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Pier Paolo Pasolini. Parte 1

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Parte 1 / Parte 2

1. Pasolini en el Friuli

 

Pier Paolo Pasolini nace en Bolonia el 5 de marzo de 1922. Es el primogénito de Carlo Alberto Pasolini, teniente de infantería, y de Susanna Colussi, maestra de educación básica, con quien su padre -heredero de una antigua familia de Rávena cuyo patrimonio ha malgastado- se casa en diciembre de 1921 en Casarsa, para luego trasladarse a Bolonia.

“He nacido en una familia típicamente representativa de la sociedad italiana, un auténtico producto del cruce… Un producto de la Unidad de Italia. Mi padre procedía de una antigua familia noble de la Romagna; mi madre, en cambio, viene de una familia de campesinos friulanos que con el tiempo, poquito a poco, han subido a la categoría pequeño burguesa. Por parte de mi abuelo paterno eran del ramo de la destilería. La madre de mi madre era piamontesa, lo cual no le impidió en absoluto tener lazos con Sicilia y con la región de Roma”

[P.P. Pasolini, El sueño del centauro, por Jean Duflot, Editori Riuniti, Roma 1983, p. 17]

La familia Pasolini permanece poco tiempo en Bolonia: se mudan a Parma, a Conegliano, a Belluno, a Sacile, Adria, a Cremona, otra vez a Bolonia, y otras ciudades del norte.

“Me han convertido en un nómada. Pasaba de un campamento a otro, no tenía un hogar estable.”

En 1925 nace, en Belluno, el segundogénito, Guido. Dados los frecuentes desplazamientos, el único punto de referencia de la familia Pasolini es Casarsa. Pier Paolo vive una relación simbiótica con su madre, al tiempo que se acentúan los contrastes con su padre.

“Todas las noches esperaba con terror la hora de la cena porque sabía que llegarían las escenas (…) Inicialmente, hubo en mi una negación de la madre, que me generó una neurosis infantil. Tal neurosis me hizo volverme inquieto, poniendo en cada momento en tela de juicio el hecho mismo de estar en el mundo. (…) Cuando mi madre estaba a punto de parir empecé a padecer escozores en los ojos. Mi padre me inmovilizaba en la mesa de la cocina, me abría el ojo con los dedos y me echaba colirio. Fue a partir de ese momento simbólico cuando empecé a no querer ya a mi padre.”
[Entrevista con Dacia Maraini en "Vogue", mayo de 1971]

Refiriéndose a su madre:

“Me contaba historias, cuentos, me los leía. Mi madre era como Sócrates para mí. Tenía, y tiene, una visión del mundo sin duda idealista e idealizada. Ella cree de verdad en el heroísmo, en la caridad, en la piedad, en la generosidad. Yo he absorbido todo eso de un modk casi patológico”.
[Entrevista con Dacia Maraini en "Vogue", mayo de 1971]

Con su hermano Guido vive una relación de amistad, y aquél le venera, ya que Pier Paolo es muy bueno tanto en los estudios como en los juegos con los otros muchachos. Tal admiración seguirá viva en Guido hasta el día de su muerte.

Los primeros años de escuela tienen lugar entre innumerables traslados, los cuales, sin embargo, no perjudican el rendimiento escolar de Pier Paolo. Éste comienza la escuela con un año de antelación. En 1928 tiene lugar su debut poético, anotando en un cuadernito una serie de poemas acompañados de dibujos. Dicho cuaderno, al que le siguieron otros, se pierde durante la guerra.

Consigue el aprobado para pasar de la escuela básica a la siguiente fase, que tiene lugar en Conegliano.

Es de aquellos años el pasaje, conocido como Teta veleta, que más tarde Pasolini explicará de la siguiente manera:
“Sucedió en Belluno, yo tenía poco más de tres años. Lo que más me chocaba de los chicos que jugaban en los jardines públicos en frente de  mi casa, eran sus piernas, sobre todo la parte convexa del interior de las rodillas, donde al doblarse en la carrera los nervios se tensan en un gesto elegante y violento. En aquellos nervios yo veía un símbolo de la vida que aún debía alcanzar; en aquel gesto de jovencito corriendo representaban para mí el ser mayor. Ahora sé que se trataba de un agudo sentimiento sexual. Si lo recuerdo siento perfectamente, en mis vísceras, la ternura, lal ansiedad y la violencia del deseo. Era el sentido de lo inalcanzable, de lo carnal –un sentido para el que aún no ha sido inventado un nombre-. Yo lo inventé entonces y fue “teta veleta”. Al ver aquellas piernas dobladas en la furia del juego me dije a mí mismo que sentía “teta veleta”, algo parecido a un cosquilleo, una seducción, una humillación”.
[P.P.Pasolini, en Cronistoria de Nico Naldini, cit., p. XVI]

