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Toni Negri, cuando la teoría navega entre lo aparente y lo obvio
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221111 - Cuaderno de la Izquierda Nacional - De Toni Negri, quien ganó fama en América Latina por su tan recordado como poco serio libro Imperio, me he ocupado en ocasión de escribir un breve ensayo publicado en 2004 (1). Ahora, el 6 de noviembre, nos informa Ignacio Chausis en Tiempo Argentino: “El intelectual italiano visitó Buenos Aires para participar de un seminario organizado por la Secretaría de Cultura. Preocupado por el futuro de los movimientos sociales de protesta contra la pauperización, como el de los indignados, advirtió que los actuales gobiernos europeos, incluidos los socialdemócratas y de izquierda, defienden el orden capitalista y, por lo tanto, truncan los procesos transicionales que procuran un cambio.”

(Ver: ¿Fin de la historia o fin de la democracia en Europa?)

 

Ante tan “aguda” observación vale la pena volver sobre el personaje analizado, sobre todo si es que pretende deslumbrarnos con su chapa de intelectual europeo, ya que la obviedad de lo que afirma resulta tan notoria que constituye una verdadera ofensa a nuestra inteligencia. De todas maneras, no debemos sorprendernos porque Negri hace años dejó de ser agudo y peligroso para el capitalismo para transformarse en una versión progre de la filosofía practicada por los doxósofos.

En aquel ensayo de 2004 sostuve (retomando el pensamiento del sociólogo Pierre Bourdieu) que doxósofo es todo aquel que con aires de gran filósofo reflexiona sobre la apariencia de las cosas, motivo por el cual no logra captar su real funcionamiento interno. Es decir, no pasa de ser un falso filósofo, ya que lo aparente nunca es la verdadera cosa que estudia la filosofía y mucho menos la ciencia. Doxósofos hay de derecha, como el archiconocido Francis Fukuyama con su ya fenecida fantasía del fin de la historia (que a tantos intelectuales colonizados de estas latitudes logró seducir), y los hay de izquierda (aunque descafeinada) como es el caso de Toni Negri, que también sedujo a una pléyade de progresistas locales con su desafortunado Imperio.

(Ver:
Francis Fukuyama o el fin de un fraude)

Sostuve en aquel ensayo de 2004:
“Antonio Negri no pertenecía al universo de la intelectualidad posmoderna. No era un pensador bien acogido por la clase dominante y sus aparatos ideológicos, prueba de ello es que sufrió silencio, cárcel, exilio y nuevamente cárcel. Se embargo, en el año 2000 publica junto a Hardt “Imperio” y su biografía experimenta un cambio sustancial. Comienza a recibir el elogio de sus perseguidores y de la intelectualidad adversaria, la opinión publicada descubre de pronto su talento y el de Hardt, así lo atestiguan tanto el New York Times como entre nosotros nada menos que La Nación. ¿Qué fue lo que ocurrió? Basta con examinar los principales argumentos desarrollados por los autores para justificar la presencia de un “imperio” para comprender el nacimiento de tan abrupto idilio.

En primer lugar el título del libro analizado no es antojadizo ni anecdótico, ya que simboliza un claro cambio de orientación en los estudios de estos pensadores, afirmando una tendencia que también hemos constatado en nuestra América Latina. “Imperio” no es otra cosa que el concepto utilizado para dar cuenta del fin del imperialismo. La concepción leninista, si bien debe ser actualizada, y hay estudios propios del materialismo histórico que van en esa dirección, establece algunas de las características esenciales del fenómeno. Independientemente del tiempo transcurrido desde que “El imperialismo fase superior del capitalismo” fue producido en 1916, hay una cuestión central a considerar, el imperialismo es producto de la expansión fundamentalmente económica de los países centrales que buscan maximizar sus ganancias aprovechando las ventajas que se obtienen en las economías periféricas. Esto genera dos realidades bien distintas dentro de un mismo sistema capitalista, a saber: la presencia de países opresores y países oprimidos.

