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Self-Portrait - 1506 - Oil on wood, 45 x 33 cm - Galleria degli Uffizi, Florence

11 - Contenidos disponibles en español y en inglés - Availables resources in spanish and english

. Pintura. Paintings

. Biography (English)

J Mateo Gómez - Biografía (Español)

La obra de este artista es, quizá, entre la de los más grandes maestros de la pintura, la de más señalada pervivencia en la Historia del arte, a través de todos los tiempos y de la sucesiva aparición de las diversas escuelas pictóricas.

En efecto, el éxito le acompañó siempre a lo largo de su carrera; y después de su muerte, la crítica ha sido en general muy favorable a su arte, si exceptuamos la segunda mitad del s. XVI, en la que, quizá debido al sentido manierista de su escuela y a la larga supervivencia de Miguel Ángel, se dejó notar no un olvido total pero sí una manera errónea de entender su estilo. Fueron las Academias de Bolonia y Roma, en el s. XVII, las que reavivaron la admiración hacia la obra de R., mantenida hasta nuestros días. Rafael (En el autorretrato más arriba) era hijo del pintor Giovanni Santi o Sanzio, n. en Urbino el 6 abr. 1483, y m. en Roma el 6 abr. 1520, cuando se encontraba pintando la Transfiguración; fue sepultado en el Panteón. La característica fundamental de R. es su sentido de la proporción, de la medida y de la elegancia, lo que le hace primerísima figura de los cánones renacentistas, y su capacidad para asimilar el estilo de sus predecesores y contemporáneos, pero siempre creando algo nuevo de extraordinaria calidad. En su obra se distinguen tres etapas. La primera transcurre en la Umbría, en Urbino, influido por Perugino (v.), con quien comenzó a trabajar en 1499. La segunda tiene lugar después de su traslado a Florencia en 1504, y en ella se deja notar la influencia, no sólo de Leonardo (v.), sino de la escuela florentina. Finalmente, en la tercera etapa, después de su llegada a Roma en 1508 con una carta de presentación para el papa Julio II, se observa la influencia de Miguel Ángel. Como característica propia de su obra, común a todas estas etapas, destaca su constante interés por la agrupación de los personajes. (Ver: ¿Qué es el arte?)

      1. La etapa de Urbino. El aprendizaje con Perugino empezó cuando R. tenía 16 años; permanece junto a él hasta los 21. Sus cuadros de esta época recuerdan el periodo cuatrocentista. La influencia de Umbría y del Perugino se aprecia en los amplios paisajes, en los que destacan arbolillos de copas muy claras y hojas menudas, gran simetría en las composiciones y movimientos suaves, rostros redondos, rasgos menudos y expresiones soñadoras. Como cuadro más cuatrocentista quizá deba mencionarse el retablo de los Oddi (Roma, Pinacoteca Vaticana), encargado por Maddalena degli Oddi, en 1502, para la iglesia de S. Francisco en Perusa. La tabla central representa la Coronación de la Virgen y, en la predela, tres escenas: la Anunciación, la Adoración de los Magos y la Circuncisión, que recuerdan la predela del retablo del Perugino en S. María la Nueva de Fano. De influencia claramente peruginesca es La Virgen con el Niño, del Museo de Berlín, fechada en 1501, de gran sencillez y belleza cromática.
Las obras más personales de este periodo quizá sean El sueño del caballero (National Gallery, Londres) y Las tres Gracias (Museo Condé, Chantilly). El tema del primero se ha interpretado de diversos modos: como pasajes de la vida de Hércules o como el sueño de Escipión. Recientemente, Chastel ha convalidado esta última interpretación, colocando al héroe entre Palas y Venus, entre el camino de los placeres y la dignidad. El otro, de iguales proporciones, puede considerarse como la continuación de la historia: las manzanas de las Hespérides son entregadas por las tres gracias al héroe triunfador, en recompensa de su virtud. Esta hipótesis está de acuerdo con lade Panofsky de que ambas tablas estarían unidas formando un díptico.