El propio Pasolini precisa:

“Mi infancia se acaba a los 13 años. Como todos: 13 años es la vejez de la infancia, por tanto un momento de gran sabiduría. Era un momento feliz de mi vida. En el colegio había sido el mejor. Empezaba el verano del 34. Se terminaba una época de mi vida, concluía una experiencia y yo ya estaba listo para comenzar otra. Esos días precedentes al verano del 34 fueron los más bellos y gloriosos de mi vida”.
[P.P.Pasolini, en AA.VV., Pasolini una vita futura, Ass. Fondo Pasolini, Garzanti, Milano, 1985]

Pier Paolo termina los estudios de bachillerato superior con 17 años y se matricula en la facultad de Letras de la Universidad de Bolonia. Durante los años de bachillerato superior funda -junto con Luciano Serra, Franco Farolfi, Ermes Parini (de quien Guido Pasolini tomará el nombre durante su militancia entre los partisanos de la Osoppo) y Fabio Mauri- un grupo literario para la critica de poesías. Colabora con el periódico del GIL de Bolonia “Il Setaccio”. En este periodo Pasolini escribe, en friulano y en italiano, los poemas de su primer volumen, Poesie a Casarsa.

Pasolini colabora con la revista “Stroligut” junto con otros amigos literatos friulanos, con quienes ha creado la “Academiuta di lenga furlana”, en la que el uso del dialecto friulano representa una suerte de oposición al poder fascista.

“El fascismo no toleraba los dialectos, signos / de la irracional unidad de este país en el que he nacido / inadmisibles y descaradas realidades en el corazón de los nacionalistas / (…)”

[P. P. Pasolini, il poeta delle ceneri, por Enzo Siciliano, en “Nuovi Argomenti” n. 67-68, Roma, julio-diciembre de 1980]

El uso del dialecto representa también un intento de privar a la Iglesia de su hegemonía cultural sobre las masas subsedarrolladas. Así, mientras que la izquierda prefiere el uso del italiano (que, exceptuando algunos esporádicos casos del jacobinismo, era una prerrogativa clerical), Pasolini intenta justamente llevar a la izquierda a una profundización de la cultura a través del dialecto.

Durante los años de universidad, el regreso a Casarsa representa para Pasolini el regreso a un lugar feliz. En una carta de abril de 1947 le escribe a Silvana Ottieri:

“Que fuese un sábado Santo era un particular que me dejaba frío. ¿Si hubieras visto los colores del horizonte y del campo! Cuando el tren paró en Sacile, en un silencio densísimo, como de última Tula,he sntido de nuevo las campanas. Allí, detrás de la estación de Sacile, se abría hacia el campo una carretera que no sé si he andado en mi infancia o si la he soñado…”

2. La segunda Guerra Mundial. La muerte del hermano Guido. Pasolini entre 1945 y 1949

La segunda Guerra Mundial representa para Pasolini un periodo extremadamente difícil. Su estado de ánimo se intuye por el tono de sus cartas:

“En cuanto a mi salud, no está mal, es más, bien. También en cuanto a moral, cuando todo está tranquilo, o sea raramente. Por lo demás, mucho miedo. Miedo de perder la vida, ¿entiendes, Rico? Y no sólo la mía, sino la de los demás. Estamos todos tan expuestos al destino, pobres hombres desnudos” 
[Carta al pintor De Rocco, otoño de 1944]

“No sé si volveremos a vernos, todo huele a muerte, a final, a fusilamiento… Todo huele a disparos, todo da náuseas si uno piensa que sobre esta tierra cagan esos tipos. Quisiera escupir sobre la tierra, esta tonta, que sigue echando hierbitas verdes y flores amarillas y celestes, y brotes en los árboles…”
[P.P.P. Lettere agli amici, por Luciano Serra, Milano 1976]

Pasolini recibe la llamada del ejército y se incorpora en Livorno en 1943. El 8 de septiembre desobedece a la orden de entregar sus armas a los alemanes y huye. Tras varios desplazamientos por Italia regresa a Casarsa. La familia Pasolini decide dirigirse a Versutta, un lugar menos expuesto a los bombardeos aliados y a los sitios alemanes. Aquí enseña a chicos de bachillerato inferior.

