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Arquitectura / Architecture
Arquitectura: deconstrucción
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J M Dávila -
La arquitectura posmodernista y deconstructivista son dos corrientes que han aparecido recientemente en el campo de la arquitectura. La primera, desde principios de la década de 1960; la segunda, a mediados de la década de 1980.

Para comprender su ubicación en nuestro tiempo, es necesario considerar el contexto en el cual surgen. De no hacerlo así se corre el riesgo inminente de verlas superficialmente, como simples corrientes de "búsqueda" o de transición, o bien, como hacen muchos, descalificarlas desdeñosamente sin más, sin darse cuenta de los problemas de fondo que en ellas subyacen, por demás interesantes y dignos de reflexión.

Dice Michel Ragon que cuando a Gaudet le preguntaban "¿De qué estilo es este monumento?", contestaba con fina ironía, "Del más puro estilo de transición. Es infalible, pero siempre es verdad".(1)

En efecto, esas dos corrientes recientes de la arquitectura parecen tener mucho de "estilos de transición", sin que aquí entremos a lo inapropiado que resulta actualmente el uso del concepto de "estilo" pues, además, parecen encarnar una respuesta, consistente por otro lado, ante los reclamos del determinismo histórico que muestra la arquitectura(2) sobre todo en el presente siglo.

Ya Walter Gropius, desde su famoso discurso de Chicago en marzo de 1952, "insólitamente largo" como lo calificaba Benevolo(3), avisaba e intuía que "(...) estamos en el umbral de un nuevo esfuerzo de creación". Señalaba también que la unidad de ambiente y cultura se había perdido y se tenía, entonces, un ambiente "(...) caótico, feo, desolador, del cual deriva un fuerte acento en "la lucha capital-trabajo y malas relaciones sociales".(4)

Ese esfuerzo de creación que Gropius pronostica no es otra cosa que la respuesta a un fuerte impulso económico dentro del cual se van a posibilitar las cuantiosas inversiones en arquitectura, con un enfoque un tanto divergente del Movimiento Moderno y que va a iniciarse con el llamado "estilo internacional" derivado de Mies van der Rohe y el abuso de las "cajas de vidrio".

En efecto, dentro del cuadro general del desarrollo económico, sobre todo (aunque no solamente) en los países "posindustriales" de alto desarrollo tecnológico e industrial, se va a ir dando un "despegue" que, por un lado, es consecuencia de los efectos inmediatos de la Posguerra en los años cincuenta; esto responde a un reacomodo generalizado de las nuevas potencias hegemónicas que han surgido y al inicio de un nuevo ciclo de acumulación de capital a escala mundial.(5) Tengamos presentes aunque sólo sea de paso y someramente, las curvas Kondratieff que, en forma muy general, permiten analizar las grandes fases cíclicas de la crisis y expansión del sistema capitalista,(6) mediante las cuales se ha advertido un fuerte crecimiento económico alrededor de mediados de los años cincuenta y principios de los sesenta, un nuevo periodo de crisis y luego una fase de crecimiento a fines de los ochenta y principios de los noventa; ciclos de más o menos 25 años, con fases largas de cerca de 50 años en la evolución económica que se ha caracterizado como "economía-mundo-capitalista".(7)

Por supuesto se comprende que ni las crisis son simétricas ni siempre adoptan un patrón similar, ni se dan en áreas iguales. El desplazamiento de capitales hacia ramas económicas que ofrecen mayor plusvalía (o surplus), la competencia entre grandes capitales monopólicos y supranacionales, el imperativo de éstos para renovar procesos y plantas productivas ante la competencia, y por lo tanto, renovar la tecnología, incrementar la intensidad de capital en la producción, etc., son algunos de los "incentivos" del sistema al que se someten las empresas, y las de la construcción también, a su escala. Y aunque el sistema "cruje" y propicia movimientos "antisistémicos", parece estar abriendo, por medio de una reactivación de sus "acumuladores de capital", una nueva fase en el desarrollo económico: ello se ve con más o menos claridad en la cada vez más notoria pérdida de hegemonía norteamericana y en el desarrollo de al menos tres ramas de relativa nueva presencia: la electrónica y los microprocesadores, la biotecnología y las nuevas fuentes energéticas (8), que ofrecen el campo propicio para reactivar los procesos de producción.