      2. La estancia florentina. Ya en Florencia, pinta R. Los Desposorios de la Virgen (Pinacoteca Brera, Milán), fechada en 1504 y firmada en el friso del pórtico del templo. La obra fue un encargo de los Albizini para la capilla de S. José en la iglesia de S. Francisco en Cittá di Castello. Está inspirada en la obra de Perugino La entrega de las llaves (Vaticano), con el mismo amplio escenario e iguales elementos para conseguir profundidad. La escena principal se representa en el centro del primer plano, y entre éste y el fondo de arquitectura -que R. limita a un solo edificio- se mueven figurillas, aisladas y en grupo, a escala más reducida. En conjunto, las novedades que introduce en esta obra, en comparación con la de su maestro, consisten en la simplificación en todos los elementos. R. transforma su estilo en su etapa florentina, si bien conserva su interés por las perspectivas amplias y por la grandiosidad de sus concepciones.
      Es natural la influencia que para su formación artística tuvo su estancia en Florencia porque, al llegar a la ciudad del Arno, se encuentra trabajando en ella a Leonardo y a Miguel Ángel. Y es lógico que el estudio de las obras de estos maestros le haga apreciar sus propios personajes demasiado estáticos y le impulse a buscar el movimiento y los efectos del claroscuro. A esta influencia añaden certeramente muchos autores la de otro artista, Fra Bartolomeo (v. DELLA PORTA) que, si no alcanzó la fama de Leonardo y de Miguel Ángel, refleja en su obra con grandiosidad y belleza todo el gusto artístico de la Florencia de aquel momento.
      Durante esta etapa, R. pinta muchas Vírgenes, concebidas al estilo pagano de las matronas romanas, pero impregnadas de devoción y sentido cristianos. Deben destacarse: La Madonna del Gran Duque (Florencia, Palacio Pitti), fechada en 1505, de influencia leonardesca, como casi todas sus Madonas de esta época, en la que apenas se percibe el sentido del movimiento, solamente expresado por un leve giro del cuerpo de la Virgen que, al contrarrestarse con otro del Niño en sentido contrario, suscitan en el conjunto, de tan sencillo modo, la indispensable sensación de movimiento.
      Inspirada directamente en la Virgen de las Rocas, de Leonardo, y sobre todo en la posición de las manos, es la Madonna de Terranova (Berlín, Museo), fechada entre fines de 1504 y 1505. Aparece la Virgen con el Niño, S. Juanito y otro santo niño no identificado. El enlace de las figuras entre sí está logrado por el juego de miradas y los suaves movimientos de los cuerpos y manos. Entre las obras de R. más ampliamente influidas por Leonardo se encuentran: La Virgen de la Pradera (Viena, Museo de Arte), que fechada hasta recientes publicaciones en 1505, lo es en 1506 por P. De Vecchi, según dato que aparece en el borde de la túnica; La Virgen del Jilguero (Florencia, Uffizi), de 1506, de esquema piramidal como la anterior y como La bella jardinera (París, Louvre), fechada en 1507. Dentro de este esquema triangular, pero con mayor número de figuras, es la Sagrada Familia con S. Isabel y S. Juanito (Munich, Pinacoteca), de 1507. De ese mismo año es la Sagrada Familia del Cordero (Madrid, Prado), en la que persiste el interés de R. por agrupar las figuras, pero aquí prescinde del triángulo, colocándolas en sentido diagonal; procede de la colección Falconieri, de Roma, de donde probablemente pasó a El Escorial en el s. xvtti; en la orla del escote del vestido de la Virgen, aparecen firma y fecha. La Madonna Tempi (Munich, Pinacoteca), de nervio y ritmo donatelliano, se fecha a finales del periodo florentino.
      La influencia miguelangelesca no fue tan señalada como la de Leonardo en la etapa florentina de R.; sin embargo, en el Santo Entierro (Roma, Galería Borghese), fechada en 1507, se advierte en las figuras un movimiento y dramatismo totalmente miguelangelescos; la disposición de las figuras en dos grupos moviéndose en dos direcciones opuestas y teniendo como punto de unión en el centro la figura de Cristo muerto, nos lo presenta como precedente de la composición, de años más tarde, El Pasmo de Sicilia, en el que se aprecia totalmente la influencia de Miguel Ángel.
 