Sin embargo, el acontecimiento que marca aquellos años es la muerte de su hermano Guido. Guido no acepta seguir escondido en Versutta. Pier Paolo le acompaña a la estación, donde compra un billete para Bolonia para desviar las sospechas. Guido viaja a Spilimbergo, y de allí a Pielungo para reunirse con la división partesana de Osoppo, donde adopta el apodo de Ermes, el nombre de Parini, un amigo de Pier Paolo desaparecido en la campaña de Rusia.

Entre los distintos grupos de la resistencia antifascista friulana nacen conflictos intestinos. Los comunistas de las brigadas garibaldinas quieren la anexión de Friuli a la Yogoslavia de Tito, mientras que la brigada de Osoppo defiende la italianidad de Friuli. Guido escribe sobre ello a Pier Paolo, para que en sus artículos se comprometa a defender la postura de la Osoppo. Pasolini nunca escribirá esos artículos.

En febrero de 1945 Guido es asesinado junto con el vértice de la división osavana. Los hechos tienen lugar en la dehesa de Porzus: un centenar de garibaldinos se acercan fingiéndose perdidos, capturan a los de la Osoppo y los fusilan. Guido, a pesar de estar herido, consigue escapar y encontrar refugio en casa de una campesina. Pero los garibaldinos le encuentran, le arrastran fuera de la casa y le asesinan. De ello la familia no se entera hasta el final de la guerra. Escribe Pasolini:

“A menudo pienso en el tramo de carretera entre Musi y Porzus, por el que anduvo mi hermano aquel terrible día, y mi imaginación se hace radiante por no sé qué candor de nieves, por no sé qué pureza de cielo. Y la persona Guido está tan viva”.

Así lo cuenta Pasolini en el periódico comunista “Vie nuove” del 15/09/1971, en respuesta a un lector que le pedía aclaraciones sobre la muerte de Guido:

“El asunto se puede contar en dos palabras: desde Bolonia mi madre, mi hermano y yo nos habíamos refugiado en el Friuli, en Casarsa. Mi hermano seguía estudiando en Pordenone: cursaba el bachillerato científico, tenía diecinueve años. En seguida entró en la Resistencia. Yo, un poco mayor que él, le había inclucado el más encendido antifascismo con la pasión de los catecúmenos, pues yo mismo era un chico y hacía sólo dos años que había descubierto que el mundo en el que había crecido sin ninguna perspectiva era un mundo ridículo y absurdo. Unos amigos comunistas de Pordenone (yo aún no había leído a Marx, y era liberal, con tendencia al partido de acción) llevaron a Guido a la idea de lucha activa. Tras unos meses és partió hacia el monte, donde se combatía. Un edicto de Graziani, llamándole a filas, fue el pretexto de su partida, la excusa ante mi madre. Yo le acompañé al tren, con su maletita donde, escondida en un libro de poemas, llevaba una pistola. Nos abrazamos: fue la última vez que le vi.
En los montes entre el Friuli y Yugoslavia Guido combatió valientemente durante varios meses: se había enrolado en la división Osoppo, que actuaba en la zona de la Venezia Giulia junto con la división Garibaldi. Fueron días terribles: mi madre sentía claramente que Guido no iba a regresar nunca más. Él habría podido caer cien veces en combate contra los fascistas y los alemanes, porque era un chico con una generosidad que no admitía ninguna debilidad, ni compromiso alguno. En cambio, su destino fue morir de una manera aún más trágica.
Usted sabe que la Venezia Giulia se encuentra en la frontera entre Italia y Yugoslavia; por tanto, en aquella época Yugoslavia trataba de anexionarse todo aquel territorio, y no sólo el que en realidad le correspondía. A pesar de estar inscrito en el partido de acción, a pesar de ser íntimamente socialista (no hay duda de que hoy estaría a mi lado), mi hermano no podía aceptar que un territorio italiano, como es el Friuli, pudiera estar en las miras del nacionalismo yugoslavo. Se opuso, y luchó. En los últimos meses, la situación en los montes de la Venezia Giulia era desesperada, ya que cada uno se encontraba entre dos fuegos. Como sabrá, la Resistencia yugoslava era aún más comunista que la italiana, así que de pronto Guido tuvo como enemigos a los hombres de Tito, entre los cuales había italianos, con quienes compartía el fondo de sus ideas, pero sin poder compartir su política inmediata, de carácter nacionalista.
Murió de una manera que cuento con el corazón partido: aquel día hubiera incluso podido salvarse, pues murió por acudir en ayuda de su comandante y de sus compañeros. Creo que ningún comunista pueda criticar la conducta del partesano Guido Pasolini. Yo me siento orgulloso de él, y es el recuerdo de él, de su generosidad, de su pasión, el que me obliga a seguir por el camino que sigo. El hecho de que su muerte haya llegado así, en una situación compleja y aparentemente tan difícil de juzgar, no me induce a ninguna duda. Tan sólo confirma mi convicción de que nada es sencillo, que nada acontece sin complicaciones o sufrimientos, y que lo que cuenta, sobre todo, es la lucidez crítica, que destruye las palabras y las convenciones, y va hasta el fondo de las cosas, dentro de sus secretas e inalienables verdades”.