(Ver: Darío Aranda y el caso de Cristian Ferreyra)

¿Por qué Imperio no es lo mismo que imperialismo? Porque, como nos informan Hardt y Negri, el imperio es una nueva estructura mundial en la que los estados nacionales tienden a desaparecer, absorbidas por un poder omnipresente que carece de un territorio específico. A la hora de analizar la relación que a lo largo de la historia han tenido el estado y el capital nos dicen:
“Hoy ha madurado plenamente una tercera fase de esta relación, en la cual las grandes compañías transnacionales han superado efectivamente la jurisdicción y la autoridad de los estados-nación... ¡el estado ha sido derrotado y las grandes empresas hoy gobiernan la Tierra!”(2).””

Más adelante agregué:
…”Si no hay estados nacionales, tampoco pueden existir comportamientos imperialistas, porque para que ello sea posible es necesaria la presencia de un poder situado (económico, luego político) y otros que carezcan de poder. Esta hipótesis es negada por toda la evidencia disponible. Los autores, aunque provienen de la izquierda, evitan un estudio materialista de la historia, motivo por el cual no hay demasiados indicios del modus operandi de los conglomerados transnacionales en el campo industrial-financiero, que si bien se expanden en el ámbito mundial, tienen a sus cerebros y propietarios instalados en los países dominantes…”

”Como no existe ya el imperialismo tampoco tendría sentido plantear la dependencia, ni las luchas por la liberación nacional, ni las defensas de las identidades culturales. “Imperio” es un trabajo en el que los principales análisis se instalan en la superestructura del sistema, pero con un predominio del aspecto jurídico. Aparentemente estamos en presencia de una construcción legal válida para el conjunto del imperio, cuya expresión más conspicua estaría dada por las Naciones Unidas, en cuyo seno se producen nuevas normas para garantizar la resolución de conflictos...”

“Ahora bien, cómo es posible que si los estados nacionales se extinguen y el derecho internacional rige las relaciones entre regiones y ciudadanos del imperio, un país como Estados Unidos no haya adherido al protocolo de Kioto, ni ratificado el Pacto de Río o se haya opuesto a la Corte Criminal Internacional. Cómo explicar el uso de la violencia para desplazar a Husseim, sin recurrir a consensos básicos con la Unión Europea, o la imposibilidad de citar a declarar (ni hablemos de juzgar) a un personaje como Kissinger, seriamente comprometido con golpes militares y terrorismo de estado en Latinoamérica…”

(Ver: Caso Vargas: Para la justicia Argentina, los hombres no son iguales)

Hasta aquí recordé algunos fragmentos de aquel ensayo de 2004, que no estaba dedicado sólo Negri sino a todos los filósofos de las apariencias que han proliferado como hongos en esa sociedad que se suele definir como posmoderna (en realidad una nueva etapa del capitalismo). Mi objetivo fue en ese momento poner en evidencia el carácter falso de la teoría expuesta, tanto en los planteos más conservadores que sirvieron de soporte ideológico (fin de la historia entendido como fin de las ideologías) para gobiernos similares al de Menem en Argentina, como en la versión progre que resulta hipercrítica del Imperio (Negri) pero nada molesta ,por su ambigüedad, para las clases dominantes, en tanto oculta la verdadera esencia del mundo actual: la continuidad salvaje del imperialismo con sus mecanismos de reproducción.

Ahora Negri vuelve a filosofar, pero forzado por las excepciones circunstancias que atraviesa su Europa se ve en la necesidad de bajar desde esa abstracción que supo construir (llamada Imperio) a realidades concretas. Y la verdad es que desde su famosa y nunca probada teoría no puede encontrar ninguna respuesta útil. Lo cual no hace más que confirmar el carácter falso de su filosofía. Entonces el pensador de las grandes cosas (cuanto más abstractas mejor) se encuentra en un brete. Si su teoría navegaba en un mundo de apariencias como suele ocurrir con todo doxósofo, para ir a lo concreto no le queda otro camino que dar rienda suelta a la obviedad, ya que su teorización demuestra una total incapacidad para explicar nada y sus virtudes como observador (a diferencia de un Arturo Jauretche) parecen no ser demasiado notables. Es así como en su reciente visita a Buenos Aires, ante diversas preguntas del entrevistador, Ignacio Chausis, afirma (3):