Así pues, un complemento evidente de esta recomposición económica se encuentra en el terreno de las relaciones sociales, los pactos políticos, la alteración, caída o transformación de los bloques de países; y la apertura de alternativas que se vayan adaptando a nuevas condiciones derivadas de ese gran marco determinante. Y como es fácil deducir, en el terreno de las inversiones inmobiliarias, y por lo tanto en el de la arquitectura en su sentido amplio, ese panorama tendría su correspondiente repercusión. En un trabajo muy ilustrativo sobre estos problemas, Salama y Valier nos dicen: "(...) el crecimiento está de nuevo presente desde 1983, aún cuando éste sea más débil y más frágil que durante los años cincuenta y sesenta..."(9)

Si dejamos de lado, aquí la intensidad del crecimiento económico, tenemos, según estos autores, dos momentos claves muy cercanos: uno durante los años cincuenta y sesenta; otro "desde 1983". Estos dos momentos, dicho en forma muy general, son también coincidentes con los momentos de mayor intensidad en el surgimiento y expansión de aquellas dos corrientes recientes en el campo de la arquitectura: el posmodernismo, que surge precisamente como tal a fines de los años cincuenta y sobre todo en los primeros años de la década de 1960, una vez que se van ampliando los antecedentes históricos más inmediatos; y luego el deconstructivismo, que se empieza a incubar a mediados de los años 80 para consolidarse y empezar su divulgación al final de la misma década.

Esta asombrosa coincidencia nos lleva a considerar y reformular una buena cantidad de postulados tradicionales y comunes, para reconstruir (o tal vez "deconstruir") la historia de la arquitectura con criterios y enfoques que consideran estas nuevas determinaciones.

Desde luego, debe decirse aunque sea obvio, ambas corrientes han aparecido inicialmente en los países de alto desarrollo industrial y económico. Pero por eso su influencia, sobre todo ya patente con el posmodernismo, se ha extendido y ha dado lugar a un muy interesante debate cultural cada vez más amplio; aunque en ocasiones se le ha conducido a distorsiones y generalizaciones inapropiadas, al grado de considerar "posmoderno" hasta expresiones artísticas o sociales por el sólo hecho de ser extravagantes, rarezas o manifestaciones que ofrecen pocas posibilidades de explicación y justificación. Hoy se puede decir que el debate sobre la posmodernidad está dejando de ser actual y útil culturalmente e inclusive carente ya de aportaciones dignas de interés. Sin embargo, debe reconocerse que en sus inicios provocó inclusive una pasajera revaloración de la modernidad (se ha vuelto hasta eslogan ideológico sexenal) la cual, así, es igualmente obsolescente según los limites mismos de este debate.

En el caso del deconstructivismo, el debate apenas asoma y aún no llega del todo a nuestros ambientes culturales y artísticos. Aún desconocemos los calificativos que se han puesto en la polémica: los placeres de la incomodidad, proyectos de cortar y romper, composiciones sobre descarrilamientos rusos, terrorismo arquitectónico, posmoderno cismático o minimalismo sucio, son algunos de aquellos. Sin embargo, ya se empieza a notar, aunque parece adoptar tamaños menos fuertes, quizá en correspondencia con el carácter "más débil y más frágil" que nos habían dicho Salama y Valier para el crecimiento económico desde 1983.

Ambas tendencias arquitectónicas, al aparecer y divulgarse, abren el debate, pero también se les distorsiona y oculta, dando lugar al encono y a reacciones que tienden a defender y mantener intereses profesionales de ciertos grupos de arquitectos, muy proclives a declamar el mantenimiento del status y, sin embargo, ¡naturalmente donde predomina la simulación! Simulando un poco y tomando de aquí y de allá para ganar imàge. Veamos dos ejemplos muy notorios: la "doble equis" del pabellón de México en Sevilla contiene una "pellizcadita discreta" de deconstructivismo: véase la "similitud conceptual" con el Funderwerk 3 de Coop Himmelblau, Austria, 1989; la Plaza Tamayo por CU contiene una "pellizcadota poco discreta" de posmoderno, aunque negada por supuesto, y también una gran "similitud conceptual" o evocación tal vez, del grupo Site en uno de sus proyectos para la Bienal de Venecia para el Molino Stucky, en 1975.

Posmodernismo y deconstructivismo empiezan por ser crítica y disidencia. Inicialmente son muy "llamativos" y seducen casi instantáneamente, sobre todo, como es de esperarse, a los arquitectos jóvenes. Son también "grandilocuentes" y provocadores si los vemos como mera forma arquitectónica. También costosos, poco recomendables económicamente (al menos al inicio) y difíciles de captar en una primera apreciación de su técnica compositiva. Además, ambos profundizan la cultura del star system, como lo señala Portoghesi (10), y en esto coinciden con el Movimiento Moderno al mitificar al arquitecto tal y como el cine lo hizo, dice éste autor, con sus actores y directores en los altos veinte y treinta: la gran arquitectura "original" de autor-creador apartado de las tradiciones históricas y de los distintos ámbitos geográfico-regionales. Pero en todo esto están las virtudes.