En los versos del Corus por la muerte de Guido que aparecen en el “Stroligut” de agosto de 1945, Pasolini escribe:

La livertat, l'Itaia
e quissa diu cual distin disperat
a ti volevin
dopu tant vivut e patit
ta quistu silensiu
Cuant qe i traditours ta li Baitis
a bagnavin di sanc zenerous la neif,
"Sçampa - a ti an dita - no sta torna' lassu'"
I ti podevis salvati,
ma tu
i no ti às lassat bessòi
i tu cumpains a muri'.
"Sçampa, torna indavour"
I te podevis salvati
ma tu
i ti soso tornat lassu',
çaminant.
To mari, to pari, to fradi
lontans
cun dut il to passat e la to vita infinida,
in qel di' a no savevin
qe alc di pi' grant di lour
al ti clamava
cu'l to cour innosent

La muerte de Guido surte efectos devastadores en la familia Pasolini, sobre todo en la madre, destrozada por el dolor. La relación entre Pier Paolo y su madre se estrecha aún más, debido también al regreso de su padre de su cautiverio en Kenia:
“Acabó por tanto en Casarsa, en una suerte de nuevo cautiverio, y comenzó una agonía que duró una docena de años”

[El perfil autobiográfico en Retratos a medida de escritores italianos, por E.F. Accrocca, Venecia, 1960]

He aquí cómo, años más tarde, la muerte de Guido es instrumentalizada por los diarios de la derecha italiana co el fin de atacar a Pasolini, por enésima vez y con el enésimo cinismo canallesco:

"Pier Paolo, escritor marxista, adopta las ideas y defiende los sistemas de los asesinos de su hermano” 
[Secolo d’Italia – 24 de septiembre de 1960]

“El hermano de Pasolini fue asesinado por los comunistas. Parece ser que pidión en vano ayuda a Pier Paolo” 
[Il Tempo-26 de marzo de 1970]

3. Los suburbios romanos. Experiencias literarias. El cine

En 1945 se gradúa con una tesis titulada Antología de la lírica pascoliniana (Introducción y comentarios) y fija su residencia en el Friuli, donde encuentra empleo de profesor en un bachillerato inferior de Valvassone, en la provincia de Udine.

Comienza en estos años su militancia política. En 1947 se acerca al PCI, y emprende una colaboración con “Lotta e lavoro”, el semanario del partido. Las corcunstancias de la muerte de su hermano Guido constituyen con toda seguridad un obstáculo por superar antes de adherir al PCI. En todo caso, Pasolini siempre ha evitado instrumentalizar aquellos hechos, por no enfangar el recuerdo de Guido. Pier Paolo se ve obligado a justificar su adhesión incluso ante su madre y su padre, quien acusaba a su esposa de haber permitido que Guido frecuentara unos desbandados.

La adhesión al PCI constituye para el joven poeta un acto de profundo coraje: con ello pretende sacrificar el profundo dolor, provocado a él y a toda su familia, a favor de un ideal social plenamente compartido con el mismo PC friulano que había guiado políticamente a los asesinos del hermano.
Pasolini se convierte en secretario de la sección de San Giovanni de Casarsa, pero no tiene el favor del partido ni de los intelectuales comunistas friulanos. Estos últimos escriben textos políticos utilizando un lenguaje de finales del XIX, mientras que Pasolini escribe en el idioma del pueblo, y no por fuerza textos políticos. Para muchos todo ello resulta inadmisible: muchos comunistas ven en Pasolini un sospechoso desinterés por el realismo socialista, cierto cosmopolitismo, y una excesiva atención hacia la cultura burguesa.