      3. El periodo romano. En 1508 marcha R. a Roma provisto, como se ha dicho anteriormente, de una carta de recomendación para el papa Julio II. En Roma, hace amistad con Bramante (v.) y muy pronto se le encarga la decoración de la Stanza della Segnatura, del Vaticano. Miguel Ángel está pintando entonces el techo de la Capilla Sixtina, también en el Vaticano; y esta proximidad se deja sentir en la obra del joven R., que sólo cuenta 26 años de edad, mientras que Miguel Ángel se encuentra ya en la plenitud de su creación artística. En la Stanza, desde 1508 hasta 1511, pinta R. cuatro alegorías: Disputa del Sacramento, La Escuela de Atenas, El Parnaso y Gregorio IX y Justiniano publicando sus códigos. La bóveda está pintada a base de cornisas, que la dividen en 13 secciones; en torno a un octógono central, con niños que sostienen escudos pontificios, hay cuatro medallones que corresponden a los lunetos de las paredes, con las personificaciones de las cuatro alegorías que hemos citado: la Teología, la Filosofía, la Poesía y la justicia. En los ángulos están representados Adán y Eva, el juicio de Salomón, la Astronomía y Apolo y Marsias. Entre el octógono y los rectángulos, aparecen unas secciones, cada una con dos historias: una, monocroma, de historia, y la otra, policroma, de tema mitológico. La decoración de la bóveda está concebida unitariamente, relacionándose unas escenas con otras según su disposición.


      La Disputa del Sacramento representa el triunfo de Cristo bajo la forma de la Eucaristía. Está concebida con grandiosidad de escenario que evoca los cuadros de su etapa de Umbría. Colocados en semicírculos, se ordenan Pontífices, cardenales y obispos, que discuten acaloradamente en actitudes y ademanes clásicos. Se debe el nombre de este fresco a una interpretación, dada en el s. XVII, de un pasaje del Vasar¡. Lo que verdaderamente representa el fresco es la Exaltación de la Eucaristía. Los críticos lo proclaman unánimemente como la primera obra realizada de esta serie. La misma grandiosidad podemos notar en La Escuela de Atenas, que acusa mayor influencia de Miguel Ángel en los modelos humanos, de volumen gigantesco y gran movimiento; el escenario, en el que los espesos muros soportan una enorme bóveda, se ha hecho más renacentista. Delante de este marco aparecen las figuras de Platón, Aristóteles, Arquímedes, Ptolomeo y otras que se ha tratado de identificar con personajes contemporáneos sobresalientes en el mundo de las Artes y las Letras. El Parnaso presenta en el centro a Apolo con la lira y, sentadas junto a él, a Calíope y Erato, que presiden el coro de las otras musas. En el resto de las figuras están representados los poetas. En cuanto al fresco que representa a Gregorio IX aprobando los Decretales, parece ser que intervinieron en él discípulos de Rafael.


      Después de terminar esta estancia, el Papa le encarga la decoración de la conocida después por Stanza de Heliodoro. En ella, y también al fresco, pinta los pasajes de Heliodoro expulsado del templo, La Misa de Bolsena, La liberación de S. Pedro y el Encuentro de León I y Atila. Durante la ejecución de esta serie muere el papa Julio II, al que sucede León X. En la tercera estancia vaticana, pinta R. (1514-17), entre otros, el fresco del Incendio del Borgo, en el que resalta el interés del artista por el movimiento. El tema está tomado del Liber Pontificalis y representa el milagro del papa León IV, al extinguir el incendio declarado en el Borgo.


      En esos años pinta también los maravillosos cartones para la serie de Los Hechos de los Apóstoles, de los que se hacen tapices en Flandes, y La visión de Ezequiel (Florencia, Palacio Pitti). Este cuadro debe ser de ca. 1516, a juzgar por la influencia miguelangelesca, y a la vez clásica, que en él se aprecia. Jehová evoca la figura de Júpiter y la composición recuerda la agrupación del Toro Farnesio, del Museo de Nápoles. El cuadro es de pequeñas proporciones, lo que hace más admirable lo bien logrados que están la composición, la grandiosidad y el movimiento, en espacio tan reducido. Los críticos han querido ver en este cuadro la mano de julio Romano trabajando sobre un dibujo de R., y algunos autores han llegado a sostener que el paisaje es una adición posterior.


