una sesión de sexo virtual se presenten las eyaculaciones y orgasmos más inexistentes en la vida real.

Sin embargo, habrá que establecer que esta nueva modalidad no es similar a lo que son el video o el cine porno para sus cultores, o lo que la literatura erótica constituye para sus fans. Este es un nuevo género de prácticas que continua por los caminos ya experimentados con las hot lines, pero se enfila a constituirse en un fuerte mecanismo globalizador de las interacciones humanas, en una fuente de alta interacción erótica en tiempo real. Pensar si lo dicho por el otro es verdad, no importan en los chats y en todos los capítulos que dan paso a las charlas sexuales, ellos son sólo una posibilidad para autoexplorarse y también para poner en marcha perversiones y absurdos, de acercarse a las nuevas formas de amar, pero también constituye una manera de adaptación a la variedad sexual que es típica de esta era. Aunque tampoco se pasa por alto que muchos descargan de enfermiza manera toda su vida erótica en este medio.

Más allá del detalle verbal por las eyaculaciones virtuales, por la dimensión de los penes simulados o el número de orgasmos que en una sesión virtual pueden alcanzar los practicantes del sexo virtual, lo cierto es que estas relaciones en la red se viven con tal vértigo que en cierto sentido son relaciones que no les interesa ser reales, sino expresiones acentuadas de placer. La energía erótica en la red se da, pues, porque el humano al no tener frente a sí la diferencia biológica del otro, al cuerpo de carne y hueso, se libera del "encierro" corporal y deja discurrir por el monitor toda su ficción erótica. Visto así, el sexo virtual es una experiencia secular sin fin de la sexualidad, una especie de perenne celibato, una forma de relación que también es traducible en relaciones directas, con alcoba y colchón real.

El anonimato invita al internauta a descubrir nuevas dimensiones de su personalidad, a explorar los límites del ego, de todas esas facetas que las convenciones sociales suelen mantener ocultas. En la era internet, en el momento en que con un tecleo se fractura radicalmente el espacio y el tiempo, las relaciones se vuelven intensas en segundos: lo que en el pasado necesitaba horas o días para concretarse, aquí se da en minutos. Al vivir en una sociedad condicionada por la velocidad, por la sensación de desaparecer entre caracteres digitales, fundirse con la computadora como si ésta fuera una extensión de la mente, la vagina, el pene y la personalidad, otorga una naturalidad y una seguridad inusitadas, pero al mismo tiempo promociona que los ritos para el contacto sexual entren en otras dimensiones. Lo escépticos y críticos de las nuevas tecnologías arguyen que es difícil llegar a sentir placer con algo tan frío como una computadora, que por muy rápida que sea la interfase, siempre hay que esperar algunos segundos para que el otro responda y eso trastoca la inspiración o el sentido realista. Pero muchos confiesan que ese tiempo lo aprovechan para recorrer sus genitales, para darle un tratamiento manual a sus "partes íntimas" mientras esperan que la respuesta llegue con vigor erótico. Pero para que eso se dé, es necesario el acuerdo: todo está permitido siempre que las dos partes o más que participan en las acciones sexuales virtuales así lo convengan. Es cierto que también las violaciones o la violencia verbal erótica abundan y se presenta cargada de fuertes tintes sádicos y masoquistas: algunos usuarios deambulan por los chats para practicar sus hazañas de maltrato a los otros, de una forma tal que también deja ver que en este renglón es necesario poner atención por las nuevas modalidades en que la violencia se ejerce.

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