En estos años Pasolini conoce al pintor Zigaina, a quien seguirá uniéndole una profunda amistad durante todo el resto de su vida.

Este periodo de militancia comunista es el único en el que Pasolini se comprometió activamente en la lucha política. Son de estos años los manifiestos políticos escritos y dibujados por el propio Pasolini; textos de denuncia hacia el poder de los demócratas cristianos.

El 15 de octubre de 1949 Pasolini es señalado por los Carabineros de Cordovado como corruptor de menores: es el comienzo de una delicada y humillante retahila judicial que va a cambiar definitivamente su vida. Muchos juicios le seguirán a éste, y es lícito pensar que de no haberse producido el primero, no hubiera habido ninguno.

Pasolini es acusado de haberse reunido con dos o tres chicos el 30 de septiembre de 1949 en la fracción de Ramuscello. Los padres de los chicos no denuncian, pero debido a los rumores que circulan en el pueblo, los Carabineros deciden indagar los hechos.

Es un periodo de fuertes contrastes entre la izquierda y la DC; nos hallamos en plena guerra fría y Pasolini, debido a su postura de intelectual comunista y anticlerical, constituye un blanco muy vulnerable. La denuncia de Ramuscello escandaliza tanto a la izquierda como a la derecha, y aún antes de que se celebre el juicio, el 26 de octubre de 1949, Pasolini es expulsado de malas maneras del PCI. He aquí lo publicado por "l’Unità" el 29 de octubre:

“EL POETA PASOLINI EXPULSADO DEL PCI
Con fecha del 26 de octubre la federación del PCI de Pordenone ha resuelto expulsar del partido por indignidad moral a D. Pier Paolo Pasolini, de Casarsa. Los hechos que han determinado tan graves medidas disciplinarias contra el poeta Pasolini, nos dan la ocasión de denunciar una vez más las deletéreas influencias de determinadas corrientes ideológicas y filosóficas, como las de los Gide, Sartre y demás celebrados poetas y literatos que se las dan de progresistas cuando, en realidad, adoptan los aspectos más deletéreos de la generación burguesa”.

En cuestión de días, Pasolini se ve metido en un callejón sin salida aparente. En Casarsa, la repercusión de los hechos de Ramuscello es muy amplia. Ante los Carabineros trata de justificar los hechos –confirmando las acusaciones de manera intrínseca- como experiencia excepcional, como una suerte de desbandada intelectual: lo cual no hace sino empeorar su situación. Expulsado del PCI y del Instituto donde enseñaba, incluso la relación con su madre se agrieta temporalmente. Es la derrota. Pasolini decide huir de Casarsa, de su Friuli tan frecuentemente mitificado; junto a su madre se traslada a Roma, donde comienzan una nueva vida. Más tarde escribe:

“Huí con mi madre y una maleta y algunas joyas que resultaron ser falsas, / en un tren tan lento como un mercancías, / por la llanura friulana cubierta por una capa de ligera y dura nieve. / Íbamos hacia Roma. / Íbamos pues, abandonando a mi padre / al lado de una estufa de pobres, / con su viejo gabán militar / y sus horribles furias de enfermo de cirrosis y síndromes paranoides. / He vivido aquella / página de novela, la única de mi vida: / por lo demás, / he vivido dentro de una lírica, como todo obseso”.
[P.P.Pasolini, il poeta delle ceneri, por Enzo Siciliano, en “Nuovi argomenti” nº 67-68, Roma, julio-diciembre de 1980

Los primeros años romanos resultan muy difíciles para Pasolini, metido en una realidad completamente nueva e inédita como la de los suburbios romanos. Son tiempos de inseguridad, de pobreza, de soledad. Una situación dramática que se adivina en sus propias palabras:

“Fue un periodo terrible de mi vida. Llegado a Roma desde los lejanos campos friulanos, en paro durante muchos años, ignorado por todos, devorado por el terror interior de no ser como la vida quería, trabajando empecinadamente en estudios pesados y complicados, incapaz de escribir sin repetirme en un mundo que había cambiado. No quisiera volver a nacer jamás por no volver a vivir aquellos dos o tres años”
[P.P. Pasolini, Il treno di Casarsa, en "FMR", nº 28, noviembre de 1984, Franco Maria Ricci, Milano p. 122]
“A principios de 1950 estaba en Roma, con mi madre. Mi padre se reunió con nosotros dos años después, y desde la Piazza Costaguti nos fuimos a vivir a Ponte Mammolo. En el 50 yo había empezado ya a escribir las primeras páginas de Ragazzi di vita. Estaba en paro, en condiciones de verdadera, mortal desesperación. Luego, con la ayuda del poeta en dialecto abruzo Vittori Clemente encontré empleo como profesor en una escuela privada de Ciampino, por veinticino mil liras al mes.”
[Il profilo autobiografico in Ritratti su misura di scrittori italiani, por E.F. Accrocca, Venecia, 1960]

Durante aquellos años Pasolini le escribe a Silvana Ottieri:

“Lo que no comprendo, lo que no entra en los cálculos, en las cuentas entre yo y quien me castiga, es el destino de mi madre. No me explayaré en ello, pues ya tengo lágrimas en los ojos. Ha encontrado un empleo con una familia (marido, mujer, y un niñito de dos años): y con un heroísmo que no sé explicarte, ha aceptado su nueva vida. Voy a verla todos los días y, para ayudarle un poco,  me llevo de paseo al niño. Hace todo lo posible por mostrarse alegre y ligera: ayer fue mi cumpleaños, y no puedes imaginarte cómo se ha comportado…”
[Carta a Silvana Ottieri]

Su padre está enfermo, y tras los hechos de Casarsa los contrastes entre los dos se han acentuado:

“Dos años de encarnizado trabajo, de pura lucha: y mi padre siempre allí, esperando, siempre solo en la pobre cocinita, con los codos en la mesa y la cara contra los puños, inmóvil, malo, dolorido, llenando el pequeño espacio con la grandeza de los cuerpos que mueren”.
[Il profilo autobiografico in Ritratti su misura di scrittori italiani, por E.F. Accrocca, Venecia, 1960]

Por pudor, Pasolini no quiere pedir nada a los literatos que conoce, y busca trabajo por su cuenta. Consigue un trabajo como figurante en Cinecittà; además, trabaja como corrector de pruebas de imprenta, y vende sus libros en puestos callejeros de barrio.

Por fin, gracias al poeta en dialecto abruzo Vittori Clemente, encuentra empleo como profesor en un colegio de Ciampino.

Son los años en que Pasolini traslada la mitificación de los campos friulanos al marco desordenado de los suburbios romanos, vistos como centro de la historia, donde comienza un doloroso proceso de crecimiento: nace el mito del subproletariado romano.

“Hace dos o tres años que vivo en un mundo con un sabor “distinto”: cuerpo extraño y por tanto definido de este mundo, al que me adapto concienciándome muy lentamente. Entre ibseniano y pascoliniano (para entendernos…), estoy aquí en una vida toda músculos, vuelto como un guante, que se explica siempre como una de esas canciones que solía detestar, totalmente priva de sentimentalismos, en organismos humanos tan sensuales que casi son mecánicos, donde no se conoce ni una de las actitudes cristianas como el perdón, la docilidad, etc.… y el egoísmo toma formas lícitas, viriles (…)
En el mundo norteño donde yo he vivido, en las relaciones individuales siempre había, o al menos así me parecía, la sombra de una piedad que tomaba las formas de la timidez, del respeto, de la angustia, del cariño, etc.: para unirse en una relación de amor bastaba un gesto, una palabra. Al prevalecer el interés por lo íntimo, por la bondad o la maldad que anida en nosotros, lo que se buscaba entre personas no era un equilibrio, sino un impulso recíproco. En cambio aquí, entre esta gente mucho más esclava de lo irracional, de la pasión, la relación siempre está bien definida, se basa en hechos más concretos, desde la fuerza muscular hasta la posición social”.
[Carta a Silvana Ottieri]

Pasolini prepara las antologías de la poesía dialectal, colabora con “Paragone”, una revista de Anna Banti y Roberto Longhi. Justamente en “Paragone”, Pasolini publica la primera versión del primer capítulo de Ragazzi di vita.

Angioletti le llama para participar en la sección literaria de las noticias de la radio, junto con Carlo Emilio Gadda, Leone Piccioni y Giulio Cartaneo. Los difíciles primeros años romanos se quedan definitivamente atrás.

