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071008 -
Bambú
Press -
Entre el
Operativo Cóndor
y la integración latinoamericana
Pocos días atrás se cumplieron 42 años
del Operativo Cóndor en las Islas Malvinas y, como sucede desde hace
décadas, el aniversario fue totalmente ignorado en los grandes diarios,
radios y canales de televisión de Argentina.
Los medios de comunicación, más
ocupados en comentar temas derivados del exitoso programa filantrópico
Bailando por un sueño –un educativo compendio de nalgas
movedizas, senos descomunales, enanos cantores, salivazos y
recomendaciones prácticas de sexo oral– no le dedicaron una sola línea
impresa o un minuto al aire a la pequeña gran gesta patriótica del 28 de
septiembre de 1966, cuando 18 jóvenes desviaron un avión de Aerolíneas
Argentinas hacia las Malvinas para reivindicar la soberanía nacional en
el archipiélago sur.
El acontecimiento, sin embargo, fue
decisivo en su momento para que uno de los más renombrados pensadores
británicos contemporáneos se lamentara de que el nacionalismo se hubiera
convertido en “una religión más potente que el cristianismo” y no
vacilara en recomendar a los hispanoamericanos que “arrojaran al mar”
todas las estatuas de José de San Martín, Bernardo O’Higgins y Simón
Bolívar.
Lea:
Una cuestión de defensa propia.
Hacia nuevos equilibrios regionales
El exabrupto figura en el libro
Entre el Maule y el Amazonas, publicado en 1967 por Oxford
University Press. Su autor es el filósofo e historiador Arnold Toynbee,
quien obtuvo renombre internacional con Estudio de la historia,
doce volúmenes que le demandaron 27 años de trabajo.
Toynbee (1889-1975), graduado en
Oxford, profesor en Cambridge y director del Real Instituto de
Relaciones Internacionales, recorrió 11 países iberoamericanos en 1966 y
era huésped del régimen militar del general Juan Carlos Onganía cuando
se produjo el secuestro aéreo. El presidente de facto, como muchos de
sus camaradas del arma de caballería, se mantenía a cautelosa distancia
de bibliotecas y librerías. Sus esporádicos golpes de mano en territorio
impreso se reducían a revistas sobre perros de raza y caballos de polo,
pero un par de asesores civiles habían dedicado 20 minutos a explicarle
quién era el historiador británico.
De regreso a Londres, Toynbee escribió
en un capítulo titulado “¿Falkland o Malvinas?”:
“Me encontraba en Córdoba, Argentina,
en momentos en que un ‘comando’ secuestró en vuelo un avión obligándolo
a aterrizar en las Islas Falkland, y cuando la noticia de esta actuación
melodramática fue seguida por las informaciones de los ataques a la
embajada británica en Buenos Aires y al consulado británico en Rosario.
“Como era de esperarse, tanto el
gobierno argentino como el británico se condujeron con una prudencia
ejemplar y –lo que es más importante– con recíproca comprensión y buena
voluntad. La contrariedad del gobierno argentino por la inconducta de un
puñado de jóvenes ciudadanos argentinos fue bastante natural. Bajo la
capa de gestos aparentemente patrióticos, los participantes en la
escapada del comando y los más serios transgresores que efectuaron los
disparos, estaban buscando en realidad crear dificultades a su propio
gobierno, saboteando tal vez su intento de llegar a un acuerdo en la
prolongada disputa sobre las islas. La acción de los saboteadores fue,
en consecuencia, muy censurada no sólo por el gobierno sino también por
el periodismo responsable. Sin embargo, nosotros en Gran Bretaña debemos
advertir que, al censurar la terquedad de la acción directa de los
transgresores, tanto la prensa como el gobierno, enfatizaron de todas
maneras el hecho de que todos los argentinos estaban de acuerdo en
sostener que las islas eran legalmente suyas, que el reclamo británico
sobre ellas no tenía valor alguno y que la ocupación británica de las
islas es, en consecuencia, una usurpación ilegítima”.
Lea:
Más del 30% de los
argentinos son pobres
Especializado en la civilización
griega, el despiste de Toynbee sobre temas americanos es tan imponente
como el Partenón. ¿Cuál era en ese momento el “reclamo británico” sobre
las Malvinas? ¿Qué usurpación no es ilegítima? En lo único que acierta
es en la censura, por parte de lo que él denomina “periodismo
responsable”, de la operación patriótica. Más de cuatro décadas después,
ese tipo de periodismo continúa ignorando la Operación Cóndor.
Pero las reflexiones de Toynbee van
mucho más allá de este episodio. Al final de Entre el Maule y el
Amazonas, en el capítulo titulado “¿Hacia la integración
latinoamericana?”, el historiador perpetra una sorprendente
recomendación:
“En algunos países latinoamericanos,
los libertadores nacionales del siglo XIX son ahora venerados como
héroes; se los reverencia como verdaderos dioses. El nacionalismo, en
verdad, se ha convertido en una religión más potente que el
cristianismo.
“Cuando se visitan los templos del
nacionalismo, se ven procesiones de niños de escuela guiados por sus
maestros para ser adoctrinados. Si este adoctrinamiento no se
contrarresta con la inculcación de una lealtad algo menos estrecha,
estos niños crecerán como nacionalistas incorregibles. Se resistirán al
llamado para la integración regional, para no hablar del llamado a la
unidad en una escala mundial.
“Si yo fuera un integracionista
latinoamericano, mi primer paso sería arrojar todas las estatuas de San
Martín al Atlántico, todas las estatuas de O’Higgins al Pacífico y todas
las de Bolívar al Caribe, y prohibirían que las reemplazaran, bajo pena
de muerte”.
En los actuales tiempos de
consolidación de la
Unión de
Naciones Suramericanas (Unasur), la recomendación suena como una
involuntaria muestra de humor al estilo de Groucho Marx, Woody Allen o
George W. Bush.
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