|

181008 -
Isabel Aspe-Montoya - “Cien mil
años de desarrollo de la inteligencia humana no pueden finalizar
así”. Así de rotundos se muestran los autores de la
reivindicativa página nodo50.com, que incluye un manifiesto de
la liga antifútbol: “No al fútbol. No al aburrimiento. Dos
pelotas mejor que una”. Si ponemos hate football (osea, odio el
fútbol en inglés) en google encontramos varias páginas que
ofrecen apoyo psicológico a los antifutboleros, que parecen
haber encontrado en Internet la vía para expresar su desacuerdo
con los adoradores de la pelota. Encontrar asociaciones y
organizaciones antifútbol fuera del ciber espacio no es tan
fácil, quizá porque para luchar contra el deporte de masas es
necesario seguirlo de cerca, es decir, meter al enemigo en casa.
El enemigo omnipresente
Es por ello quizá más fácil pasar del fútbol que combatirlo
abiertamente. Pero, ¿es posible evitar el fútbol? El fin de
semana, desde luego que no. Cualquier radio, televisión, página
de correo web o periódico muestra en titulares las últimas
novedades futbolísticas: resultados, alineaciones, fichajes,
dimisiones, lesiones… La tecnología ayuda en este utópico
objetivo de aislarse del fútbol y compañía, sobre todo los
auriculares. No hace demasiados años que en la playa, en la
calle, en los parques, en cualquier sitio, podíamos encontrarnos
al Futbolero (con mayúsculas) con el transistor pegado a la
oreja, haciendo alardes de una sordera evidente: a diez
kilómetros a la redonda todo el mundo podía escuchar el partido
del domingo, compartido, a la fuerza, por El Futbolero con
propios y extraños al grito de "¡Gooooooooooooooooooooooool!"
"El fútbol es popular porque la estupidez es popular"
El antifutbolero Juan Ensucho aporta en su blog multitud de
argumentos para que la gente abandone este “vergonzoso” –dice-
hábito. Agradece al deporte rey la oportunidad de realizar otras
actividades más mundanas con las mujeres abandonadas en tiempo
del partido por los aburridos futboleros y finaliza defendiendo
una cruzada mundial contra el balón, para lo que propone pinchar
todos y cada uno de los que existen, afirmando que era el sueño
dorado de uno de los mejores escritores en lengua castellana: el
argentino
Jorge Luis Borges. Tenía que ser Borges precisamente
quien dejara los argumentos “macho”, relativos a las pelotas, y
nos explicara que “el fútbol es popular porque la estupidez es
popular”. Tampoco se cortaba al declarar que: “el fútbol es uno
de los mayores crímenes de Inglaterra”.
No todo es tan malo
Pero el fútbol no es igual en todas partes. Aquí es distracción,
pero en África y otros países del Tercer Mundo es esperanza, el
instrumento que permite pensar a miles de personas lo que
defienden los altermundialistas: “otro mundo es posible”. En el
emotivo libro de la escritora africana Fatou Diome En un lugar
del Atlántico (Lumen, 2004), conocemos a unos jóvenes
senegaleses sin esperanza que aspiran a convertirse en
futbolistas de éxito para integrarse en equipos europeos. Un
sueño que, en ocasiones, se convierte en amarga y humillante
pesadilla, cargada de desesperación y explotación.
Estamos de acuerdo con Borges en que el fútbol no es cuestión de
pelotas. En el fascinante y enigmático Irán las mujeres han
desarrollado varias acciones y movimientos para conseguir
autorización para jugar y también para acudir a los estadios de
fútbol y ver los partidos de los equipos masculinos. Quizá el
genial Abbas Kiarostami realice una película supuestamente
absurda, pretendidamente desenfocada, sobre las mujeres iraníes
y el fútbol, todo un símbolo de la proximidad de las culturas en
este mundo globalizado.
Y es que, también con el fútbol, la prohibición genera
reivindicación. Y la imposición, rebelión.
|