      Entre los cuadros más destacados de la época romana de R. debe citarse en primer término La Virgen del Pez (Madrid, Prado). Aparece la Virgen en trono, con el Niño, al que sujeta con un movimiento elegantísimo. A un lado de la Virgen, está representado Tobías sujetando el pez y acompañado por el Ángel; al otro lado, S. jerónimo. Parece ser que este cuadro fue pintado para la iglesia de S. Domingo de Nápoles. A la misma fecha de este cuadro (1515) pertenece también La Virgen de S. Sixto (Dresde, Galería) así como La Virgen de la Silla (Florencia, Palacio Pitti), en los que la simplicidad compositiva y grandiosidad romana son las notas más características. En el primero, entre cortinas, se ve a la Virgen con el Niño sobre nubes. A un lado, S. Sixto Papa, y al otro S. Bárbara, ambos de rodillas. En la parte inferior, apoyados en una balaustrada, casi al borde mismo del marco, dos angelitos. Está pintado sobre tela -hecho insólito en R., que pintaba generalmente sobre tabla-, lo que ha hecho pensar a algunos críticos que fue pintado para un estandarte procesional. Vasari dice que fue hecho para los monjes negros de S. Sixto en Piacenza. Otros críticos más recientes lanzaron la hipótesis de que el cuadro fuera destinado a decorar el sepulcro de julio 11. En el torbellino de hipótesis, las conclusiones de Putscher parecen más lógicas. Para él, el cuadro fue destinado a la iglesia piacentina, en construcción por aquellos años, y debía servir como ventana fingida en el ábside. En este punto, discrepan otros escritores, que opinan que el lugar para el que fue destinado era el altar mayor. En esta tela, R. hace aparecer a los santos y a la Virgen como mediadores entre el pueblo y la Divinidad. La Virgen aparece sencilla, descalza, pero concebida con una belleza sobrenatural.


      En la Virgen de la Silla, apenas hay reminiscencias peruginescas, como no sea en la expresión melancólica de los rostros. El R. de esta obra es el mismo que ha creado las estancias del Vaticano. Aunque la forma circular del cuadro haya forzado la posición de algunas figuras, resulta bien compuesto el conjunto, que es muy hermoso, equiparable a la Madonna Sixtina. Este cuadro fue hecho, tal vez, para León X. En varios dibujos de R., que se conservan en el Museo de Lille, pueden reconocerse las tres figuras de este cuadro.


      Donde más se nota la influencia de Miguel Ángel en R. es en los cuadros a que sirve de tema la Sagrada Familia: La Sagrada Familia de Francisco I (París, Louvre) y La Sagrada Familia de Roble (Madrid, Prado) son buena prueba de ello. En las figuras se acusa una concepción grandiosa y movida; sus cuerpos, así como los plegados de los ropajes, son más escultóricos; es más fuerte el colorido; el paisaje, con ruinas romanas, nos habla igualmente de esa época. La misma influencia miguelangelesca se observa en dos grandes composiciones: La Transfiguración (Pinacoteca Vaticana) y El Pasmo de Sicilia (Madrid, Prado). Este último cuadro representa una de las caídas de Cristo en el camino del Calvario. Fue pintado para la iglesia de S. María dello Spasimo, de Palermo, adonde llegó tras un azaroso viaje. En 1622 fue adquirido por Felipe IV de España. Recientemente han aparecido documentos relativos a la llegada y estancia de este cuadro en la colección real española (J. J. Junquera y Mato, Algunos datos sobre el Pasmo de Rafael..., «Arte Español», 1963-67).


      Entre los retratos pintados por R., destaca el del Cardenal (Madrid, Prado). Se ha supuesto que se trata del card. Alidosi, en tanto que otros creen que es el card. Bibbiena, llamado Alibrandi. Hasta ahora, tenía más posibilidades de acierto la primera de dichas hipótesis, pero ofrecía una grave dificultad para admitir la época del cuadro, porque R. hubiera tenido que hacer el retrato de Alidosi antes de 1511, fecha que acepta Rosenberg, pero que, para otros, en modo alguno puede compaginarse con la madurez de estilo de la obra, que estiman corresponde hacia 1518. El cuadro data, indudablemente, de los últimos años del maestro; y la reciente designación del card. Trivulzio como el personaje retratado, no sólo es totalmente persuasiva, sino que confirma la opinión sobre la época en que fue pintado. La obra está admirablemente conservada; los colores resplandecen con extraordinaria frescura, y la cabeza parece animada, colaborando todo a una fuerte sensación de vida.