Aquella disidencia y provocación iniciales, lo aparatoso y caro al principio, son su virtud porque ello, por la morbosidad de lo novedoso, les permitirá ser sometidos al proceso de absorción cultural que hace la burguesía como clase social (¿no se ha desplomado también?) hegemónica, para convertirlos en mercancía: satisfacen "exigencias" de la estética de las mercancías. Al respecto, dice Huizinga: "El poder necesita, para ser reconocido, manifestarse por medio de un gran derroche: numeroso séquito de leales, costosos adornos e imponente apariencia de los poderosos"(11)

Útil idea que, aunque feudal en su origen, es aplicable y asimilada por los grupos hegemónicos; pero también por cuanto actual descripción de la "economía-mundo-capitalista" que ha convertido, como es sabido, a la mercancía en un fetiche que tiende a impregnarse en toda relación social. Por eso también la arquitectura ha sido convertida, además de instrumento de poder por su "costoso adorno e imponente apariencia", en un tipo de mercancía que, al serlo, pierde su contenido crítico de oposición y provocación y se vuelve objeto de aparador: se le poda esto mediante esa conversión y se le coloca en esa vía de su divulgación e imposición en el gusto a los sectores "subalternos"(12) de la sociedad y para eso están las calles como escenario urbano, los usos del suelo como políticas de imposición y las colonias y barrios como instrumentos de diferenciación social.

No es lejano afirmar que en esa hipótesis estén ocultos elementos teórico-históricos que podrían permitir detallar y desarrollar la sorprendente coincidencia histórica entre economía y arquitectura: a) crecimiento de los años cincuenta y sesenta; luego, posmoderno; b) crecimiento económico algo moderado desde 1983; luego, deconstrucción. Sin embargo, de esta coincidencia no debe derivarse una limitada relación causa-efecto o derivar un patrón de dependencia entre economía (causa) y arquitectura (efecto), con la tentación de extenderle como instrumental analítico a otros momentos de la historia de la arquitectura.

"¿Vemos más profundamente dentro de las causas, cuando postulamos antagonismos económicos?"(13), se pregunta el historiador holandés Huitzinga. La historia de la arquitectura, como toda Historia, es compleja y esta peculiaridad esencial es una de las cuestiones que pocas veces se toma en cuenta en estos estudios. Sin duda alguna, el carácter planetario de la economía hegemónica obliga a toda expresión cultural a adoptar, tarde o temprano y tanto más cuanto menos conciencia de sí tenga, como en la arquitectura, la forma de mercancía: la tan discutible "globalización", el neoliberalismo, el liberalismo "social" (sic), etc., son, como se sabe, coberturas ideológicas del mercantilismo en diferentes momentos y tienden a lo mismo: todo al mercado.

También la arquitectura, como producto técnico-cultural ha sido convertida en mercancía y, por lo que se ve, adopta cada vez más los avatares de esta célula del sistema. De aquí al predominio de la moda, el consumismo y la publicidad engañosa, solo hay un breve paso, que el posmodernismo y la deconstrucción han dado con plena asunción del hecho.

Estamos, pues, ante "otra" historia de la arquitectura, tal vez también sometida a ciclos de variación, como los de Kondratieff, cada vez más cortos quizá y ante una próxima diversidad de "ofertas" mercantiles de formas y conceptos arquitectónicos, bajo la máxima: "todo se vale".

(1) Una primera versión apareció en La Jornada Semanal, domingo 16 de mayo de 1993. (2) Ragon, M; Historia mundial de la Arquitectura y el Urbanismo Modernos, Barcelona, Ed. Destino, 1979, T.1, p. 216.(3) Benevolo, L; Historia de la Arquitectura Moderna, Madrid, Taurus, 1963, vol.2, pp.953-54. (4) ibid, p.954. (5) Amin, S; 1983. (Conviene observar el título original en inglés que da una buena idea de las opiniones reunidas: Crisis, which crisis? (6) Mandel, E; Las ondas largas del desarrollo capitalista, Madrid, Siglo XXI Eds; 1986. (7) Wallerstein, I; "la crisis como transición", en Amin, et.al; p.14 y ss.(8) Wallerstein, op.cit; p 46.(9) Salama y Valier, La economia gangrenada, Ensayo sobre la hiperinflación, México, Siglo XXI Eds; 1992, p.13. (10) Portoghesi, Paolo, Después de la arquitectura moderna, Barcelona, Ed. G. Gili, 1981, p. 33 y Cap. 6. (11) Huizinga, J; El otoño de la Edad Media, Madrid Alianza Editorial, 1990, p. 40 (12) Para la idea de subalterno, cfr; Portoghesi, op. Cit, p.36 (13) Huizinga, op. cit; pp. 31-32.

Resumen Curricular:

J M Dávila
, desde el año de 1969, ha desempeñado diversos cargos académicos e impartido gran diversidad de materias, colaborando en diferentes coordinaciones, órganos colegiados y de representación ha participado en múltiples foros, conferencias, congresos, desarrollando investigaciones y publicando varios artículos y libros siempre en beneficio de la enseñanza en la licenciatura. Es profesor e investigador de tiempo completo en la UNAM. Fuente Dialogando Arquitectura.
 

 

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