En 1954 Pasolini deja la enseñanza y se muda al barrio de Monteverde Vecchio. Publica su primer importante volumen de poesías dialectales: La meglio gioventù.

En 1955 Garzanti publica la novela Ragazzi di vita, que obtiene un gran éxito tanto de crítica como de público. El juicio de la cultura oficial del PCI es, en cambio, en gran medida negativo: el libro es definido como dominado por el “placer de lo morboso, de lo sucio, de lo abyecto, de lo maleducado, de lo turbio”.

La Presidencia del Congreso (en la persona del entonces ministro del interior, Tambroni) promueve una acción judicial contra Pasolini y Livio Garzanti. El juicio se resuelve con la absolución “porque el hecho no constituye delito”, y el libro, secuestrado durante un año, vuelve a las librerías. Pasolini se convierte en uno de los blancos preferidos por las crónicas de sucesos: se le acusa de delitos que rayan lo grotesco, desde complicidad en peleas y robo, hasta atraco con arma de fuego en un bar cercano a una gasolinera en S. Felice Circeo.

En 1957 Pasolini colabora, junto con Sergio Citti, en la película Le notti di Cabiria de Fellini, traduciendo los diálogos al dialecto romano. Firma guiones con Bolognini, Rosi, Vancini y con Lizzani, con quien debuta como actor en la película Il gobbo, de 1960.

En estos años colabora con la revista “Officina” junto con Leonetti, Roversi, Fortini, Romanò, Scalia. En 1957 publica los poemas de Le ceneri di Gramsci con Garzanti, y al año siguiente, con Longanesi, L’usignolo della Chiesa cattolica. En 1960 Garzanti publica los ensayos Passione e ideologia, y en 1961 otro libro de versos, La religione del mio tempo.

En 1961 Pasolini realiza Accattone, su primera película como director y guionista. La película es declarada prohibida a menores de 18 años, y genera grandes polémicas en el XXII festival de cine de Venecia. En 1962 dirige Mamma Roma. En 1963, el episodio La ricotta de la película RoGoPaG; éste es censurado y Pasolini es acusado de un delito de vilipendio de la religión del Estado. En 1964 dirige Il Vangelo secondo Matteo; en 1965 Uccellacci e Uccellini; en 1967 Edipo re; en 1968 Teorema; en 1969 Porcile; en 1970 Medea; entre 1970 y 1974 la Triología de la vida, o del sexo, es decir Il Decameron, I racconti di Canterbury, e Il fiore delle Mille e una notte; finalmente, en 1975 dirige su última película, Salò o le 120 giornate di Sodoma.

El cine le lleva a emprender muchos viajes al extranjero. En 1961, junto con Elsa Morante y Alberto Moravia, viaja a India; en 1962 a Sudán y Kenia; en 1963 a Ghana, Nigeria, Guinea, Israel y Jordania (viaje del que realiza el documental titulado Sopralluoghi in Palestina).

En 1966, con ocasión del estreno de Accattone y Mamma Roma en el festival de Nueva York, realiza su primer viaje a Estados Unidos, quedando muy impresionado por aquel país, en especial por Nueva York. Más tarde confiesa a Oriana Fallaci:

“Nunca me había enamorado así de un país. Sólo de África, tal vez. Pero a África yo quisiera ir para quedarme, para no matarme. Sí, África es como una droga que tomas para no matarte. Nueva York, en cambio, es una guerra a la que vas para matarte”
[Oriana Fallaci, carta a Pier Paolo Pasolini, en "Europeo", 14 de noviembre de 1975]

En 1968, P. viaja de nuevo a India para realizar un documental. En 1970 vuelve a África, Uganda y Tanzania, y realiza el documental Appunti per un'Orestiade africana. En 1972 publica, con Garzanti, el volumen de críticas, sobre todo cinematográficas, titulado Empirismo eretico.

Durante los años de los movimientos estudiantiles, Pasolini toma una postura muy original con respecto a la cultura de izquierdas. Si bien acepta y apoya las motivaciones ideológicas de los estudiantes, considera que éstos son antropológicamente unos burgueses, y como tales destinados a fracasar en su intento de revolución.