      Otro destacado retrato es La Donna Vellata (Florencia, Palacio Pitti). Se consideró durante mucho tiempo como el retrato de la Fornarina; sus facciones son muy semejantes a las de la Virgen de S. Sixto. Pero quizá el que más renombre ha dado a R. es el Retrato de León X (Florencia, Palacio Pitti), que Vasari describe así: «El terciopelo está como materialmente cubierto por la finísima vellosidad de la seda, el traje de damasco del Papa como si hiciera, al moverse, el ruido característico de esta tela y despidiera luminosas irisaciones, las pieles de adorno tienen un pelo flexible y vivo, y el oro y la seda están tan maravillosamente reproducidos que, más que manchas de color, parecen seda y oro verdaderos; el código de pergamino, adornado con miniaturas, produce un efecto más real que haría el código mismo, y la campanilla aparece cincelada y decorada tan maravillosamente que no puede decirse con palabras. Por último, sobre uno de los montantes del respaldo del sillón hay, a manera de copete, un remate esférico, tan brillantemente pulimentado, que refleja todo el espacio circundante con el disco de la ventana y los reflejos luminosos». El Pontífice aparece sentado entre dos de sus sobrinos: Julio de Medici (luego Clemente VII) a la derecha, y Luis de Rossi a la izquierda. Ambos aparecen revestidos con trajes de cardenal; como el segundo fue nombrado cardenal en 1517 y murió apenas transcurridos dos años, no hay duda de que el cuadro fue pintado en ese breve lapso de tiempo. Es, entre los retratos debidos a R., una obra maestra.


      Al progresar en el tiempo la obra de R., va evolucionando la factura de sus retratos que, haciéndose cada vez más ampulosos, serán punto de partida de los grandes retratistas barrocos. Un rápido examen de las diversas actividades de la corta vida de R. nos permite contemplar su profunda vocación artística y su afán de superación, manifestados en los sucesivos progresos que jalonan y caracterizan las distintas etapas de su obra. Iniciada ésta en muy temprana edad, no sólo asimila rápidamente con ágil intuición las enseñanzas de los excelentes maestros que brillaron en su tiempo, sino que acertó a impregnarlas de nuevos matices en la composición, el colorido, la técnica en suma, que imprimieron a su obra un innegable sello de propia personalidad. No se concibe, de otro modo, que en plena juventud gozara del favor de los grandes personajes de la época que, como a los maestros ya consagrados, le encargaron obras que han pasado a la posteridad.


      No son escasos los críticos que señalan la influencia de los grandes maestros de su época en la copiosa obra de R., restando con ello a ésta, indirectamente, la característica de originalidad. Pero si se tiene en cuenta que R. murió a la edad de 37 años, que sólo trabajó, por tanto, en su juventud, es decir, en los que como comienzo de una carrera, se busca naturalmente la inspiración en la obra de los consagrados; y que, no obstante, se aprecian en el joven artista geniales características propias, al menos en cuanto a la expresión de sus concepciones y a la superación de las técnicas, no parece aventurado asegurar que, con una vida más dilatada, hubiera dejado a la posteridad una obra quizá insuperable en todos los aspectos del arte pictórico

BIBL.: M. PRISCO y P. L. DE VECCI-[I, La obra completa de Rafael, Barcelona 1969 (con selecta bibl.); R. MONTI, Rafael, Barcelona 1968; M. SALMI y OTROS, Rafael, Barcelona 1970.

FUENTE: Cortesía de Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991


Biography

Raphael (his full name Raffaello Sanzi or Santi), Italian painter and architect of the Italian High Renaissance. Raphael is best known for his Madonnas and for his large figure compositions in the Vatican in Rome. His work is admired for its clarity of form and ease of composition and for its visual achievement of the Neoplatonic ideal of human grandeur.

Early years at Urbino

Raphael was the son of Giovanni Santi and Magia di Battista Ciarla; his mother died in 1491. His father was, according to the 16th-century artist and biographer Giorgio Vasari, a painter "of no great merit." He was, however, a man of culture who was in constant contact with the advanced artistic ideas current at the court of Urbino. He gave his son his first instruction in painting, and, before his death in 1494, when Raphael was 11, he had introduced the boy to humanistic philosophy at the court.