“La europea es una crisis que va a modelar la esencia de los gobiernos. Los gobiernos europeos son gobiernos del capital. Ahí no hay ninguna esperanza, la socialdemocracia y la izquierda han sido completamente absorbidas por un modelo constitucional liberal…”

“El problema de la pobreza en Europa es un problema fundamental que se nutre de la inmigración y en resumen es el problema de ciudadanía en el sentido pleno de la palabra…”

(Ver: El plan de la élite para un nuevo orden social mundial)

“Hay que tomar en cuenta el lugar de la comunicación, que es la nueva forma de relacionarse entre los jóvenes. En Europa hay una revolución tecnológica en las comunicaciones que hace que los jóvenes de hoy sean distintos a los de sus padres. Hay una inserción del trabajo precario, pero este trabajo precario y difuso no son sólo formas de miseria sino también de comunicación...”

“Los indignados españoles son un movimiento que debe ser estudiado de manera muy profunda. Son movimientos que no se plantean el problema del poder y del gobierno, pero sí de la participación en las luchas. ¿Qué efecto pueden tener las luchas? No lo sé. Esto no es una Tercera Internacional, ni una Cuarta, ni una Quinta (risas). Es un esquema abierto…”

Nada de lo que sostiene Negri sobre su mundo europeo constituye una novedad; cualquier ciudadano medianamente informado de América latina lo sabe y no necesita escuchar una conferencia suya para enterarse. Pero quizás Negri, como no pocos intelectuales europeos con aires de superioridad, crea que diserta para una masa de desinformados sudacas.

(Ver: La cumbre del gatillazo griego)

Desde luego se le preguntó también por la realidad concreta argentina, y allí Negri entre lo abstracto y lo obvio tiene un espacio considerable para intercalar confusiones y conceptos propios de la intelectualidad conservadora; con lo cual termina naufragando definitivamente. Sus comentarios apurados (no son nada más que eso) sobre Argentina no tienen desperdicio (4):
“Indudablemente, la característica de la economía argentina asociada a la producción en el campo plantea desequilibrios. Jugando en este desequilibrio es que el campo logró organizar una resistencia. En ese sentido fue una batalla fundamental la que logró ganar Cristina Kirchner. Es el petróleo verde.”

¿Qué quiere decir que la economía argentina asociada a la producción en el campo plantea desequilibrios? Nunca lo sabremos porque nada aclaró en el reportaje. Con lo cual, sostener luego que gracias a esos desequilibrios el campo logró organizar la resistencia, sólo sirve para oscurecer aún más su pensamiento. Obsérvese por otra parte que Negri, el intelectual de “izquierda”, recurre al mismo concepto (el campo) acuñado por la clase dominante y sus intelectuales para presentarse y ocultar lo que realmente es (una clase social a la que definimos como oligarquía parasitaria). Pero como si lo dicho no fuera poco, para demostrar una alarmante debilidad teórica más una vaga información sobre los hechos concretos, Negri nos plantea que esa batalla con el campo logró ganarla Cristina. En realidad Cristina ha logrado en poco tiempo ganar varias batallas importantes, pero no precisamente ésta. Si bien es cierto que el gobierno logró revertir la derrota en el terreno cultural, aún la oligarquía agraria constituye un sector absolutamente privilegiado que gracias al control oligopólico de las tierras más fértiles del país y con bajos impuestos logra acaparar una riqueza inmensa. En definitiva la 125 no fue aprobada por el Congreso. Esa batalla, por ahora, es una batalla que se está perdiendo. Pero Negri, desde la “izquierda”, aún no se enteró o no lo dice.