En 1968 retira de la competición por el Premio Strega su novela Teorema, y sólo acepta participar en la XXIX Mostra del cinema de Venecia cuando se le garantiza que no habrá votaciones ni premiaciones. Pasolini se encuentra entre los mayores defensores de la Associazione Autori Cinematografici, que combate por conseguir la autogestión de la Mostra. El 4 de septiembre presenta Teorema a la crítica en un ambiente de gran alteración. Pasolini asiste a la proyección para declarar que la película se presenta en la Mostra sólo por voluntad del productor, pero que como autor ruega a los críticos que abandonen la sala; lo cual no sucede. Pasolini se niega a participar en la tradicional conferencia de prensa, e invita a los periodistas al jardín de un hotel, no para hablar de la película, sino de la situación de la Bienal.

En 1972 Pasolini decide colaborar con los jóvenes de Lotta Continua y, junto con algunos de ellos, como Bonfanti y Fofi, firma el documental 12 diciembre.

En 1973 comienza su colaboración con el “Corriere della sera” con artículos críticos sobre la situación del país.

En 1970 Pasolini compra las ruinas de un castillo medieval en las cercanías de Viterbo, y lo restaura. Aquí comienza la redacción de su obra inacabada Petrolio.

En 1975 publica, con Garzanti, el volumen de críticas Scritti corsari, y propone de nuevo la poesía friulana de una maner curiosa, con el título La nuova gioventù.

4. Aquel trágico 2 de noviembre de 1975

La mañana del 2 de noviembre de 1975, en un descampado de la Via dell’idroscalo de la localidad costera romana de Ostia, una mujer llamada Maria Teresa Lollobrigida encuentra el cadáver de un hombre. Ninetto Davoli reconoce el cuerpo como el de Pier Paolo Pasolini.

“Cuando encontraron su cuerpo, Pasolini yacía boca abajo, con un brazo ensangrentado y el otro escondido bajo el cuerpo. Su pelo, lleno de sangre, cubría su frente excoriada y desgarrada. Su cara, deformada por la hinchazón, estaba negra de tantos moratones y heridas; negros y rojos de sangre también sus brazos y las manos. Los dedos de la mano izquierda estaban fracturados y cortados; la mandíbula izquierda, fracturada; la nariz, aplanada y desviada a la derecha; las orejas, cortadas por la mitad, y la derecha, arrancada. Tenía heridas en los hombros, en el tórax, en la espalda, con las huellas de los pneumáticos, de su propio coche, que le había atropellado. Tenía un terrible desgarro entre el cuello y la nuca; diez costillas fracturadas, igual que el esternón; el hígado desgarrado en dos puntos; el corazón, estallado”.
[Autopsia del cadáver de Pasolini, "Corriere della sera" del 2/11/77]

Durante la noche, los carabineros detienen al joven Giuseppe Pelosi, apodado “Pino la rana”, cuando conduce un Giulietta 2000 que resulta ser el de Pasolini. En el interrogatorio, y ante la evidencia de los hechos, el joven confiesa. Cuenta que encontró a Pasolini cerca de la estación Termini, y que tras cenar en un restaurante se desplazaron hasta el lugar donde fue encontrado el cadáver. Allí, según la versión de Pelosi, Pasolini intentó tener con él una relación sexual, y al ser rechazado reaccionó con violencia, con la consiguiente reacción del chico.

El consiguiente juicio revela inquietantes intrigas. Muchos insinúan la participación en el homicidio de otras personas, pero este punto nunca será aclarado, y al final Giuseppe Pelosi es condenado como único culpable del asesinato de Pasolini. Su cuerpo es sepultado en Casarsa.

“Es pues absolutamente necesario morir, ya que mientras vivimos carecemos de sentido, y el lenguaje de nuestra vida (con el que nos expresamos, y al que, por tanto, atribuimos máxima importancia) es intraducible: un caos de posibilidades, una búsqueda de relaciones y de significados sin solución de continuidad. La muerte realiza un fulmíneo montaje de nuestra vida, o sea, elige los momentos realmente significativos (y ya no modificables con otros posibles momentos contrarios o coherentes), y los pone en sucesión, convirtiendo nuestro presente, infinito, inestable e incierto, y por tanto lingüísticamente no descriptible, en un pasado claro, estable, cierto, y por tanto lingüísticamente bien descriptible (en el ámbito de una Semiología General).
Sólo gracias a la muerte nuestra vida nos sirve para expresarnos”.
[P.P. Pasolini, Empirismo eretico, p. 241, Garzanti
 


 

 

 

 

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