Urbino had become a centre of culture during the rule of Duke Federico da Montefeltro, who encouraged the arts and attracted the visits of men of outstanding talent, including Donato Bramante, Piero della Francesca, and Leon Battista Alberti, to his court. Although Raphael would be influenced by major artists in Florence and Rome, Urbino constituted the basis for all his subsequent learning. Furthermore, the cultural vitality of the city probably stimulated the exceptional precociousness of the young artist, who, even at the beginning of the 16th century, when he was scarcely 17 years old, already displayed an extraordinary talent.

Apprenticeship at Perugia

The date of Raphael's arrival in Perugia is not known, but several scholars place it in 1495. The first record of Raphael's activity as a painter is found there in a document of Dec. 10, 1500, declaring that the young painter, by then called a "master," was commissioned to help paint an altarpiece to be completed by Sept. 13, 1502. It is clear from this that Raphael had already given proof of his mastery, so much so that between 1501 and 1503 he received a rather important commission - to paint the Coronation of the Virgin for the Oddi Chapel in the church of San Francesco, Perugia (and now in the Vatican Museum, Rome). The great Umbrian master Pietro Perugino was executing the frescoes in the Collegio del Cambio at Perugia between 1498 and 1500, enabling Raphael, as a member of his workshop, to acquire extensive professional knowledge.

In addition to this practical instruction, Perugino's calmly exquisite style also influenced Raphael. The Giving of the Keys to St Peter, painted in 1481-82 by Perugino for the Sistine Chapel of the Vatican Palace in Rome, inspired Raphael's first major work, The Marriage of the Virgin (1504; Brera Gallery, Milan). Perugino's influence is seen in the emphasis on perspectives, in the graded relationships between the figures and the architecture, and in the lyrical sweetness of the figures. Nevertheless, even in this early painting, it is clear that Raphael's sensibility was different from his teacher's. The disposition of the figures is less rigidly related to the architecture, and the disposition of each figure in relation to the others is more informal and animated. The sweetness of the figures and the gentle relation between them surpasses anything in Perugino's work.

Three small paintings done by Raphael shortly after The Marriage of the Virgin - Vision of a Knight, Three Graces, and St Michael - are masterful examples of narrative painting, showing, as well as youthful freshness, a maturing ability to control the elements of his own style. Although he had learned much from Perugino, Raphael by late 1504 needed other models to work from; it is clear that his desire for knowledge was driving him to look beyond Perugia.

Move to Florence

Vasari vaguely recounts that Raphael followed the Perugian painter Bernardino Pinturicchio to Siena and then went on to Florence, drawn there by accounts of the work that Leonardo da Vinci and Michelangelo were undertaking in that city. By the autumn of 1504 Raphael had certainly arrived in Florence. It is not known if this was his first visit to Florence, but, as his works attest, it was about 1504 that he first came into substantial contact with this artistic civilization, which reinforced all the ideas he had already acquired and also opened to him new and broader horizons. Vasari records that he studied not only the works of Leonardo, Michelangelo, and Fra Bartolomeo, who were the masters of the High Renaissance, but also "the old things of Masaccio," a pioneer of the naturalism that marked the departure of the early Renaissance from the Gothic.

Still, his principal teachers in Florence were Leonardo and Michelangelo. Many of the works that Raphael executed in the years between 1505 and 1507, most notably a great series of Madonnas including The Madonna of the Goldfinch (c. 1505; Uffizi Gallery, Florence), the Madonna del Prato (c. 1505; Kunsthistorisches Museum, Vienna), the Esterházy Madonna (c. 1505-07; Museum of Fine Arts, Budapest), and La Belle Jardinière (c. 1507; Louvre Museum, Paris), are marked by the influence of Leonardo, who since 1480 had been making great innovations in painting. Raphael was particularly influenced by Leonardo's Madonna and Child with St. Anne pictures, which are marked by an intimacy and simplicity of setting uncommon in 15th-century art. Raphael learned the Florentine method of building up his composition in depth with pyramidal figure masses; the figures are grouped as a single unit, but each retains its own individuality and shape. A new unity of composition and suppression of inessentials distinguishes the works he painted in Florence. Raphael also owed much to Leonardo's lighting techniques; he made moderate use of Leonardo's chiaroscuro (i.e., strong contrast between light and dark), and he was especially influenced by his sfumato (i.e., use of extremely fine, soft shading instead of line to delineate forms and features). Raphael went beyond Leonardo, however, in creating new figure types whose round, gentle faces reveal uncomplicated and typically human sentiments but raised to a sublime perfection and serenity.