(Ver: Unidad oligárquica o unidad nacional y popular)

Como si lo anterior no fuera suficiente el intelectual-turista cierra sus improvisadas respuestas al reportaje con una suma de lugares comunes y una frase final para el olvido (5):
“El campo es una reserva fundamental. El proceso de modernización es posible evidentemente solo con la utilización de ese capital social organizado a través del conocimiento y la activación productiva social máxima. Sólo así este tipo de dificultades pueden superarse. Aunque sea importante, no es la manufactura lo que puede resolver este desequilibrio histórico de la Argentina.”

(Ver: La intranquilidad primaveral del pueblo argentino)

La modernización del campo que Negri y casi todos reclamamos sólo será posible cuando se gane esa batalla aún pendiente contra la oligarquía agraria y el capital financiero imperialista (no contra una ambigüedad llamada Imperio). Pero allí nos encontramos en un callejón sin salida para el pensamiento de Negri, porque nuestro doxósofo dejaba entrever en su famoso libro que la lucha de clases ya no es un problema sociológico y mucho menos político (recordemos que planteaba en aquel texto que el nuevo sujeto de cambio es una indiferenciada “multitud”) y el imperialismo ha dejado de existir (porque no hay un lugar de centralización del Imperio, por el contrario lo que existe es un “no lugar”). Por otra parte no cabe duda de la importancia de modernizar el campo e incorporar la nueva tecnología pero: ¿y la industria? ¿Saltar del campo a la tecnología de punta sin escalas? Algo parecido decían algunos neodesarrollistas allá por los años ochenta y noventa, uno llamado Rodolfo Terragno escribió Argentina siglo XXI.

Con las abstracciones a las que nos tiene acostumbrado Negri cuando intenta construir teoría, no cabía esperar otra posibilidad (cada vez que sea convocado a dar respuestas concretas para problemas concretos) que una catarata de lugares comunes, más no pocas inexactitudes y recurrencia a conceptos como “el campo”, gestados precisamente por los intelectuales identificados con ese statu quo que él dice querer modificar. Una vez más estamos ante la insustancialidad de un progresismo que poco o nada aporta al cambio real del mundo, pero que llena sus bolsillos publicando libros tan desbordantes de literatura como huérfanos de rigor metodológico y conceptual, o dictando conferencias a partir de la fama ganada gracias a dichos libros. Pero ocurre que esas producciones suelen ser financiadas por el capital mercantilista para distraer zonzos, no para ayudar a comprender y resolver ningunas de las cuestiones esenciales de la sociedad imperialista de nuestros días. Justo es reconocer que en Argentina tenemos ejemplares similares, seguramente muchos son los mismos que se babean escuchando a Negri en sus conferencias. A ellos les viene como anillo al dedo esa aleccionadora historia que cuenta Eduardo Galeano en El libro de los abrazos:

“¡El pastor Miguel Brun me contó que hace algunos años estuvo con los indios del Chaco paraguayo. Él formaba parte de una misión evangelizadora. Los misioneros visitaron a un cacique que tenía prestigio de muy sabio. El cacique, un gordo quieto y callado, escuchó sin pestañar la propaganda religiosa que le leyeron en lengua de los indios. Cuando la lectura terminó, los misioneros se quedaron esperando. El cacique se tomó su tiempo.
Después opinó:
Eso rasca. Y rasca mucho, y rasca muy bien.
Y sentenció:
Pero rasca donde no pica.”

(1) Franzoia, Alberto J., La teoría de los doxósofos, publicado en Investigaciones Rodolfo Walsh (http://www.rodolfowalsh.org/spip.php?auteur112)
y en Reconquista Popular
(http://greenhouse.economics.utah.edu/pipermail/reconquista-popular/) en octubre de 2004

(2) Hard, Michael y Negri, Antonio: Imperio, Paidos, versión original 2000, traducción al castellano 2002.

(3) (4) (5) Reportaje realizado a Tono Negri por Ignacio Chausis, el 06/11/11, para Tiempo Argentino


 

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