In 1507 Raphael was commissioned to paint the Deposition of Christ that is now in the Borghese Gallery in Rome. In this work, it is obvious that Raphael set himself deliberately to learn from Michelangelo the expressive possibilities of human anatomy. But Raphael differed from Leonardo and Michelangelo, who were both painters of dark intensity and excitement, in that he wished to develop a calmer and more extroverted style that would serve as a popular, universally accessible form of visual communication.

Last years in Rome

Raphael was called to Rome toward the end of 1508 by Pope Julius II at the suggestion of the architect Donato Bramante. At this time Raphael was little known in Rome, but the young man soon made a deep impression on the volatile Julius and the papal court, and his authority as a master grew day by day. Raphael was endowed with a handsome appearance and great personal charm in addition to his prodigious artistic talents, and he eventually became so popular that he was called "the prince of painters."

Raphael spent the last 12 years of his short life in Rome. They were years of feverish activity and successive masterpieces. His first task in the city was to paint a cycle of frescoes in a suite of medium-sized rooms in the Vatican papal apartments in which Julius himself lived and worked; these rooms are known simply as the Stanze. The Stanza della Segnatura (1508-11) and Stanza d'Eliodoro (1512-14) were decorated practically entirely by Raphael himself; the murals in the Stanza dell'Incendio (1514-17), though designed by Raphael, were largely executed by his numerous assistants and pupils.

The decoration of the Stanza della Segnatura was perhaps Raphael's greatest work. Julius II was a highly cultured man who surrounded himself with the most illustrious personalities of the Renaissance. He entrusted Bramante with the construction of a new basilica of St. Peter to replace the original 4th-century church; he called upon Michelangelo to execute his tomb and compelled him against his will to decorate the ceiling of the Sistine Chapel; and, sensing the genius of Raphael, he committed into his hands the interpretation of the philosophical scheme of the frescoes in the Stanza della Segnatura. This theme was the historical justification of the power of the Roman Catholic church through Neoplatonic philosophy.

The four main fresco walls in the Stanza della Segnatura are occupied by the Disputa and the School of Athens on the larger walls and the Parnassus and Cardinal Virtues on the smaller walls. The two most important of these frescoes are the Disputa and the School of Athens. The Disputa, showing a celestial vision of God and his prophets and apostles above a gathering of representatives, past and present, of the Roman Catholic church, equates through its iconography the triumph of the church and the triumph of truth. The School of Athens is a complex allegory of secular knowledge, or philosophy, showing Plato and Aristotle surrounded by philosophers, past and present, in a splendid architectural setting; it illustrates the historical continuity of Platonic thought. The School of Athens is perhaps the most famous of all Raphael's frescoes, and one of the culminating artworks of the High Renaissance. Here Raphael fills an ordered and stable space with figures in a rich variety of poses and gestures, which he controls in order to make one group of figures lead to the next in an interweaving and interlocking pattern, bringing the eye to the central figures of Plato and Aristotle at the converging point of the perspectival space. The space in which the philosophers congregate is defined by the pilasters and barrel vaults of a great basilica that is based on Bramante's design for the new St Peter's in Rome. The general effect of the fresco is one of majestic calm, clarity, and equilibrium.

About the same time, probably in 1511, Raphael painted a more secular subject, the Triumph of Galatea in the Villa Farnesina in Rome; this work was perhaps the High Renaissance's most successful evocation of the living spirit of classical antiquity. Meanwhile, Raphael's decoration of the papal apartments continued after the death of Julius in 1513 and into the succeeding pontificate of Leo X until 1517. In contrast to the generalized allegories in the Stanza della Segnatura, the decorations in the second room, the Stanza d'Eliodoro, portray specific miraculous events in the history of the Christian church. The four principal subjects are The Expulsion of Heliodorus from the Temple, The Miracle at Bolsena, The Liberation of St Peter, and Leo I Halting Attila. These frescoes are deeper and richer in colour than are those in the earlier room, and they display a new boldness on Raphael's part in both their dramatic subjects and their unusual effects of light. The Liberation of St Peter, for example, is a night scene and contains three separate lighting effects - moonlight, the torch carried by a soldier, and the supernatural light emanating from an angel. Raphael delegated his assistants to decorate the third room, the Stanze dell'Incendio, with the exception of one fresco, the Fire in the Borgo, in which his pursuit of more dramatic pictorial incidents and his continuing study of the male nude are plainly apparent.

The Madonnas that Raphael painted in Rome show him turning away from the serenity and gentleness of his earlier works in order to emphasize qualities of energetic movement and grandeur. His Alba Madonna (1508; National Gallery, Washington) epitomizes the serene sweetness of the Florentine Madonnas but shows a new maturity of emotional expression and supreme technical sophistication in the poses of the figures. It was followed by the Madonna di Foligno (1510; Vatican Museum) and the Sistine Madonna (1513; Gemäldegalerie, Dresden), which show both the richness of colour and new boldness in compositional invention typical of Raphael's Roman period. Some of his other late Madonnas, such as the Madonna of Francis I (Louvre), are remarkable for their polished elegance. Besides his other accomplishments, Raphael became the most important portraitist in Rome during the first two decades of the 16th century. He introduced new types of presentation and new psychological situations for his sitters, as seen in the portrait of Leo X with Two Cardinals (1517-19; Uffizi, Florence). Raphael's finest work in the genre is perhaps the Portrait of Baldassare Castiglione (1516; Louvre), a brilliant and arresting character study.

Leo X commissioned Raphael to design 10 large tapestries to hang on the walls of the Sistine Chapel. Seven of the ten cartoons (full-size preparatory drawings) were completed by 1516, and the tapestries woven after them were hung in place in the chapel by 1519. The tapestries themselves are still in the Vatican, while seven of Raphael's original cartoons are in the British royal collection and are on view at the Victoria and Albert Museum in London. These cartoons represent Christ's Charge to Peter, The Miraculous Draught of Fishes, The Death of Ananias, The Healing of the Lame Man, The Blinding of Elymas, The Sacrifice at Lystra, and St Paul Preaching at Athens. In these pictures Raphael created prototypes that would influence the European tradition of narrative history painting for centuries to come. The cartoons display Raphael's keen sense of drama, his use of gestures and facial expressions to portray emotion, and his incorporation of credible physical settings from both the natural world and that of ancient Roman architecture.

While he was at work in the Stanza della Segnatura, Raphael also did his first architectural work, designing the church of Sant' Eligio degli Orefici. In 1513 the banker Agostino Chigi, whose Villa Farnesina Raphael had already decorated, commissioned him to design and decorate his funerary chapel in the church of Santa Maria del Popolo. In 1514 Leo X chose him to work on the basilica of St Peter's alongside Bramante; and when Bramante died later that year, Raphael assumed the direction of the work, transforming the plans of the church from a Greek, or radial, to a Latin, or longitudinal, design.

Raphael was also a keen student of archaeology and of ancient Greco-Roman sculpture, echoes of which are apparent in his paintings of the human figure during the Roman period. In 1515 Leo X put him in charge of the supervision of the preservation of marbles bearing valuable Latin inscriptions; two years later he was appointed commissioner of antiquities for the city, and he drew up an archaeological map of Rome. Raphael had by this time been put in charge of virtually all of the papacy's various artistic projects in Rome, involving architecture, paintings and decoration, and the preservation of antiquities.

Raphael's last masterpiece is the Transfiguration (commissioned in 1517), an enormous altarpiece that was unfinished at his death and completed by his assistant Giulio Romano. It now hangs in the Vatican Museum. The Transfiguration is a complex work that combines extreme formal polish and elegance of execution with an atmosphere of tension and violence communicated by the agitated gestures of closely crowded groups of figures. It shows a new sensibility that is like the prevision of a new world, turbulent and dynamic; in its feeling and composition it inaugurated the Mannerist movement and tends toward an expression that may even be called Baroque.

Raphael died on his 37th birthday. His funeral mass was celebrated at the Vatican, his Transfiguration was placed at the head of the bier, and his body was buried in the Pantheon in Rome.

Pinturas. Paintings


Retablo Colonna - Madonna and Child Enthroned with Saints
- 1504-05 - Tempera and gold on wood, 172,4 x 172,4 cm (main panel) - Metropolitan Museum of Art, New York


 


Portrait of Baldassare Castiglione -
1514-15 - Oil on canvas, 82 x 67 cm - Musée du Louvre, Paris
 


 

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